Ruanda – RDC: Refugiados ruandeses vuelven a ser asesinados en masa

Desde hace más de un mes, los refugiados ruandeses en la región de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo, sufren ataques frecuentes por parte de grupos armados, entre ellos la Defensa Nduma de Congo/NDC Rénové y sectores de las Fuerzas Militares de la República Democrática del Congo (FARDC). El coste humano es elevado: los refugiados con los que Jambonews ha podido ponerse en contacto hablan de entre 150 y 200 víctimas, cifras confirmadas por Paul Rusesabagina, el héroe del Hotel Rwanda, que preside la plataforma del Movimiento Ruandés para el Cambio Democrático (MRCD) y que informa, en la BBC, de un balance provisional de 168 víctimas. Como sucedió entre 1996 y 1997, los refugiados carecen de acceso a productos de primera necesidad y a la sanidad y están huyendo hacia la provincia de Kivu del Sur.

Los ataques

Los ataques habrían comenzado en torno al 29 de diciembre de 2018, cuando grupos armados, no identificados inicialmente, llevaron a cabo ataques contra los campamentos de refugiados de Rupango, Faringa y Nyarubande. Según fuentes locales, estas poblaciones cobijarían a casi 60.000 refugiados ruandeses, principalmente mujeres y niños. El 31 de diciembre de 2018, a petición del Gobierno congoleño y en el contexto de elecciones, los operadores telefónicos cortaron el acceso a Internet en la República Democrática del Congo, lo que contribuyó a una mayor falta de información procedente del país. Los grupos armados aprovecharon esta situación de aislamiento principalmente para atacar a los refugiados ante la indiferencia generalizada, incluso por parte de la comunidad internacional.

Finalmente, cuando se restableció la comunicación, los refugiados pudieron ponerse en contacto con la sociedad civil ruandesa e indicar el origen de los ataques. Los primeros ataques, según los refugiados, fueron perpetrados por una milicia que actuaba en nombre de la «Nduma Defence of Congo/NDC Renovada» bajo el mando de Guidon Shimiray Mwissa. Este jefe rebelde, que aparece en la lista de Sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU desde julio de 2018, durante varios años ha tenido como objetivo a los refugiados «hutus». Los ataques posteriores fueron perpetrados directamente por los soldados de la 34ª región militar de las FARDC. Las operaciones militares de esta división están bajo el mando del general de brigada Innocent Gahizi, ex oficial de alto rango del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) de Laurent Nkunda, una antigua milicia similar al régimen de Paul Kagame. Esta milicia también había convertido a los refugiados ruandeses en uno de sus principales objetivos.

No es la primera vez que la NDC Renové y las FARDC actúan juntas, ya que, en 2016, varios testimonios sugirieron que la milicia de Guidon Shimiray Mwissa y algunos oficiales de las FARDC podían estar coordinados para luchar contra los rebeldes de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR). Por ende, el calendario, la sincronización y la planificación de los últimos ataques llevan a pensar que exista una coordinación entre las FARDC y la milicia NDC Rénové para acabar con los refugiados ruandeses.

El coste humano

Bajo las balas y los proyectiles de los atacantes, los refugiados tuvieron que abandonar apresuradamente sus viviendas improvisadas, dejando atrás sus propiedades, sus plantaciones y sus cultivos. Los habitantes de Faringa también tuvieron que sufrir el incendio provocado de sus refugios. Por lo tanto, estos refugiados ruandeses se encuentran desvalidos, como en el éxodo, entre 1996 y 1997. Las últimas informaciones que obran en nuestro poder indican que los refugiados están asustados, cansados y carecen de alimentos y cuidados de primera necesidad. Muchos de ellos han decidido huir a Kivu del Sur en un intento de sobrevivir a los reiterados ataques contra ellos. Sin embargo, incluso en el camino del éxodo, no se salvaron, como en Gashebere, donde una emboscada (presuntamente de la milicia del NDC) mató a varios de ellos.

Los refugiados también nos informaron de que algunos niños y mujeres, incapaces de seguir el ritmo, fueron capturados y llevados a la sede de MONUSCO, en la población de Kanyarucinya, para «un envío forzado a Ruanda», afirman. Sin embargo, dada la situación actual, todos los refugiados nos dicen que temen tanto el fuego de armas pesadas como el retorno forzoso a Ruanda.

En este momento, la cifra de víctimas humanas es dramática. Las últimas cifras que nos han transmitido dan cuenta de 168 víctimas, de las cuales 56 son mujeres, y 42 son niños. Las FARDC, con el pretexto de atacar a los grupos armados calificados como «hutus», atacan en realidad a los refugiados ruandeses civiles que desean repatriar a Ruanda a toda costa, lo que convierte a las mujeres y a los niños en las primeras víctimas de sus ataques. El mismo pretexto fue utilizado por la coalición entre la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDL) y las Fuerzas Ruandesas de Defensa (FRD) en 1996 y 1997. Por aquel entonces, con el pretexto de buscar a los autores del genocidio contra los tutsis en Ruanda en 1994, que se escondían en los campos de refugiados ubicados en el Kivu Norte y Kivu Sur, esta coalición llevó a cabo masacres indiscriminadas en los campos de refugiados, donde se hallaban cientos de miles de niños, mujeres y hombres. Según el informe, entre las víctimas de estos crímenes, que «podrían considerarse un genocidio», se encontraban «una mayoría de niños, mujeres, ancianos y enfermos, a menudo desnutridos, que no representaban ningún riesgo para las fuerzas atacantes».

25 años de silencio ensordecedor

Desde hace casi 25 años, esta región da cobijo a los refugiados ruandeses que, en 1994, huyeron del avance de las FDR. Confundidos ayer con genocidas, comparados hoy en día con rebeldes, nunca han podido reivindicar sus derechos. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas y la Comisión Nacional para los Refugiados calcularon que hay al menos 245.000 refugiados ruandeses en la RDC en un censo de 2015. Estos refugiados son las primeras víctimas de la comparación que la comunidad internacional ha establecido con los grupos políticos y militares ruandeses en el este de la RDC. En 25 años, las políticas que recomiendan el retorno voluntario han sido poco concluyentes, y los refugiados temen por sus vidas si regresan a Ruanda. En efecto, las organizaciones de derechos humanos denuncian frecuentemente casos de violaciones de los derechos fundamentales en Ruanda. El último informe de Human Rights Watch sobre Ruanda, publicado el 25 de enero de 2019, constata, sólo en 2018, falta de libertad de expresión, uso desproporcionado de la fuerza en los campos de refugiados de Kiziba, detenciones arbitrarias, malos tratos y tortura. En dicho informe también se destaca que, por primera vez en 11 años, en julio de 2018, el Subcomité para la Prevención de la Tortura de las Naciones Unidas (SPT) tuvo que cancelar su visita a Ruanda debido a la falta de cooperación por parte de las autoridades ruandesas. Como resultado, las políticas de retorno impuestas, al igual que para los refugiados que se encontraban en los acantonamientos que fueron deportados por la fuerza a Ruanda en noviembre de 2018, provocan más tensión entre los refugiados que están bajo la amenaza de un retorno forzoso. Estos refugiados continúan siendo el blanco de las milicias congoleñas teleguiadas por Ruanda u otros países de la subregión y a veces incluso directamente por los ejércitos regulares de esos países. Además, nunca han tenido voz porque constantemente se les compara con grupos armados.

Alerta para los refugiados

Las asociaciones y los actores de la sociedad civil ruandesa, que velan por el respeto de los derechos humanos (Jambo ASBL, RIPRODHOR…), subrayan la dramática situación humanitaria y hacen un llamamiento a la intervención urgente de la MONUSCO para proteger a los refugiados de los mortíferos ataques que están sufriendo hoy en día. Ciertamente, las Naciones Unidas no pueden abandonar a los refugiados ruandeses como se hizo en 1996-1997. Para lograr un estado de paz en la región de los Grandes Lagos, es legítimo desarmar los grupos armados que operan en el territorio de la República Democrática del Congo. No obstante, también es fundamental y es un deber proteger a los refugiados, a las personas más vulnerables y a la población civil que se encuentra atrapada en el fuego cruzado. «Respetar y hacer que se respete la vida de estas miles de familias, brindándoles ayuda y protección por todos los medios, debe ser la prioridad absoluta».

Constance Mutimukeye

Jambonews.net
http://www.jambonews.net/actualites/20190207-rwanda-rdc-refugies-rwandais-de-nouveau-massacres/

Traducción de Delia García Fernández (Universidad de Salamanca).

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