Senegal | Ciprovis: «¡Reciclar, sí, pero mejor educando!»

La gestión de los residuos es un problema común en numerosos países africanos. Foto: Ciprovis.

La gestión de los residuos es un problema común en numerosos países africanos. Foto: Ciprovis.

Ahora que surgen tantos desafíos e iniciativas en torno a la gestión de los residuos, Ciprovis, una joven empresa emergente senegalesa, ha decidido hacer frente a esta compleja cuestión utilizando la educación como una fuerza de cambio a largo plazo.

En la mayoría de capitales africanas, la gestión de residuos es un verdadero problema. ¿La causa? Viviendas de difícil acceso, sobre todo para los camiones de la basura. En la capital senegalesa, tan solo las viviendas rodeadas por calles asfaltadas se benefician del servicio de recogida de basuras de la UGC, empresa subcontratada por el Estado para esta tarea.

En cuanto a los demás, que son la mayoría, un carretero se ocupa de recoger la basura del barrio y luego la vierte en algún lugar público. Sin consecuencias. Los alrededores de los estadios de Dakar, por ejemplo, se han convertido en auténticos vertederos a cielo abierto, a pesar de las operaciones de recogida llevadas a cabo por valientes voluntarios.

 

Un «triciclo» como nuevo modelo de recogida

Harto y asqueado de estas escenas, el joven Abdoul decidió cambiar la situación. ¿Su idea? «Escoger un modelo de transporte que permitiera arreglar el problema. La recogida se realiza con triciclos motorizados que pueden llegar a zonas inaccesibles para los camiones de basura». De esta manera, el cliente solo se ocupa de separar lo reciclable de lo que no lo es. Más de mil hogares ya se han apuntado, así como empresas, restaurantes y hoteles de toda la capital.

«Al principio la gente solo nos llamaba para deshacerse de sus residuos. No les importaba demasiado lo que hiciéramos con ellos. Pero, de un tiempo a esta parte, eso ha cambiado. Se interesan por el reciclaje que queremos llevar a cabo. Comprenden mejor nuestro trabajo», explica el creador de la empresa. Una vez recogidos, se llevan los desechos a un centro de reciclaje en Bambilor, cerca de Rufisque, a las afueras de Dakar. Allí se ha construido un almacén para llevar a cabo una clasificación más exhaustiva de los residuos reciclables: se separan el aluminio, el plástico y el papel y cartón.

 

De la recogida a la transformación

No contento con recoger y clasificar, el joven emprendedor quiere llegar hasta la transformación de los residuos. «A día de hoy, el objetivo de Ciprovis no es solo recoger y revender, sino ocuparse también de toda la cadena de transformación«, explica. Para ello, ha establecido importantes lazos con franceses, ingleses o canadienses que, como él, quieren revalorizar los materiales desechados. «El objetivo es utilizar modelos que funcionan para poder aplicarlos en Senegal«. «Estamos estudiando técnicas para transformar el papel y el cartón en hueveras», explica el empresario. «Como resultado, los avicultores podrían abastecerse localmente y así reducirían los costes de transporte. Todos ganaríamos».

El joven director de Ciprovis también quiere acabar con «la falta de educación medioambiental». Foto: Ciprovis.

El joven director de Ciprovis también quiere acabar con «la falta de educación medioambiental». Foto: Ciprovis.

 

La mayor apuesta: educar

Para el joven treintañero, no tendría sentido ocuparse de toda la cadena de actividad sin prestar atención también al origen del problema. Por ello, quiere atajar de raíz la patente «falta de educación medioambiental«. Empezó esta dura tarea con sus 15 empleados. «Para que puedan hacer bien su trabajo, en primer lugar, tienen que entender la importancia de lo que hacemos. Todas las semanas, los reúno para repasar lo básico, para volver a abordar los detalles».

Sin embargo, el fundador de Ciprovis busca dirigirse sobre todo a los más pequeños. «A mí me preocupan las cuestiones medioambientales porque mi madre me educó sobre el tema desde muy pequeño», nos cuenta. Seguro de la capacidad del niño para ser embajador de la causa ante sus padres, propone diferentes «clases sostenibles» en las escuelas de la capital. De forma lúdica, se sirve de una actividad de transformación de neumáticos o botellas de plástico en jarrones de flores para explicar las nefastas consecuencias que la contaminación de tales materiales puede tener sobre la naturaleza. Y la idea funciona: se produce un boca a boca entre las escuelas y aumenta la curiosidad de los niños. El cambio de comportamiento no será radical. Pero las calles de las ciudades y los bordes de las carreteras del país esperan los efectos de estas iniciativas.

 

Fuente: Marie Lechapelays (24 de abril de 2019). «Sénégal – Ciprovis : « recycler, certes, mais éduquer, c’est mieux ! »», en Le Point Afrique.

Traducido por de María Valdunciel Blanco (Universidad de Salamanca) para Umoya.

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Una respuesta a Senegal | Ciprovis: «¡Reciclar, sí, pero mejor educando!»

  1. Este trabajo merece un comentario (copio y pego de otros que realicé en este sentido).

    VIVIR EN RÉGIMEN DE ALTA HOSTELERÍA
    Una de mis propuestas implicaría la expropiación de grandes áreas urbanas por todo el planeta para la arquitectura de la reconversión que nos posibilite el vivir en régimen de alta hostelería y nos proporcione mucha libertad y economía a tantísima gente dependiente de las compras diarias y su colocación en los actuales hogares, elaboración en cocinillas y limpieza y recogida de los utensilios de cocina:
    – Pues da pena ver edificios modernos con los bajos dedicados a soportales o locales comerciales y a las féminas acarreando bolsas de comestibles de cara a su esclavitud doméstica, cuando lo que debería haber son restaurantes con bufé autoservicio abastecidos de comidas caseras bien elaboradas por restauradores de alta escuela, para que los residentes se sirvieran de ellas sin que se lucrase por ello ningún capitalista. Lo que nos proporcionaría un inmenso “quantum” de libertad, además de abaratar los gastos de todo tipo: incluidos los gastos sanitarios si en ese contexto se asesorase verazmente a la gente a fin de que obtengan de las dietas los nutrientes esenciales a la salud al margen de los predicados vertidos por tantísimos “apóstoles” desde sus “catedrales de la ciencia” que tanto daño están generando a la salud de la humanidad.

    Deberíamos, pues, llegar a vivir en régimen de alta hostelería, en apartamentos insonorizados con sus respectivos sanitarios, ropero y vestidor, estudio con conexión a la Internet por cable ethernet, un amplio dormitorio y la opción de poder comunicarlos entre sí cuando fuese necesario en caso de familias, etc. La comunicación entre apartamentos se podría realizar preferentemente por balcones o en su defecto por pasillos que no fuesen el de uso general (balcones o pasillos que se pudiesen dividir con mamparas o cerrando puertas a conveniencia). Sin salones ni cocinillas familiares al modo actual se aprovecharía mucho mejor el espacio habitacional.

    El restaurante debería ser espacioso, con la opción de establecer reservados a base de mamparas movibles, opacas en la parte inferior y traslúcidas por arriba: a fin de tener cierta intimidad las familias, grupos o individuos y al tiempo evitar la sensación de claustrofobia por el hecho de tener a la vista la sala en la que se está y sus comensales. Para las comidas tipo casero muy bien elaboradas, preferentemente con productos locales de época, estarían indicados bufés autoservicio abastecidos por restauradores gastronómicos de alta escuela.

    VENTAJAS
    – Llevando los residuos orgánicos hasta lombricomposteras desde el puerto de embarque de cada hotel, se obtendría abono orgánico en forma de humus y lixiviados y lombrices para las aves, sin necesidad de tratarlos en las pestilentes plantas de tratamiento de residuos fecales al uso (estaciones depuradoras de aguas residuales).
    – Dicho de otra manera: Toda la materia orgánica generada en dichos hoteles debería portarse a lombricomposteras de una agricultura bío-ecológica de cercanía para la obtención de lombrices para las aves y de humus y lixiviados como abonos orgánicos; incluidas las sobras del bufé que, antes de malograrse del todo, también podrían servir para la obtención de por ejemplo aves y huevos y que de ese modo retornase toda la materia orgánica en forma de productos animales y derivados.
    – Además de obtener del campo productos naturales bioecológicos, estos se transportarían desde el campo directamente hasta los puertos de embarque de cada hotel y desde los respectivos puertos a los almacenes y frigoríficos a disposición de las cocinas.
    – Se evitaría el tener que fabricar tantas cocinillas y demás electrodomésticos: incluido lavadoras, ya que la ropa sucia se podría recoger y restituir una vez lavada en los apartamentos.
    – No serían necesarias las superficies comerciales al uso en forma de supermercados, ni se generaría tanta basura inorgánica en forma de plásticos, latas, etc.
    – Se generaría una grande libertad para millones de mujercitas esclavas del hogar, teniendo en consideración aunque nada más sea el tiempo que supone ir de compras, almacenarlas, elaborarlas, lavar los “cacharros” y volverlos a colocar.
    – Aunque de forma resumida y un tanto incompleta les estoy hablando de una economía real, tanto de los recursos como de los medios. De menos trabajo y de más tiempo libre para todos. De mejor salud y de un grande bienestar debidos a gestionar todo al por mayor de la forma más señorial y racional posibles. De restituir en lo posible el equilibrio ecológico y por tanto preservando la naturaleza en vez de seguir envenenándola y destruyéndola.

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