Charles Onana. 6 de abril de 1994-6 de abril de 2019: ¡25 años de mentiras!

Dr. Charles Onana

6 de abril de 1994-6 de abril de 2019: 25 años de mentiras, 25 años de silencio sobre el asesinato de dos jefes de Estado africanos, 25 años de impunidad y la situación continúa… Quienquiera que disparara el misil SAM 16 y aplastara el Falcon 50 del jefe de Estado ruandés sigue en libertad, tumbado en una colina de Kigali y bebiendo una cerveza de plátano, la especialidad ruandesa en temporada de calor.

6 de abril de 1994-6 de abril de 2019: 25 años de mentiras, 25 años de silencio sobre el asesinato de dos jefes de Estado africanos, 25 años de impunidad y la situación continúa… Quienquiera que disparara el misil SAM 16 y aplastara el Falcon 50 del jefe de Estado ruandés sigue en libertad, tumbado en una colina de Kigali y bebiendo una cerveza de plátano, la especialidad ruandesa en temporada de calor. Matar a dos jefes de Estado africanos y dormir bajo el sol, beber alcohol gratis, es un placer que algunos todavía disfrutan 25 años después de los hechos.

Cada 7 de abril, el país recibe a invitados europeos y africanos para llorar frente a montones de esqueletos que no se sabe si pertenecen a ruandeses o a congoleños. Este espectáculo macabro e indigno de las tradiciones africanas expone a los muertos sin pudor en lugar de enterrarlos con dignidad. Este es el círculo de la exposición de huesos humanos, cuyo objetivo fundamental es perpetrar la mentira sobre la tragedia ruandesa y, de paso, ocultar los nombres de quienes ordenaron el asesinato y mataron a dos jefes de Estado africanos el 6 de abril de 1994 en Ruanda. El 7 de abril de 2019, discursos conmovedores serán bien acogidos. Los pañuelos de papel saldrán de los bolsillos ante la presencia de las cámaras de televisión con el propósito de conmover, de engañar y de mentir de nuevo.

Los asesinos de los dos jefes de Estado quizás se implicarán, con gafas de sol oscuras para esconder su mirada esquiva y sus ojos enrojecidos por el insomnio, una apariencia oscura, manos sudorosas y un nudo en la garganta por esta emoción fingida y ambigua. Fingirán estar tristes, afectados y nadie sabrá si son los muertos los que pesan sobre su conciencia o si es la vergüenza de su montaje. Los medios de comunicación contarán la misma historia, ¿800.000 muertos? ¿Un millón de muertos? ¿Más de un millón de muertos? ¿Todos de la misma etnia? En cualquier caso, en este país, contar el número de muertos con precisión no es importante, pues lo que prima es imponer una mentira oficial. Nadie derramará una lágrima por los dos presidentes africanos. No eran nada, no existieron, por tanto su asesinato no se produjo. No obstante, las Naciones Unidas afirman que fue su asesinato lo que desencadenó el apocalipsis en Ruanda…

Dado que la mentira se ha convertido en la primera religión de este país, no debemos hablar de lo que desencadenó el famoso “genocidio” a riesgo de dividir a los ruandeses, que actualmente estarían muy unidos tras las conmemoraciones de la mentira. La máquina de mentir se está extendiendo por Europa tras haber aleccionado a los jóvenes ruandeses. Ahora quieren lavar el cerebro a los pequeños europeos para que mientan sobre las muertes africanas, que todavía no han conseguido calcular.

Ya estamos asistiendo y asistiremos, en los próximos días, a una macabra y rotunda campaña de propaganda sobre los acontecimientos de 1994 en Ruanda. Es el 25º aniversario de la estigmatización político-étnica, del particularismo victimario y de la discriminación voluntaria de las víctimas en un país donde los tutsis, los hutus y los twas han sido masacrados de una manera atroz e inhumana. Pero, durante 25 años, solo se habla y se presta atención a un único grupo de víctimas y no a todas las víctimas.

Recuerden que, al principio, todos los medios de comunicación occidentales, miembros de ONG e investigadores nos explicaron que lo que había ocurrido en Ruanda era “un genocidio dirigido contra los tutsis y los hutus moderados”. Sin embargo, esto ha cambiado paulatinamente. ¿Han notado que ya no se habla de “hutus moderados”? ¿Qué ocurrió entonces? ¿Por qué desaparecieron? ¿No habían sido víctimas de un genocidio? ¿Fue un error de formulación inicial? Incluso los investigadores “respetables” los han borrado de un plumazo. No es muy humano ni riguroso rebajar o excluir a los “hutus moderados” del registro de víctimas sin previo aviso o explicación.

He aquí otra curiosidad en este caso con múltiples zonas oscuras. ¿Alguna vez han escuchado hablar de los Twas? Es la principal minoría de Ruanda. En 1994, representaban un 1 % de la población. Las Naciones Unidas reconocen que fueron masacrados. ¿No hay nadie que se preocupe por su paradero? ¿No son víctimas de los crímenes de lesa humanidad cometidos en 1994? ¿Acaso no son seres humanos que merecen el mismo trato que los demás? Son bolsas de aire o agujeros negros que plantean dudas, si no sobre la seriedad y la veracidad de la historia oficial del “genocidio” en Ruanda, al menos sobre las intenciones reales y profundas de quienes imponen una versión que difiere de la realidad.

El ataque contra dos jefes de Estado africanos el 6 de abril de 1994 fue similar. Pero no cuenta. No existe. Este es el principal agujero negro y el comienzo de la falsificación de la historia oficial del “genocidio”. Todas las víctimas de este ataque han sido despreciadas y ostensiblemente ignoradas durante 25 años. Esto todavía plantea interrogantes para aquellos que buscan la verdad.

A diferencia de muchos investigadores y periodistas, me interesan todas las víctimas de la tragedia ruandesa porque considero que todas ellas merecen respeto y consideración. Hablar de una sola categoría o grupo es un acto sospechoso y una discriminación voluntaria e involuntaria hacia el resto de las víctimas. Hablar de la memoria de un solo grupo y categoría es establecer y estructurar el rechazo y la exclusión de la memoria de otras víctimas. Después de la discriminación de los grupos étnicos, ¿ahora viene la discriminación de los recuerdos? También me gustaría que aquellos que favorecen a un único grupo y a una única categoría de víctimas pensaran un poco en mi amigo Déo Mushayidi, una víctima tutsi de 1994, que actualmente está en la cárcel de Kigali por exigir que se sepa la verdad y por hacer un llamamiento a la reconciliación. La verdad y la reconciliación avanzarán lentamente en Ruanda mientras no se cuente de manera objetiva, honesta e imparcial la historia de los acontecimientos de 1994.

Todas las víctimas deben tener una tumba y merecen ser recordadas, como los tutsis, pero también los twas y los hutus. Todos los autores de masacres y crímenes de lesa humanidad también deben ser identificados y designados entre los hutus, los tutsis o los twa. Esto no es lo que ha estado ocurriendo en Ruanda durante 25 años. Si algunas personas consideran que ha habido masacres por motivos étnicos en este país, ¿piensan también que las víctimas deberían ser discriminadas por motivos étnicos? Al tratar de satisfacer, destacar y “apaciguar” a un solo grupo, ¿se cree que se ayuda a la paz y la reconciliación en Ruanda? ¿Cuándo y cómo se logrará el apaciguamiento de otros grupos y de todos los ruandeses? ¿Cuándo comprenderemos que todos somos iguales ante el sufrimiento, la injusticia y la muerte? Mi batalla intelectual y humana durante más de una década consiste en poner fin al apartheid o a la segregación oficial, mediática y científica entre las víctimas de la tragedia ruandesa, pero también entre los verdugos de la misma.

Soy perfectamente consciente de que esta lectura, aparentemente minoritaria e incómoda, será recibida con hostilidad por parte de aquellos que se oponen a que la verdad y la justicia sean para todos. Del mismo modo, sé que este abordaje, que pone en entredicho el discurso mediático dominante y algunas otras certezas, provoca diferentes reacciones más o menos racionales. No obstante, este enfoque avanza y acaba calando, a pesar de todo, en aquellos que aún no han quedado totalmente intoxicados por la opinión. Acabará por imponerse como un dato esencial e ineludible en la búsqueda de la verdad. Resulta inútil resistirse, puesto que las víctimas «olvidadas» y discriminadas del Congo-Zaire también están llamando con insistencia a la puerta herméticamente cerrada de la verdad. Habrá que abrir esa puerta para explicar a los congoleños, que no participaron en las masacres de 1994 en Ruanda, el origen y los motivos por los que millones de los suyos murieron y muchas de sus mujeres fueron violadas… En el siguiente vídeo, intento, con humildad, contribuir con una nueva lectura objetiva de la historia de la tragedia de Ruanda recurriendo a todas las fuentes disponibles y evitando caer en el maniqueísmo, postura aparentemente cómoda que muchos adoptaron hace ya 25 años. Es, sin duda, un enfoque muy difícil de adoptar en un entorno donde todos los medios de comunicación dicen lo mismo y donde las mentiras se repiten, construyen y filtran con tanta frecuencia que parecen indestructibles.

Aquellos que tengan buena memoria para las verdades evidentes, recuerden cuando el gobierno de Estados Unidos aseguraba tener pruebas de que Sadam Huseín poseía armas de destrucción masiva. En aquella época, era muy difícil, incluso imposible, decir lo contrario sin ser por ello atacado, ridiculizado, marginado… Lo mismo ocurrió con el dosier sobre la crisis en Costa de Marfil. En 2011, cuando publiqué Côte d’Ivoire: le coup d’Etat [Costa de Marfil: el golpe de Estado], en un ambiente de hostilidad y en el que los medios de comunicación condicionaban el ánimo público, solo se prestaba atención a los discursos incendiarios sobre Laurent Gbagbo y Charles Blé Goudé. Hubo que esperar ocho años para que la Corte Penal Internacional (CPI), decepcionada y a regañadientes, aceptase poner en libertad al jefe de Estado de Costa de Marfil y a su ministro; a partir de entonces, se empezaron a cuestionar las acusaciones que se habían realizado en su contra. Poco a poco, la verdad se acabó imponiendo a pesar del impresionante despliegue de propaganda realizado a partir de 2011. El caso del «genocidio» de Ruanda de 1994 correrá la misma suerte…

El camino hacia la verdad es largo, pero no cabe duda de que está abierto, y hay que tomarlo. Es cuestión de tiempo, y aquellos que se tomen la molestia de escuchar lo que viene a continuación dejarán de ser marionetas de la propaganda general sobre el «genocidio». Podrán pensar por sí mismos y formar su opinión libremente. No quiero terminar sin enviar mucho ánimo a todas las víctimas de la tragedia ruandesa en este triste vigésimo quinto aniversario, en especial a mi querida Victoire Ingaribe (hutu) y a mi gran amigo Déo Mushayidi (tutsi), así como a todos los twa que no tuve el placer de conocer.

Por Charles ONANA, Politólogo

Fuente: 6 de abril de 1994-6 de abril de 2019: ¡25 años de mentiras!

Traducción de Delia García Fernández y María Valdunciel Blanco (Universidad de Salamanca)

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