Crisis de migrantes y refugiados causada por el imperialismo

Concentración de los Círculos de Silencio de Valladolid, junio de 2019. Foto: Raquel Estacio.

Concentración de los Círculos de Silencio de Valladolid, junio de 2019. Foto: Raquel Estacio.

Según el titular del artículo de la CBC (n.t. Corporación Canadiense de Radiodifusión): «De acuerdo a una encuesta, la mayoría de los canadienses no acepta más refugiados”.  Se señala que «los resultados de la encuesta no son una sorpresa para los expertos y defensores de la inmigración, que manifiestan un giro negativo en todo el mundo en la apreciación de la migración, sobre todo en lo que se refiere a los refugiados». Asimismo, se hace hincapié en que esta tendencia está promovida por la cobertura  que ofrecen los medios de comunicación en Canadá a los solicitantes de asilo que cruzan la frontera del país con los Estados Unidos.

Alemayehu Beyene, un etíope que llegó a Canadá con su familia hace dos años y medio, después de pasar otros veinte en un campo de refugiados en Sudán, declaró a la  CBC: «Tal vez no entienden por qué vinimos aquí. […] Nadie quiere ser un refugiado. Sino que alguien te empuja a ir a un refugio».

Entonces ¿de dónde vienen los refugiados? Y, como país industrial rico y avanzado, ¿por qué el gobierno de Canadá tiene el deber y la obligación humana de acoger y ayudar a cientos de miles más de refugiados y migrantes?

 

Crisis para la humanidad: refugiados y migrantes por todo el mundo

Hoy en día hay más de 70,8 millones de personas en el mundo que han sido forzosamente desplazadas de sus hogares, según informa el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Personas cuyos hogares se han hecho inhabitables debido a las guerras, la ocupación, la pobreza extrema y la crisis climática, y han tenido que dejar todo lo que habían conocido siempre en busca de un lugar seguro para vivir.

El mar Mediterráneo continúa siendo la travesía más mortífera para los migrantes, ya que se suben a pequeñas embarcaciones que tienen pocas posibilidades de alcanzar  las costas de Grecia, Italia o España. Entre 2014 y 2018, se contabilizaron más de 17.900 personas ahogadas o desaparecidas en el Mediterráneo (según la Organización Internacional para las Migraciones, OIM).

También mueren miles de personas procedentes de América Central cuando atraviesan México, con casi 2.000 muertes en la frontera entre Estados Unidos y México en los últimos cinco años (OIM). Algunas de las personas que mueren en la frontera ya llevan meses caminando -en algunos casos, más de 2.250 kilómetros- en busca de seguridad en Estados Unidos.

Con muchos cuerpos sin identificar e irrecuperables, estas cifras son solo una estimación de la inmensa tragedia humana que es la migración forzosa.

 

La nueva era de guerra y ocupación

Desde la invasión de Afganistán por parte de Estados Unidos, Canadá y la OTAN en 2001, el mundo se ha visto inmerso en una nueva era caracterizada por guerras y ocupaciones imperialistas permanentes. La beligerancia de Estados Unidos ha recorrido desde el norte de África hasta el Medio Oriente, pasando por América Latina y el Caribe, y en todo momento está amenazando a algún otro país en desarrollo en cualquier rincón del mundo.

Por supuesto, existe una correlación obvia y directa entre la guerra y los refugiados. Por ejemplo, ACNUR informó de que, desde junio de 2019, el 57 % de los refugiados provenían de solo tres países del norte de África y Oriente Medio, epicentro de las guerras lideradas por Estados Unidos: Siria, Afganistán y Sudán del Sur.

Desde que comenzó la nueva era de guerra y ocupación, durante los últimos 18 años, no han cesado ni la guerra, ni  la violencia, ni la devastación económica que han sido impuestas a los pueblos desde Afganistán hasta Irak, desde Siria hasta Yemen y desde Haití hasta Libia por los gobiernos imperialistas de Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea. Estas intervenciones militares y las sanciones han destruido infraestructuras, viviendas, hospitales, escuelas y han destrozado por completo el tejido social de muchos países. Al no vislumbrarse el final de la guerra, la gente se ha visto obligada a huir, primero de sus hogares, luego de sus países y, en última instancia, de toda la región.

Los gobiernos imperialistas también son responsables de la devastación económica infligida a los países coloniales y semicoloniales de todo el mundo. El saqueo y la explotación de estos países continúan llenando los bolsillos de los ultraricos mientras destruyen las condiciones de vida y el medioambiente del llamado «Tercer Mundo».

La mayoría de las personas que huyen de sus hogares (el 80 %, según ACNUR) se instalan en un país vecino, bien por la esperanza de regresar a su casa algún día, bien por la falta de recursos para viajar más lejos. Sin embargo, para aquellos que arriesgan sus vidas para estar a salvo y seguros en algún otro lugar, sus penalidades a menudo no hacen más que empezar, ya que se enfrentan a la violencia continua, a traficantes abusivos de personas,  a la violencia sexual, así como a políticas fronterizas inhumanas, al racismo y, finalmente, a la intolerancia cuando llegan a una frontera con Europa, Canadá o Estados Unidos.

 

Fotos que nos recuerdan nuestra humanidad compartida

Una fotografía desgarradora de un ser humano sin vida ha traído una vez más la tragedia de la migración a los hogares de millones de personas en los Estados Unidos y en todo el mundo. En esa conmovedora foto, Óscar Martínez y su hija de 23 meses, Angie Valeria, aparecen boca abajo en la orilla del Río Grande, al igual que Alan Kurdi, el niño sirio de dos años que murió en 2015 y apareció boca abajo en las arenas de una playa turca.

Estas imágenes representan la misma historia de sufrimientos y, lo que es más importante, ilustran las distancias que la gente tiene que recorrer cuando no hay otras opciones. La culpa de sus muertes y la de miles de personas como ellos recae directamente sobre los hombros de Estados Unidos y sus aliados imperialistas, por sus guerras, ocupaciones y saqueos que los han obligado a huir y sus inhumanas políticas migratorias que los han dejado sin lugar de refugio.

 

Migrantes centroamericanos y latinoamericanos buscan una nueva vida en  EE. UU.

Como informaba Bloomberg News en el artículo «Si los estadounidenses realmente se preocuparan por los musulmanes, dejarían de matarlos por millones«: «Más de 144.000 migrantes fueron detenidos a lo largo de la frontera de Estados Unidos en mayo, lo que significó un aumento del 32 % desde abril y la mayor cifra total mensual en 13 años, según el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza. Casi cuatro quintas partes de los detenidos eran del Triángulo del Norte [referencia utilizada para los países de Honduras, El Salvador y Guatemala]».

En América Latina y el Caribe, más de quinientos años de colonización, intervención y saqueo imperialista han dejado abierta una profunda herida. La falta de estabilidad política y económica y la violencia devastadora que han sido impuestas en estos países son el resultado de las 56 intervenciones militares de Estados Unidos (desde 1890), la llamada «guerra contra las drogas» (1) y la continua injerencia de Estados Unidos emprendida para asegurar el robo y saqueo de los recursos de América Latina en beneficio de la clase capitalista imperialista, facilitando así la creación de un nivel de vida aceptable a la clase media y trabajadora en países como Estados Unidos.

¿Cuántas personas en los países industrializados avanzados realmente son conscientes de cómo su comodidad y su vida relativamente estable la costean miles de millones de personas de los países coloniales y semicoloniales, desde Puerto Rico y Haití hasta El Salvador y Brasil, Nigeria y el Congo, la India y Filipinas? Potencias coloniales como Canadá y Estados Unidos han logrado desconectar a su pueblo del resto del mundo. Debemos reconectar esta desconexión.

La relación entre la intervención de Estados Unidos en América Latina y la devastadora situación en Honduras, El Salvador y Guatemala se expresa más claramente en el golpe de Estado de 2009 en Honduras respaldado por Estados Unidos. Hace diez años, Estados Unidos apoyó a la derecha para el derrocamiento del gobierno electo de Manuel Zelaya. Desde entonces, en Honduras,  la represión política, la violencia estatal y una pobreza creciente se han intensificado, creando vacíos estructurales e institucionales, junto con una profunda inestabilidad en todo el país. Después del golpe de Estado apoyado por Estados Unidos, Honduras terminó con la presidencia de Manuel Zelaya, un país con perspectivas de desarrollo político y económico se convirtió en un estado fallido.

Pandillas por toda la región, como la MS-13 (2), a la que con frecuencia se refiere el presidente Trump, se formaron inicialmente en las prisiones de Estados Unidos y luego fueron trasplantadas a Honduras, El Salvador y Guatemala cuando la gente fue liberada de la prisión y luego deportada. Como informa  ACNUR, las condiciones de vida de las personas en el Triángulo del Norte no están mejorando: «Las tasas actuales de homicidio se encuentran entre las más altas jamás registradas en América Central. Varias ciudades, incluyendo San Salvador, Tegucigalpa y San Pedro Sula, están entre las diezmás peligrosas del mundo. La prueba más visible de la violencia es la alta tasa de homicidios brutales, pero otras violaciones de los derechos humanos van en aumento, como el reclutamiento de niños por las pandillas, la extorsión y la violencia sexual».

Debido a la inestabilidad política y a la profunda pobreza de la región, muchas personas se ven obligadas a abandonar sus pueblos natales en busca de una vida mejor, a veces debido a las amenazas y la violencia y otras veces debido a la falta de oportunidades financieras. El ACNUR pronostica que, «para finales de 2019, se prevén  539.500 personas desplazadas de Centro América«.

Muchas de estas personas desplazadas intentan desesperadamente ir hacia el norte y abrirse camino en  Estados Unidos. Aunque es responsable de su desesperación, la reacción del gobierno de Estados Unidos ante el creciente número de migrantes en la frontera entre México y su país ha sido la de criminalizar y detener a quienes intentan huir de una situación inhabitable en sus países de origen. Ahora, la administración Trump se enfrenta una vez más a una reacción violenta por las horribles condiciones de los niños en la frontera entre México y Estados Unidos, donde los niños son abandonados en jaulas, sin atención y sin siquiera un cepillo de dientes. Desde finales de 2018, seis niños detenidos en la frontera han muerto.

Con cárceles al aire libre o campos de concentración, denomínense como se quiera, el gobierno de Estados Unidos niega a los migrantes su dignidad humana básica, por no hablar de sus derechos y protecciones bajo el derecho internacional.

Cada día llegan más niños y más migrantes. Las políticas del gobierno de Estados Unidos están causando muertes y penurias; no nos equivoquemos, solo es necesario un breve examen de la historia para comprender que un muro y la criminalización no son medidas disuasorias para las personas que no tienen ninguna opción. Lo único que se provoca es que las travesías  sean más caras y mortales.

 

Migrantes de Medio Oriente y África del Norte buscan una nueva vida en Europa

“En total, hubo un 24 % menos de personas que viajaron por el Mediterráneo en 2018 en comparación con 2017 y un 84 % menos que en 2015. La proporción de personas que pierden la vida durante la travesía ha aumentado porque se han visto obligadas a elegir rutas más peligrosas y la guardia costera libia, que ahora patrulla la costa, carece de las habilidades de rescate de los servicios de salvamento europeos. Según el Consejo Noruego para los Refugiados, (3) en su informe Hora de calcular la política europea de refugiados, un total del 7 % de todos los que viajaban por el Mediterráneo perdió la vida en 2018.

El miedo experimentado, especialmente por las mujeres migrantes, se refleja claramente en una entrevista del semanario Nation en abril de 2019, que, sorprendentemente, a su vez, es similar a las entrevistas y artículos sobre los peligros a los que se enfrentan las mujeres y los niños que emigran del Triángulo del Norte. La revista Nation entrevistó a Leila (no es su nombre real), una refugiada de Afganistán que vive en el campo de refugiados de Samos en Grecia, donde viven 4.000 personas en unas instalaciones con 648 camas. Leila manifestó: “Cuando llegamos aquí en diciembre, no había sitio para dormir, así que tuvimos que comprar una tienda de campaña con nuestro propio dinero y asentarnos en el bosque fuera del campamento. […] Estaba demasiado conmocionada por esas condiciones y no pensaba ni en el frío ni en el hacinamiento que tenía, pero creía que al menos habría reglas y seguridad. Pero no hay reglas. La gente tiene peleas en el campamento y, aunque se los vea sangrando, nadie hace nada. Los hombres beben y están de fiesta toda la noche, así que hay demasiado ruido para dormir. Por la noche era tan aterrador que teníamos que ir al baño juntos, agarrados de la mano”.

Mientras el gobierno de Estados Unidos y sus aliados, incluyendo países de la Unión Europea, continúen bombardeando, sancionando e invadiendo el Medio Oriente y el Norte de África, habrá una migración continua a Europa. Los gobiernos europeos deben asumir la responsabilidad por la devastación que han causado y aceptar a los inmigrantes y refugiados con los brazos abiertos.

 

¡Canadá puede y debe hacerlo mejor!

Algunos dirán que Canadá es diferente y acoge a migrantes y refugiados. Sin embargo, esto distorsiona el hecho de que, según el informe de la tendencia mundial del ACNUR en 2018, Canadá solo ha acogido a 28.100 refugiados de un total de 1,4 millones que necesitaban reasentamiento (a nivel mundial, lamentablemente, poco más de 90.000 fueron reasentados ese año).

Otros también podrían decir que Canadá es diferente porque no estuvo involucrado en la guerra de Irak o porque Canadá todavía es considerado por algunos como un país que preserva la paz. Sin embargo, las manos del gobierno de Canadá también están manchadas de sangre de las personas de todo el Medio Oriente y el Norte de África -pensemos en Afganistán, Libia, Sudán y Malí-. Actualmente, Canadá se encuentra actualmente incluso en Irak, donde está previsto que permanezcan 250 efectivos de las Fuerzas Armadas canadienses hasta noviembre de 2020 (según la página web del Gobierno del Canadá).

En comparación con la economía, la población y la gran extensión territorial de Canadá, el gobierno ha establecido unos objetivos de acogida de refugiados que son vergonzosamente bajos. En 2018 era de 7.500 y, en 2019, de 9.300. Hay más de 25 millones de refugiados en el mundo y Canadá ¿ni siquiera acepta 10.000 al año? El mensaje general de la política de inmigración de Canadá sigue siendo que hay puertas abiertas para los ricos y un proceso largo y tortuoso para los pobres y explotados que no desean permanecer solo durante un corto período de tiempo y para trabajar por salarios bajos.

No solo eso, la CBC descubrió en octubre de 2018 que la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá tiene un plan para aumentar su objetivo de deportaciones desde Canadá de aquellos migrantes que hayan sido considerados «inadmisibles» hasta una cifra de 10.000 cada año. ¿Así que ahora Canadá deportará a más personas de las que se están asentando como refugiados?

 

Apertura de las fronteras: ¡estatus legal, derechos democráticos, derechos civiles y derechos humanos para todos!

Después de muchas promesas, desde que Trudeau asumió el poder en el otoño de 2015, el gobierno liberal ha aceptado a poco más de 50.000 refugiados de Siria. Esto incluye una combinación de refugiados financiados por el gobierno y privados. ¡Esto no es suficiente!

Además, según la revista Maclean’s, «el presupuesto federal de 2019, por ejemplo, propone quitarles el derecho a ser oídos plenamente como refugiados ante un juez”. ¡Esto es una vergüenza para el gobierno de Trudeau, el cual declara que están acogiendo a refugiados, mientras que les quitan sus derechos de refugiados!

El gobierno de Canadá tiene la responsabilidad de aceptar inmediatamente a 200.000 refugiados y garantizarles un estatus legal, así como todos los derechos democráticos, civiles y humanos.

Sin embargo, en lugar de aceptar a los migrantes con los brazos abiertos, como es su responsabilidad, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, junto con sus aliados, están criminalizando no solo a los migrantes, sino también a las personas que están trabajando para salvar sus vidas. En junio de 2019, el gobierno de Italia arrestó a la capitana de un barco de Sea Watch, que había rescatado a 40 personas en el Mediterráneo, porque había violado la prohibición de que los migrantes desembarcaran en las costas italianas. En Estados Unidos, Scott Warren se enfrenta a 20 años de prisión por dejar agua y comida para los migrantes que cruzan la frontera entre México y Estados Unidos a través del mortífero terreno  del desierto.

Como pueblos pobres, trabajadores y oprimidos de Estados Unidos y Canadá, debemos solidarizarnos con los migrantes y refugiados que se manifiestan ante la puerta de la Casa Blanca o del Parlamento canadiense y hacer saber a los gobiernos imperialistas que ya no pueden hacer la vista gorda al sufrimiento que han impuesto a millones de personas en el Medio Oriente, África y América Latina.

¡Apertura de las fronteras de forma inmediata e incondicional!

 

 

* Este artículo se publicó originalmente como Volumen 13, Tema 7 del periódico Fire This Time: “Crisis de migrantes y refugiados causada por el imperialismo”.

Alison Bodine es una activista de justicia social, autora e investigadora en Vancouver, Canadá. Es la presidenta de la coalición antibélica de Vancouver, Mobilization Against War and Occupation (MAWO por sus siglas en inglés). Alison también forma parte del Consejo Editorial del periódico Fire This Time. Sigue a Alison en Twitter: @alisoncolette

Tamara Hansen forma parte del consejo editorial y es colaboradora habitual del periódico Fire This Time, donde se centra en Cuba, América Latina y la lucha indígena. Tamara es la coordinadora de Vancouver Communities in Solidarity with Cuba ( Comunidades de Solidaridad con Cuba de Vancouver) y miembro del Ejecutivo de la Canadian Network on Cuba ( Red Canadiense sobre Cuba). Tamara también es profesora de estudios sociales en una  escuela secundaria y miembro del sindicato. Sigue a Tamara en Twitter: @THans01

 

 

Notas de la traductora:

(1) En algunos Estados se adoptaron leyes para prohibir o regular el consumo de drogas. En 1890 tuvo lugar la primera ley para gravar el consumo de opio y morfina. En junio de 1971, Nixon oficialmente declaró “la guerra a las drogas”, manifestando que estas constituían el enemigo público número uno.

(2) Mara Salvatrucha (generalmente abreviado como MS, Mara, y MS-13) es una organización internacional de pandillas criminales asociadas que se originaron en Estados Unidos por migrantes salvadoreños en 1984. Se han expandido a otras regiones de Estados Unidos, Canadá, México, el norte de Centroamérica​ (Guatemala, El Salvador, Honduras) y en el sur de Europa (en Italia y España). La mayoría de las pandillas están integradas por migrantes centroamericanos (salvadoreños, guatemaltecos y hondureños) y se encuentran activas en zonas urbanas y suburbanas. A esta organización  hace referencia a menudo el partido Republicano de Estados Unidos para defender sus políticas antimigratorias.

(3) El Consejo Noruego para los Refugiados es una organización humanitaria no gubernamental que protege los derechos de las personas afectadas por el desplazamiento.

 

 

Nota de la edición:

Umoya se desvincula completamente de la utilización del término Tercer Mundo para referirse a los países explotados por el imperialismo.

 

 

Fuente: Alison Bodine y Tamara Hansen (23 de julio de 2019). 
"Imperialist Made Crisis of Migrants and Refugees", en GlobalResearch.

Traducido por Nuria Blanco de Andrés para Umoya.
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