Pascal Blanchard: “A partir de ahora, ya no podremos decir que no lo sabíamos”

El Museo Nacional de Historia de la Inmigración acaba de acoger el coloquio “Sexualidad, colonización, inmigración: desafíos y legado”. El investigador Pascal Blanchard nos pone en antecedentes y nos explica su alcance.

ENTREVISTA REALIZADA POR MALICK DIAWARA

Cartel ilustrado del debate “Sexualidad, dominación, colonización” en el Instituto del mundo árabe el pasado diciembre. © Library of Congress

A raíz de la publicación por parte de la editorial La Découverte de la obra Sexo, raza y colonias. La dominación de los cuerpos desde el siglo XV hasta nuestros días en septiembre de 2008, una treintena de especialistas se reunieron en el Museo Nacional de Historia de la Inmigración, también conocido como el Palacio de la Puerta de Oro, para debatir sobre la historia de la sexualidad y la dominación de los cuerpos en los imperios coloniales europeos y de los Estados Unidos.

Este acto tuvo lugar el pasado 15 de febrero y fue organizado por el Grupo de Investigación Achac, un colectivo internacional de investigadores y universitarios, en colaboración con el Comisariado general para la igualdad de los territorios (Cget), la Delegación interministerial para la lucha contra el racismo, el antisemitismo y el odio anti-LGBT (Dilcrah), el Goethe-Institut y la editorial La Découverte. En él, se abordaron temas tan diversos como los siguientes: “Colonización y sexualidad: las particularidades del imperio colonial francés (1830-1960) y la visión panorámica del resto de imperios coloniales”, “Morfotipos sexuales y fantasmas populares: colonización y poscolonización”, “Género y sexualidad en la época poscolonial y en la migración: cambio entre el discurso estatal, el discurso intimista y los asuntos familiares” y, finalmente, “Imagen e imaginarios sobre los y las migrantes y las minorías nacionales: visiones panorámicas Europa/Estados Unidos en las sociedades poscoloniales”. El coeditor de la obra Sexo, raza y colonias. La dominación de los cuerpos desde el siglo XV hasta nuestros días, Pascal Blanchard, se ha sincerado con Point Afrique.

Le Point Afrique: ¿por qué este coloquio celebrado el 15 de febrero de 2019 puede considerarse oportuno?

Pascal Blanchard: El coloquio “Sexualidad, colonización, inmigración: desafíos y legado”, organizado por el Museo Nacional de Historia de la Inmigración, es un encuentro importante entre cuatro grandes coloquios sobre el libro Sexo, raza y colonias. El primer coloquio, celebrado en la universidad de Columbia en noviembre de 2008, permitió reflexionar sobre el enfoque del libro. El segundo, el de París, puso en perspectiva los lazos entre el pasado y el presente, entre la época colonial y la poscolonial y, sobre todo, el legado actual de la imagen de violencia y dominación sexual propia de los imperios coloniales.

Tras estos dos coloquios internacionales que contaron, cada uno de ellos, con la presencia de una treinta de especialistas, están programados dos nuevos encuentros: el primero se celebrará en Suiza los días 11 y 12 de abril en Lausana y Ginebra y tratará sobre los imaginarios; el segundo tendrá lugar en Los Ángeles (UCLA) el 12 y 13 de mayo de este año y girará en torno a una comparativa internacional entre la situación de los imperios coloniales europeos y la historia de los Estados Unidos. En total, se reunirán alrededor de 80 personalidades diferentes que intervendrán, compartirán, debatirán y compararán sus posturas mediante un diálogo único en este ámbito. Además, pondrán en perspectiva la obra publicada el pasado septiembre. Pero, hasta entonces, organizaremos durante casi seis meses más de 40 encuentros, debates y conferencias acerca del libro y las cuestiones que trata.

Debo decir que el programa posee una intensidad peculiar y que los debates son apasionantes. Demuestra que aquellos que afirmaban que no queríamos debatir estaban muy equivocados, y por ello nunca los vemos en este tipo de debates abiertos y colectivos. En ese sentido, el coloquio que acaba de celebrarse ha sido apasionante: en torno a cinco mesas redondas temáticas ante un público formado por 300 participantes, que estuvo omnipresente durante todo el día y muy receptivo. Se abordaron todas las preguntas y los intercambios con el público demostraron la importancia del tema. Y lo necesarios que son los debates.

De hecho, la dinámica comenzó desde por la mañana con la tribuna de Christiane Taubira publicada para el mismo coloquio en Le Monde (el libro Sexo, raza y colonias seguirá siendo una referencia), especialmente con los pilares principales de la perspectiva que la autora exponía. En ese texto, escribió alto y claro lo siguiente: “Esta abundancia de imágenes que, a pesar de su cantidad y su variedad, no resulta exhaustiva, nos revela más de lo que podemos entender y deducir por nosotros mismos. Precisamente se trata del valor añadido tan preciado de estas investigadoras e investigadores que han escrito e ideado conjuntamente este fenómeno en forma de libro. Resulta sumamente reconfortante que hayan debatido tanto sobre lo que había que mostrar y cómo. O, más bien, lo que de ningún modo había que mostrar. No al menos allí, de ese modo, sin o con. En definitiva, ese trabajo que nos enseña qué fue la dominación de los cuerpos para asegurar que el poder colonial no fue pacífico. Cinco años de trabajo, miles de obstáculos y esta obra para nuestro bien mayor. Lo admito. Albergo una loca tristeza. La tristeza de imaginar esos corazones y espíritus contenidos y amordazados, contritos de su impotencia y su dependencia incluso sin sumisión. La rabia de conocer esas individualidades desmentidas, naturalmente como sujetos de derecho, pero incluso en lo más íntimo de su subjetividad, en su libertad y discreción sexual”. Christiane Taubira, quién ya estuvo presente en el coloquio sobre el libro celebrado en Columbia el pasado noviembre, ha reconocido la ambición de nuestro proyecto: atreverse a observar cara a cara ese pasado, partir de las imágenes de esa violencia para denunciarla y verla, así como analizar seis siglos de historia para comprender los procesos y los efectos. Creo que ese día en el Museo Nacional de Historia de la Inmigración estuvo totalmente a la altura de las preguntas.

Imagen del coloquio “Sexualidad, colonización, inmigración: desafíos y legado” del 15 de febrero de 2019 en el Museo Nacional de Historia de la Inmigración. © ACHAC

¿Qué fue lo que le pareció más sorprendente de las realidades reveladas en la obra Sexo, raza y colonias, la cual inspiró este coloquio?
Sin duda alguna el hecho de que la violencia sexual, el derecho a dominar los cuerpos y el poder del colonizador sobre el colonizado han estado presentes en todos los imperios de cualquier época. Pero también que las imágenes al respecto tengan un doble origen. Hay imágenes que se basan en lo que ocurría allí (y que, de hecho, apenas muestran la realidad, a excepción de algunos fragmentos fugaces de un sistema). Y hay otras que tratan sobre los fantasmas de aquí, desde las metrópolis, que construyen una legitimidad de la dominación, una especie de fantasma permanente y exótico.

En realidad, existen dos imaginarios dentro de uno. A veces, las cuestiones imaginarias no tienen nada que ver con la realidad (los fantasmas), mientras que, en otros casos, la realidad nunca fue mostrada en las imágenes. Por tanto, era necesario hallar la manera de cruzar ambas caras de un sujeto común y crear una historia común de universos distintos y, sin embargo, hermanos gemelos. Este cruce de imágenes es lo que permite, a través del libro, comprender cómo un sistema de dominación puede instaurarse. En los siglos XVII y XVIII, los relatos de exploradores, misioneros, eruditos y primeros colonizadores reflejaban el descubrimiento de conductas y cuerpos nuevos, a menudo asociados a una sexualidad que contradecía la moral cristiana existente por aquel entonces. Esta mirada establece los fundamentos de un discurso sobre la sexualidad del «Otro» que tan solo puede estar “fuera de la norma” y ser diferente y desorganizada. Así es como los naturalistas en el siglo XVIII y, más tarde, los médicos y antropólogos europeos, norteamericanos y japoneses en el siglo XIX clasificaron y jerarquizaron las “razas”. Así pues, se centraron en los estudios que llevaron a cabo a finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX sobre el color de la piel, la sangre y los atributos sexuales considerados “exuberantes” de las mujeres y los hombres exóticos. El ejemplo de Saartjie Baartman resulta, en este sentido, ilustrativo: llamada la “Venus Hotentote”, fue “adquirida” en Sudáfrica en 1810. Esta esclava también ha sido estudiada por científicos como Étienne Geoffroy, Saint-Hilaire y Georges Cuvier, y se ha convertido en el arquetipo de la “feminidad joisán”.

Por aquella época, los hotentotes se situaban en lo más bajo de la escala de las “razas”. Si bien el cuerpo “indígena” es fascinante y atractivo, resulta inquietante y peligroso al mismo tiempo. El temor ante la transmisión de enfermedades venéreas hizo que las autoridades coloniales impusieran un control en las relaciones sexuales interraciales. Para ello, incrementaron la prevención y los exámenes médicos, y regularon la prostitución en todos los imperios. El orden colonial se tradujo rápidamente en la creación de líneas divisorias, tanto geográficas como sociales, entre las “razas”, de modo que organizaron la sexualidad en aras de criterios raciales validados por la ciencia. Así, tomando ejemplos tan precisos, se logró comprender la increíble matriz de violencia que supuso la colonización. Ahora, ha llegado el momento de transformar ese pasado en una matriz de comprensión sobre los desafíos actuales. Como escribió Achille Mbembe en el prefacio de nuestro libro, ese derecho sexual está estrechamente ligado a la colonización; sin duda, se trata de uno de sus propósitos más firmes. Por ello, es comprensible que esta historia pueda incomodar.

¿Qué podemos aprender en esta obra publicada por la editorial La Découverte sobre cómo mejorar las relaciones entre pueblos que han estado en bandos diferentes del imperio colonial francés?

Cuando entendemos la historia de la dominación sobre los cuerpos, así como la importancia de la cuestión sexual como parte fundamental de la historia colonial, podemos empezar a erradicar su impacto de nuestro presente. Es un tema muy complejo, y sobre el que apenas hemos empezado a reflexionar más allá del ámbito de la investigación. Del mismo modo, es a la vez una forma de descolonizar las relaciones históricas que se establecieron en aquella época y de atreverse a preguntar sobre lo más íntimo. Y todo ello permite que se abran nuevos temas de debate, pero sobre todo traumas que hasta ahora eran invisibles. Al final, tratar estas cuestiones también significa ver un trauma muy profundo que se extiende hasta día de hoy. Cuando empezamos este proyecto hace cinco años, nuestra idea original era utilizar las imágenes como material primario para empezar a plantear preguntas, ya que desprenden una gran fuerza emocional (como bien demostraron las reacciones tras su publicación, sobre todo por parte de quienes no se habían parado a leer los artículos y reseñas del libro, elaborados por hasta 97 autores). Reunimos cerca de 70 000 cuadros, fotografías, postales, carteles, películas, todos procedentes de fondos de archivos públicos y de coleccionistas privados (de los 500 000 documentos que vimos y los 1 265 que se acabaron editando). Mientras realizábamos esta labor, concebida a largo plazo, lo que más nos chocó fue cómo se repetían los modelos coloniales: una conquista permanente del cuerpo. De ahora en adelante, estas imágenes serán visibles, lo que permitirá comprender la que hasta ahora había sido una historia invisible.

Y en esta historia descubrimos lo que se ha querido olvidar durante los últimos años: la total «libertad» sexual de los colonizadores, que podían disponer de los cuerpos colonizados sin ningún tipo de límite moral, legal ni político. Un derecho absoluto de ejercer la dominación a través del sexo que llegó a tener una estructura clara, a estar organizado, «higienizado», y que dio lugar al establecimiento de una auténtica industria de la prostitución, como bien explica Christelle Taraud en el libro. También descubrimos cómo millones de europeos, japoneses y americanos llegaron a creer que las moriscas con el pecho descubierto o las jóvenes indígenas los esperaban en las calles de las ciudades árabes o en las islas de Oceanía, en las playas de las Antillas, en las costas africanas o la península de Corea. Se lo creyeron porque se crearon decenas de miles de imágenes que maquillaban la realidad y donde se mostraba a las indígenas desnudas o semidesnudas. De repente, aquellos cuerpos pertenecían a los occidentales: sexualmente, estaban en casa.

A partir de ahora, ya no podremos decir que no lo sabíamos. Es la virtud principal del libro y la razón de su éxito y del interés que ha causado entre un público muy diverso. Además, ya era hora de salir de polémicas estériles. Entendemos perfectamente que las imágenes sorprendan a algunas personas (son chocantes), incluso que algunos se sientan atacados por ellas (aún guardan una violencia extrema), pero no podremos acabar con este imaginario si nos tapamos los ojos. Al contrario, se trata de crear libros así: visibles, de alta calidad y para el gran público. Solo así podremos llegar a un número amplio de personas. Algunos críticos se han convertido en verdaderas caricaturas. Es el caso de Philippe Artières en el periódico Libération, que se atreve a fingir que el libro no toma una postura crítica ni se propone realizar una labor seria con las imágenes, y que ni siquiera incluye leyendas… Eso quiere decir que ni siquiera llegó a leérselo. Todo eso, por supuesto, es mentira, y si debemos debatir, no podemos caer en la manipulación de la realidad o en la polémica estéril como ocurrió con los artículos violentos de Cases Rebelles (un movimiento anticolonialista, feminista y próximo a la organización Indigènes de la République) tras la publicación por parte de Libération de un número especial sobre la obra. No obstante, diría que a ese nivel se trata de activismo militante y cada uno se debe a su papel. Ocurre lo mismo con los movimientos identitarios y nacionalistas que culpan al libro de ofrecer una imagen caricaturesca del «hombre blanco» en las colonias, ¡como si nos hubiéramos inventado las imágenes! En mi opinión, toda esa violencia es completamente inútil. Y, al final, no nos permite debatir sobre el pasado y la violencia. El investigador no puede verse atrapado por cuestiones de militancia o de relaciones de poder; de lo contario, no puede afrontar el pasado.

Pero aún hay casos más serios. Sobre todo, cuando los investigadores/as quieren provocar polémica para hacer creer que hay una forma «buena» y una «mala» de afrontar ese pasado y sus imágenes. Ello me recuerda a una conferencia surrealista que tuvo lugar el pasado 31 de enero como parte del programa «les jeudis de la BRA» (los jueves de la Biblioteca de Investigación Africana). Allí, delante de los estudiantes, algunas historiadoras que habían participado en el libro (pero que no estuvieron incluidas en las ediciones posteriores, sobre todo en la estadounidense), así como otras cuyos textos no acabaron formando parte del mismo, lo criticaron sin intención ninguna de debatir con los autores. Como consecuencia, dejaron creer a la decena de personas del auditorio que la mejor solución sería «quemar el libro», tal y como había sugerido una estudiante esa misma tarde. Es terrible y peligroso, y sobre todo es la antítesis del trabajo de investigación, ya que no se llegó a producir ningún debate, tan solo una especie de tribunal del pensamiento único. Ese tipo de polémica no nos sirve a nadie, más bien al contrario.

Ya es hora de ir más allá de semejante postura, que no permite establecer una relación pacífica con ese pasado: más bien al contrario. Esa misma tarde, un investigador anuncia con orgullo que va a publicar una crítica radical de la obra en la revista que dirige, Politique africaine. ¿Por qué tal violencia? Sin duda porque este tipo de cuestiones forman parte de temas nuevos que requieren consagrar un tiempo a entenderlos y que no pueden limitarse a polémicas simplistas; en este caso, hay que trabajar el tema en profundidad, durante años, y no limitarse a ataques para hacer creer a los demás que poseemos la «buena conciencia» y el «único saber» legítimos. Muchos pensamos que estas posturas son absurdas en el mundo de la investigación y precisamente impiden que el diálogo entre pueblos avance. Es íntimamente reaccionario. Pero un tema de tal calibre parece desencadenar una gran violencia en relación con la incapacidad de algunos de aprehender el material gráfico. Para ellos, desprenderse de la emoción del icono es todavía demasiado innovador, y no consiguen tomarlo como objeto de estudio. Nos sigue sorprendiendo que estas personas no quieran debatir en los lugares del saber, como durante el coloquio que acaba de tener lugar en el Museo Nacional de Historia de la Inmigración. Estas posturas solo consiguen hurgar en la herida de un pasado doloroso.

Tenemos que ver más allá de esas polémicas y trabajar sin descanso. Con todo ello en mente, el libro se publicará en Estados Unidos a principios de 2020 en una edición revisada y aumentada (la francesa se habrá agotado antes del verano). También hemos elaborado una obra con alrededor de cincuenta colaboradores que saldrá en noviembre de 2019 y que cuenta con nuevos artículos y estudios que parten de cuatro coloquios y que sobre todo tienen como objetivo hacer que los textos principales del libro de La Découverte, que salió en septiembre de 2018, sean accesibles para la mayor cantidad posible de personas (es un proyecto muy ambicioso junto a CNRS Éditions). Y, para llegar a un público mayor, también hemos organizado una exposición con veinte paneles que circulará por varios festivales en 2019, así como una serie documental de tres películas que saldrá en 2020 y que adaptará la obra para ir más allá en el análisis de las imágenes (sobre todo películas de ficción de época) y proponer una mirada crítica aún más dinámica. Por otro lado, vamos a seguir con nuestra presencia en Francia para poder conocer a nuestros lectores. Hemos organizado decenas de conferencias en distintos festivales en Metz, Saint-Malo, Bron, Aix-en-Provence, Nantes, Niza, La Ciotat, el Instituto del Mundo Árabe o en encuentros en el extranjero.

El investigador Pascal Blanchard. © SIPA

Las polémicas, las posturas, las micro críticas no deberían impedirnos trabajar y sumergirnos en este tema. Es lo que queremos hacer. Ningún trabajo es perfecto y cualquier obra puede ser mejorada, pero ningún abordaje colectivo (97 autores) con semejante base de investigación, seriedad y trabajo durante cinco años puede quemarse en la hoguera de la moral como si fuésemos las brujas de la actualidad por habernos «atrevido» a tratar un tema como este. Nuestro enfoque era el de las ciencias humanas, no el de las morales. Y nos fijamos esa línea precisamente para avanzar en un tema que nos parece tan importante como difícil. Creemos que es la única forma de que las relaciones entre los pueblos se basen en el conocimiento y no en los fantasmas.

En las relaciones actuales entre los franceses y los africanos, ¿qué queda que ilustre las nociones de sexo, raza y colonialismo?

Durante una conferencia en el marco de «Rendez-vous de l’histoire» [Citas con la Historia] en Blois en octubre de 2018, Alain Mabanckou, que estuvo conmigo, Nicolas Bancel y Christelle Taraud para una conferencia sobre la obra, nos recordó que nada de lo que aparece en el libro ha llegado realmente a su fin. Siempre estaremos atrapados por los fantasmas, los estereotipos y los imaginarios de ese pasado, y es un fenómeno que se da a ambos lados del espejo colonial. Esas imágenes, ese pasado, esa violencia han tenido un impacto sobre todos, en todas las sociedades. Por eso hoy en día debemos acabar con ellas juntos. El fantasma sobre la mujer negra, sobre el hombre negro, la mujer magrebí u oriental, el hombre árabe, la mujer blanca… Son todos modelos actuales. Trabajar en estas cuestiones es indispensable para acabar con los traumas del pasado y las trampas del presente.

Por otro lado, esas imágenes aún conllevan una violencia increíble. Precisamente por ello fueron escondidas, sobre todo por los colonizadores, durante décadas, ya que no querían desvelar lo que fue realmente la violencia colonial. Se produjo exactamente el mismo debate hace cuarenta años sobre el Holocausto: ¿era necesario mostrar lo indecible? Hoy en día, todos sabemos que la toma de conciencia sobre lo que fue la exterminación de los judíos se dinamizó mucho tras poder ver los campos, a los deportados, la muerte…y a pesar de la violencia inaguantable de las imágenes. Hace quince años, en Estados Unidos se produjo un debate similar por las imágenes de linchamientos. Desde entonces, se trata como un tema fundamental dentro de la memoria histórica de los afroamericanos (exposiciones en museos, la última película de Spike Lee sobre el KKK) y se ha convertido en una lucha política actual para concienciar a todos los estadounidenses de lo que fue aquella violencia mortal de los linchamientos. Las imágenes tienen una ventaja principal: constituyen una prueba de lo que ha pasado. Ello no quiere decir que representen la verdad, ya que la imagen, como cualquier otra fuente, debe ser criticada, cuestionada y comparada con otras.

¿Qué propondría para calmar los ánimos a este respecto?

Que los investigadores de todo el mundo se dediquen a trabajar sobre estas cuestiones en los próximos años y se atrevan a contemplar como fuentes primarias esas imágenes de violencia y dominación. Pero que también los artistas las hagan suyas y así inviertan la visión colonial, tal y como han hecho Ayana Jackson o Delphine Diallo. Y, por último, que las películas con gran acogida se ocupen de estas cuestiones para que mañana ya no podamos decir «no lo sabía». Cuando hablamos, cuando miramos a la cara, cuando denunciamos podemos superar los traumas del pasado y del presente. Solo así podremos construir una nueva historia en común.

* Historiador e investigador en el laboratorio de Comunicación y Política del CNRS (Centro Nacional de Investigación Francés), Pascal Blanchard ha publicado unas 50 obras sobre la colonización, África y la inmigración. Junto a Nicolas, Bancel, Christelle Taraud, Gilles Boetsch y Dominic Thomas ha codirigido Sexo, raza y colonias, editado por La Découverte con la colaboración de 92 autores y especialistas internacionales, prólogo de Achille Mbembe y Jacques Martial y epílogo de Leila S.

Fuente: http://afrique.lepoint.fr/culture/pascal-blanchard-desormais-nous-ne-pourrons-plus-dire-que-nous-ne-savions-pas-19-02-2019-2294439_2256.php

Traducción de María Iglesias Isidro y María Valdunciel Blanco (Universidad de Salamanca).

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