¿Para qué sirven las Naciones Unidas? (y II)

Esta es la segunda parte de un artículo escrito a raíz del ataque de Israel a Gaza, que ha demostrado una vez más que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es eficaz a la hora de proteger los derechos humanos y evitar guerras.

 

A su vez, forma parte de nuestra serie de republicaciones de The Elephant. Ha sido comisariado por el editor regional Wangui Kimari.

Nulo compromiso de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad con la paz mundial

La cuestión es que los miembros permanentes con derecho de veto del Consejo de Seguridad de la ONU nunca han estado realmente comprometidos con la paz mundial, dado que las guerras mantienen en funcionamiento sus complejos militares-industriales. Mucha gente sabe que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad son también los mayores fabricantes de armas del mundo: Estados Unidos es el mayor exportador de armas, seguido de Rusia, Francia y China, y no muy lejos de Gran Bretaña. Estos países tienen intereses particulares en los conflictos y en la venta de armas a países de Asia, África y el resto del mundo que no las fabrican. Por lo tanto, no tienen autoridad moral para predicar la paz cuando se benefician financiera y geopolíticamente de la guerra.

Los miembros permanentes del Consejo de Seguridad son también los mayores fabricantes de armas del mundo: Estados Unidos es el mayor exportador de armas, seguido de Rusia, Francia y China, y no muy lejos de Gran Bretaña.

Cuando estallan guerras en lugares lejanos, los fabricantes de armas de esos países hacen su agosto. Las guerras en las antiguas colonias francesas de África mantienen en buen funcionamiento el complejo militar-industrial de Francia, y los fabricantes de armas británicos y estadounidenses ven las guerras en Oriente Medio como una bendición para sus industrias armamentísticas. Si no hubiera guerras o conflictos civiles, estas industrias tendrían menos clientes, o directamente ninguno. Las guerras y demás catástrofes también brindan a la ONU la oportunidad de recaudar fondos para los refugiados y los desplazados internos.

La campaña de la ONU en Yemen, por ejemplo, no trata de poner fin a la guerra liderada por Arabia Saudí contra los hutíes, sino de recaudar donaciones para los millones de personas que sufren a causa de la crisis. La ONU, incluido el Secretario General, considera que la situación en Yemen es una crisis humanitaria, no una crisis política; así, cabe mencionar que la oferta de ayuda a Gaza de Joe Biden también ignora la dimensión política de la crisis humanitaria. No se han impuesto sanciones a Arabia Saudí por declararle la guerra a Yemen, ya que Arabia Saudí es un firme aliado de Estados Unidos y un gran importador de armas de fabricación estadounidense; así, cualquier resolución para sancionar a este país sería sin duda vetada por Estados Unidos. Además, como las crisis humanitarias llenan las arcas de las agencias de la ONU, estas se centran menos en poner fin a la crisis política, lo que inevitablemente acabaría con la crisis humanitaria.

La reforma del Consejo de Seguridad

La crisis de Gaza ha puesto de relieve la necesidad de que el Consejo de Seguridad de la ONU sea más democrático e inclusivo. Si bien cuando se fundó la ONU podía tener sentido conceder a sólo cinco naciones asientos permanentes y poder de veto en el Consejo de Seguridad, ya no lo tiene en un mundo en el que la mayor parte de la población se concentra en Asia y África y en el que están surgiendo nuevas potencias regionales. Es hora de ampliar el Consejo e incluir en él a países seriamente comprometidos con la paz y la estabilidad en lugar de con las guerras y los conflictos.

Es hora de ampliar el Consejo e incluir en él a países seriamente comprometidos con la paz y la estabilidad en lugar de con las guerras y los conflictos.

El Consejo de Seguridad de la ONU, tal y como está constituido en la actualidad, representa principalmente los intereses de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que el mundo ha cambiado considerablemente en cuanto a geopolítica, demografía e influencia económica. Las economías emergentes como India (el segundo país más poblado del mundo después de China), Brasil y Nigeria (ambas potencias regionales) no sólo cuentan con una población considerable, sino que también están adquiriendo relevante importancia económica. Algunos de estos países tienen incluso capacidad nuclear, y tanto estos como otros países deberían tener voz en las decisiones del Consejo de Seguridad. Además, las guerras más mortíferas de la actualidad las libran insurgentes o grupos terroristas, que se han convertido en transnacionales; por ello, se necesitan nuevas formas de cooperación internacional.

Los países de África, Asia y América Latina, las regiones que concentran la mayoría de la población mundial, deben exigir su inclusión como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. La mayoría de las resoluciones de este organismo tienen que ver con conflictos en África, pero los países africanos poco o nada pueden hacer sobre la aprobación de estas resoluciones, ya se trate de imponer sanciones a un país, enviar fuerzas de mantenimiento de la paz a zonas de conflicto o decidir si un país debe ser invadido o no.

Por encima de todo, la condición de miembro debería asignarse a aquellos países que no tengan intereses creados en la industria armamentística y que no le hayan declarado la guerra a otros países desde que se creó el Consejo de Seguridad; es decir, países realmente comprometidos con la paz mundial. Asimismo, para eliminar la amenaza de guerra nuclear, la ausencia de capacidad nuclear debería ser una condición para ser miembro permanente. Actualmente, esta reforma parece improbable porque los cinco miembros permanentes vetarían tal propuesta, por lo que tal vez haya llegado el momento de disolver por completo el Consejo.

El ataque de Israel a Gaza ha demostrado una vez más que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es eficaz a la hora de proteger los derechos humanos y evitar guerras.

No tiene sentido fingir que existe un organismo en la ONU realmente comprometido con la prevención de guerras y violaciones de los derechos humanos y que tiene la influencia y la voluntad de hacerlo. El ataque de Israel a Gaza ha demostrado una vez más que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es eficaz a la hora de proteger los derechos humanos y evitar guerras, puesto que estas continuarán mientras sirvan a los intereses económicos o geopolíticos de los cinco miembros permanentes de la ONU, especialmente de Estados Unidos.

La tragedia es que esta guerra podría alimentar un conflicto más extenso en Oriente Medio y más allá, que podría ser difícil de contener una vez desencadenado. Si eso ocurre, Estados Unidos debe rendir cuentas por ayudar e instigar una guerra injustificada que ha provocado la escaladaGaz del conflicto en la región y ha causado un número descomunal de víctimas y violaciones de los derechos humanos.

Sobre la autora

Rasna Warah es una escritora y periodista keniana. Anteriormente fue redactora en el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) y ha publicado dos libros sobre Somalia: War Crimes (2014) y Mogadishu Then and Now (2012).

Traductores: Lois Lobeiras Martínez y Dieynaba Ngom Ba

Correctores: Lois Lobeiras Martínez y Dieynaba Ngom Ba

 

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