Colonialismo con otro nombre

17 de marzo de 2018, por Jason Hirthler
Las instituciones globalistas son conquistadores coloniales enmascarados

En una charla que dio el verano pasado Stephen Gowans con el fin de promocionar su libro Washington’s Long WaronSyria [“La Larga Guerra de Washington contra Siria”], el autor cita al veterano de política externa americana, Graham Fuller, que decía así: «Estados Unidos está considerando su poder dominante en el mundo… con la determinación de imponer sus deseos por encima de todo… el término «imperialismo» no anda muy lejos para definir esta situación incluso después de la era formal del imperialismo occidental,nuevas formasde imperialismo se introdujeron en la era moderna, especialmente en Oriente Medio con los dirigentesmás transigentes elegidos para presidirlos innovadores gobiernos «independientes» de la mayoría de los estados. Se espera de estos gobernantes que su capacidad de respuesta frente a las necesidades y preferencias de Oriente sea mayor…y que la mayoría de los líderes árabes y de otros estados luchen contra las políticas poco populares entre su población y que estén a favor de Occidente”.

Gowans enumera los países que tienen en su propio territorioinstalaciones militares estadounidenses, lo que indica que los gobiernos de estos países aplican políticas favorables para Occidente. Entre estos países se incluyen Turquía, Israel, Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, Yemen, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos [UAE por sus siglas en inglés], Omán, Tayikistán, Kirguistán, Pakistán, Argelia, Túnez, Egipto, Yibuti y Filipinas. ¿Cuáles son los países que se quedan fuera? Irak gobernada por Saddam Hussein, Libia gobernada por Muammar Gaddafi, Siria gobernada por Bashar al-Assad, la República Islámica de Irán, y, por supuesto, Venezuela bajo las órdenes del gobernador bolivariano, quien, a pesar de liderar un país sudamericano, tiene un papel importante en la Organización de Países Exportadores de Petróleo [OPEC por sus siglas en inglés]. Ninguno de estos países permitió la entrada de bases militares estadounidenses, ni tampoco que los miembros de la Escuela de Economía de Chicago se metieran en medio. Tampoco accedieron a llevar a cabo reformas económicas neoliberales. La mitad de estos países han sido derrocados y, por consiguiente, han sufrido los establecimientos de las bases, otorgando así cierto privilegio a los intereses de los negocios de Occidente. El resto están en el punto de mira de las políticas imperialistas y son un objetivo para la puerta giratoria de amenazas ilegales que proceden de la Casa Blanca, a quiénes no les importa la población. En resumen, todas y cada una de las naciones enajenadas por la denominada «comunidad internacional» son aquellas que se niegan a doblegarse a lo que Gowans llama «el imperio sumergido no declarado» de América. En otras palabras, el propio colonialismo.

En pocas palabras: Occidente, liderado por Washington, reconoció tras la Guerra de Vietnam que las ocupaciones y las invasiones a gran escala resultaban muy costosas, agotadoras y especialmente perjudiciales para las relaciones públicas. Dejando, obviamente, a un lado la matanza, algo que no le preocupó nunca demasiado a Washington D.C.Así conseguían que la opinión mundial, se movilizara en contra de esos revolucionarios considerándoloslos rebeldes temerarios con el casquillo en la mano y el rifle colgado de sus prominentes hombros, los cordones desatados y la barba descuidada que escondía sustemibles miradas.. El Ché. ToussaintL’Ouverture. Minh. Biko. Lumumba. Gandhi. Además, parece que se premia a los hombres valientes sobre mujeres igual de valientes como Emma Goldman, Claudia Jones, Arundhati Roy y otras muchas. Tarde o temprano un tsunami de vergüenza pública provocaría que huyeran rápidamente suplicando perdón y prometiendo un futuro de bienestar mutuo (incluso si buscaban un canal de retorno para mantener todo el negocio, tal y como ocurrió en Sudáfrica cuando acabó el apartheid).

Pero Washington comprendió que no es que tuviera que dejar de colonizar países, si no que tenía que encontrar la manera que permitiera la máxima negación creíble. Pronto se dio cuenta de que podíacolonizar y explotar las naciones mediante un sabotaje económico, mercenarios sin escrúpulos y una deuda perjudicial en vez de atacando los pueblos con bombas de napalm. Naturalmente, el proyectil y la bomba eran un último recurso más que tentador, y considerados como un apoyo para soluciones menos salvajes. Sin embargo, en la mayoría de los casos las invasiones no fueron estrictamente necesarias. Después de todo, el colonialismo no era más que una acción económica. Era y, sigue siendo, una forma más de saqueo. Lo que era realmente necesario era una ideología de explotación escondida bajo una filosofía más humanitaria. Deesta manera es en la que llegamos al neoliberalismo, una estrategia que continúa los pasos del imperialismo utilizando otros medios más actuales.

Las colonias del juicio

Todo comenzó con el Memorando Confidencial de Lewis F Powell en 1971. Se establecieron docenas de grupos de reflexión por todo Occidente y esto conllevó un gasto de miles de millones de dólares americanos en el proselitismo de los principios de la denominada economía de libre mercado, que dio lugar a una contrarrevolución contra la rebelión liberal de los años sesenta. La junta Reagan-Thatcher predicó una economía neoliberal de la desregularización, los recortes y las privatizaciones, que más tarde fue liberalizada por el régimen de Clinton y después desacreditada por la desequilibrada administración de Bush. Fue Obama quien más tarde la restauró de una manera más calmada. La ideología que subyacía en este modelo saturado deacademia, especialmente en la Universidad de Chicago, y también a los medios principales, sobre todo a The New York Times. Desde entonces, dicha ideología se ha extendido por la población general y ahora la sienten como su segunda naturaleza. Hoy en día los grupos de reflexión como la Fundación Heritage, la Institución Brookings, Stratfor, el Instituto Cato, American Enterprise Institute, Council onForeignRelations, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, la Open Society Foundation y Atlantic Council, entre otros, hacendonaciones de millones de dólares americanos para fortalecer las actitudes neoliberales de los mismos. Las hipótesis ideológicas que sirven para justificar estrategias neocolonialistas están relativamente claras.

En los Estados Unidos, el concepto de libertad es la raíz predominante de la ideología neoliberal. Particularmente, es el derecho del individuo a vivir libre de las extralimitaciones de las instituciones monolíticas como el Estado. A medida que la historia sigue su curso, las intervenciones de los gobiernos suelen ser casi siempre equívocas y perjudiciales. Los mercados han de ser libres y con ellos los individuos para la libre actividad en los mismos. Las personas han de ser libres de elegir, tanto política como comercialmente, en las eleccionesy en las urnas. Esta noción de los mercados y los individuos también se entiende como la «democracia de libre mercado», una presunción engañosa que relaciona la libertad individual con la libertad económica del capital para explotar a la clase obrera.

En lo que se refiere a las relaciones externas, la ayuda de América y el resto de Occidente solo se proporcionarían si los prestatarios aceptaran los ideales de un sistema electoral (altamente manipulado) y juraran ceñirse a las instituciones y estructuras legales requeridas para llevar a cabo una economía de mercado occidental. A estas peticiones se le añadieron nociones como la del derecho del individuo a no ser oprimido, importantes discursos sobre las mujeres y las minorías, y, de alguna forma con menos prominencia, la conciencia crítica de que las empresas también son personas. La unión de una economía liberada y una población libre que se basara en los derechos del individuo, produciría la misma demostración próspera y floreciente de la América de mediados de siglo que ha sido la envidia de la humanidad.

Fake News/Noticias falsas

Este “Consenso de Washington” (Washington Consensus) es una falsa promesa creada por Occidente que dista mucho de la realidad. El punto crucial del neoliberalismo se basa en eliminar el gobierno democrático mediante su reducción, privatización y desregularización. Los que abogan por el neoliberalismo reconocen que el último aparato defensorio de la población contra los depredadores del capital es el Estado en sí. Si estese elimina, la población quedaría indefensa. La desregularización elimina las leyes,los recortes los departamentos y su financiamiento,y la privatización el propósito del Estado por tener al sector privado asumiendo sus responsabilidades tradicionales. Finalmente, los estados nacionales se disolverían, a excepción de los ejércitos y los sistemas fiscales. Así, quedaría un gran mercado mundial libre y exento de fronteras que no fuera un punto de mira del control popular y que fuera gestionado por un uno por ciento globalmente dispersado y transnacional. El proceso para poder llevar esto a cabo estaría camuflado bajo el estilo altruista de un humanitarismo benévolo.

El Pueblo y el Saqueo

La ideología neoliberal (la teoría) concibe la realidad neoliberal (la práctica). Los medios recurren una y otra vez a las nociones de «valores de Occidente» y una «democracia de libre mercado» que adopta la «comunidad internacional». Los economistas aluden a ideólogos neoliberales de la academia y emplean el control ideológico de las instituciones Bretton Wods como el Banco Europeo o el Fondo Monetario Europeo [IMF por sus siglas en inglés]. En contra de este doble trasfondo de condicionamiento intelectual, Occidente tiene como objetivo ciertas economías.

Las disculpas para la intervención más comunes representan a la nación objetivo como:

a) Una causa económica perdida — El país está en una decadencia económica y necesita un préstamo considerable del Fondo Monetario Europeo, el cual se mostrará satisfecho de ofrecer dicha ayuda en caso de que la naciónse sometaa ciertos ajustes estructuralesdevastadores(Sistema de SAP) que favorecen a los inversores extranjeros y debilitan la red de protección social. Asimismo, tienen como objetivo llevar dicha causa económica perdida a la comunidad de naciones responsables que nunca han sido colonizadas ni saqueadas; Grecia y Argentina son un claro ejemplo de esto. Raramente se admite que los problemas económicos del país se deben a deudas y sanciones ilegales o a medidas de austeridad equivocadas, que predica Occidente. Por lo tanto, tal y como ocurre a menudo, la fórmula de recuperación propone un conjunto de tácticas que causanuna crisis. Y las naciones de Occidente lo saben.

b) Una tiranía opresora de su propia población –El país está fracasando en la adaptación a las instituciones democráticas de Occidente y, por consiguiente, oprime a su población. A menudo, las acusaciones contra los países socialistas se centran en denigrar a los líderes y tacharlos de «brutales tiranos» que controlan «regímenes autoritarios», que incluyen acciones sin limitaciones como enviar a la poblacióna calabozos brutales y gulags con el fin de realizar innumerables torturas a sus ciudadanos, encarcelando a políticos de la oposición y haciendo desaparecer a periodistas molestos. Asimismo, se establece una «brutal represión» sobre la población sublevada. El problema está en que los denominados rebeldes son a menudo financiados, armados e instruidos por Washington y su indeseable banda de «aliados» con el expreso fin de encontrar un pretexto para intervenir; Libia, Siria y Venezuela son un buen ejemplo de ello. En particular Venezuela desde que el Banco Mundial le concedió una serie de notables mejoras que provocó la revolución bolivariana. Sin embargo, estos datos pasaban desapercibidos en los medios convencionales, mientras que esbozos de autoritarismo despiertan el interés de muchos lectores. Algunas de las acusaciones son a menudo ciertas, ya que todos los gobiernos tienden a ser tiranos. Sin embargo, también tienden a ser incontroladamente mezclados y exagerados con una multitud de razones sin probar del tipo que presenciamos cuando el gobierno en Irak fue cambiando, hasta ser molesto para Occidente.

c) Amenaza de seguridad para américa y sus aliados — El país no logra ceñirse a los protocolos de lo oneroso y la soberanía, y, por consiguiente, viola el acuerdo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que se llevó a cabo contra el mismo. En el escenario de la seguridad global, la verdad tácita es que todas y cada una de las naciones socialistas independientes han de ser desarmadas progresivamente, desencadenando de esta manera un cambio en el régimen mediante un trámite justamente apaciguador. El país será presionado para aceptar ciertas restricciones militares, tales como las restricciones de Armas de Destrucción Masiva [WMD por sus siglas en inglés] en Irak, las de armas químicas en Siria o las de energía nuclear civil en Irán. Normalmente las justificaciones para dichas restricciones son insostenibles, teniendo en cuenta el comercio de Estados Unidos con Armas de Destrucción Masiva, las armas biológicas y la propia energía nuclear, echando la culpa del abandono de otros a un despotismo de motivación racial. Pero el significativo miedo que revoluciona los medios internacionales dará paso a un ímpetu moral para imponer sanciones, resoluciones y regímenes de inspección con poca fanfarria.

Una vez que se llegue a un acuerdo en la «comunidad internacional» que se compone de los enfermizos vasallos europeos de Washington y un par de pequeñas islas de Malasia, la intervención será llevada a cabo. Los medios de Occidente se aprovecharán de todo esto para justificar que a) el gobierno es ilegítimo y ha de dimitir inmediatamente; y b) el socialismo ha sido desacreditado (una vez más) y no se le deberían dar más oportunidades bajo ninguna circunstancia. Jefes de varios gobiernos ilegítimos de Occidente se congregarán en las salas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y autorizarán enfrentamientos militares. Incluso en caso de que China o Rusia se opusieran, Estados Unidos atacaría igualmente en el nombre de la obligación moral.

Romper el caparazón

Estas flechas de borde afilado de Occidente muestran resultados justamente predecibles: caos tanto cultural como económico, rápido empobrecimiento, extracción de recursos con su consiguiente destrozo ecológico, transferencia de la propiedad de la población local a las entidades extranjeras, y muertes por una infinidad de razones. Actualmente estamos sancionando de alguna manera alrededor de 30 naciones; decenas de países han sufrido ‘atrasos persistentes’ con los acreedores de Occidente. Continentes enteros han sido testigos de salidas de capitales considerables–del orden de 100 mil millones de dólares americanos anuales–al norte mundial para el servicio de la deuda. Los especuladores colonialistas de Occidente se preparan para la huida. Los sospechosos habituales incluyen a Washington y sus leales perritos falderos, el Fondo Monetario Internacional, El Banco Mundial, la Unión Europea, la OTAN, y otras instituciones internacionales. Además, también se incluyen multinacionales de defensa y energía cuyos accionistas y ejecutivos son los que controlan todo el negocio.

Los datos que evidencian las agresiones imperialistas están por todas partes. Quienes se aprovechan son las personas que viven fuera de los muros del sistema doctrinario. Las personas que viven en los 57 países que hemos intentado derrocar desde la Segunda Guerra Mundial, o los que viven en las 81 naciones cuyas elecciones hemos envenenado. Personas que viven en territorios ocupados que albergan 800 bases militares que hemos establecido como una red por todo el planeta. La gente que vive bajo los drones que sobrevuelan sus países, o la que vive en naciones que sufren las 51000 bombas que el Presidente Obama ha permitido que se hayan lanzado en los últimos dos años de su presidencia.

El problema reside en que poca gente en América es consciente de ello. Tal y como explica Fuller, las naciones en desarrollo se encuentran aún bajo el poder de los ejecutivos de Occidente, pero sus gobiernos están enmascarados bajo un acto de auxilio y socorro humanitario. Los oficiales formados en el Eton College de Inglaterra que vestían uniforme de color caqui han sido suplantados por los tecnócratas formados en la Universidad de Yale y por los delegados de rostro sombrío del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Carga del hombre blanco y sus primitivas presunciones de superioridad racial se han renovado para transmitir un mensaje de inclusividad mediante una política de ayuda multicultural. Debido a este truco magistral, la gran mayoría de nosotros no cree que Occidente siga siendo el colonizador salvaje que fue una vez. Simplemente asumimos con conformidad que hoy en día somos una sociedad más civilizada que ha progresado del antiguo vergonzoso chovinismo de nuestros antepasados. Pero uno debe preguntarse si esa idea no es más que un narcótico útil para una población aletargada que se interesa más por buscar un consuelo que una verdad indiscutible.

Jason Hirthler es un escritor, estratega y veterano de 15 años en la industria de las comunicaciones. Ha escrito para diversas comunidades políticas. Vive y trabaja en Nueva York.

Fuente: https://ahtribune.com/economy/2184-colonialism-another-name.html

Traducido por: Nerea García Armentia (Universidad de Salamanca)

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