Restitución del patrimonio cultural africano: el informe Savoy-Sarr bajo lupa

El museo del Muelle Branly-Jacques Chirac, en Paris. Foto de la plataforma Flickr, CC BY-SA (Flickr, CC BY-SA).

El museo del Muelle Branly-Jacques Chirac, en Paris. Foto de la plataforma Flickr, CC BY-SA (Flickr, CC BY-SA).

El historiador de arte Bénédicte Savoy y el escritor y académico Felwine Sarr han elaborado un informe sobre “la restitución del patrimonio cultural africano” que solicitaba el presidente francés Emmanuel Macron. Erick Cakpo expresa su opinión acerca de dicho documento y las principales conclusiones que extrae en el diario The Conversation.

Tras ocho meses de investigación, el historiador de arte Bénédicte Savoy y el escritor y académico Felwine Sarr presentan hoy su informe “sobre la restitución del patrimonio cultural africano”, encargado por Emmanuel Macron a raíz de las declaraciones de Ouagadougou.

¿Cuáles son los aspectos destacados del informe? ¿Mediante algunas de las recomendaciones reduce el debate a cuestiones relacionadas con la colonización? ¿Cómo se tiene en cuenta el punto de vista del arte?

 

Principales conclusiones del informe

Al centrarse únicamente en el contexto subsahariano, las recomendaciones del informe se dirigen directamente a “la vuelta definitiva e incondicional de elementos del patrimonio al continente africano”. Para los autores, esta vuelta, o más bien la simple y mera restitución de las obras, es el “camino hacia el establecimiento de nuevas relaciones culturales basadas en una nueva ética relacional”.

Por lo tanto, el informe, redactado desde un enfoque ético y justo, recomienda ir devolviendo aquellos objetos que fueron saqueados, expoliados, robados, etc. y los que fueron entregados tras forzar el consentimiento, adaptándose al grado de preparación de los países africanos.

En un intento de ser más explícito y preciso, el informe establece las condiciones para la restitución. Por ello, se debe devolver todo el patrimonio arrebatado en el contexto militar que precedió a la Primera Convención de la Haya (1899). Dicha convención, también conocida como la Conferencia Internacional de Paz, prohíbe, entre otras cosas, la confiscación de bienes privados en contextos de guerra. Las obras de arte de la época colonial, muchas de las cuales se incluyen en las colecciones de los museos franceses, principalmente en el museo del Muelle Branly-Jacques Chirac, se ven afectadas en gran parte por la restitución.

Al mismo tiempo, se espera que los objetos de misiones científicas, que también enriquecen las colecciones de los museos etnográficos, regresen a sus lugares de origen. Los bienes que fueron objeto de un tráfico constatado, sobre todo después de que estas antiguas colonias se independizaran (1960), también se deben restituir. En todos los casos mencionados, para evitar la restitución, el titular debe poder probar que el bien en cuestión ha sido adquirido en las condiciones legales relativas al Código del Patrimonio y a la Convención de 1970 elaborada por la Unesco con el fin de “prohibir e impedir la importación, exportación y transferencia de propiedad, ilícitas de bienes culturales”.

En el mismo orden de ideas, entre las medidas más significativas el informe propone una importante modificación del Código del Patrimonio francés para introducir la posibilidad de retirar de las colecciones nacionales un objeto africano mal adquirido durante la época colonial, siempre que la solicitud esté avalada de manera oficial por un Estado. A modo de recordatorio, las colecciones nacionales francesas están protegidas por disposiciones de inalienabilidad e imprescriptibilidad desde el siglo XVI por el edicto de Moulins.

 

¿Objetos de arrepentimiento?

Aunque los países africanos afectados por la cuestión de la restitución del patrimonio tienen razones para expresar su satisfacción con las recomendaciones del informe, podemos ver claramente algunos círculos franceses que denuncian lo que podría parecerles una confesión de arrepentimiento con respecto a la colonización. Esto es suficiente para despertar el interminable y antiguo debate sobre la colonización entre los partidarios de la indemnización y aquellos que defienden la aceptación del pasado colonial.

¿Pueden los propios autores del informe desentenderse de este debate? Aunque se defienden rechazando cualquier tentación de determinar su ideología tras la recomendación de devolver objetos a África, los términos “reconocimiento”, “reparación” y “restauración” que aparecen en el informe tienden a devolver el debate al principio, reavivando las mismas cuestiones coloniales en torno a las obras de arte.

En este caso de restitución, más allá de las cuestiones de legitimidad, justicia y derecho de los africanos a disponer de su patrimonio, difíciles de cuestionar, lo que parece necesario preguntar es el destino que espera a las obras. ¿Son rehenes del debate sobre la colonización? Teníamos la esperanza de que el presente informe nos sacara de dudas, reivindicando en cierta medida la esencialidad del punto de vista artístico. Pero eso sin tener en cuenta la naturaleza atávica del tema.

Desde la historia de la introducción de objetos africanos en Occidente, caracterizada por las vitrinas de curiosidades del siglo XVI —a lo que los alemanes llaman Wunderkammen-, hasta las grandes colecciones de la época de entreguerras, lo que hoy se denomina arte africano es un concepto que aúna los objetos utilitarios con obras de arte. La historia del arte africano en Occidente se confunde así con la historia del descubrimiento, la ciencia, la colonización y los museos, pero no puede escribirse sin referirse a las nociones de conquista, dominación y poder.

 

Las obras de arte ante todo

Pero adoptar solo ese punto de vista es olvidar que la historia del arte occidental del siglo XX está plenamente marcada por las relaciones con el arte de otras civilizaciones. Lo que llamamos primitivismo no es solo el saqueo de patrones tomados del arte indígena. El primitivismo ha transformado la mirada de curiosidad exótica en mirada artística, pero hay que evitar reducir lo que hemos denominado arte indígena a un mero cúmulo de complementos

Bajo esta perspectiva es como se puede considerar uno de los principales objetos afectados por la restitución, la Estatua del Dios Gou, del panteón vodoun del pueblo Fon de Benin, una verdadera obra de arte y no solo un objeto saqueado, esté la escultura en el Museo del muelle Branly – Jaques Chirac como lo está hoy en día o se encuentre, dentro de algunos años, en el museo de los Palacios Reales de Abomey en Benin.

La estatua en cuestión es una obra de arte. Fabricada entre 1858 y 1889 por un artista de la corte del Reino de Dahomey (antiguo reino africano situado en el sudoeste del actual Benin) conocido como Ekplékendo Akati, la escultura de madera y metal reciclado fue objeto de varias técnicas de trabajo del metal, como el forjado, el laminado, el martillado o el tachonado. Al igual que esta escultura, hay miles de obras de la época colonial que requieren una consideración plenamente artística que no podrá ser eliminada frente a la historia de su origen, a pesar de que esta resulta esencial para su reapropiación.

La cuestión de la devolución llama a un equilibrio entre la dimensión artística y la histórica del objeto, se encuentre donde se encuentre. No obstante, los aspectos éticos tienden a prevalecer sobre la dimensión artística, especialmente en el contexto de restitución actual. El riesgo está en considerar los objetos africanos, mientras se encuentren en Occidente, como el resultado del expolio y saqueo de bienes culturales que no están destinados a ser objetos de exposición, como es el caso de la mayoría de objetos afectados por la devolución.

 

Reinventar el sentido de los museos

Para no dejar que esta idea se imponga de manera definitiva, parece importante reinventar el sentido de los museos. Estos deben dejar de ser depósitos de obras para convertirse en verdaderos lugares de circulación patrimonial. Si ya es así, en muchos sentidos, se trata de imaginar el museo como un lugar de reivindicación de nuevos modelos, eliminando la idea de espacio de confinamiento. Correspondería, por lo tanto, a la idea de los espacios-otros imaginados por Michel Foucault según su concepto de heterotopía, que yuxtapone en un lugar real más de una localización que parecen incompatibles.

La idea de circulación de bienes culturales presente en los debates que han precedido a este informe ha sido ocultada en cierta medida por Bénedicte Savoy y Felwine Sarr. Fieles a la línea de devolución definitiva de las obras, han ocultado la propuesta de préstamo temporal siempre en el sentido de circulación

Si se toman en cuenta las recomendaciones del informe, llevará años ponerlas en marcha, aunque sea parcialmente, ya que el problema de la restitución engloba diferentes ámbitos, desde el jurídico al político. A esto hay que añadir la voluntad real de los Estados africanos de iniciar los trámites para la restitución. La reforma del principio de imprescriptibilidad considerada en el informe les da todo el tiempo que necesiten.

Sea cual sea la respuesta a este informe, Emmanuel Macron habrá conseguido imponerse como el que haya hecho avanzar esta cuestión. Pero se recordará, sobre todo, que se trata de un acto que utiliza el arte para servir a una causa política.

Erick Cakpo, Profesor de historia de las religiones, Universidad de Lorena

Este artículo ha sido publicado a partir de The Conversation bajo licencia Creative Commons. Leer el artículo original

 

Para saber más

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Fuente: Erick Cakpo (2 de diciembre de 2018). 
"Restitution du patrimoine culturel africain : le rapport 
Savoy-Sarr à la loupe", en Franceinfo.

Traducido por Elena López Gálvez y 
Ainhoa Condominas García para Umoya.
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