RDC y Ruanda | El informe MAPPING enterrado por la RDC y Ruanda

La sociedad civil congoleña y las ONG se movilizan para que se juzguen los crímenes cometidos en el este de la República Democrática del Congo desde 1996, documentados en una investigación de la ONU de 2010.

 

Los presidentes ruandés y congoleño exhibían el 25 y 26 de junio su perfecto entendimiento, al contrario de lo que pasó en una guerra que provocó desde 1996 cientos de miles de muertos, incluso millones. Dos encuentros, uno en Gisenyi (Ruanda) y otro en Goma (RDC) al día siguiente, para cerrar un mes de violentas polémicas e indignaciones de la sociedad congoleña, escandalizada por las palabras pronunciadas por Paul Kagame en Francia el 17 de mayo.         Con ocasión de una entrevista acordada a RFI y France 24, este último afirmaba a propósito del informe Mapping de las Naciones Unidas, hecho público en 2010, que documenta las violaciones de los derechos humanos cometidas por diferentes grupos armados entre 1993 y 2003: “El Informe Mapping ha sido extremadamente controvertido. Mukwege se ha convertido en un símbolo, en un instrumento de fuerzas ocultas; recibe el premio Nobel; dice lo que le dicen que diga”. 

En las fuentes del conflicto

Si creemos a Paul Kagame, Denis Mukwege, célebre médico congoleño laureado con el premio Nobel de la Paz en 2018 a causa de su combate en favor de las mujeres víctimas de violencias sexuales en RDC, que milita para que los responsables de las atrocidades documentadas en el informe Mapping sean juzgados, estaría manipulado por “fuerzas” oscuras. El ejército ruandés acusado en este documento de 550 páginas de haber perpetrado en el Congo numerosos crímenes contra la humanidad, sería perfectamente inocente ya que “no ha habido crímenes”, en el este de la RDC, cometidos sea por las personas evocadas o los países citados”. Félix Tshisekedi, escarnecido públicamente por haber rechazado responderle, ha hecho todo lo posible para calmar la situación, mientras Kagame suavizaba también él sus palabras la semana siguiente, reconociendo esta vez la existencia de crímenes perpetrados en el Congo, a la vez que saludaba el trabajo del doctor Mukwege con las mujeres violadas. Para comprender la violencia de esta polémica que envenena las relaciones entre los dos países, es preciso remontar al mes de julio de 1994.

A la cabeza del ejército ruandés (APR), Paul Kagame termina la conquista de Ruanda, tres meses después del inicio del genocidio contra los tutsi y de las masacres de opositores hutu, desencadenados por los extremistas de Kigali, que, según las Naciones Unidas, causaron la muerte de al menos 800.000 muertos. Francia desplegó tardíamente una operación “militar-humanitaria” bautizada “Turquoise”, bajo el mando del general Jean-Claude Lafourcade, cuya misión era la de hacer cesar las masacres. Pero para el jefe de guerra Kagame, París sigue siendo el enemigo declarado, ya que François Mitterand había impedido de 1990 a 1993 que su ejército (APR) tomara el poder, al sostener el antiguo régimen del presidente Juvénal Habyarimana. Cientos de miles de civiles ruandeses huyeron ante el avance del APR, sea por miedo de ser ellos también masacrados, sea por obediencia a las indicaciones del gobierno interino implicado en el genocidio. Afluyeron masivamente hacia el oeste en dirección de la “zona humanitaria segura” instaurada por “Turquoise”, y, sobre todo, cerca de la frontera situada más al norte entre Gisenyi y Goma.

Las acusaciones de Paul Kagame

Con ocasión de su visita a París en mayo, Paul Kagame ha vuelto sobre lo sucedido ese julio de 1994 evocando concretamente el “tono amenazador” de una carta enviada el 9 de julio por Jean-Claude Lafourcade. Más bien cortés, la misiva se limita en realidad a saludar la “coordinación” entre el APR y el ejército francés para “evitar los errores y los enfrentamientos” y para alertar sobre la catástrofe que llega: “Quiero hacerle partícipe de mis inquietudes sobre la zona noroeste”, escribe el general francés: “Si no se instaura un alto el fuego rápidamente y si el FPR prosigue su avance hacia el oeste en dirección de Gisenyi, corre el peligro de que se produzca una desestabilización grave de la región, teniendo en cuenta la afluencia importante de refugiados. Esos refugiados podrían pasar al Zaire y el FPR podría encontrar dificultades con ese país”. La respuesta de Kagame salta al día siguiente. Reitera las acusaciones contra la operación “Turquoise” que tendría “objetivos políticos bajo la apariencia de una intervención humanitaria”. Hablando en plata, el “alto el fuego”, por el que también aboga el representante especial de las Naciones Unidas, tendría como objetivo inconfesable reinstalar el poder ”hutu” desarbolado  y “ofrecer a esos criminales un trampolín para retomar el poder”. Luego, Kagame promete que los combates no tendrán como objetivo a “civiles no armados” y rechaza en nombre del FPR cualquier responsabilidad en “esa afluencia de refugiados, de la que no es la causa”. Los actos de la futura tragedia congoleña ya están planteados. Dos millones de civiles ruandeses atraviesan la frontera y se amontonan en gigantescos campos de refugiados. Entre ellos figuran elementos del ejército del antiguo régimen, muchos de los cuales han participado en el genocidio y también milicianos interahamwe. Sin embargo, la aplastante mayoría está formada por “civiles no-armados”. 

Con el apoyo militar clandestino de los Estados Unidos y con el pretexto de luchar contra los genocidas hutu replegados en el ex-Zaire, el ejército de Paul Kagame invade el Congo en 1996 y encuadra la milicia de Laurent-Désiré Kabila, un ex-guerrillero reconvertido en diversos tráficos, que va a tomar pronto del mariscal Mobutu. Al menos 200.000 refugiados hutu desaparecen en la selva congoleña. La comisaria europea encargada de la acción humanitaria, Emma Bonino evoca “una carnicería incomprensible” y acusa a las tropas de Kabila, en realidad comandadas por James Kabarebe, brazo derecho de Paul Kagame, de haber “trasformado el este de Zaire en un verdadero matadero”. 

La narrativa del nuevo poder ruandés, poderosamente apoyado por su padrino USA, va a ser fuertemente sacudida por la publicación de informe Mapping en 2010. Furioso, Kagame, trata de impedir su difusión. Porque, si bien todos los actores, milicias hutu y ejércitos extranjeros activos en RDC cometieron aquí crímenes de guerra, la lectura del informe Mapping se muestra especialmente aplastante contra el APR, acusado, además de espantosas masacres de masas, de ser un actor protagonista en el pillaje del riquísimo subsuelo del Congo. “Las pruebas que demuestran que Ruanda y Uganda han financiado sus gastos militares gracias a los ingresos extraídos de la explotación de los recursos naturales de la RDC son abundantes. Para Ruanda, esos ingresos según algunas estimaciones, en 1999 cubrían el 80% del conjunto del APR”, señala el informe, que, igualmente, insiste en las responsabilidades de las multinacionales que “participaban directamente en las negociaciones con los actores de violaciones de derechos humanos (y/o) pagaban a grupos armados”. La identidad de los militares de alta graduación implicados en estos tráficos y en las masacres de civiles sigue siendo hasta ahora confidencial, y una parte de ellos ha sido reintegrada en el seno del actual ejército de la RDC. “De ahí la incomodidad del presidente Tshisekedi” y su poca prisa por juzgar a los responsables, afirma uno de los iniciadores del informe Mapping.

Entre 3 y 5 millones de muertos

El saqueo perdura todavía en la actualidad. Kigali se ha convertido en uno de los principales exportadores de minerales raros, entre ellos el coltán, oro y otros preciados recursos, ausentes, sin embargo, en su propio subsuelo. En Goma, el 26 de junio, los presidentes ruandés y congoleño han firmado incluso un acuerdo de explotación del oro en el este de la RDC; acuerdo para, supuestamente, poner fin a la ausencia de trazabilidad del metal explotado ilegalmente. “El conflicto más mortífero del planeta desde el fin de la segunda guerra mundial no ha sido ni el conflicto vietnamita, ni la guerra de Irak, ni la interminable guerra de Afganistán, sino el conflicto ruando-congoleño, que ha causado entre 3 y 5 millones de muertos. No sabemos la cifra exacta en torno a 2 millones”, recuerda el historiador Gérad Prunier, que ha publicado a primeros de julio Cadáveres negros en la colección “Tracs” de ediciones Gallimard. Una injusticia duplicada por una indiferencia que los autores y promotores del “Rapport Mappin” intentan conjurar desde hace diez años.

Fuente: Marc de Miramon (1 de julio de 2021). "Le rapport Mapping enterré par la RDC et le Rwanda" en L'Humanité.

Traducido por Juan Luis Iribarren, 15 de julio de 2021.

 

« IMPERIO DEL SILENCIO »

Thierry Michel, cineasta belga, autor de 11 filmes sobre el ex-Congo belga, acaba de terminar uno nuevo que se verá en las salas en 2022. “El Imperio del silencio”, dice, cuenta en imágenes, entrevistas, testimonios, los miles de crímenes impunes que han jalonado la historia del Congo desde hace 25 años. Comienza con el magnífico discurso del doctor Mukwege en la academia Nobel, que revela el Informe Mapping de la ONU. Cita los nombres de los más importantes responsables ocultos en los datos que la ONU mantiene en secreto. Constituirá una aplastante prueba que pondrá fin al silencio y a la impunidad. La gente verá en la película los lugares, los testigos, los supervivientes y los archivos, que no pueden mentir, allá donde Patrick de Saint-Exupéry, en su “Traversée”, no ha visto nada.  Nosotros hemos visitado los lugares, hemos visto los testigos, los archivos; tenemos la verdad de la Historia. Mi film debe despertar las conciencias. ¡Es un grito y un llamamiento a la justicia!”

Fuente: Thierry Michel (1 de julio de 2021). "Le rapport Mapping enterré par la RDC et le Rwanda" en L'Humanité. 

Traducido por Juan Luis Iribarren, 15 de julio de 2021.

La extraña ceguera del Patrick de Saint-Exupéry

La Traversée, del periodista Patrick de Saint-Exupéry, cuenta un road-trip solitario en el corazón de la inmensa selva congoleña. Problemático, este libro, sin embargo, ha sido saludado en Francia como una hazaña.

Como en RDC no hay carreteras, es en avión, en moto y sobre todo en barco, como nos lleva Patrick de Saint-Exupéry en su libro la Traversée; el autor salió tras las huellas de los hutu ruandeses refugiados en el ex-Congo belga, que entonces se llamaba Zaire, después del genocidio de los tutsi de 1994, a los que conoció en el horror de los campos de refugiados en el entorno de Goma. Deseaba verificar la realidad de las masacres de las que habían sido víctimas a partir del 29 de octubre de 1996; ese día, después de haber bombardeado Bukavu y Goma, el ejército ruandés (APR) del presidente Kagame entraba en el Congo a la búsqueda de los genocidas y para incitar a más de un millón de hutu que huían a regresar a Ruanda. Sus tropas estaban acompañadas de las de Laurent-Désiré Kabila, que iba aprovecharse de ellas para derrocar al mariscal Mobutu y tomar el poder en Kinshasa. Las matanzas, las masacres, violaciones que jalonaron su recorrido de Kigali a Kinshasa han sido denunciadas como “crímenes de guerra por Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, Human Rights Watch. Fueron objeto de en 2010 de un informe de la ONU, el Rapport Mapping,, que ha quedado en letra muerta, ya que los nombres de los responsables no han sido divulgados y no se ha iniciado ninguna acción judicial al respecto.

¿Por qué oscura razón Patrick de Saint-Exupéry ha emprendido la demolición del informe Mapping? No lo explica pero expresa todo su desprecio por el trabajo de los 33 expertos que trabajaron durante meses sobre el terreno, recogieron testimonios, pruebas y documentos. Para él, ese informe es “sesgado” y “no se sostiene”. Su “contra-investigación” le lleva a los lugares de esos crímenes en los que no encuentra gran cosa. Interroga a uno u otro “testigo” encontrado al azar, dos sacerdotes, un pastor. El padre Arsène, antiguo párroco de Walikale, confirma “matanzas”. Pero, ¿contra quién? ¿Cuántos muertos? No sabe. Se mezcla todo, se ahoga el pez. Se hace turismo, se describen lugares; las gentes son simpáticas. La impresión dominante es que todo se ha olvidado. El a priori es evidente: para contrarrestar la hipótesis de un genocidio contra los hutu, evocado como “una intención posible” por el informe Mapping, el autor niega los crímenes de guerra efectivamente cometidos y probados. ¿Cómo semejante negación es posible por parte de un experimentado reportero, antiguo periodista de Le Figaro y fundador del magazine XXI? El colmo de los colmos, ¡ha escogido para que le “muestre el camino a seguir en el mapa” al hombre que en 1996 conducía las tropas ruandesas en el Congo, el coronel James Kabarebe, que posteriormente fue ministro de Defensa en Kigali! Este libro cae justo en el momento oportuno para justificar los abrazos entre los presidentes Macron y Kagame, cuya reconciliación bien merece un golpe de esponja. Como Fabrice, el protagonista de “La Chartreuse de Parme, en Waterloo, Patrick de Saint-Exupéry no ha visto nada en el Congo. Solamente “la espuma”.

Fuente: Françoise Germain Robin (1 de julio de 2021). "Le rapport Mapping enterré par la RDC et le Rwanda" en L'Humanité. 
Traducido por Juan Luis Iribarren, 15 de julio de 2021. 
Publicado por: María Abellán Sacristán, secretaria de Umoya Valladolid.

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