Nikki Haley: Que le den al CDH y a todos ustedes

Ann Garrison; 29 junio 2018
El martes, 19 de junio de 2018, nuestra embajadora de las Naciones Unidas, Nikki Haley, anunció la retirada de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH), reunido ahora en Ginebra. El CDH está repleto de estados que abusan de los derechos humanos, como Ruanda, Arabia Saudí y, hasta ahora, el propio Estados Unidos. Aun así, sigue siendo un gesto feo, como rechazar la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, abandonar el Acuerdo de París sobre el cambio climático o hacer trizas el Plan de Acción Integral Conjunto.

¿Qué más nos da lo que piense de nosotros el resto del mundo? ¡Somos buenos! Como dijo Hillary Clinton en la última Convención Nacional Demócrata, «Estados Unidos es grande porque es bueno». ¿Y qué mejor prueba de ello que nuestras alrededor de mil bases militares, nuestro arsenal sin parangón, y en cuantas guerras en luchemos, según como se cuente? La mayor parte de los lectores tendrán que pararse y decidir cómo contar antes de calcular la cantidad. ¿Quién va a negar que Estados Unidos es bueno?

George Bush boicoteó el CDH durante tres años, pero Obama volvió al redil, y Hillary anunció que habíamos vuelto «para fijar un nuevo plan basado en tres principios». El segundo de ellos era: «el Consejo debe aplicar el mismo estándar a todos los países. […] No puede seguir destacando un solo país y dedicándole una atención desproporcionada», dijo, refiriéndose a Israel.

Al cierre de su primera sesión, el 30 de junio de 2006, el CDH votó para establecer permanentemente un «Punto 7 de la orden del día: La situación de los derechos humanos en Palestina y otros territorios árabes ocupados», que debatiría en todas sus reuniones; es decir, tres veces al año. Desde entonces, ha pasado por alto setenta resoluciones para censurar a Israel, cinco de ellas en la reunión de marzo de este año. Nikki Haley increpó entonces al Consejo por ser «una estupidez y su nombre, un engaño».

El «Punto 7» aún no se ha debatido en la presente sesión, pero sin duda hay más censura de Israel en proceso, teniendo en cuenta las últimas masacres de Israel en Gaza. En 2016, EE. UU. y otros países occidentales abandonaron la sala mientras se debatía el «Punto 7», y el disparatado periódico The Jerusalem Post clamó: «Treinta y cinco países atacaron el abuso de Israel de los derechos humanos de los palestinos en Cisjordania y Gaza». ¡Imagínense! ¡Atacaron el abuso de Israel de los derechos humanos! ¡Israel es grande porque es bueno! Incluso tiene armas nucleares, y todo el mundo lo sabe, sobre todo Irán.

Esta semana, Avigdor Lieberman, el ministro de Defensa israelí, pidió la retirada de Israel del CDH, aunque Israel no es miembro. Parece pensar que EE. UU. e Israel son un mismo estado. ¡Estados Unidos e Israel son buenos!

La mayor parte de la gente no ha oído hablar del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, así que incluiré un poco de contexto:

El CDH se compone de cuarenta y siete países miembros elegidos por periodos de tres años de entre cinco grupos geográficos: estados de África, América Latina y el Caribe, estados de Asia y el Pacífico, estados de Europa oriental, y estados de Europa occidental y otros estados, como EE. UU. y Australia. Los asientos no se suelen disputar, sino que las naciones de los distintos grupos se intercambian los votos y se turnan. Este año solo se ha disputado el asiento de Asia y el Pacífico.

Las resoluciones del CDH no son vinculantes ni aplicables; es solo un foro, pero en ocasiones es noticia. La historia del CDH que aparece en los titulares este año ha sido la posibilidad de que EE. UU. abandone el Consejo debido a su «tendencia anti-Israel» antes de 2019, cuando finaliza su periodo de tres años (cosa que ha hecho). El Reino Unido también ha aparecido en los titulares por amenazar con marcharse si el Consejo no supera su «tendencia anti-Israel» en los próximos seis meses. El periodo del Reino Unido también finaliza en 2019.

El deporte favorito de la Asamblea General de las Naciones Unidas

La semana pasada, antes de amenazar con la retirada de EE. UU., Nikki Haley se enfureció por el último voto aplastante de la Asamblea General de las Naciones Unidas que condenaba el «uso excesivo de la fuerza» de Israel y pedía la protección de los palestinos en Gaza. «Lo que hace que Gaza sea diferente es que atacar a Israel es su deporte político favorito. Por eso estamos hoy aquí. La naturaleza de esta resolución demuestra claramente que aquí manda la política».

¡La política! Imagínense. La política no es más que un sórdido proceso que mancha la pureza de los derechos humanos, respetados y protegidos por EE. UU. en su guerra global con el planeta y su gente. ¿Por qué no retirarse de la Asamblea General? El asiento de EE. UU. está asegurado en el Consejo de Seguridad, el único organismo de la ONU cuyas resoluciones son vinculantes y aplicables. Nuestro embajador veta cualquier resolución del Consejo de Seguridad que critique a Israel o solicite mediadores para proteger a los habitantes de Gaza, pero tanto EE. UU. como Israel siguen siendo apaleados en todas esas infructuosas expresiones de opinión pública de las Naciones Unidas.

Donald Trump ha sugerido bombardear la ONU por violar nuestra soberanía nacional, pero está justo al lado de su propiedad, así que quizá se contente con demolerla, como el edificio 7 del World Trade Center.

Votaciones secretas

A finales de junio, EE. UU. sufrió otro golpe a su autoridad moral cuando Pierre Prosper, su candidato para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, fue derrotado en una votación secreta. El Alto Comisionado se compone de dieciocho expertos en derechos humanos de reconocimiento internacional cuya única función es supervisar y opinar sobre el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Pierre Prosper, como exfiscal del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y ex embajador especial de Estados Unidos para crímenes de guerra, recibió la misión de canonizar al dictador militar de Ruanda Paul Kagame asegurándose de que solo se procesara los hutus (y no a los tutsis) por las masacres de Ruanda ocurridas entre 1990 y 1994. Israel y Ruanda formaron entonces una conexión profunda basada en la autorización de las víctimas para invadir al vecino y, en general, hacer lo que quisieran.

Se especula que EE. UU. está usando la indignación sobre la censura de Israel que lleva a cabo el CDH tres veces al año como excusa para retirarse y evitar así la censura sobre sí mismos por destrozar a padres e hijos inmigrantes en la frontera con México. O para evitar el debate sobre el inestable informe sobre pobreza extrema en EE. UU. que pronto presentará el Relator Especial sobre la pobreza extrema y derechos humanos de la ONU. ¿Quién sabe? No puedo leer las mentes de Donald Trump, John Bolton o Nikki Haley, pero ¿a quién le importa? ¡Estados Unidos es grande porque es bueno! Tan bueno, que bien podemos llevarnos por delante al resto del mundo.

*Ann Garrison es una periodista independiente afincada en el Área de la Bahía de San Francisco. En 2014 recibió el Premio Victoire Ingabire Umuhoza por la Democracia y la Paz por su reportaje sobre el conflicto de la región de los Grandes Lagos de África. Se puede contactar con ella por twitter (@AnnGarrison) o correo electrónico (ann@kpfa.org).

Fuente: https://www.mintpressnews.com/author/ann-garrison/
Traducción: Lucía Otero Martínez

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