RD CONGO | El Congo o el infierno de la absolución

Imagen de una mina congoleña. Foto: tecnologíalibredeconflicto.org,
Imagen de una mina congoleña. Foto: tecnologíalibredeconflicto.org,

Este país se muere porque hay asesinos, ladrones, mentirosos y estafadores que se han autoproclamado líderes improvisados con la aprobación de sus padrinos occidentales. Sin embargo, también muere por la mente corrupta de algunos de sus hijos que prefieren sacrificar su dignidad, su vida, bajo la ilusión de que viven en un país normal cuando todo, todo es anormal.

Hay quienes han esperado a que Kamerhe sea detenido para darse cuenta de que había ladrones en el Congo… Cuando los periodistas investigan sobre Dan Gertler, Glencore, las minas de Kilo Moto o los paraísos fiscales del clan Kabila piensan que su país está superbien. Para su presidente, a quien hoy aclaman y apoyan como un supersheriff, hacer una alianza con esta banda de ladrones era estado de derecho, era buscar la paz. Cuando dijo en la televisión, sin reír, respecto al escándalo de los 15 millones, que era un soborno, una colaboración, y que era normal en el Congo, también era Estado de derecho y era bueno… Cuando dilapidó el dinero del contribuyente en viajes caros, lo que nos ha dejado 1,8 millones para luchar contra la COVID-19 de los 1.000 millones anunciados, era la alta diplomacia, era devolver al Congo al acuerdo de las naciones. Aplaudimos olvidando un pequeño detalle, la historia.

 

El detalle de la historia

Este país se muere porque hay asesinos, ladrones, mentirosos y estafadores que se han autoproclamado líderes improvisados con la aprobación de sus padrinos occidentales. Sin embargo, también muere por la mente corrupta de algunos de sus hijos que prefieren sacrificar su dignidad, su vida, bajo la ilusión de que viven en un país normal cuando todo, todo es anormal. Abrid los ojos, no son todos esos que lo parecen, los pobres ignorantes, los analfabetos, los iletrados. Pueden ser periodistas, abogados, químicos, economistas, médicos, ingenieros, físicos o escritores de versos. Diríamos que no tienen los ojos lo suficientemente grandes para ver ni las orejas lo suficientemente grandes para escuchar.

¡Las AFDL entraron en este país hace veinte años y no han parado de masacrar a los congoleños! ¡Estos son los socios de los que se ha rodeado el hijo del eterno oponente para «dirigir» el Congo! Este país está en guerra desde hace veinte años, pero para muchos, partidarios de negar la realidad, la guerra está en el Este. ¡El Este, ese otro país en el que se han descuartizado y se siguen descuartizando los cuerpos de los congoleños, violando sus cuerpos, desplazando a los congoleños, saqueando las tierras de los CONGOLEÑOS! Estos criminales, aplaudidos en el estadio de los mártires, un lugar tan simbólico en la historia del Congo, no han dejado de realizar sus macabras aventuras en Lemera, Makobola, Mwenga o Kiwanja.

No, también han tenido que ir a robar el cuerpo de los CONGOLEÑOS en Kisangani. Degollar a los niños delante de sus padres, violar a las mujeres delante de sus maridos, robar todo lo que era posible robar, dejar la ciudad irreconocible, ponerla de rodillas e instaurar el trauma en la cabeza de las personas. La sed de sangre es difícil de extinguir en el Congo, debemos pagar de Norte a Sur, de Este a Oeste. El Congo central todavía anuncia el número de muertos del Bundu dia Kongo mientras que en Kinshasa la morgue firma más tarde el certificado de defunción de «indigentes» tirados en fosas comunes en Malaku.

Para caer en gracia a su jefe de Kigali [1], cada actor congoleño en ese macabro circo debe mostrarse capaz de explotar esa chusma pululante llamada congoleños. Así es como el criminal Ngobila consiguió su puesto de gobernador de la ciudad de Kinshasa. Ha masacrado a los invasores en Yumbi y eso estuvo bien. Y cuando quiso poner en marcha sus medidas charlatanescas contra la COVID-19, los Kinois le señalaron que: «¡Kinshasa eza Yumbi te!». Así que es completamente normal que se mate a los que son supuestos CONGOLEÑOS mientras que no sea en Kinshasa. Si ese es el caso, no vemos por qué habría que convocar la memoria de los mártires de Kenge. En Kasaï, la provincia vecina, también parece que los engranajes de la memoria encajan con dificultad. Como los locos de Dios, los locos del estado de derecho, los locos de la alternancia pacífica del poder han convertido a Kamwina Nsapo en un criminal.

 

Mientras viva la ilusión…

Sus habitantes, que preguntaron de forma valiente a los invasores venidos de Ruanda si esta tierra congoleña era la suya, se han convertido en mendigos que han perturbado la tranquilidad de las fincas donde los niños son utilizados como esclavos sexuales por políticos corruptos, en sintonía con las milicias de Kabila. Pero sobre todo no hace falta decir nada, ni siquiera que la población se muere de hambre, porque ahora tenemos un estado de derecho que el pasado no debe perturbar.

Que Gédéon fuera allí a masacrar tras haber sembrado el terror en Katanga, violando, matando, haciendo canibalismo con los cuerpos de sus víctimas y siendo después recompensado por el Raïs con la entrega de una villa, todo eso no es tan grave. Nos acostumbramos a todo. 120 muertos en Zongo, 200 en Libenge. ¿Cuántos en Mobe? No sabemos nada, ¿por qué preocuparnos?

¿Por qué preocuparse también de Joel Imbangola Lunea, que defendía a los pueblos de Bempumba contra la ocupación de sus tierras por la sociedad canadiense Feronia Inc. y que ha sido brutalmente asesinado [2]? Después de todo, como dicen los soldaditos de Kabila padre, todas esas personas son culpables por culpa de Équateur, por culpa de Mobutu. Igual que los apasionados del estado de derecho luchan todavía hoy, ese Estado que les obliga a someterse a Kigali.

No hay Estado, aún menos estado de derecho en el Congo sin embargo, basta con borrar la historia, con mandar a prisión a sus adversarios, presentar esto como la justicia y que el clamor diga: tus pecados son perdonados. Esto es el Congo, unas ganas irreprimibles de aparentar que no ha roto un plato en su vida mientras viva la ilusión, el refugio de quienes han olvidado que existe el futuro.

 

 

Notas de Umoya:

[1] El texto se refiere a Paul Kagame, presidente de la República de Ruanda, un genocida que hace primar sus intereses económicos en la región de los Grandes Lagos africanos por encima de cualquier derecho humano.

[2] Si lo deseas, puedes firmar esta petición de Salva la Selva para esclarecer el asesinato de Joel Imbangola Lunea: https://www.salvalaselva.org/peticion/1190/urgente-esclarecer-el-asesinato-de-joel-imbangola-en-rd-congo.

 

 

Fuente: Bénédicte Kumbi Ndjoko (15 de abril de 2020). «Le Congo ou l’enfer de l’absolution», en Ingeta.

Traducido por Cristina Martínez Hueso para Umoya.

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