RDC | ¿Está Tshisekedi iniciando los trámites de divorcio con Kabila al hacer un llamamiento a la «unión sagrada»?

Félix Tshisekedi y Joseph Kabila. Foto: AP Photo / Jerome Delay (recuperada por Sputnik Afrique).
Félix Tshisekedi y Joseph Kabila. Foto: AP Photo / Jerome Delay (recuperada por Sputnik Afrique).

En un esperado discurso a la nación, Félix Tshisekedi ha anunciado que próximamente iniciará una ronda de consultas con los líderes políticos y sociales de la República Democrática del Congo (RDC). Este anuncio se produce en un momento de tensión política con sus aliados. ¿Se trata del inicio de un proceso de emancipación o de un mero titular efímero? Análisis para Sputnik del investigador y periodista Patrick Mbeko.

Kinsasa (RDC), 23 de octubre de 2020. Son las 21:30 cuando el presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, aparece en la principal cadena de televisión del país. Con el rostro serio, un tono firme y particularmente marcial, anuncia, en un discurso a la nación muy esperado, la celebración en los próximos días de una ronda de consultas con «los dirigentes políticos y sociales más representativos» del país «para recabar sus opiniones» con el fin de «crear una unión sagrada de la nación en torno a los objetivos» que ha establecido en el marco de su mandato.

«Estas consultas tienen como objetivo reconstruir la actuación del Gobierno en torno a los principios de participación en la gestión del país». Tshisekedi informa de que, al finalizar las consultas, volverá a dirigirse a los congoleños para comunicarles las decisiones que tome, «entre las que no se descarta ninguna hipótesis».

El discurso del jefe de Estado tiene lugar en un contexto político muy crispado, en el que empieza a ser habitual la tensión entre las dos familias políticas que forman la coalición gobernante: el Frente Común para el Congo (FCC, por sus siglas en francés), del expresidente Joseph Kabila, y la Dirección para el Cambio (CACH, por sus siglas en francés), de Félix Tshisekedi.

 

Diferencias casi irreconciliables

Decir que la relación entre el FCC y la CACH no va como la seda es quedarse corto. Aunque los primeros días del régimen de Tshisekedi se caracterizaron por los abrazos y otras expresiones de afecto entre los miembros de la coalición gobernante, lo cual sugería que tenía por delante un futuro glorioso, las semanas y meses siguientes dejaron claro el enorme abismo que separa las dos familias políticas. Tanto es así que muchos observadores se preguntan cómo esta coalición ha podido mantenerse unida hasta ahora.

La razón de la crisis que está atravesando la coalición estriba en la tendencia del FCC a imponerle constantemente sus deseos —incluso los más controvertidos— a la CACH, por no decir a Tshisekedi. Normalmente el Presidente agachaba la cabeza frente a su aliado, que controla el Parlamento y el Senado, así como los servicios de seguridad; sin embargo, todo indica que ya no parece estar dispuesto a tragar sapos como en el pasado. Así lo demuestra, por ejemplo, su firme determinación de investir a los jueces del Tribunal Constitucional que nombró en julio, a pesar de la fuerte oposición del FCC, que no solo boicoteó la ceremonia de juramento de los magistrados, sino que también anunció que no los reconocía.

Este acontecimiento no solo puso de relieve los objetivos y diferencias casi irreconciliables de la coalición FCC-CACH, sino que también ha provocado fisuras en la «pareja» política. Esto ha llevado a Tshisekedi a dirigirse a la nación en un mensaje solemne que sugiere que está decidido a emanciparse definitivamente de la asfixiante tutela del FCC y a acercarse a las fuerzas políticas y sociales capaces de ayudarle a alcanzar este objetivo y, de esta manera, lograr que triunfe su programa político. Pero ¿logrará crear esta «unión sagrada»?

 

El difícil ejercicio de persuasión

«Es posible», considera un diplomático con el que contactó el autor de estas líneas, «pero no será fácil», añadió.

Cabe señalar que el ecosistema en el que evoluciona Tshisekedi está tan controlado y fagocitado por el FCC que el margen de maniobra del que dispone el jefe de Estado congoleño es muy limitado. Para invertir el equilibrio de poder, el presidente deberá, ante todo, ganarse la confianza de las formaciones políticas y sociales capaces de sacarlo de su penosa situación. A la cabeza se encuentra la coalición Lamuka, que aglutina a los principales partidos de la oposición y a la que Tshisekedi perteneció durante un tiempo antes de «contraer matrimonio» con el FCC.

Tras ser entrevistados por el autor de estas líneas, algunos de los miembros de la formación Lamuka se mostraron más bien reservados ante la mano que les ha tendido su antiguo camarada. Tienen muy presente que Tshisekedi no dudó en retirarse del acuerdo alcanzado en Ginebra para así acercarse a Kabila.

La reunión que se celebró en la ciudad suiza el 11 de noviembre de 2018 había convertido a Martin Fayulu en el candidato común de la oposición para las elecciones presidenciales de diciembre de ese mismo año. Lamuka aún no ha olvidado que Tshisekedi cambió de opinión en menos de 24 horas.

El 12 de noviembre, el jefe de Estado congoleño, entonces presidente de la Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS, por sus siglas en francés), y Vital Kamerhe, presidente de la Unión por la Nación Congoleña (UNC, por sus siglas en francés), habían retirado sus firmas del acuerdo de coalición con los otros cinco líderes de la oposición con el pretexto de que sus respectivas bases no apoyaban la candidatura conjunta de Fayulu. En los siguientes días, crearon la CACH que, después de la victoria de Tshisekedi en las presidenciales, formó una coalición con el FCC.

Tanto la sociedad civil como Lamuka dudan acerca de la seriedad del llamamiento hecho por el presidente congoleño en el contexto de las próximas consultas políticas. Hay una clara voluntad de aceptar esa mano que le tiende Tshisekedi, pero hay motivos para la desconfianza. En una conversación con el autor de estas líneas, un miembro influyente de uno de los principales partidos que componen Lamuka señaló lo siguiente:

«No estamos convencidos. La dirección de Lamuka se reunirá para conocer las opiniones de las bases. Personalmente, creo que el momento de euforia ha terminado; se siente arrinconado; así que pone en marcha el proceso de emancipación de las garras de Kabila y busca ayuda. El problema es que primero tendrá que asumir sus compromisos con Kabila. Nosotros habíamos optado por la ruptura y Félix aseguró la continuidad del régimen. No conocemos los detalles de su acuerdo. ¡¿Cómo vamos a comprometernos con una mujer o un hombre aún en proceso de divorcio?!».

Este es un punto de vista que comparten varios políticos entrevistados por el autor de estas líneas. Lo que se pone en entredicho aquí es la sinceridad de Tshisekedi, así como su capacidad para deshacerse del FCC, puesto que está vinculado a la CACH por un «acuerdo» que solo conocen los dos líderes. Según un observador muy versado en los entresijos del poder congoleño, «Kabila tiene controlado al presidente con este pacto». A la pregunta de si Tshisekedi está dispuesto a retomar este particular «pacto» tan poco definido, el observador respondió que «no se puede descartar nada por el momento».

En cualquier caso, lo que está claro es que «Fatshi», como lo conocen sus partidarios, tendrá que recurrir a todas las cualidades de un buen negociador para convencer a sus antiguos camaradas de Lamuka y a ciertas figuras prominentes de la sociedad civil de la necesidad de las consultas que pretende iniciar a partir de esta semana. La victoria todavía está lejos.

 

Un margen de maniobra bastante limitado

Aunque el mensaje de Tshisekedi a la nación parece tener como objetivo crear un nuevo paradigma en la gestión del país, lo cierto es que su margen de maniobra es bastante limitado. De hecho, incluso si lograra sumar a Lamuka a su causa, la actual configuración política, con mayoría absoluta del FCC en ambas cámaras, lo deja casi sin opciones. Para reequilibrar las relaciones de poder no le queda otra que captar a miembros del FCC. Parece que algunos estarían dispuestos a abandonar la formación para unirse a la CACH, pero puede ser una apuesta arriesgada teniendo en cuenta la reacción que Kabila podría reservar para los «traidores», apunta el observador mencionado.

Para demostrar que no está dispuesto a tolerar ningún intento de cambio de chaqueta, dos meses después de las elecciones de 2018, Kabila convocó a los parlamentarios del FCC en sus terrenos de Kingakati (a 50 kilómetros al este de la capital) y les hizo firmar un «acta de compromiso» en la que reafirmaban su «fidelidad» y su «lealtad» hacia él.

Otras cuestiones: ¿cómo se articularía el reparto de poder si la CACH lograra aliarse con Lamuka y las fuerzas sociales más importantes? Tshisekedi solo tiene derecho al 30 % de los ministerios (un porcentaje que corresponde al de escaños que ocupan sus parlamentarios) y ya se los reparten la UDPS y la UNC. ¿Estaría Lamuka dispuesta a apoyar a Tshisekedi sin ninguna compensación real? Porque nada parece indicar que el FCC vaya a facilitarle el trabajo a su socio.

¿Qué hay de la opción de la cohabitación que exigen algunos caciques del FCC? En este sentido, en la CACH se muestran bastante reservados. Aunque cada vez son menos partidarios de continuar con esta coalición en las condiciones actuales, no hay mucha gente dispuesta a apostar por una cohabitación que dé al FCC el margen necesario para obstaculizar cualquier acción emprendida por Tshisekedi.

Otro desafío que el jefe de Estado congoleño tendrá que superar son las leves discrepancias que están apareciendo dentro de su propia familia política desde el arresto de su jefe de gabinete, Vital Kamerhe (UNC), condenado a 20 años de prisión por la justicia congoleña por corrupción y malversación de fondos públicos. Aunque los ministros y diputados de la UNC juren lealtad al líder de la CACH, no se puede negar que la mayoría de ellos aún no ha olvidado la destitución de su líder y nada augura un futuro mejor para esta coalición, a menos que Tshisekedi decida hacer un gesto de buena fe hacia su jefe de gabinete. Además, el lunes 26 de octubre se alzaron voces en la UNC para pedir al presidente que se implicara personalmente en la liberación de Kamerhe y que pudiera participar en las consultas como un hombre libre.

 

Decisiones difíciles

En los próximos días y semanas, Tshisekedi tendrá que tomar algunas decisiones políticas extremadamente difíciles si quiere evitar realmente la tutela del FCC. A la dificultad de convencer a sus antiguos compañeros de Lamuka, se suma la de mantener la unidad de una CACH que, con la postura que muestran unos y otros, no está lejos de una implosión programada. También tendrá que contar con un FCC que no tiene intención de quedarse de brazos cruzados ante las maniobras que pretende iniciar con las consultas.

Cabe destacar que en el pulso que mantienen el FCC y la CACH, la plataforma de Kabila lleva ventaja. Además de controlar las dos cámaras, es quien lleva la batuta en las principales instituciones del Estado, así como en los servicios de seguridad. Y también cuenta con un as en la manga que nunca falla: los resultados finales del escrutinio de las últimas presidenciales —colegio electoral por colegio electoral—, que nunca se han publicado pero que, por una ironía de la historia, convierten a Tshisekedi en el vencedor gracias al… FCC.

Además, incluso si logra reequilibrar las relaciones de poder en el terreno político, el jefe de Estado tendrá que vivir con el temor de que un día el FCC publique los resultados de una elección que cuestiona fundamentalmente la legitimidad y legalidad de su poder.

 

¿Y si el discurso a la nación tuviera otro objetivo?

Aunque en su mensaje a la nación anunció que ningún acuerdo lo desviaría del «objetivo de servir al pueblo», Tshisekedi no puede ignorar la realidad del ecosistema político en el que está inmerso. Nadie mejor que él sabe en qué condiciones llegó al poder. En el FCC son muy conscientes de que Tshisekedi no puede hacer caso omiso a esta realidad. También lo sabe el jefe de Estado congoleño, que siempre ha favorecido un modus vivendi pacífico con la familia política de su aliado puntual.

Ante este hecho, uno se pregunta si el discurso a la nación de Félix Tshisekedi no es un mero anuncio destinado a aumentar la presión —así como sus posibilidades de éxito— para inducir al socio del FCC a reajustar algunas de sus pretensiones a la baja o, simplemente, a cambiar su manera de actuar. La pregunta sigue en el aire.

 

 

Fuente: Patrick Mbeko (27 de octubre de 2020). «RDC: En appelant à «l’union sacrée», 
Tshisekedi est-il en instance de divorce avec Kabila?», en Sputnik Afrique. 

Traducido para UMOYA por Noelia Rodríguez Otero, de la Facultad de Traducción e 
Interpretación en la Universidad de Salamanca, USAL.

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