Política africana y la situación mundial

Esta conferencia llega en un momento excepcionalmente importante con respecto a la situación política y económica aquí en Detroit, en el estado de Michigan, en todo Estados Unidas e incluso en el mundo.

La clase dominante ha hecho mucha propaganda sobre el supuesto resurgir económico y laboral de los EE.UU.  Por lo visto, Wall Street ha celebrado la hegemonía de la administración Trump con un Promedio Industrial Dow Jones que supera los 21.000 puntos.

Trump se ha rodeado de banqueros de Wall Street, magnates petroleros, generales del Pentágono y racistas ideológicos. Estos no representan el empuje del sistema capitalista moderno, sino las flagrantes contradicciones y carencias de este.

A pesar de que el mercado de valores aumenta, esto no se traduce necesariamente en un aumento cualitativo del nivel de vida de los trabajadores, comunidad marginada y oprimida a nivel nacional en los últimos tiempos. El Bureau of Labor Statistics (Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos) aseguró que, durante el mes de febrero, se crearon 250.000 empleos. Sin embargo, lo que no se dice es el tipo de empleo en el que trabajan los nuevos empleados. Cuando los medios de comunicación corporativos sostienen que algunos de estos trabajos pertenecen al sector manufacturero, se evita hablar de la existencia de unos salarios que, en general, disminuyen económica y socialmente para la clase trabajadora.

Asimismo, el ataque contra la clase trabajadora y los más pobres avanza implacablemente más allá de sus lugares de trabajo. En Detroit y otros municipios, decenas de millones de personas han sido desplazadas en la última década a través de ejecuciones hipotecarias, desahucios, cierres de servicios públicos y procesos calificados como «aburguesamiento». ¿Cómo contabilizar las pérdidas de los hogares de la gente, barrios y servicios básicos?

En Detroit, los empleados municipales y jubilados han sufrido recortes masivos de sus pensiones, anualidades y prestaciones sanitarias. Hace exactamente tres años, el 50% de los afroamericanos residentes en el estado de Michigan vivían bajo gestión de emergencias diseñada para reforzar la autoridad y rentabilidad de los bancos y corporaciones industriales. Bajo el llamado «Acuerdo de Estabilidad Financiera» impuesto hace casi cinco años con el auspicio del gobernador Rick Snyder y adoptado por cinco votos a favor y cuatro en contra con la aquiescencia del Ayuntamiento de Detroit, todo estaba listo para para una gestión de emergencias a gran escala. La aceptación del Acuerdo de Estabilidad Financiera tuvo lugar durante un periodo de oposición política cuyo objetivo era el derrocamiento total de la legislación en materia de gestión de emergencias.

Los EE.UU. fomentan la idea de una sociedad democrática. Con el pretexto de intentar acercar la democracia a otras naciones que representan estados poscoloniales, la Casa Blanca y el Pentágono han iniciado diversas guerras en el siglo XXI. Sin embargo, esta propaganda suena hueca si examinamos el funcionamiento del sistema capitalista de los gobiernos de estados como Michigan.

En definitiva, el abandono industrial al que se vio abocada la ciudad de Flint, así como la designación de sucesivos gestores de emergencias son la causa de la contaminación del agua de la ciudad, donde la población se ha reducido a la mitad en las últimas cuatro décadas. La ciudad de Detroit ha pasado de una población de 1.8 millones de personas en 1950 a menos de 700.000 actualmente.

A diario, los medios de comunicación corporativos aplauden el evidente «renacer» de Detroit mientras que decenas de miles de personas de su comunidad mayoritariamente afroamericana se ven forzados a abandonar el extrarradio y otras zonas del estado y del país. A pesar de la campaña de «limpieza étnica», los afroamericanos suponen más de un 75% de la ciudad, lo que les convierte en la mayor concentración de esta nación oprimida entre los principales municipios estadounidenses.

Este mismo patrón se ha reproducido en el centro-oeste de Estados Unidos. En Chicago, los complejos de viviendas públicas han sido demolidos en las dos últimas décadas. Los barrios históricos afroamericanos, como en el caso de Detroit, fueron objeto de préstamos abusivos y desinversión.

Los métodos de extorsión de las altas hipotecas, los alquileres, impuestos sobre el patrimonio, los gastos de servicios públicos y agua, las tasas de seguros, a lo que se les añaden los desiertos alimenticios, la falta de recursos educativos y de servicios municipales, son todos utilizados como métodos eficaces para conseguir sacar a la gente de sus comunidades.

La segregación de los afroamericanos y su sobreexplotación supone, fundamentalmente, que estos siguen siendo un pueblo colonizado y neocolonizado de los Estados Unidos. La llegada de personas negras a cargos como el de alcalde, congresista, representante del ayuntamiento y otros cargos electos confirió una aparente autodeterminación e igualdad política durante el periodo que abarca los años 60 y finales del siglo XX. Sin embargo, en muchas ciudades en las que los afroamericanos ocupaban esas posiciones, estos han sido cesados y sustituidos por blancos.

Durante cuarenta años desde Coleman A. Young hasta Kwame Kilpatrick, los afroamericanos mantuvieron el control de distintos ayuntamientos, algo que el caso de Detroit ilustra a la perfección. Evidentemente, en la actualidad, la clase dominante ni siquiera puede permitirse este limitado grado de influencia política y poder. Mike Duggan, intermediario colonial blanco al que su corporación designó como alcalde de Livonia, representa un ejemplo de este cambio en el gobierno capitalista. La administración de Duggan no solo ha sido impulsada como la única solución viable para la actual crisis de subdesarrollo y pérdidas de trabajo, sino que también se ofrece de este último una falsa imagen de superioridad en la eficacia y habilidades administrativas.

Ni qué decir tiene que el balance real difiere de esta historia. Las revelaciones en torno a las operaciones de la Detroit Land Bank Authority, DLBA1 y su programa para eliminar el deterioro urbano utilizando fondos federales, ha pasado a ser objeto de una investigación federal criminal. Dan Gilbert, de Quicken Loans2, el “Don” de la ciudad «vendido» como salvador blanco, ocupa la presidencia del grupo de trabajo del programa para eliminar el deterioro urbano de Detroit. Esta entidad determina qué propiedades han de ser incautadas y demolidas. La DLBA se ha convertido en el mayor arrendador de la ciudad, mientras que Gilbert, un magnate financiero e inmobiliario, está siendo también investigado por fraude criminal relacionado con sus falsificaciones para garantizarles a sus ingenuos clientes préstamos de la Administración Federal de la Vivienda (FHA). Mientras que el antiguo alcalde Kwame Kilpatrick se encuentra cumpliendo una sentencia de 28 años por violar la ley federal en repetidas ocasiones, Gilbert, Duggan y sus secuaces siguen aún en funcionamiento. Ni Washington ni su fiscal de distrito han prohibido las nefastas operaciones que estos llevaban a cabo, al igual que no se les ha juzgado por malversación de fondos federales ni encarcelado durante décadas.

En consecuencia, hay mucho que hacer para denunciar estas contradicciones que las masas comprenden casi instintivamente. Esta es la razón por la cual nuestro trabajo aquí en la ciudad ha establecido una conexión entre el sufrimiento de los afroamericanos y el de sus homólogos en África.

Nuestro trabajo en la lucha por revertir el imperialismo en África

A lo largo de la última década, el Comité de Emergencia de Michigan contra la Guerra y la Injusticia (MECAWI, por sus siglas en inglés) ha llevado a cabo diversas campañas en solidaridad con la lucha antiimperialista en África.

La organización fue fundada en septiembre de 2002 durante los preparativos para el bloqueo, bombardeo masivo, invasión y ocupación de Irak en el golfo Pérsico. Los Estados Unidos, bajo el mandato del presidente George W. Bush, ya había intervenido directamente en Afganistán tan solo un año antes.

Los esfuerzos del MECAWI no se limitaron a Irak, sino que se hicieron extensivos a acciones solidarias con Haití cuando este fue invadido y ocupado, las cuales se iniciaron tras la celebración de su bicentenario en febrero de 2004. Las fuerzas militares de los Estados Unidos, Francia y Canadá derrocaron el gobierno electo del presidente Jean Bertrand Aristide. El presidente fue secuestrado y enviado a la República Centroafricana en una aeronave militar imperialista. A Aristide se le garantizó después asilo político en la República de Sudáfrica, a cuyo presidente a la sazón Thabo Mbeki había visitado por el 200º aniversario de la finalización de la lucha anticolonialista cuando los esclavos africanos consiguieron sublevarse y organizar una revolución contra Francia.

En 2005, una delegación de Corea del Sur visitó los Estados Unidos y pudimos recibir a los delegados en Detroit, donde comparecieron ante el Ayuntamiento y hablaron en un fórum patrocinado por el MECAWI en la Universidad de Wayne State. Los coreanos estuvieron allí para conmemorar el 25º aniversario del levantamiento estudiantil de 1980. Las manifestaciones y el descontento sacudieron los cimientos del liderazgo del Pentágono y de Wall Street, lo que sirve como baluarte contra la reunificación de la península y los intentos por desestabilizar la República Popular Democrática de Corea (RPDC) con base en Pyongyang.

En los últimos meses de 2006, la situación política en el Estado del Cuerno de África de Somalia llegó a un punto crítico. Una coalición de grupos bajo la bandera de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI), trajo un mínimo de estabilidad al Estado que, durante décadas, había sido asolado por la guerra. La Casa Blanca, bajo el mandato del presidente Bush, intentó sin éxito utilizar caudillos pro occidentales para revertir los avances de la UTI.

En diciembre, el vecino país de Etiopía, actualmente un aliado cercano de Washington, envió tropas a Somalia para reforzar los planes de política exterior imperialista en la región. Las fuerzas militares etíopes trabajaron con el Pentágono y con personal de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para encontrar otro modo de entrar en Somalia después de las enormes derrotas sufridas por los EE.UU. y las Naciones Unidas entre 1993 y 1994. Surgió entonces una alianza de resistencia popular en oposición a la ocupación de Somalia por parte del Pentágono y la ONU durante 1992 y 1994. Los marines se desplegaron en diciembre de 1992 en la que fue bautizada como «Operación Restaurar la Esperanza». Utilizando la devastación causada por una reciente sequía en el país, la administración del presidente George W. Bush, Sr. desplegó a 1.000 soldados para, supuestamente, repartir ayuda y establecer corredores seguros para los damnificados por la escasez de alimentos.

La intervención imperialista de 1992-1993 resulta desastrosa. En unos cuantos meses, un levantamiento nacional en respuesta a las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense contra el pueblo somalí obligó a salir del país a los marines y a la denominada operación de mantenimiento de la paz de la ONU.

El anterior gobierno del presidente Mohamed Siad Barre había pasado de una toma antiimperialista y pro socialista del poder por parte de los oficiales del ejército en 1969 a forzar un cambio a la derecha de los EE.UU. en 1977, lo que llevó a una fallida invasión de la región del Ogaden etíope. Las fuerzas internacionalistas cubanas se encontraban en Etiopía para ayudar y defender al Consejo Administrativo Militar Provisional (CAMP), también conocido como Dergue, que dominaba el gobierno de Adís Abeba tras la revolución de 1947 contra la monarquía. El CAMP había llevado al país a adoptar una vía socialista y proporcionaba ayuda a los movimientos de liberación nacional en el sur de África.

Las fuerzas internacionalistas cubanas jugaron un importante papel durante la invasión somalí del este de Etiopía en la región de Ogaden en 19977-1978. La derrota de las actividades secesionistas socavó la estabilidad de Somalia en las décadas siguientes.

No obstante, la cuestión eritrea no se pudo resolver y la guerra por la independencia que había comenzado bajo el mandato de Su Majestad Imperial Haile Selassie I en 1961, continuó con mayor intensidad. La cuestión nacional interna se manifestaba dentro de la misma Etiopía a través de guerras de guerrilla perpetradas por el Frente Popular de Liberación de Tigré (TPLF, por sus siglas en inglés) en el norte y por el Frente de Liberación de Oromo (OLF), en el sur. El Frente para la Liberación de Somalia Occidental (WSLF) se hallaba librando una guerra contra el gobierno central, que buscaba aliarse con sus compatriotas en Somalia, un país que, durante el periodo de colonialismo, se vio dividido en cinco estados diferentes establecidos por Italia, Reino Unido, Francia y Etiopía.

En 1991, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se iba a pique siguiendo lo ocurrido a finales de 1980 en la Europa oriental. Los recursos económicos y militares necesarios para seguir con la guerra contra el Frente de Liberación del Pueblo Eritreo (EPLF) y otros movimientos armados no llegaron. El Departamento de Estado bajo la administración de George Bush Sr, presionaba al gobierno del Partido de los Trabajadores de Etiopía (WPE) bajo el mandato de Haile Mengistu Mariam para que renunciara al control del Estado y permitiera al Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), liderado por el TPLF, entrar en Adís Abeba. Asimismo, con este deterioro del gobierno del WPE, el EPLF declaró la independencia en Asmara. Dos años después, las elecciones supervisadas por la ONU trajeron consigo el inevitable reconocimiento internacional de Eritrea como Estado independiente.

Por cuanto respecta a Somalia, con la caída de su vecina Etiopía, Washington ya no estaba obligado a suministrar recursos para el régimen de Siad Barre. Las luchas internas por el poder se recrudecieron hasta hacer caer el gobierno de Mogadishu. Desde 1991, el Estado somalí continúa debilitado y fracturado. Hoy en día, el gobierno federal en Mogadishu está sostenido por la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), subvencionada por Washington y Bruselas y que está integrada por 22.000 tropas de distintos estados de toda la región.

El MECAWI previó que la situación sería una oportunidad para que el imperialismo volviera con fuerza a Somalia a principios de 2007. A la intervención etíope y las amenazas de Kenia se añadió también el bombardeo del país por parte de los Estados Unidos y de la Real Fuerza Aérea Británica (RAF).

El 11 de enero se emitió un comunicado de prensa para anunciar una manifestación durante un programa en la Universidad de Wayne State (WSU) que presentaba a los embajadores de las Naciones Unidas de Kenia, Etiopia, Irak y Malasia. En dicho comunicado, el MECAWI dijo:

«A pesar de la abrumadora votación del 7 de noviembre para poner fin a la guerra de Irak, la administración Bush no solo está provocando una escalada del conflicto, sino que se ha embarcado en una nueva aventura militar en la nación del África oriental de Somalia. Aprovechando el gobierno de Meles Zenawi en Etiopía, respaldado por los Estados Unidos, el régimen Bush ha urdido una ocupación de Somalia, una nación soberana. Además, el ejército estadounidense lanzó una campaña de bombardeo que ha dado lugar a la muerte de más de 500 africanos en Somalia desde el pasado lunes».

Este mismo comunicado quiso destacar que:

«Con la manida excusa de la lucha antiterrorista, diversos bombarderos C130 aniquilaron áreas civiles del sur de Somalia, donde estas comunidades rurales no cuentan con los recursos necesarios para defenderse de tan mortíferas armas de destrucción masiva. El MECAWI exige que se ponga fin inmediatamente a todas las operaciones militares contra Somalia y que las fuerzas militares de Estados Unidos y Etiopía se retiren de dicha nación del Cuerno de África».

El sentimiento en contra de las guerras en Irak, Afganistán y Haití reflejaba el ánimo que había quedado patente en el comunicado de prensa. Cientos de miles de personas se manifestaron en los Estados Unidos y por todo el mundo contra la invasión de Irak en marzo de 2003. Por cuanto respecta al rol desempeñado por los Estados Unidos en el dominio de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán, la razón con la que se justificó la guerra perdía credibilidad incluso entre aquellos que apoyaban y defendían la intervención. En Afganistán también se cometieron atrocidades de la misma naturaleza que las que se habían perpetrado y denunciado en Irak y Haití.

El neocolonialismo se hacía cumplir a punta de pistola y las bombas caían con violencia sobre amplias zonas del territorio a lo largo de distintas regiones geopolíticas del mundo. El petróleo, la mano de obra barata y las rutas marítimas estratégicas codiciadas por el imperialismo fueron las verdaderas razones que se escondían tras las guerras de conquista y genocidio. A medida que la crisis económica se agravaba en Detroit y otros municipios, pequeñas ciudades y áreas rurales del medio oeste, el presupuesto del Pentágono aumentaba de manera exponencial. La creación de un Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a raíz de los ataques del 11-S tenía como objetivo una mayor consolidación de los aparatos militares y de inteligencia del estado tanto en los ámbitos de política exterior como interior.

Las tretas diplomáticas urdidas por los Estados Unidos fueron un elemento clave para impulsar la renovada guerra imperialista. La presencia de dichas personas en el campus de la WSU, en pleno corazón de la ciudad de mayoría afroamericana y a la que se apuntó por razones económicas, supuso una afrenta para quienes ostentan el mayor legado en materia de derechos civiles, mano de obra, poder negro y tradiciones pacifistas y panafricanas. Desafiar en lo ideológico y lo político el enfoque neocolonialista de la política local y mundial de corte capitalista e imperialista fue la reacción apropiada ante tal provocación por parte de la administración Bush.

El comunicado de prensa del MECAWI del 11 de enero de 2007 hizo un llamamiento a la gente diciendo:

«Los embajadores de las Naciones Unidas tanto del gobierno etíope apoyado por los Estados Unidos como del régimen ocupacionista de Irak instaurado por Estados Unidos visitarán la facultad de Derecho de la Universidad de Wayne State el jueves a las 10. Instamos a los activistas contra la guerra, estudiantes y miembros de la comunidad a salir a la calle y protestar contra la presencia de estas marionetas para hacerles saber a ellas y a esos patrocinadores suyos que tanto le lamen el culo a Bush que la gente quiere la paz y no la guerra. Nosotros apoyamos el derecho de los pueblos de Somalia e Irak a la autodeterminación e independencia. Las políticas de colonialismo e imperialismo están condenada al fracaso en el siglo XXI. El MECAWI está instando al Congreso de los Estados Unidos a suspender toda financiación para la ocupación de Irak y la interferencia militar en los asuntos internos de Somalia. Necesitamos dinero para crear empleos, atención sanitaria, educación de calidad, servicios para las personas de la tercera edad y viviendas accesibles, no para guerras permanentes y ocupaciones coloniales».

Un informe escrito por este autor con respecto a nuestra intervención en el foro de la facultad de Derecho de la WSU que presentaba a los embajadores de las Naciones Unidas, apunta:

«El MECAWI destacó que la administración Bush ha mentido de manera reiterada sobre la amenaza terrorista y las armas de destrucción masiva con el fin de proporcionar un porqué a las guerras que continúan en curso en Irak y Afganistán. El embajador de Bangladesh, el señor Iftekhar Ahmed Chowdhury fue el único que expresó su reconocimiento a las preguntas hechas por los representantes del MECAWI. Dos miembros del MECAWI siguieron después lanzando críticas preguntas y declaraciones relacionadas con los últimos acontecimientos ocurridos en Irak y Somalia. Después de que acabara el foro, el MECAWI se acercó al embajador de Kenia, el señor Z.D.Muburi-Muita y le entregó una copia de una declaración publicada en la prensa que condenaba la intervención estadounidense en el Cuerno de África e Irak. La declaración también se le entregó al embajador iraquí, el señor Talib Hamid Al Bayati, así como al representante etíope de las Naciones Unidas, el señor Dawit Yohannes».

A medida que la guerra en Somalia se recrudecía, en 2007 se anunciaron los planes para la adopción formal del Mando de las Fuerzas Americanas en África (AFRICOM). A pesar de que su entrada en vigor estaba prevista para febrero de 2008, el MECAWI convocó una conferencia en Detroit sobre el imperialismo estadounidense en África que denunciaba y sacaba a la luz las acciones del AFRICOM por el riesgo que representaban para la independencia y soberanía de África.

El 23 de febrero de 2008, fecha en que se celebraban 140 años del nacimiento del panafricanista y comunista Dr. W.E.B. Du Bois, el MECAWI organizó un encuentro de un día sobre la lucha actual contra el neocolonialismo y el militarismo imperialista en el continente. Dicho encuentro supuso la única reunión como tal a nivel internacional. La Conferencia sobre el Imperialismo Estadounidense y África fue autoorganizada y llevada a cabo por activistas locales del MECAWI y de la delegación en Detroit del Partido Mundial de los Trabajadores. Muchos afines a estas organizaciones estuvieron presentes y participaron. La Conferencia Nacional de Abogados Negros (NCBL) asistió y presentó un documento que recogía su objeción jurídica a la creación del AFRICOM.

Se repartieron documentos sobre cuestiones relacionadas con las guerras imperialistas de cambio de régimen y dominio en Somalia, Sudán, Zimbabue y otros Estados. Por primera vez se proyectó de manera íntegra en la ciudad una película recientemente lanzada sobre la solidaridad internacionalista cubana con África. Se recordó el legado revolucionario de Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Ida B. Wells-Barnett, Shirley Graham Du Bois, Amilcar Cabral, Agostino Neto y Nelson Mandela, entre otros. La conferencia ofreció abundante información, así como un programa de oposición ideológica y política al papel cambiante del Pentágono, la CIA y la OTAN en África.

La historia anticolonial y antirracista de la lucha emprendida por los afroamericanos se relató en un esfuerzo por ilustrar las posiciones de principio que el MECAWI intentaba mantener. En las semanas y meses posteriores, el Pentágono intensificó su campaña de bombardeo en Somalia junto al recrudecimiento de las ocupaciones de Afganistán, Irak y Haití. Estos ataques a las políticas exteriores se repitieron en los Estados Unidos durante el agravamiento de la crisis económica que había afectado a Detroit y al estado de Michigan, siendo la primera oleada especialmente intensa.

El 14 de febrero de 2008, el llamamiento para la Conferencia sobre el Imperialismo Estadounidense y África se distribuyó entre los medios afirmando:

«El Comité de Emergencia de Michigan contra la Guerra y la Injusticia (MECAWI) es una coalición pacifista y antiimperialismo contraria a la intervención militar de los Estados Unidos en Irak y Afganistán. Además, el MECAWI ha reaccionado a nuevas maniobras intervencionistas por parte de la administración Bush en Somalia, Haití, Zimbabue, Sudán, Colombia, Cuba, Venezuela y otras regiones geopolíticas del mundo. Los recientes acontecimientos acaecidos en el continente africano, como son la invasión de Somalia en 2006 apoyada por los Estados Unidos; la intensificación de los esfuerzos por desestabilizar Sudán, Zimbabue, Kenia y Chad; así como los tan anunciados planes por parte de los Estados Unidos para establecer bases militares en el continente por medio del Mando Africano (AFRICOM), directamente administrado por el Pentágono, nos sirven a muchos de los que apoyamos los movimientos antiimperialistas y pacifistas para darnos cuenta del creciente peligro que entraña la intervención militar de los Estados Unidos en África».

En un discurso pronunciado en la Conferencia sobre el Imperialismo Estadounidense y África, este escritor destacó:

«Como resultado del rechazo por parte de los principales Estados africanos como Nigeria y Sudáfrica, el cuartel general de este programa militar permanece en Alemania. En consecuencia, en las últimas semanas, el marco político general del proyecto del AFRICOM ha tendido a un planteamiento menos amenazador, en cuyo contexto la administración estadounidense afirmó después que el programa está diseñado para aumentar la capacidad de los Estados africanos para proporcionar medidas de seguridad adecuadas en medio de los nuevos problemas del siglo XXI. El giro político siguió evolucionando cuando Bush estuvo en Ghana, el primer país subsahariano en obtener la independencia del Reino Unido en 1957. El 6 de marzo de 1957, Kwame Nkrumah declaró que la independencia de Ghana carecería de sentido a menos que estuviera ligada a la independencia completa del continente africano. Con el derrocamiento de Nkrumah en 1966, perpetrado por un golpe militar y policial apoyado por los Estados Unidos, el país ha caído en las garras del neocolonialismo, lo que el primer ministro y presidente describió como última etapa del imperialismo».

En el mismo discurso se reconocía:

«Para disimular aún más sus fines imperialistas, el embajador de los Estados Unidos en el Reino Unido negó en declaraciones hechas a la BBC el 20 de febrero que la administración Bush tuviera ningún tipo de intención en construir bases militares en África. ¿Qué debería pensar en realidad el pueblo africano y el resto del mundo? ¿Qué significa para los movimientos pacifistas en los Estados Unidos este nuevo interés en los asuntos de África en relación con las ocupaciones de Irak y Afganistán que hay en marcha?»

Tan solo cinco años después, durante la conmemoración del 50º aniversario de la formación de la Organización para la Unidad Africana (OUA), precursora de la actual Unidad Africana (UA) y constituida en 2002, el MECAWI celebró otra conferencia para analizar los cinco años transcurridos desde la aparición del AFRICOM. A pesar de que Estados Unidos puso en entredicho las declaraciones de 2008 que afirmaban que sus ambiciones pasaban por construir bases militares en África, la implicación del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA se intensificó rápidamente.

Para leer más: La batalla por Siria y la lucha mundial contra el imperialismo.

La campaña política había comenzado a promover la importancia de ayudar a las naciones y Estados africanos para mejorar su capacidad en materia de seguridad nacional. Sin embargo, las pistas de aterrizaje, las estaciones de la CIA, las operaciones con drones, los bombardeos aéreos, las fuerzas especiales y los comandos de asalto resultaban cada vez más frecuentes, siendo Somalia y Libia los ejemplos más destacados. El fenómeno de las maniobras militares conjuntas, programas de entrenamiento y la incorporación del Pentágono y del personal de inteligencia de los Estados Unidos en las estructuras militares africanas había aumentado.

El llamamiento para la Conferencia del MECAWI el 18 de mayo de 2013 decía:

«A fecha de 2013, los Estados africanos están siento invadidos una vez más por tropas del Pentágono, diversas fuerzas de la OTAN, operativos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y otras organizaciones de inteligencia de toda Norteamérica y Europa, así como corporaciones transnacionales y bancos decididos a mantener la hegemonía occidental sobre el continente, su gente y sus recursos. Hace cinco años, en 2008, el Comité de Emergencia de Michigan contra la Guerra y la Injusticia (MECAWI) celebró una conferencia parecida después de que se constituyera el Mando África de Estados Unidos (AFRICOM). En 2008, predijimos que la formación de este comando del Pentágono especialmente dirigido a África resultaría catastrófico para el continente. Lamentablemente, nuestra predicción se ha cumplido».

El llamamiento, que destacaba el papel del imperialismo, decía:

«El AFRICOM coordinó el derrocamiento del gobierno libio bajo el mandato del martirizado coronel Muammar Gaddafi, un histórico líder del país que, además de cofundador de la Unión Africana, fue su presidente entre 2009 y 2010. Si bien la sede del AFRICOM se encuentra en Stuttgart, Alemania, los Estados Unidos han establecido una base militar en Yibuti, así como estaciones de drones y de la CIA en Somalia, Níger y otros países del continente. La actual guerra en Malí, supuestamente emprendida por Francia por razones humanitarias, únicamente se ha concebido para penetrar en el continente y explotar el petróleo, uranio y oro que hay en él. El papel de África en cuanto al suministro de petróleo, platino, gas natural y otros recursos estratégicos a los Estados capitalistas e industrializados de Occidente es cada vez mayor. Por tanto, creemos que, en este periodo, se necesita una renovada campaña antiimperialista que tenga como objetivo el fortalecer el sentimiento de solidaridad con África y sus gentes».

El AFRICOM se había constituido durante la administración de George W. Bush, Jr. Sin embargo, con la elección del presidente Barack Obama, el mando militar se vio reforzado y mejorado. Tan solo dos años antes, la administración Obama había iniciado una guerra a gran escala contra Libia que derrocó la Yamahiriya causando la muerte de decenas de miles de africanos. Los bombardeos aéreos que había emprendido la Casa Blanca supusieron la presencia de otras fuerzas de la OTAN y sus aliados en Oriente Medio, como Turquía y Qatar. Tras la adopción de dos resoluciones seudolegales por parte del Consejo de Seguridad de la ONU en 1980 y 1983, todo estaba listo para desarticular el Estado más próspero de África, trasladando a su líder, el coronel Muammar Gaddafi desde la capital, Trípoli, en agosto de 2011, provocando posteriormente su brutal asesinato el 20 de octubre.

En cuanto a Libia, muchos de los llamados izquierdistas y activistas contrarios a la guerra se pusieron, de manera objetiva, de parte del imperialismo. Sin comprender el carácter cambiante de la hegemonía occidental, estos elementos mal informados promovieron la idea de que las fuerzas del Pentágono, la CIA y la OTAN jugaban algún tipo de papel legítimo en los Estados del norte de África para proteger a los civiles. ¿Desde cuándo se ha preocupado el imperialismo por proteger las vidas de los civiles dentro y fuera de los Estados Unidos? La guerra contra Libia abrió a África, además, a la hegemonía militar de Washington, Londres, París y Bruselas.

El MECAWI organizó manifestaciones y foros públicos e hizo publicaciones sobre el carácter injusto e imperialista de la guerra contra Libia. La operación terrestre y los bombardeos en los que se desplegaron a efectivos de la CIA, Fuerzas Especiales y personal del Departamento de Estado bajo el mando de la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton, básicamente aniquilaron el país por completo. Clinton se mofó del brutal asesinato de Gaddafi y elogió el establecimiento de milicias contrarrevolucionarias como triunfo de la democracia en África. El esfuerzo regional de la UA por propiciar una resolución pacífica a la intervención fue ignorado.

Actualmente, Libia, que presidió la Unión Africana en 2009, ha pasado de ser, bajo el mandato de Gaddafi, uno de los Estados más avanzados de África a ser uno de los más empobrecidos, fuente de inestabilidad y terrorismo en el norte y oeste de África. Las millonarias operaciones de trata de personas se centran en el interior del país. El impacto social y político del desmembramiento imperialista de Libia se ha extendido desde el norte de África y Oriente Próximo a través del Mediterráneo por todo el sur, centro y este de Europa.

Las repercusiones de la campaña favorable a la guerra imperialista llevada a cabo por las sucesivas administraciones estadounidenses contra África y Oriente Próximo extendiéndose hasta el centro y sur de Asia han afectado a la estabilidad de la Unión Europea (EU). La votación del Brexit en el Reino Unido para abandonar la UE puede atribuirse directamente a las tretas por parte del Pentágono y la OTAN. Lo que se describe hoy en día como «populismo», que arrasa en los Estados imperialistas, representan el fracaso del militarismo y las desmedidas políticas económicas capitalistas. La caída de la URSS y del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) hizo desaparecer la única alternativa real a la hegemonía occidental procedente de Europa.

Rusia después de 1917: el comunismo internacional, cuestiones coloniales y el resurgimiento del antiimperialismo

En este año se celebra el centenario de la Revolución Bolchevique en Rusia. Nacido en el contexto de la primera guerra imperialista mundial, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), que más tarde se convertiría en el Partido Comunista, logró hacerse con el poder en octubre (6 de noviembre)3, solo 8 meses después del derrocamiento de la monarquía por parte del pueblo. Un gran número de personalidades, entre ellos Marx y Engels, además de haber estudiado las lecciones de la Comuna de París (1870-71), se vieron involucrados en los disturbios obreros de 1847-1851. Según parece, estos habían creído que la primera revolución contra el capitalismo saldría victoriosa en uno de los Estados capitalistas más avanzados de la Europa occidental como son Alemania, Francia o Reino Unido.

Sin embargo, la tan impopular guerra contra Alemania sentó las bases políticas para una coalición de consejos de trabajadores llamados Soviets, los cuales crecieron ajenos a las revueltas de 1905. Los campesinos morían de hambre y las reformas agrarias, junto a los devastados ejércitos rusos que acusaban sus desorganizados esfuerzos en la guerra y la falta de comida y provisiones en el campo de batalla, fueron suficientes para que V.I. Lenin y sus camaradas pudieran hacerse con el poder. Esta revolución adoptó de inmediato una postura contra la guerra imperialista firmando un tratado con Alemania para terminar con la participación de Rusia, sacando a la luz el plan del Reino Unido y Francia para dominar el oeste de Asia a través del Acuerdo de Sykes-Picot firmado en 1916 y propiciando así la liberación de las naciones y nacionalidades oprimidas dentro del área de influencia rusa.
Los Bolcheviques crearon la Tercera Internacional, la cual celebró su I Congreso en 1919. En respuesta a las sublevaciones populares en los territorios coloniales tras la Primera Guerra Mundial, Lenin declaró en 1920 que el movimiento internacional socialista era el más fiel aliado de los pueblos oprimidos bajo el yugo del colonialismo y semicolonialismo.

Haciendo especial referencia a los Estados Unidos, el II Congreso de la Internacional Comunista fue testigo en 1920 de un informe de John Reed sobre el estado del pueblo afroamericano. Basándose en este análisis y otra información que se proporcionó al Partido Comunista ruso y al Estado socialista, Lenin declaró:

«La segunda idea que orienta nuestras tesis es que, en la actual situación del mundo, después de la guerra imperialista, las relaciones entre los pueblos, así como todo el sistema mundial de los Estados vienen determinados por un pequeño grupo de naciones imperialistas contra el movimiento soviético y contra los Estados soviéticos, a cuya cabeza figura la Rusia Soviética. Si no tenemos en cuenta este hecho, no podremos plantear correctamente ningún problema nacional o colonial, aunque se trate del rincón más apartado del mundo. Sólo partiendo de este punto de vista es como los partidos comunistas de los países civilizados, lo mismo que los de los países atrasados, podrán plantear y resolver acertadamente los problemas políticos. Quisiera destacar de un modo particular la cuestión del movimiento democrático-burgués en los países atrasados. Esta ha sido justamente la cuestión que ha suscitado algunas divergencias. Nuestra discusión giró en torno a si, desde el punto de vista de los principios y de la teoría, era o no acertado afirmar que la Internacional Comunista y los partidos comunistas deben apoyar el movimiento democrático-burgués en los países atrasados. Después de la discusión llegamos a la conclusión unánime de que debe hablarse de movimiento revolucionario-nacional en vez de movimiento “democrático-burgués”. No cabe la menor duda de que todo movimiento nacional no puede ser sino un movimiento democrático-burgués, ya que la masa fundamental de la población en los países atrasados la constituyen los campesinos, que representan las relaciones capitalistas burguesas. Sería utópico suponer que los partidos proletarios, si es que tales partidos pueden formarse, en general, en esos países dejados atrás, son capaces de aplicar en ellos una táctica y una política comunistas sin mantener determinadas relaciones con el movimiento campesino y sin apoyarlo en la práctica. Ahora bien, en este punto se hizo las objeciones de que, si hablásemos de movimiento democrático-burgués, se borraría toda diferencia entre el movimiento reformista y el movimiento revolucionario. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta diferencia se ha manifestado en las colonias y en los países atrasados con plena claridad, ya que la burguesía imperialista trata por todos los medios de que el movimiento reformista se desarrolle también entre los pueblos oprimidos. Entre la burguesía de los países explotadores y la de las colonias se ha producido cierto acercamiento, por lo que, muy a menudo -y tal vez hasta en la mayoría de los casos-, la burguesía de los países oprimidos, pese a prestar su apoyo a los movimientos nacionales, lucha al mismo tiempo de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, al lado de ella, contra todos los movimientos revolucionarios y las clases revolucionarias. En la Comisión, este hecho ha quedado demostrado en forma irrefutable, por lo que hemos considerado que lo único acertado era tomar en consideración dicha diferencia y sustituir casi en todos los lugares la expresión “democrático-burgués” por “revolucionario-nacional”. El sentido de este cambio consiste en que nosotros, como comunistas, sólo debemos apoyar y sólo apoyaremos los movimientos burgueses de liberación en las colonias en el caso de que estos movimientos sean verdaderamente revolucionarios, en el caso de que sus representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario a los campesinos y a las grandes masas de explotados. Si no se dan esas condiciones, los comunistas deben luchar en dichos países contra la burguesía reformista, a la que también pertenecen los héroes de la II Internacional. En las colonias ya existen partidos reformistas, y sus representantes se denominan socialdemócratas y socialistas. La diferencia mencionada ha quedado establecida en todas las tesis, y gracias a esto, nuestro punto de vista, a mi entender, aparece formulado ahora de un modo mucho más preciso».

Evidentemente, ningún afroamericano asistió a los tres primeros Congresos de la Internacional Comunista en los que se debatieron y discutieron estas cuestiones. Más tarde, en 1922, una delegación de dos afroamericanos, el famoso poeta y novelista jamaicano Claude McKay y el surinamés Otto Huiswoud asistieron al IV Congreso de la Internacional Comunista. Este encuentro tuvo lugar entre un renacer político y cultural del pueblo afroamericano.

Los millones de personas que el jamaicano Marcus Garvey atrajo de los Estados Unidos, el Caribe, Sudamérica y América central y de colonias africanas supuso el apogeo para la Asociación Universal de Desarrollo Negro y la Liga de Comunidades Africanas (UNIA-ACL). El periódico The Negro World (El Mundo Negro), fue publicado en tres idiomas distintos y atrajo a sus filas a izquierdistas negros como Cyril Briggs, de Isla Nieves y Hubert Harrison, de Santa Cruz (Islas Vírgenes).

Briggs y Harrison habían estado vinculados a los movimientos revolucionarios nacionalistas y socialistas de los EE.UU. antes de unirse a la UNIA. Briggs fue cofundador de la revista The Crusader que, con el tiempo, adoptó una posición anticapitalista. En 1919, Briggs y otros formaron la Hermandad de Sangre Africana para la Liberación y Redención Africanas (ABB). Posteriormente, muchos de los líderes de la ABB se enrolaron en formaciones precoces que, más tarde, consolidarían el Partido Comunista de los Estados Unidos. El año 1919 fue testigo de una veintena de incidentes raciales cuando los afroamericanos fueron atacados por bandas de blancos y autoridades de orden público tras la primera guerra imperialista en ciudades como Chicago y Washington D.C. Lo que distingue a estos denominados disturbios racistas de otros que habían ocurrido a finales del siglo XIX y principios del XX fue el hecho de que los afroamericanos se defendieron contra los racistas de una manera disciplinada y organizada. La ABB se constituyó durante ese lapso de tiempo como una organización de autodefensa que abogaba por la autodeterminación y el anticapitalismo.

Por otro lado, las huelgas que se produjeron en las industrias mineras del carbón y el acero, así como la huelga general en Seattle exacerbó los temores de la clase capitalista y del gobierno federal. Los diferentes ataques con bomba atribuidos a los anarquistas prepararon también el terreno para una oleada masiva de represión que implicó a miles de agentes del orden mientras estos llevaban a cabo redadas en hogares y oficinas de radicales sospechosos. Dicha oleada fue aparentemente diseñada para evitar un levantamiento que pretendía el derrocamiento del gobierno estadounidense el 1 de mayo de 1920.

Las diferencias ideológicas y políticas con Marcus Garvey sobre la naturaleza del movimiento llevó a una división dentro de la UNIA entre Briggs, Harrison y la dirección. Las infiltraciones del gobierno federal de la UNIA, las organizaciones socialistas y el posterior Partido Comunista hicieron que estas contradicciones se vieran agudizadas.

Durante el periodo que siguió a la I Guerra Mundial, el Departamento de Justicia se centró en que los radicales y revolucionarios fueran desarticulados, deportados o encarcelados. Cientos de socialistas, anarquistas y nacionalistas negros fueron victimizados en un intento lanzado en un principio por el entonces fiscal general A. Mitchell Palmer en 1919.

Garvey fue acusado y condenado con cargos falsos alegando fraude postal entre 1922-23. Terminó siendo encarcelado en 1925 cumpliendo dos años en una prisión federal antes de ser deportado a Jamaica en 1927. Asimismo, en el contexto de un sur que seguía ligado al campo por cuanto respecta al sistema de producción agrícola, los africanos allí residentes fueron acosados, sobreexplotados y encarcelados a través de programas de contratación de mano de obra y linchados por multitudes racistas. Así, aquellos empezaron a emigrar rápidamente hacia los centros industriales y de embarque de las zonas urbanas del norte, medio oeste y oeste. Este proceso migratorio aportó vitalidad a los movimientos de los trabajadores y a la nación afroamericana cuya conciencia de clase y raza no dejaba de aumentar. Un gran número de periódicos, revistas, teatros, organizaciones sociales y negocios florecieron como resultado de la segregación legalizada y de facto que imperaba en los municipios.

A pesar de que los africanos se trasladaron con la esperanza de una vida mejor a través de empleos bien pagados, viviendas de calidad y una mayor libertad social, las condiciones en sus nuevos hogares seguía siendo tan mala, si no peor, que la que habían tenido en el sur.

Una declaración emitida tras el IV Congreso de la Internacional Comunista de 1922 en Moscú, dijo con respecto a la cuestión nacional afroamericana que:

«La Internacional Comunista debe señalar al pueblo negro que no es el único que sufre la opresión del capitalismo y del imperialismo, que los obreros y campesinos de Europa, Asia y América también son sus víctimas, que la lucha contra el imperialismo no es la lucha de un solo pueblo sino de todos los pueblos del mundo, que en China, Persia, Turquía, Egipto y Marruecos, los pueblos coloniales combaten con heroísmo contra sus explotadores imperialistas, que esos pueblos se sublevan contra los mismos males que consumen a los negros (opresión racial, explotación industrial intensificada), que esos pueblos reclaman los mismos derechos que los negros: liberación e igualdad industrial y social».

Estos movimientos que se produjeron en territorios coloniales y semicoloniales fuera de los Estados Unidos representaban un equivalente internacional a la cuestión afroamericana patria. Ya había existido un continuo debate en la izquierda acerca de si el pueblo afroamericano luchaba por la inclusión en la sociedad estadounidense o estaba intentando establecer su propia autonomía o, incluso, eventual independencia. A juzgar por lo recogido en el informe de John Reed en el II Congreso de 1920, parece existir una falta de reconocimiento de la necesidad de organizarse en las áreas rurales del sur donde los granjeros y trabajadores agrícolas afroamericanos suponían una parte muy importante del proceso de producción que, a su vez, era indispensable para los centros capitalistas de fabricación del norte y el medio oeste.

A menudo, la división del trabajo propiciaba conflictos de carácter racial en el sur a lo largo de las fronteras nacionales. Muchos granjeros blancos seguían sin tierras y pobres a pesar de que la clase dominante trataba de hacerles ver que les convenía seguir ligados a los propietarios de las plantaciones que habían sobrevivido a las destrucciones de la Guerra civil y a los periodos de reconstrucción. En las ciudades principales como Memphis, Atlanta, Winston-Salem, etc., los afroamericanos se habían forjado una vida por medio del uso de instituciones religiosas, culturales y sociales. También estas fueron objeto de ataques por parte del racismo blanco. Hacia la última década del siglo XIX y primeros años del XX, las migraciones empezaron a aumentar. Esta migración no se limitaba al norte, medio oeste y oeste, sino que también tenía lugar en áreas como Kansas y Oklahoma. Estos patrones migratorios no eran únicamente espontáneos. Hubo organizaciones que mitigaron la presión que implicaba el trasladarse a otras regiones del país. Los periódicos afroamericanos, como The Chicago Daily Defender, incluían publicidad que fomentaba la emigración, y grupos como la Liga Nacional Urbana fueron fundados y financiadso por algunas corporaciones capitalistas para facilitar la transferencia de mano de obra africana del sur rural a los centros industrializados de los EE.UU.

En un intento por asumir las luchas revolucionaria nacionalista y anticolonial como la suya propia, la resolución adoptada en el IV Congreso de la Internacional Comunista siguió insistiendo:

«La Internacional Comunista, que representa a los obreros y campesinos revolucionarios de todo el mundo en su lucha por derrotar al imperialismo, la Internacional Comunista, que no es solamente la organización de los obreros blancos de Europa y América sino también la de los pueblos de color oprimidos, considera que su deber es alentar y ayudar a la organización internacional del pueblo negro en su lucha contra el enemigo común. El problema negro se ha convertido en una cuestión vital de la revolución mundial. La III Internacional, que ha reconocido la valiosa ayuda que podían aportar a la revolución proletaria las poblaciones asiáticas en los países semicapitalistas, considera la cooperación de nuestros camaradas negros oprimidos como esencial para la revolución proletaria que destruirá el poder capitalista. Por eso el IV Congreso declara que todos los comunistas deben aplicar especialmente al problema negro las “tesis sobre la cuestión colonial”. El IV Congreso reconoce la necesidad de mantener toda forma del movimiento negro que tenga por objetivo socavar y debilitar el capitalismo o el imperialismo, o detener su penetración. La Internacional Comunista luchará para asegurar a los negros la igualdad de raza, la igualdad política y social. La Internacional Comunista utilizará todos los medios a su alcance para lograr que las tradeuniones admitan a los trabajadores negros en sus filas. En los lugares donde estos últimos tienen el derecho nominal a afiliarse a las tradeuniones, realizará una propaganda especial para atraerlos. Si no lo logra, organizará a los negros en sindicatos especiales y aplicará particularmente la táctica del frente único para forzar a los sindicatos a admitirlos en su seno. La Internacional Comunista preparará inmediatamente un congreso o una conferencia de los negros en Moscú».

Los elementos dirigentes de la ABB que surgieron de la resistencia al estado racista y la violencia callejera tras la Primera Guerra Mundial se unieron al Partido Comunista de entre mediados y finales de 1920. Con el tiempo, la ABB se disolvió y el Congreso Americano Negro de Trabajo (ANLC) se constituyó en 1925. La organización fue un primer intento por parte del Partido Comunista por formar organizaciones de masas entre el pueblo afroamericano. La directiva del ANLC celebró una conferencia para elaborar un programa de acción, aunque este esfuerzo logró resultados bastante limitados. El periódico The Negro Champion vio la luz en un intento por actuar en la lucha política e ideológica que estaba teniendo lugar entre el pueblo afroamericano.

A nivel internacional, la Liga Contra el Imperialismo (LCI) fue fundada durante este mismo periodo. La primera reunión se celebró en Bruselas organizada por el comunista alemán Willi Munzenberg en febrero de 1927. A la primera reunión se invitó a delegados de China, India, Sudáfrica, Indonesia, Senegal y Argelia. También se informó de que habían asistido personalidades de los movimientos anticoloniales de dichas regiones geopolíticas como Lamin Senghor (Senegal), Virendranath Chattopadhyaya (India), J.T. Gumede, del Congreso Nacional Africano (CNA) de Sudáfrica; Messali Hadi, del Estrella Norteafricana argelino y Mohammad Hattra del Perhimpoenan Indonesia.

La colaboración de estas fuerzas, que incluían al Partido Nacionalista Chino Kuomintang, liderado por Chaing Kai-shek, con el Partido Comunista no duró demasiado. El 12 de abril de 1927, las fuerzas militares del Kuomintang entraron en Shanghái donde masacraron a los comunistas y a sus trabajadores aliados. En diciembre de ese mismo año, el Kuomintang aplastó a la Comuna de Cantón. Como resultado, la coalición entre el Kuomintang de Chiang Kai-shek y el Partido Comunista de China se disolvió, provocando la Guerra Civil china. En 1931, los imperialistas japoneses invadieron Manchuria.

La Liga Contra el Imperialista tuvo su sede en Berlín entre 1927 y 1933, cuando el Partido Nazi llegó al poder. La labor antiimperialista y anticolonial sufrió un duro revés cuando el fascismo se extendió por toda Europa en 1933.

La LCI llevó a cabo una enorme labor en el Reino Unido al expresar su solidaridad con la lucha anticolonial en India. Sin embargo, existieron ciertas discrepancias en 1930-31 con el ex primer ministro indio, Nehru, por las críticas vertidas sobre las políticas del Partido del Congreso. Aquel fue expulsado de la LCI en 1931. En 1937, la LCI dejó de existir como organización internacional.

De forma paralela, la LCI fue producto del Comité Sindical Internacional de Trabajadores Negros (ITUCNW), afiliado a la Internacional Sindical Roja (ISR) y a la Tercera Internacional. Esta organización, constituida en 1928, fue liderada por el afroamericano comunista James Ford, que fue pronto sustituido por el trinitense George Padmore. El ITUCNW sobrevino en medio de los posicionamientos con respecto a los problemas nacionales afroamericanos y africanos resultantes del VI Congreso de la Internacional Comunista (1928). Antes de esto, los esfuerzos por parte del Partido (Comunista) de los Trabajadores habían sido extremadamente limitados.

Cyril Briggs admitió en septiembre de 1929, en un extenso artículo publicado en la revista The Communist que:

«En un intento por evaluar el trabajo de nuestro partido entre los trabajadores y granjeros negros durante los últimos diez años, hay que comenzar admitiendo con sinceridad que la tarea de atraer a las masas negras a nuestra causa fue un tema que solo se abordó con seriedad y franqueza en el VI Congreso mundial. La mayor parte de nuestra contratación de mano de obra negra antes del Congreso era esporádica y pretendían ser, por lo general, gestos en beneficio de la Internacional Comunista».

Más tarde, Briggs citó la resolución del VI Congreso sobre el Problema Negro den los EE.UU. diciendo:

«No atraeremos a las masas negras a la causa de la lucha revolucionaria hasta el momento en que la sección más consciente de los trabajadores blancas muestre con hechos que están luchando con los negros contra la discriminación racial y la persecución…npara movilizar y concentrar a las grandes masas de los trabajadores blancos para la participación activa en esta lucha». (p. 494)

Este mismo artículo en relación con la reivindicación por parte del VI Congreso de que el chovinismo blanco, predominante tanto en las facciones de la izquierda como en las de la derecha del Partido, fuera rechazado de manera categórica:

«Para erradicar toda forma de antagonismo, o incluso la indiferencia entre nuestros camaradas blancos hacia la contratación de mano de obra negra, hay que acompañar la agresiva lucha contra todas las formas de chovinismo blanco de una campaña educativa generalizada y minuciosa en el espíritu de internacionalismo dentro del Partido, utilizando para este propósito, en la mayor medida posible, las escuelas del Partido, la prensa del Partido y la plataforma pública. Esta labor educativa debería ser organizada de manera simultánea con una campaña para atraer a los trabajadores blancos y a los granjeros pobres a la lucha por el apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores negros». (pp. 494-5)

El ITUCNW publicó el The International Negro Workers’ Review (Revista de los Trabajadores Internacionales Negros) en marzo de 1931. Posteriormente, pasó a llamarse The Negro Worker (El Trabajador Negro). En julio de 1930, se celebró la Conferencia Internacional de Trabajadores Negros en Hamburgo, Alemania, utilizando la base de la secretaría occidental de la Internacional Comunista situada allí. En un principio, estaba previsto que esta reunión se celebrara en Londres, sin embargo, la represión por parte del Reino Unido de la que había sido víctima la lucha de la clase trabajadora y anticolonial evitó el encuentro.

Refiriéndose en concreto a la asistencia a la Conferencia de 1930, Susan Campbell declaró:

«En Hamburgo había 17 delegados presentes representando a seis organizaciones afroamericanas, Guayana Británica, Trinidad, Jamaica, diversos países del África occidental y Sudáfrica. No existe información alguna en torno a quiénes eran estos delegados y, en algunos casos (en parte debido a los nombres falsos), esta información es contradictoria. Jamaica estaba representada por S.M. DeLeon; Trinidad, por Vivian Henry, de la Asociación de Hombres Trabajadores de Trinidad, y la Guayana Británica, por el destacado sindicalista Hubert Critchlow. Por Sierra Leona y bajo el alias de “E. Richards”, estaba Isaac Theophilis Akkuna (I.T.A.) Wallace-Johnson; por Sudáfrica, Albert Nzula. También se encontraba presente Johnstone (Jomo) Kenyatta, dos hombres identificados como “S. Norton” y “Akrong” de la Costa de Oro británica/Ghana, y Frank Macaulay, que había colaborado con Wallace-Johnson en la Unión de Trabajadores Nigerianos. Padmore, aunque era trinitense, contaba como delegado afroamericano, junto a James W. Ford, I. Hawkins y J. Reid. El delegado de Gambia, que figuraba como George Small, era, casi con toda seguridad, E.F. Small, editor del The Gambia Outlook y organizador de una de los primeros sindicatos del África occidental, el Bathurst. A finales de 1929, el sindicato de Small lideró una huelga general que bloqueó la economía de Gambia durante 18 días. El subsecretario colonial británico, Drummond Shiels, miembro destacado de la Sociedad Fabiana, había comentado que “el sindicato tiene desafortunadas afiliaciones y ha sido gestionado siguiendo principios comunistas”. Otto Huiswoud parece no haber estado presente; es probable que ya se encontrara fuera como parte de una “misión” de la Internacional Comunista en el Partido Comunista Sudafricano que se sabe que emprendió por aquel entonces». (The Negro Worker: A Comintern Publication of 1928-37).

La resolución aprobada en la Conferencia del ITUCNW en Hamburgo adoptó una dura postura contra lo que se describió como «reformismo negro”. Esta tendencia se calificaba como «el obstáculo más peligroso para el desarrollo de la lucha de los trabajadores negros». El papel de la Internacional Socialista representada por el Partido Laborista británico fue duramente criticado. El ITUCNW dijo de este último que era «la mejor prueba de la verdadera política de estos agentes imperialistas».

Las resoluciones del ITUCNW exigieron la plena independencia de todos los territorios coloniales y el derecho a la autodeterminación de todas las naciones oprimidas. Tras la Conferencia, muchos de los delegados viajaron a Moscú para asistir al Congreso de la Internacional Sindical Roja. Sin embargo, en 1933, los nazis se hicieron con el poder en Alemania. Padmore fue arrestado y encarcelado durante varios meses. Después, fue deportado a París donde, aparentemente, las autoridades trabajaban con el régimen fascista alemán para poder acceder a la colección de documentos de Padmore que esclarecían la solidez y el trabajo del ITUCNW y de la ISR.

Poco después de esto, Padmore rompió con la Internacional Comunista por su cambio en la política exterior con respecto al Reino Unido y Francia. Moscú vio en Alemania a la principal amenaza para la Unión Soviética y su influencia.

En un principio, Padmore afirmó que la razón por la que se iba eran los problemas económicos asociados con el ITUCNW.

Sin embargo, Campbell recordó:

«En septiembre de 1933, Padmore dijo adiós a su posición como director de The Negro Worker y comenzó a criticar a la IC por su cínico abandono de la causa de los trabajadores coloniales en beneficio del acercamiento del Frente Popular al Reino Unido y Francia. Cabe señalar que, aunque que se pensaba que la etapa del Frente Popular había empezado con el VII (y último) Congreso de la Internacional Comunista de julio-agosto de 1935, su inicio se puede fechar con más precisión en el XIII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, celebrado poco después de que Hitler asumiera el poder el 30 de enero de 1933».

Más tarde, a principios de 1934, Padmore rompió oficialmente los vínculos con la Internacional Comunista. James Ford llegó incluso a calificar a Padmore de “agente de la policía”. Padmore escribió entonces una carta pública criticando la posición de la nueva Internacional Comunista y la publicó en la revista Crisis de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP). Earl Browder, el entonces secretario general del Partido Comunista de los Estados Unidos, contestó a las críticas de Padmore, declaraciones que también aparecieron en Crisis.

Durante su estancia en París, Padmore continuó su trabajo dentro de la lucha panafricana. Colaboró con Nancy Cunard, autora de la antología «Negro». A finales de 1935 y principios de 1936, Padmore se trasladó a Londres, donde se asoció con su amigo de la infancia, C.L.R. James, que trabajaba en el movimiento trotskista del Reino Unido. Juntos formaron la Oficina Internacional de Servicios Africanos (IASB) y publicaron la International African Opinion. Más tarde, en 1944, mucho después de que James hubiera estado en Estados Unidos para una gira de conferencias que duró 15 años, la IASB se disolvió y se formó la Federación Panafricana, la cual pasó a organizar el V Congreso Panafricano en Mánchester en octubre de 1945.

Dicho Congreso fue dirigido por George Padmore, el Dr. W.E.B. Du Bois y Kwame Nkrumah, que acababa de llegar al Reino Unido tras haber estado estudiando durante una década en los Estados Unidos. Nkrumah se marchó a la Costa del Oro en 1947, constituyendo más tarde el Partido de la Convención del Pueblo (CPP) en 1949, el cual llevó a la colonia británica a la independencia en 1957 y convirtiéndose en la base de la lucha anticolonial y panafricana hasta 1966, año en que Nkrumah fue derrocado en un golpe apoyado por la CIA contra el gobierno.

La situación posterior a la II Guerra Mundial y la facción socialista

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial imperialista desde 1939 a 1945, el movimiento anticolonial se reavivó en las colonias británicas y francesas. Las personas de raza negra de Marruecos, Egipto, Argelia y Sudáfrica intensificaron su lucha contra la ocupación colonial. El 12 de agosto de 1946, los mineros africanos en Witwatersrand se declararon de huelga pidiendo salarios más altos y mejores condiciones de trabajo. Tras una semana, el estado racista, todavía dominado por el imperialismo británico, eliminó sin contemplaciones el paro laboral. Nueve personas resultaron muertas a manos de la policía y casi 1200 fueron heridas.

La brutalidad del Estado tuvo un gran impacto sobre la conciencia del movimiento de liberación nacional del Congreso Nacional Africano (CNA). Éste había ayudado a la formación de la Unión de Mineros Africanos que se remonta a 1941. J.B. Marks, líder del CNA, jugó un papel decisivo en la organización de dicha formación.

Los trabajadores africanos ganaban un 1200% menos que los mineros blancos. Aunque los mineros europeos habían participado en las luchas laborales de 1880, terminaron asimilados por el capital y la mayoría se convirtió en ferviente defensor del régimen racista del colonialismo. La huelga de los mineros africanos de 1946 fue reprimida por el estado racista colonial. Sin embargo, su impacto sobre la conciencia de las masas fue duradero. En 1949, la liga juvenil del CNA, formada en 1943, redactó un programa de acción pidiendo mayor actividad militante por parte del movimiento de liberación.

En 1950, tras la aprobación de la Ley de Supresión del Comunismo, que prohibía el Partido Comunista de Sudáfrica, se produjeron huelgas y manifestaciones masivas próximas al 1 de mayo y que provocaron la muerte de 16 personas a manos de la policía. En 1952 se inició la Campaña de Desafío contra Leyes Injustas. Estos acontecimientos propiciaron la formación de la Federación de Mujeres Sudafricanas en 1954, reuniendo a mujeres patriotas de los movimientos progresistas blancos, africanos, indios y negros.

En 1955, miles de personas se reunieron en Kliptown para anunciar la Carta de la Libertad, un revolucionario documento democrático que pedía la abolición del sistema racista del apartheid, la nacionalización de las minas y de las tierras controladas por blancos del interior.

El régimen sudafricano del apartheid acusó de traición a 150 activistas. Los juicios duraron cuatro años y terminaron con la absolución de los miembros la Alianza del Congreso en 1960, que estaba formada por el CNA, el Congreso Nacional Indio y el Congreso de los Demócratas, entre otros. El 21 de marzo de 1960, la policía masacró a 69 personas a las puertas de una comisaría de policía en Sharpeville y cerca de una terminal de autobuses en Langa Flats. El CNA y el recién formado Congreso Panafricanista fueron prohibidos y permanecieron así durante otros treinta años, cuando, en febrero de 1990, se les permitió actuar abiertamente.

Estas luchas masivas caracterizaron el movimiento de liberación nacional en Sudáfrica, Ghana, Guinea y otras zonas. Sin embargo, en Argelia el Frente de Liberación Nacional (FLN) fue obligado a tomar las armas contra el imperialismo francés en 1954. El movimiento guerrillero emprendió una campaña militar hasta 1961, año en que todo estaba listo para la independencia nacional del Estado del África septentrional en 1962. El CNA y el Partido Comunista Sudafricano (SACP) constituyeron el Um Khonto we Sizwe (MK), que se embarcó en una lucha armada en diciembre de 1961.

La unidad guerrillera perpetró ataques a centrales eléctricas y oficinas gubernamentales en su etapa inicial. Entre 1962 y 1964 se detuvo a varios líderes del MK. Más tarde, se celebró el juicio de Rivonia, que hizo que Nelson Mandela. Walter Sisulu, Ahmed Kathrada y Dennis Goldberg, entre otros, fueran condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

A pesar de que el régimen del apartheid esperaba que se hiciera desaparecer al CNA y al SACP por suponer una amenaza para el Estado y para el sistema económico, en 1976, el movimiento de masas surgió de nuevo cuando miles de estudiantes se manifestaron y atacaron la educación bantú. Cientos de jóvenes resultaron muertos, heridos y arrestados entre 1976 y 1977. Muchos otros huyeron del país y vivieron en el exilio, donde fueron entrenados en campos establecidos por el CNA, el Congreso Panafricanista y el Movimiento de Conciencia Negra (MCN).

En 1980, la orientación ideológica y política del movimiento de liberación nacional de Sudáfrica dio un vuelco decisivo en favor del CNA. La forma del movimiento se centraba en provocar malestar entre los frentes de lucha militar, obrero y de masas. Estos acontecimientos en Sudáfrica no ocurrían en el vacío.

Las antiguas colonias portuguesas de Guinea Bissau, Mozambique y Angola coordinaron la fase armada de la Revolución Africana. Portugal, un Estado colonial fascista, había sido una de las primeras naciones europeas en iniciar el comercio atlántico de esclavos. Sin embargo, el Reino Unida y Francia eclipsaron a Portugal en el reparto colonial de África.

Con los enormes beneficios logrados de la lucha armada en Guinea Bissau y Mozambique, el Partido Africano por la Independencia de Guiena (PAIGC) y el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) estaban listos para declarar la independencia en 1974. Un golpe de jóvenes oficiales militares acaecido en Lisboa en 1974 se comprometió a descolonizar sus explotaciones en África. Guinea Bissau logró la independencia en 1974 mientras que Mozambique hizo lo propio en junio de 1975.

La situación en Angola era más complicada ya que había tres organizaciones que afirmaban ser el único movimiento de liberación nacional legítimo en los países petroleros. El Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA) ha luchado el grueso de la batalla durante la guerra revolucionaria que duró desde 1961 hasta 1975, cuando se alcanzó un acuerdo en pos de una transición pacífica al poder.

Sin embargo, el imperialismo favoreció a otras dos organizaciones. Por un lado, el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), con base, principalmente, en Zaire (actual República Democrática del Congo). Por aquel entonces, el país se encontraba bajo el liderazgo de Mobutu Sese Seko, un dictador militar apoyado por el imperialismo que había estado implicado en el derrocamiento y asesinato del patriota congoleño y primer ministro electo Lumumba. Por otra parte, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), liderada por Jonas Savimbi, un ambiguo personaje de quien se descubrió después que había colaborado con las autoridades coloniales portuguesas.

Los agentes de la CIA y los mercenarios procuraron garantizar la victoria de las fuerzas contrarrevolucionarias contra la MPLA a la que apoyaba Cuba y la Unión Soviética. Asimismo, buscaron una alianza con la Organización del Pueblo de África del Sudoeste (SWAPO), el CNA y el Partido Comunista Sudafricano (SACP). Las fuerzas internacionalistas cubanas intervinieron en Angola en vísperas de la independencia en noviembre de 1975, en medio de una invasión por parte de las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica (SADF).

La lucha de los cubanos junto a sus camaradas del MPLA hizo que las SADF retrocedieran, consolidando así la independencia de Angola bajo un liderazgo revolucionario.

En 1988, tras una monumental batalla en Cuito Cuanavale, el régimen racista derrotado del apartheid accedió a retirarse del sur de Angola y a asegurarle la independencia a Namibia, conocida entonces como África Sudoccidental, colonia de Pretoria. Estos progresos en la Revolución Africana, junto a la creciente lucha armada y de masas dirigida por el CNA y sus aliados sudafricanos, propiciaron la liberación de Nelson Mandela y otros prisioneros políticos durante 1987-1990 así como la derogación de las prohibiciones que pesaban sobre otros activistas políticos que vivían en el exilio, cuando muchos regresaron a Sudáfrica después de 1990.

La Revolución Africana no dio una respuesta uniforme al neocolonialismo. Ya en 1961, los Estados independientes se habían dividido en una facción de minoría antiimperialista y orientación socialista liderada por Ghana, Guinea, Argelia y Mali, en contra de un gobierno más moderado que resistía los llamamientos por parte del Dr. Kwame Nkrumah, entre otros, y en favor de la integración política y económica. Los fracasos en el Congo, Camerún, Nyasalandia (Malaui) y otros Estados poscoloniales donde los elementos políticos reaccionarios y moderados que apoyaba el imperialismo se hicieron con el control del gobierno, supusieron un impedimento para la realización de la auténtica independencia y soberanía.

En el innovador trabajo de Kwane Nkrumah titulado: «Neocolonialismo: la última etapa del imperialismo», publicado a finales de 1965, el autor identificó claramente a los Estados Unidos como la principal potencia comprometida con detener el avance de la Revolución Africana. En el capítulo titulado «El mecanismo del neocolonialismo», Nkrumah dijo:

«A fin de poner freno a la injerencia extranjera en los asuntos de países en vías de desarrollo, es necesario estudiar, comprender, exponer y combatir activamente en neocolonialismo sea cual fuere la forma que este adopte, ya que los métodos de los neocolonialistas son sutiles y variados. Estos operan no solo en el ámbito económico, sino también en las esferas política, religiosa, ideológica y cultural.  Cuando se enfrenta a los militantes de territorios excoloniales de Asia, África, el Caribe y Latinoamérica, el imperialismo simplemente cambia de táctica. No tiene reparos en prescindir de su bandera e incluso de algunos de sus funcionarios expatriados que más odio suscitan. Esto significa, eso dice, que “dar” la independencia a sus antiguos súbditos debe ir seguido de “ayuda” para su desarrollo. Sin embargo, al amparo de estas frases, concibe innumerables formas de cumplir objetivos que ya habían sido conseguidos anteriormente por el colonialismo puro y duro».

Nkrumah siguió desarrollando esta idea al manifestar que:

«El resultado total de sumar estos modernos intentos por perpetuar el colonialismo al mismo tiempo que se habla de “libertad” es lo que ha llegado a ser conocido como neocolonialismo. Estados Unidos es el país neocolonialista más destacado, habiendo ejercido su poder en Latinoamérica durante mucho tiempo. En un principio, los EE. UU. puso torpemente el punto de mira en Europa. Más tarde, cuando la mayoría de los países del continente estaban en deuda con ellos, lo volvió a intentar, esta vez con mayor seguridad, tras la II Guerra Mundial. Desde entonces, con exquisita minuciosidad y una atención conmovedora hacia cada detalle, el Pentágono se dedicó a consolidar su hegemonía, algo que se evidencia en todo el mundo».

Retos del siglo XXI

Tal y como Nkrumah definió el neocolonialismo hace cincuenta y dos años, los Estados Unidos siguen siendo la principal potencia imperialista del mundo. Esto resulta aún más evidente con la caída de la URSS y los Estados socialistas aliados del este y sur de Europa.
Sin embargo, la lucha contra el imperialismo y el socialismo no ha acabado aún en modo alguno. La República Popular de China, el Estado más poblado del mundo, permanece bajo el control del Partido comunista. La República Popular Democrática de Corea (RPDC) ha sobrevivido durante más de sesenta años desde que la guerra imperialista liderada por los Estados Unidos intentara derrocar a Kim Il Sung a principios de los 50. Vietnam ha sido un país unificado durante cuatro décadas después de que tanto el imperialismo francés como el estadounidense intentaran eliminar el comunismo y las fuerzas de liberación nacional a través de una guerra de genocidio y ocupación que duró de 1945 a 1975.

En el continente africano el Congreso Nacional Africano, la Organización del Pueblo de África del Sudoeste, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico, el Movimiento Popular de Liberación de Angola y el Frente de Liberación de Mozambique permanecen en el poder en el sur de África tras la derrota del colonialismo de asentamiento. Las huelgas convocadas por sindicatos y estudiantes tienen lugar cada vez más frecuentemente en África en Estados como Nigeria, Kenia y Sudáfrica.
Nuestro trabajo en los Estados Unidos consiste en demostrar una solidaridad incondicional con el pueblo de África, el Medio Oriente, Asia y Latinoamérica ante la creciente presión imperialista. Las guerras en Libia, Sudán, Costa de Marfil, Nigeria, Somalia y la RDC son una expresión del neocolonialismo con la que los países imperialistas pretenden mantener el control de valiosos elementos para la causa: minerales, tierras y vías fluviales, así como la productiva mano de obra del pueblo africano.

Estos acontecimientos que tuvieron lugar en África y otras áreas del denominado “Sur Global” no son, en absoluto, esporádicos, sino algo sistemático. El enfoque del movimiento antiimperialista occidental tiene que ser, por tanto, implacable. Independientemente de la clase y de la naturaleza política de cualquier Estado del continente, hay que defender al pueblo del neocolonialismo y de las tretas imperialistas.

El auténtico imperialismo debería exigir el desmantelamiento del AFRICOM, el cese de la intervención del Pentágono y de la CIA en los asuntos africanos y el pago de indemnizaciones a las naciones de Somalia, Libia, Sudáfrica, Zimbabue, Tanzania, Ghana y otros países que han sido objeto de campañas de bombardeo militar, de intervenciones directas o indirectas y de acciones que han asfixiado sus economías nacionales a través de sanciones y otras formas efectivas de actividad bélica.

En Costa de Marfil, en 2011, los imperialistas franceses apoyados por el gobierno de Obama, desestabilizaron y derrocaron el gobierno del presidente Laurent Gbagbo. Este fue detenido por comandos franceses y trasladado a Holanda para ser juzgado ante la Corte Penal Internacional (CPI). La CPI se ha centrado, sobre todo, en la búsqueda, captación y persecución de líderes gubernamentales africanos y comandantes rebeldes.

Por otro lado, la CPI no ha movido ni un dedo contra Washington, Londres, París o Bruselas, lo que ha supuesto injustas guerras contra los pueblos de Oriente Próximo, Asia, África y Latinoamérica desde que finalizara la II Guerra Mundial. Millones de personas han muerto y han sido desplazadas durante las guerras iniciadas por el imperialismo en el último cuarto de siglo. Irak, Afganistán, Haití, Sudán, Zimbabue, Siria, Yemen, Colombia, Cuba, Brasil, Venezuela y otros Estados han visto sus economías y sistemas políticos destruidos o gravemente dañados por los gobiernos capitalistas occidentales.

Las instituciones como la CPI actúan como sustitutas de los sistemas imperialistas. Suponen el principal enemigo de la mayoría de los pueblos del mundo y deberían ser tratadas como tales por parte de las fuerzas antiimperialistas occidentales.
Estados como Zimbabue, Sudáfrica e, incluso, Grecia deberían verse defendidos por medio de fuerzas progresistas de los Estados Unidos ya que sus problemas provienen de sus esfuerzos por subsanar las desgracias a las que les llevaron los Estados Unidos y sus aliados. Esta solidaridad proletaria internacional es una forma de establecer vínculos más estrechos con los trabajadores y los oprimidos en las naciones poscoloniales y semicoloniales.

El derrocamiento del imperialismo llegará con la alianza de los movimientos obreros revolucionarios en Occidente y con las luchas de los pueblos y las organizaciones del Sur Global. Este es nuestro deber actualmente a medida que construimos un partido y un movimiento revolucionarios para enfrentarnos al imperialismo en su centro de operaciones en los Estados Unidos.

Nota: este informe fue escrito y depositado en parte a la Conferencia Regional de Medio Oeste sobre Socialismo y Liberación Nacional que se celebró en la Universidad de Wayne State el 25 y 26 de marzo de 2017. La Conferencia fue patrocinada conjuntamente por la sección de Estudiantes a favor de una Sociedad Democrática (SDS) de la Universidad y la delegación en Detroit del Partido Mundial de los Trabajadores (WWP). Azikiwe se dirigió a la Conferencia en una mesa redonda llamada «Luchar contra el capitalismo en todo el mundo». Otros miembros del grupo de debate fueron Lorena Buni, la presidenta y responsable de Solidaridad Nacional de Anakbayan-USA; Mond Jones de la delegación del Partido Mundial de los Trabajadores en Detroit; Claud «Toutou» St. Germain, líder en Boston del partido haitiano Fanmi Lavalas; Randi Nord de la delegación del Partido Mundial de los Trabajadores en Detroit y editor de «Geopolitics Alert», Yvonne Jones, cofundadora de la Asociación de Empleados Activos y Jubilados de Detroit  (DAREA); y Joe Mchawar de la delegación del Partido Mundial de los Trabajadores en Detroit. Esta mesa redonda estaba presidida por Kayla Pauli del Partido Mundial de los Trabajadores en Michigan. La Conferencia contó con la asistencia de delegados de, al menos, doce Estados diferentes y una veintena de ciudades.

Por Abayomi Azikiwe

Fuente: Global Research, African Politics and the World Situation, publicado el 31 de marzo de 2017.

Traducción de Raquel de Pazos Castro y Miguel Borrajo González para Umoya.

Notas de los traductores:

1. Autoridad del Banco Inmobiliario de Detroit, autoridad pública dueña de, aproximadamente, 100000 parcelas en la ciudad de Detroit, las cuales gestiona como entidad quasi gubernamental.

2. Compañía de préstamos hipotecarios con sede en Detroit.

3. El calendario juliano se usaba cuando la revolución de octubre tuvo lugar. En el calendario gregoriano (occidental), esta fecha corresponde al 6 de noviembre. El calendario juliano va 13 días por detrás del gregoriano.

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