Relaciones tensas entre Ruanda y Uganda: por su incoherencia y su hipocresía, la “comunidad internacional” está en apuros

Desde marzo de 2019, bajo el pretexto de que el presidente Museveni de Uganda habría recibido a algunos de sus opositores políticos, Paul Kagame ha cerrado la frontera entre Ruanda y Uganda. Cabe señalar, de paso, que algunos de esos opositores tienen además la nacionalidad ugandesa como él y, por consiguiente, tienen fuertes vínculos con ese país.

El dictador de Kigali sobre todo ha prohibido oficialmente a los ciudadanos ruandeses que viajen a Uganda. Argumenta que los ruandeses que se dirijan allí serán objeto de detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos. Las numerosas personas detenidas por Uganda resultaron ser agentes de los servicios secretos ruandeses que operaban ilegalmente en su territorio matando y secuestrando a personas que Paul Kagame consideraba hostiles a su régimen.

A pesar que este desmantelamiento de la red Kagame en los órganos de seguridad de Uganda, un país soberano, es legítimo e incluso un deber para todo Jefe de Estado, ha sido la versión de Kagame la que ha sido avalada. Algunos medios de comunicación ni siquiera han dudado en acusar a Yoweri Museveni de querer desestabilizar el régimen de su antiguo lugarteniente, que pretende exportar su modelo a toda África.

¡He aquí la cuestión! Como todo niño mimado, Kagame se pasa burlándose de todo el mundo y avergüenza incluso a sus propios mentores de esta “Comunidad Internacional” que ya no saben cómo posicionarse en relación con sus fantasías.

Así, el 25 de mayo de 2019, sus soldados entraron en territorio ugandés y mataron a tiros a un ciudadano ruandés y a un ugandés en flagrante violación de la soberanía de Uganda.

Tres días después, es decir, el 27 de mayo, Uganda ha entregado oficialmente los restos mortales del ruandés abatido en su territorio por los soldados de Kagame, pero se ha asegurado de que se invitara a los diplomáticos de los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a asistir a esta ceremonia. Cabe señalar que la mayoría de estas potencias son las mismas que han apoyado ciega e incondicionalmente a Paul Kagame durante 29 años.

Los diplomáticos de estas potencias se sentían avergonzados de ver a su pupilo y niño mimado, Paul Kagame, pillado in fraganti violando los principios que supuestamente deben defender en el Consejo de Seguridad. Lo único que les quedaba entonces era informar a sus respectivos gobiernos recomendando que minimizaran el incidente y, sobre todo, no permitiendo que se difundiera ampliamente en los principales medios de comunicación occidentales.

En estas cancillerías reina pues una atmósfera de vergüenza y confusión cuando su niño mimado, Kagame, multiplica las tonterías que no se atreven a condenar por haberle prometido la impunidad eterna y total.

Estas superpotencias comienzan pues a cosechar lo que han sembrado desde 1990, han cerrado los ojos y tolerado, si no alentado, los actos del FPR de Paul Kagame, y de su jefe en aquel momento, Yoweri Museveni que eran claramente condenables.

Veamos cómo se ha llegado a esto.

Actos tolerados e incluso bendecidos por la Comunidad Internacional y los medios de comunicación

Cuando el 1 de octubre de 1990, unidades del ejército regular de Uganda al mando del Viceministro de Defensa de ese país invadieron Ruanda, el gobierno ruandés no pudo hacer oír su voz para condenar esta agresión caracterizada de un país soberano miembro de las Naciones Unidas por otro país, en este caso Uganda. Las potencias llamadas “Comunidad Internacional” han avalado la versión de Museveni de que los atacantes eran refugiados que regresaban a sus países porque tenían derecho. Incluso el ACNUR, que en su Carta define quien es un refugiado, se ha tragado a la serpiente al admitir que los oficiales del rango de General, Coronel, Mayor, Capitán… y que forman parte de un ejército regular de un país del que tienen la nacionalidad, en el caso del FPR Uganda, sea cual fuere su origen, eran “refugiados “en el sentido del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Además, esta organización de la ONU apoyaba también el hecho de que los refugiados, supuestamente bajo su protección, pudieran regresar a sus países de origen por las armas. ¡Una primicia!

El 30 de octubre de 1990, los asaltantes fueron echados fuera del territorio ruandés por las fuerzas armadas ruandesas y se retiraron a Uganda para reorganizarse y prepararse para una guerra de guerrilla. Lo hicieron abiertamente porque sus dirigentes políticos y militares tenían buena reputación en Kampala y recorrían el mundo con pasaportes diplomáticos ugandeses; además, la prensa podía visitar sus campamentos en Uganda.

Esta violación de los principios de la OUA (antepasado de la UA) y de la ONU, que prohíben a cualquier país servir de base para la desestabilización de sus vecinos, no fue denunciada y condenada, sino que más bien fue el país agredido, Ruanda, quien fue obligado por estas potencias de la Comunidad Internacional a encontrar a los agresores del ejército ugandés en su país o en los países vecinos (Mwanza/Tanzania, N’Sele/RDC,…)

Las presiones ejercidas sobre el Gobierno ruandés le obligan a reconocer esta guerra de agresión, que acababa de imponerle la Comunidad Internacional vía Uganda, como un “conflicto interno” mientras que cumplía todas las condiciones para ser calificado de conflicto de tipo internacional (oponiéndose al menos dos Estados).

Como si eso no fuera suficiente, las mismas potencias dieron luz verde a Museveni para que el FPR que albergaba pero que no podía mostrar ningún metro cuadrado del territorio ruandés que ocupaba, pudiera conquistar una parcela de tierra para presentarse a las negociaciones políticas entonces fijadas en julio de 1992 en posición si no de fuerza si al menos confortable. Así, a partir del 2 de junio de 1992, Uganda empleó su artillería pesada y sus unidades de élite para conquistar la colina de Mulindi en la frontera con Uganda y donde estaban situadas las oficinas administrativas y la fábrica de té y que serviría en adelante de cuartel general del FPR de Paul Kagame.

Tras la firma de los acuerdos de Arusha, que, aunque para los observadores expertos eran totalmente leoninos porque concedían al FPR una gran parte en todos los ámbitos, Uganda apoyó y contribuyó a hacer descarrilar esos acuerdos para tomar el poder por las armas. Esta huida hacia adelante se debió al hecho de que, tras 22 meses, se celebrarían elecciones democráticas, como precisaban esos acuerdos, y el FPR de Paul Kagame y su mentor Museveni sabían que no podían ganar.

El atentado del 6 de abril de 1994 que costó la vida al Presidente ruandés Juvénal Habyarimana y al burundés Cyprien Ntaryamira y sus sequitos fue el elemento desencadenante de las matanzas interétnicas y, sobre todo, del asalto final del FPR para conquistar militarmente el país con unidades que estaban pre posicionadas en Uganda, mientras que las de las FAR estaban desde hacía varios meses en un proceso de desmovilización. La trazabilidad de los misiles que derribaron el avión ha mostrado claramente que eran de fabricación rusa y procedían de las existencias del ejército regular ugandés. Hasta el día de hoy, estos actos nunca han sido condenados por lo que se denomina la “Comunidad Internacional”.

Para completar su plan de remodelar la región de los Grandes Lagos, las superpotencias utilizaron a Museveni y su pupilo y colega Paul Kagame para expulsar al mariscal Mobutu del Zaire. La operación, iniciada en noviembre de 1996, culminaría muy rápido en mayo de 1997 con la toma de Kinshasa por las tropas de Kagame y el nombramiento del ruando-ugandés James Kabarebe como Jefe del Estado Mayor General de las Armadas de la RDC. Un país grande como 90 veces Ruanda y con 80 millones de habitantes, independiente desde hace 37 años, pero en el que ningún nacional podía ser el jefe del Estado Mayor de su ejército. Ninguna voz en Occidente se ha alzado para denunciar esta humillación infligida al pueblo congoleño, sino más bien las alabanzas a Paul Kagame se hacían más ensordecedoras.

La Ruanda de Kagame favorecida más que la Uganda de su creador Museveni

Es en 2000 cuando Kagame y Museveni habían invadido y ocupado el Zaire, los observadores comenzaron a notar la preferencia de las potencias occidentales que les instrumentalizaban. Durante los enfrentamientos entre sus soldados en Kisangani, a raíz de la disputa por el reparto del botín de guerra, a saber, las existencias de minerales preciosos saqueados en almacenes de sociedades en las zonas conquistadas, sólo la Uganda de Yoweri Museveni fue acusada e incluso conminada a no mencionar que esos soldados habían sido literalmente asesinados por los de Kagame. Además, los civiles congoleños muertos en esos enfrentamientos y calificados de daños colaterales” fueron cargados solamente a Uganda. La República Democrática del Congo de Joseph Kabila, que presentó una denuncia ante la Corte Internacional de Justicia, sólo ha puesto en cuestión a Uganda y siguiendo instrucciones de las mismas Potencias, ha evitado cuidadosamente implicar a la Ruanda de Paul Kagame. Sólo Uganda fue condenada a pagar indemnizaciones. Pero en ninguna parte se menciona que la Ruanda de Paul Kagame estaba también presente y con más fuerza que Uganda en Kisangani en el momento de los hechos.

Control de Paul Kagame sobre los servicios sensibles de Uganda

Con el acceso al poder en Ruanda en 1994, Paul Kagame y su FPR se aseguraron de no perder el control de los servicios sensibles de Uganda. Los servicios de seguridad, a saber, la policía y los servicios de inteligencia, de los que Paul Kagame había sido jefe adjunto tras la toma del poder de Museveni en 1986, fueron particularmente controlados. De esta manera, Paul Kagame seguía en tiempo real lo que ocurría en la cumbre del poder en Uganda e incluso podía influir en ciertas decisiones para sus propios intereses o los de sus allegados. Estos últimos años, la policía de Uganda parecía estar comandada desde Kigali, ya que sus acciones en Uganda tenían por objeto satisfacer al Gobierno de Kigali o perseguir a los que señalaba (secuestros y entrega, de los opositores ruandeses refugiados en Uganda, a Kagame, asesinatos o desapariciones de otros,….) a menudo en detrimento de los auténticos ugandeses. Esto era totalmente comprensible para aquellos que sabían que el Comandante Jefe de la Policía de Uganda no era otro que el general ruando-ugandés Kale Kayihura. Todo podía continuar así si Paul Kagame no se hubiera sentido de repente lo suficientemente fuerte como para considerar incluso derrocar a Museveni para sustituirlo por uno de sus agentes.

Crisis de las fronteras de 2019

En 2018, Yoweri Museveni, puesto al tanto, no sólo destituye al General Kale Kayihura, sino que también procede a su arresto. Sus interrogatorios permitirán el comienzo del desmantelamiento de los servicios paralelos de Paul Kagame en Uganda, tarea que no está a punto de terminar, ya que el sistema Kagame es tentacular en Uganda.

Viéndose desenmascarado y desnudo y de acuerdo con la determinación del Gobierno ugandés de desmantelar el sistema Kagame en su territorio, ha hecho una huida hacia adelante, provocando una crisis regional no justificada y de consecuencias imprevisibles. De hecho, Paul Kagame, el presidente en ejercicio de la EAC (East African Community), decidió cerrar su frontera con Uganda. Como Presidente de Ruanda, ha prohibido oficialmente a los ciudadanos ruandeses viajar a Uganda so pena de ser abatidos por los soldados de su ejército desplegados a lo largo de la frontera con ese país. Es esta tragicomedia a la que el mundo asiste desde marzo de 2019.

Más de cuatro civiles ruandeses o ugandeses desarmados acaban de ser abatidos a tiros por los soldados de Kagame, algunos de ellos en territorio ugandés. Estos hechos extremadamente graves son cometidos por Kagame a la vista y ante las narices de la comunidad internacional, pero que permanece muda y no se atreve a condenarlos por haber sido cometidos por su niño bonito Paul Kagame. El más reciente fue el cometido el 25/05/2019, como se indica en la introducción, cuando los militares ruandeses persiguieron en territorio ugandés en pleno día a un joven motorista ruandés que intentaba regresar a Ruanda desde Uganda y le han abatido disparando en la cabeza antes de matar a un ciudadano ugandés que quería interponerse .

Esta vez, Uganda ha protestado oficialmente y, en el momento de la entrega de los restos mortales de ese joven ruandés a las autoridades de su país, miembros del Consejo de Seguridad de la ONU en Kampala fueron invitados a la ceremonia. Una señal fuerte que tal vez induzca a estas superpotencias a moderar los ardores guerreros de su pupilo Paul Kagame, a falta de sancionarlo como debiera si se tratara de otro dictador.

Mientras tanto, la paz y la seguridad se ven amenazadas en esta región por Paul Kagame, imbuido de su impunidad e incluso desafiando a las potencias que lo crearon. Dicho de otra forma, esas potencias también serán responsables del deterioro de la paz regional si no contribuyen a neutralizar a su comodín, pero loco, Kagame. No faltan alternativas que defenderían mucho mejor sus intereses en la región que el loco, criminal y molesto Paul Kagame.

Publicado por Emmanuel Neretse

Fuente: Relaciones tensas entre Ruanda y Uganda

Traducido para UMOYA por M. Isabel Celada Quintana

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