Las raíces del anticolonialismo de Karl Marx

Gracias a su relación con el artista y poeta Ernest Jones, Karl Marx se dio cuenta de que era necesaria la oposición a la esclavitud y al colonialismo para poner fin al capitalismo.

En su película El joven Karl Marx, el director Raoul Peck incluye una escena en la que un anónimo hombre francés de ascendencia africana hace una sentida intervención durante uno de los discursos al aire libre de Pierre-Joseph Proudhon en París. En contraste con la multitud de trabajadores reunidos a su alrededor, el caballero negro del sombrero de copa y de vestido elegante interrumpe brevemente al famoso orador para instarlo a hablar en nombre de la libertad no solo de los artesanos, cuyos oficios estaban cada vez más amenazados por la industria, sino también de la subclase de proletarios: “los marineros, los mecánicos, los fundidores”, afirma. Marx y su compañera de vida y pensadora de ideas, Jenny, están sentados al lado del “citoyen de coleur” (ciudadano de color) ambos encantados por su comentario critico al padre del anarquismo francés.

Está claro que la escena en sí misma es memorable porque no es Marx sino una persona negra – vinculada directamente o indirectamente a un pasado de colonialismo y esclavitud – quien exhorta a Proudhon a que sostenga una concepción de la clase obrera que incluya a los trabajadores de las fábricas. La discusión en la escena nunca se refiere explícitamente a la cuestión de los proletarios racializados y esclavizados del mundo colonial. Sin embargo, implícitamente lo hace. Porque gracias a su personaje de color, Peck nos recuerda que Marx vivía y pensaba desde el corazón del imperio colonial, donde las posesiones en el extranjero estaban aún dominadas por la esclavitud racial, y que este contexto más amplio determinó inexorablemente la estructura de la clase obrera en el núcleo metropolitano. Sin embargo, en la película como en la historia, el Marx parisino no estaba todavía comprometido intelectual y políticamente con el colonialismo y la esclavitud. Por eso Perck no hace que Marx hable con el interlocutor negro, con quien compartía claramente la misma perspectiva, sino con Proudhon, sobre el que era muy crítico.

Este punto ciego sobre la cuestión colonial que el director de cine haitiano revela en el pensamiento del joven Marx no era solo una idiosincrasia personal. Reflejaba la política de la clase obrera que Marx había descubierto y con la que había entrado en contacto en los cafés, salones y banquetes de la Ville Lumiere entre 1843 y 1845.

Aunque no estuvieran necesariamente a favor de la esclavitud y en diferentes niveles, los socialistas franceses más importantes, desde Proudhon hasta Louis Blanc y Pierre Leroux, apoyaron la causa colonial a principios de la década de 1840 como forma de resolver la llamada “cuestión social” en su país y de difundir el socialismo en el extranjero. Reclamar y luchar por la liberación de los oprimidos en Nigeria o Guadalupe no era, por lo tanto, una necesidad apremiante en sus políticas. Consecuentemente, no se convirtió en una necesidad apremiante para el proletariado “abstracto”, en cuyas manos, Marx en sus Manuscritos de Paris y más tarde en el Manifiesto Comunista,había dejado la tarea de derrocar el capitalismo.

Las cosas empezaron a cambiar cuando Marx se mudó a Londres. Su inmersión en una cultura diferente de clase obrera, y, en particular, su estrecha relación con el cartista radical y poeta Ernest Jones, fueron lo que determinó la ampliación de su perspectiva.

El Londres radical

Los ánimos de las revoluciones apenas se habían aquietado en Europa continental cuando Marx aterrizó en Londres a finales de agosto de 1849 tras ser expulsado de Francia por el nuevo régimen conservador. Un año antes, el ala revolucionaria del cartismo, el primer movimiento de masas de Inglaterra impulsado por la clase obrera había intentado dar a la gente del norte del Canal su propia primavera.

A principios de junio de 1848, Ernest Jones pronunció un discurso incendiario en el este de Londres, declarando a la multitud que la primera en romper una lanza por la libertad sería Irlanda, reclamando su liberación del yugo británico. Inmediatamente lo detuvieron y lo condenaron a dos años en régimen de aislamiento. Pronto se hicieron planes dentro del movimiento cartista para fomentar una insurrección armada en la capital, liberar a Jones de la custodia policial, derrocar al Gobierno e instaurar una Republica.

Entre los conspiradores se encontraban William Dowling y Thomas Fay, dos freedomfighters irlandeses (militantes por la liberación de Irlanda) y el sastre cartista y abolicionista negro William Cuffay, hijo de un esclavo de las Indias Occidentales antillano. La conspiración tenia así una profunda dimensión atlántica, y si hubiera tenido éxito, habría relanzado la larga tradición insurreccional urbana del “proletariado abigarrado” en toda la cuenca oceánica, como han dejado constancia los historiadores Peter Linebaugh y Marcus Rediker en The Many-HeadedHydra (La Hidra de la Revolución).

Cuando Marx pisó los diques del río Támesis, el plan ya había sido descubierto y preventivamente desmantelado. Jones estuvo encarcelado durante casi un año, y Cuffay Dowling y otros tres conspiradores se enfrentaban apenal servitude, cadena perpetua con trabajos forzados, en Australia. El cartismo se vio seriamente debilitado, pero su tradición política radical seguía viva.

Dirigido por el editor de prensa, exmarinero y líder de los Fraternal Democrats hecho a sí mismo, George Julian Harney, el movimiento cartista estaba pasando por una etapa de recuperación desde su ala izquierda. Aprendiendo de la derrota de la revolución en Inglaterra, Harney estaba reorganizando el cartismo como un movimiento independiente de la clase obrera sobre una nueva base socialista- “The Charterand something more” (la carta y algo más)erasu lema.

Marx que había roto las relaciones con los alemanes de la Liga Comunista de Londres, se sintió atraído por el republicanismo rojo de Harney y se unió con entusiasmo a su círculo en 1850. El noviembre del mismo año, el periódico de Harney, The Red Republican (El Republicano Rojo), publicó la primera traducción al inglés del Manifiesto Comunista. Entretanto, Jones fue puesto en libertad y reanudó su activismo cartista uniéndose a los “rojos” de Harney, donde conoció a Marx.

Marx y Jones

En 1850 Jones y Marx tenían treinta y dos años, y ambos eran alemanes de nacimiento. Nacido en una familia aristócrata en Berlín y criado allí hasta la edad adulta, Jones no solo podía comunicarse con fluidez en la lengua materna de Marx, sino que también compartía el mismo bagaje cultural, lo que ayudó a fortalecer su amistad. Pronto conectaron a través de la política.

Marx se quedó rápidamente impresionado por la destreza oratoria de Jones. Asistió a las conferencias y a los discursos de Jones varias veces entre 1850 y 1851, ya que este último estaba haciendo un recorrido por Inglaterra para removilizar la base cartista. Jones, según Marx, era entonces “el representante más talentoso, coherente y enérgico del cartismo”, lo que le llevó a asumir el papel de líder efectivo dentro del movimiento cartista. Cuando Jones decidió lanzar su propio periódico semanal, Notes to the People, en mayo de 1851, Marx no dudó en ofrecerse como colaborador.

Marx entonces percibía la mayor parte desus ingresos como principal corresponsal europeo del New York DailyTribune, pero colaborarcomo periodistacon un órgano de prensa cartista era también una forma de llegar directamente al movimiento obrero británico. Firmó dos artículos para el Notes, ambos sobre las revoluciones de 1848 en Francia y coescribió al menos otros seis junto a Jones. Además, como admitió más tarde a Engels, Marx fue responsable de ofrecer asesoramiento y supuestamente asistencia directa en la redacción de todos los artículos económicos que aparecieron en el semanario de Jones entre 1851 y 1852, lo que representaba más de dos tercios de todas las piezas publicadas.

Esta implicación sumergió a Marx en un nuevo entorno intelectual, donde estuvo expuesto a las ideas y las opiniones políticas del cartismo, que incluían el anti-imperialismo, y, por tanto, aprendió de estas.

El cartismo contra el Imperio

A través de su colaboración periodística yasociación política con Jones, y a diferencia de sus años parisinos, Marx se unió a un movimiento obrero que tenía una larga historia de resistencia a las conquistas coloniales, que se remontaba a los Diggers y Levellers del siglo XVII para llegara los Jacobinos de Painedel siglo sucesivo. En la década de1850, Jones era sin duda el defensor más coherente y ferviente de esta tradición dentro del cartismo. Su anticolonialismo lo hizo acabar en la cárcel en 1848; hecho que no hizo más que acentuar su idea cuando salió.

Fue desde su celda donde Jones empezó a escribir versos de The New World, A DemocraticPoem (El nuevo mundo, un poema democrático). Esta epopeya abrió la primera edición de Notes of the People, y se convirtióen la pieza más famosa de Jones. En ella imaginaba una revolución mundial que estallaba en la India ocupada por los británicos, donde

Rolls the fierce torrent of a people’s rights,
And Sepoy-soldiers, waking, band by band,
At last remember they’ve a fatherland!

[Serpentea el feroz torrente de los derechos del pueblo, y los soldados indios, despertándose, uno tras otro, ¡Por fin recuerdan que tienen una madre patria!]

La tormenta revolucionaria decolonial se extiende cerca de África y, en su brote, venga los abusos de la esclavitud, evocando a los espíritus de los revolucionarios haitianos.

Deep in the burning south a cloud appears,
The smouldering wrath of full four thousand years,
Whatever name caprice of history gave,
Moor, Afrit, Ethiop, Negro, still meant slave!

And, dire allies! to make their vengeance sure,
Behind them tower Ogé, and L’Ouverture.

[En el profundo sur ardiente aparece una nube, Una ira que quema lentamente desde hace cuatro mil años, Cualquiera sea el nombre que el capricho de la historia les dio, ¡Moros, Africanos, Etíopes, Negros, en cualquier caso esclavos!

¡Y, qué oséis aliados! Vengarlos sin demora, Detrás de ellos descolla la torre Ogé, y L’Ouverture.]

Finalmente, la revolución de África se extiende por América Central y Meridional, donde los rebeldes derrocan siglos de dominio español en nombre de las poblaciones indígenas conquistadas.

Laugh Mexico! and clap thy hands Peru!
Old Montezuma! break thy charnel through.
Relight your lamps, poor Vestals of the Sun!
That you may see Pizarro’s work outdone!

[¡Ríete México! Perú, ¡aplaude tus manos! ¡Viejo Montezuma! Rompe tu osario. ¡Reencended vuestras lámparas, pobres Vestales del Sol!
¡Ojalá pudierais ver lo que hizo Pizarro deshacerse!]

Su experiencia como militante en el Londres radical le enseñó a Jones que la lucha de los cartistas estaba entrelazada con el abolicionismo y el anticolonialismo, y que la clase obrera era global y multirracial. Sin embargo, la aplastante derrota en 1848-49 y la apatía política que esto causó en Gran Bretaña y toda Europa habían alterado la dinámica de los conflictos. Por tanto, él entonces creía que la ofensiva revolucionaria global de la reaccionaria década de los 50 no la iniciarían los obreros de Europa, sino las masas oprimidas de las colonias.

Marx nunca había colaborado tan estrechamente con nadie que tuviera unas ideas tan anticolonialistas. Como colaborador y lector de Notes, no se pudo perder el New World(nuevo mundo) de Jones, ni su columna Ourcolonies (nuestras colonias), que denunciaban el imperialismo británico y trataban de llamar a sus lectores de clase obrera a apoyar los movimientos de resistencia contra el dominio británico en el extranjero.

Esta línea editorial se trasladó también al People’sPaper, el periódico fundado en mayo de 1852 por Jones que reemplazó a Notes y se convirtió en el principal órgano de prensa del cartismo. Marx mantuvo su colaboración editorial y periodística en este nuevo semanario, contribuyendo con un total de veinticinco artículos, algunos de ellos reimpresos de Tribune. El primer número de People’sPaper proclamó su postura anticolonialista con este llamamiento a los trabajadores: “Hemos velado, y con razón, por los intereses de la democracia europea; ocupémonos ahora de nuestra lucha en las colonias”. La liberación del dominio británico de las colonias era, en otras palabras, la clave para la liberación proletaria en el núcleo capitalista.

No podemos más que preguntarnos qué pensaría o qué le diría Marx a Jones. Cuatro años antes, en el Manifiesto, él y Engels consideraban que el imperialismo occidental era una fuerza progresiva y beneficiosa para convertir las sociedades subdesarrolladas en civilizaciones burguesas. Ahora Marx colaboraba con alguien que opinaba lo contrario, una situación que lo llevó a lo que su formación hegeliana habría considerado una posición de criticismo inmanente, es decir, un criticismo que se somete y se apropia de las premisas de un punto de vista opuesto para poder trascenderlo en la dialéctica.

Podemos encontrar un primer rastro del efecto dialéctico del anticolonialismo de Jones en el pensamiento de Marx en su artículo de 1852 para Tribune: The Chartists (los cartistas). En dicho artículo cita uno de los discursos de Jones en el que este denuncia los abusos y la coacción del dominio británico en Sri Lanka. Un año después de este esencial texto, la India apareció en su radar periodístico y quedó claro que Marx estaba absorto por la comunidad intelectual cartista hacia la que gravitaba y de la que estaba pasando a formar parte.

La iniciativa anticolonial

Los debates que tuvieron lugar en el Parlamento entre 1852 y 1853 sobre la renovación de la carta de la Compañía de las Indias, que contenía detalles sobre cómo se gobernaba y administraba la India, hicieron que Jones y Marx se centraran en esta alejada colonia del este. Al igual que con sus ideas políticas hasta entonces, su periodismo no se puede disgregar.

Jones escribió inicialmente una serie de artículos en People’sPaper que denunciaban que el dominio británico en la India era evidentemente un expolio legalizado de la población nativa. En esta serie publicada en mayo de 1853, Jones se refiere a la India como la “Irlanda del este”, donde las décadas de “barbarie británica” (como se refería al dominio británico), no llevaron el progreso sino una gran miseria. Era característico de la crítica cartista del imperio que invirtieran el prevalente discurso orientalista sobre el imperialismo y asignasen el rol de bárbaros a los dirigentes británicos en vez de a los colonizados.

Jones, a diferencia del resto de cartistas y en sintonía con la perspectiva que desarrolló en The New World, fue más allá y reivindicó la independencia de la India, con la esperanza de que el ejército de soldados nativos, conocidos como cipayos, se revelase contra los británicos e iniciase un movimiento de liberación nacional. En un artículo posterior, Jones relacionó la explotación de los trabajadores británicos con la opresión colonial de la población india, reiterando la idea de que la independencia de la India era esencial para la lucha de clases en Gran Bretaña.

Marx cada vez convergía más hacia unos argumentos similares. A diferencia de su tono general del Manifiesto, sus artículos para Tribune reconocían que el imperialismo británico no había llevado el progreso y la civilización a la India, sino muerte y destrucción. Él también empleaba la analogía de la “Irlanda del este” para describir la India, un claro indicio de que Jones estaba involucrado en la evolución multilineal de su pensamiento.

Además, en su famoso artículo del 8 de agosto 1853, Futuros resultados de la dominación británica en la India, Marx condena el dominio británico en la India como ejemplo de “la barbarie propia de la civilización burguesa” haciendo referencia al tropo de la retorica cartista del imperio. En el mismo artículo reconoce, mediante una nueva retórica anticolonialista, que la liberación de la India podría llegar desde el levantamiento de la clase obrera en Gran Bretaña o desde un movimiento de auto-emancipación liderado por la propia masa colonizada. Esto supuso un gran cambio en el pensamiento de Marx porque, por primera vez, esbozó un escenario en el que otorgaba al pueblo colonial la iniciativa del cambio social revolucionario, una postura que concurría, precisamente, con la de Jones.

En 1854, Marx apoyó la organización comunitaria de Jones que llevó a la creación de una asamblea nacional de trabajadores, el llamado LabourParliament, en Manchester. En abril de 1856, asistió al banquete para celebrar el cuarto aniversario de People’sPaper en el que dio el discurso de bienvenida. Tal como le dijo a Engels, su discurso estaba dirigido a consolidar su posición como miembro contribuyente del movimiento cartista. Con el mismo espíritu militante, Marx salió a la calle ese mismo año para participar en una manifestación de apoyo al cartista John Frost, que había vuelto de su penal servitude.

De este modo, con una revuelta anticolonialista a punto de estallar en la India, el activismo cartista siguió siendo una parte importante de la vida de Marx.

El fantasma de la India

En la primavera de 1857 se empezó a oír en Gran Bretaña que había habido un motín liderado por los soldados cipayos en el ejercito colonial de la India. Marx y Jones se interesaron de inmediato por lo ocurrido. Aquello con lo que habían teorizado cuatro años antes se presentaba como una posibilidad muy real; posibilidad que no dudaron en acoger.

A pesar de que la prensa británica difundiera historias que denigraban y ridiculizaban a los insurgentes, Marx y Jones siguieron unas líneas de reportaje que se desviaban de esta pero que al mismo tiempo convergían entre ellas. Desde el inicio simpatizaron con el sufrimiento de la población india y denunciaron el dominio británico en la colonia. Ambos señalaron que era inevitable que el motín se convirtiese en un movimiento de liberación nacional más amplio. También insistieron en que la autonomía y la política racional de los indios colonizados eran factores esenciales para determinar el curso de los eventos. Marx, al igual que Jones, veía esta insurrección como un nuevo fantasma que acechaba Europa, donde podría causar una crisis que diera la oportunidad de desarrollar una nueva ofensiva proletaria. “India es nuestro mejor aliado”, le escribió Marx a Engels entusiasmado.

Durante el verano y el otoño de 1857, Jones abordó el tema y escribió sobre la insurrección desde la perspectiva cartista del “retributivismo”, esto es, la idea importada del mesianismo religioso de que la historia se rige por un proceso inmanente de justicia en el que los errores históricos se rectifican a través de la retribución. Así, afirmó el 4 de agosto de 1857 que “las iniquidades de las naciones siempre se retribuyen” y que la insurrección india era “un claro ejemplo de este equilibrio compensatorio de la historia, del plan retributivo” que él ponía al mismo nivel que los movimientos de liberación de Polonia, Hungría e Italia.

Una semana después Marx escribió “La rebelión de los Cipayos” para Tribune. En este texto reconocía que la insurrección india representaba una dinámica social dialéctica y transformadora comparable con la que había vivido la Europa occidental, una completa inversión de su posición inicial con respecto al Este. Marx remarcó lo siguiente:

“En la historia de la humanidad existe algo parecido a la retribución; y es regla de la retribución histórica que sus instrumentos estén forjados por los propios ofensores y no por los ofendidos. El primer golpe que se asestó a la monarquía francesa procedía de la nobleza, y no de los campesinos. La revuelta india no la han comenzado los ryots, torturados, humillados y despojados por los británicos, sino los cipayos, vestidos, alimentados, cuidados, cebados y mimados por ellos.”

Es asombroso cómo aquí se entrevé la fraseología de Jones en la prosa de Marx, lo que sugiere que el cartismo dejó una impronta duradera en su pensamiento a medida que se desarrollaba la insurrección india. Este levantamiento anticolonialista en el otro extremo del imperio británico llevó Marx a revisar su postura y a integrar el colonialismo en su concepción materialista de la historia.

Pero parece ser que Marx tomó ejemplo de Jones para dar este paso, ya que en los escritos de quien era su camarada desde hacía mucho tiempo encontró argumentos que iban más allá del antagonismo binario estándar de los países de núcleo capitalista. Este se centraba en la burguesía contra el proletariado, pero él incluía un movimiento anticolonialista que aspiraba a revolucionar el dominio imperial.

Para entonces, Jones ya contemplaba la posibilidad de formar una coalición política con el bando burgués radical para poder lograr el sufragio para los trabajadores. A Marx le decepcionó esta jugada, lo que hizo que se separase temporalmente de Jones en 1858. Esta desilusión fue únicamente política, y de ningún modo afectó al aprecio que Marx tenía al Jones escritor y crítico social, tal y como indica la analogía de su periodismo sobre la insurrección india.

La década de 1850 fue en gran medida la década cartista para el Marx londinense. Fue una década en la que aprendió de su colaboración con Jones y, en general, de su experiencia en el movimiento cartista. Al término de esta década, puede que Marx estuviera desilusionado con las políticas de Jones, pero se había transformado intelectualmente. Y lo que es más importante, gracias a Jones tomó un firme rumbo anticolonialista que seguiría moldeando su la esencia de su proyecto político en los años siguientes.

Publicado originalmente en:Europe Solidaire Sans Frontières by DRAPEAU Thierry(el 4 de enero de 2018)

Fuente: https://mronline.org/2019/01/10/the-roots-of-karl-marxs-anti-colonialism/#lightbox/0/

Traducido por Elena Spinelli y Maria Usua Azcurreta

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