El fracaso continuo de la República Centroafricana: la necesidad de consolidar la paz a nivel local

Ubicacion de la República Centroafricana. Foto: Kimpa Vita Press & Publishers.

Ubicación de la República Centroafricana. Foto: Kimpa Vita Press & Publishers.

La violencia continua, los flujos de refugiados, los desplazados internos y la falta de servicios gubernamentales nos recuerdan lo difícil que puede resultar crear un Estado funcional partiendo de un enfoque de abajo hacia arriba, sobre todo cuando se empieza entrenando al ejército nacional antes siquiera de que haya un Estado al que proteger.

Han de considerarse cuatro niveles de acción: el local, el estatal, el multiestatal o regional -representado en teoría por la Unión Africana, que en la práctica no figura- y el mundial, representado por las Naciones Unidas en su forma más visible: el personal militar de la ONU.

Oubangui-Chari, lo que era la República Centroafricana durante el período colonial francés, siempre fue el «primo pobre» del África Ecuatorial Francesa, un lugar que los militares coloniales franceses evitaban o del que intentaban mantenerse lo más lejos posible (1).

El cultivo comercial era el algodón, pero, como carecían de acceso al mar, era menos beneficioso que el del resto de África Occidental. La otra fuente de ingresos eran los diamantes, pero el comercio estaba en manos de los libaneses, por lo que no servía de mucho al presupuesto colonial. Así, la zona que hoy día es la República Centroafricana nunca compartió una historia precolonial. Se adhesionó al África Ecuatorial Francesa de la misma forma que podría haber pasado a formar parte del Congo Belga o de Uganda como parte del África Oriental Británica.

El líder nacionalista a favor de la independencia, Barthelemy Boganda, falleció en un accidente de avión justo antes de la independencia. Fue sustituido por sus dos primos, David Dacko, el primer presidente, y Jean-Bedel Bokassa, el primer jefe del ejército. Bokassa derrocó a su primo en 1966 y gobernó entre 1966 y 1979, primero como presidente y luego como emperador, tras cambiar el nombre del país a Imperio Centroafricano. Bokassa se veía a sí mismo como un Napoleón e intentó centralizar un país multiétnico. Por desgracia, no tenía el talento administrativo del francés. Por suerte, tampoco compartía sus ambiciones de expansión territorial. Gobernó su palacio y el resto del país se fue desintegrando lentamente.

En 1979, Jean-Bedel Bokassa, que gobernaba (pésimamente) como emperador Bokassa fue destituido como consecuencia de una intervención militar francesa después de que lo vieran matar a varios niños por manifestarse. Se acabaron las excusas para formar un gobierno unificado. El general Kolingba, Ange-Felix Patassé y Francois Bozize fueron considerados «jefes de Estado» en un país sin gobierno.

Bozize fue destituido por Michel Djotodia en marzo de 2013. Djotodia fue el primer jefe de Estado musulmán. Llegó al país una población itinerante de yihadistas que se unió a las milicias musulmanas. Como consecuencia, se crearon milicias cristianas de autodefensa.

Y, debido a la presión francesa, se celebraron elecciones. El nuevo presidente es Faustin Touadera, pero la mayoría del país se escapa de su control. La ONU aporta una Fuerza Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas, lo que supone para esta organización un coste dos veces superior al del presupuesto total de la República Centroafricana.

Las tropas, nacionales o internacionales, a veces pueden restaurar la «calma», pero no suelen lidiar con la causa real de las tensiones. Existe un problema directo de violencia entre las milicias de las diferentes comunidades, ya que no se cuenta con un ejército nacional ni con fuerzas de seguridad gubernamentales. Las milicias han acabado enfrentando al norte del país con el sur. Como la división geográfica también separa el norte musulmán del sur cristiano, el conflicto, a pesar de no tener raíces teológicas, se ha vuelto religioso. Además, existen otras milicias de la República Democrática del Congo que usan la República Centroafricana como un «refugio seguro» en el que pueden vivir de la tierra y de saquear los poblados. También hay sectores del Ejército de Resistencia del Señor, sobre todo de las comunidades de Acholi, al norte de Uganda, que también usan la República Centroafricana como una zona segura, saqueando a medida que avanzan.

Entre aquellos que a principios de los años cincuenta señalaron la necesidad de que la ONU creara unas fuerzas de mantenimiento de la paz con soldados entrenados para este tipo de casos, estábamos nosotros, World Citizens. Más tarde, propusimos la creación de una reserva permanente de las fuerzas armadas de las Naciones Unidas, dado que suelen pasar unos meses entre el estallido de la crisis y la llegada de las unidades nacionales al mando de la ONU, un lapso de tiempo relativamente largo.

No hay tropas permanentes de la ONU. Tan solo se cuenta con destacamentos nacionales que los gobiernos prestan y a los que pagan todos los Estados miembro de las Naciones Unidas. Cada gobierno entrena a su propio ejército con un espíritu y valores propios, aunque el ethos predominante sigue siendo el anglosajón, ya que muchas tropas de la ONU provienen de la India, Pakistán, Bangladesh, Nepal o Nigeria. Como consecuencia, a las tropas de mantenimiento de la paz de la ONU no se las entrena en la lealtad y en los valores de la organización. Aunque muchos miembros de estos destacamentos han servido con valentía, también los ha habido que, en situaciones difíciles, han evitado que les dispararan. También se han producido acusaciones de abuso sexual. Hoy, además, de las fuerzas de las Naciones Unidas, Francia y Rusia también se encargan de entrenar a las fuerzas nacionales; los rusos, con armas de su país, esperando que este sea el primer paso hacia un mayor mercado de armas.

En los tiempos que corren, necesitamos un nuevo tipo de funcionario: uno que, en las zonas de tensión y conflicto, pueda encargarse de restaurar la confianza entre los pueblos, creando relaciones y formas de construir puentes a través de intereses comunes. Necesitamos agentes que puedan desarrollar la capacidad económica y social del Estado a nivel local. Necesitamos crear servicios sociales, especialmente de educación y sanidad, así como mejoras en la agricultura.

En la República Centroafricana actual, necesitamos a personas que tiendan la mano en beneficio de la reconciliación, que sean capaces de restaurar los lazos entre los grupos étnicos del territorio. La ONU, los gobiernos nacionales y las ONG tienen que formar equipos encargados de tender esos puentes, de ayudar a consolidar el trabajo a nivel local en la resolución de los conflictos y de restablecer las relaciones dentro de la comunidad.

 

Nota:

1) El escritor Georges Conchon realiza un buen retrato del país justo antes de su Independencia en su libro L’état sauvage [El estado salvaje] (París, Albin Michel, 1964).

 

René Wadlow es miembro de TRANSCEND Network for Peace Development Environment [TRANSCEND Red para el desarrollo de la paz]. Es presidente de la Asociación World Citizens, una organización internacional por la paz con estatus consultor en el ECOSOC, el órgano de las Naciones Unidas encargado de facilitar la cooperación y la resolución de problemas en asuntos de carácter económico y social, y editor de la revista Transnational Perspectives.

 

Fuente: René Wadlow (13 de noviembre de 2018). 
"Central African Republic: Continuing Collapse – 
Local Peace Building Needed By Renee Waldow",
en Kimpa Vita Press & Publishers.

Traducido por María Valdunciel Blanco 
(Universidad de Salamanca) para Umoya.
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