Winnie Mandela, un retrato restringido

Fallece el 2 de abril de 2018, a los 81 años. Para entonces, la “Madre de la Nación” sudafricana ya no esconde su decepción al ver a su país caer progresivamente en un nuevo apartheid caracterizado por el aumento del racismo y de la criminalidad, la agravación de desigualdades, etc. Las decepciones vividas por esta excepcional militante se revelan en sus críticas contra los distintos presidentes de Sudáfrica, comenzando por su esposo, Nelson Mandela.

Winnie, un nombre infravalorado

Sin duda, una parte de su popularidad viene con su apellido: Mandela. Pero no podríamos decir que Winnie Mandela sale del anonimato por ser simplemente la esposa de un líder histórico. De hecho, antes de todo, Winnie es el nombre de una niña encantadora: Nomzamo Winifred Zanyiwe Madikizela. Trabajadora social de formación y de profesión, a finales de los años 50 se casa con el directivo del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido nacionalista sudafricano de la época. ¿Su nombre? Nelson Mandela. En 1961, este abandona a su joven esposa y la deja con dos niños en brazos, pues acaba de tomar las armas para pasar a la clandestinidad. Su objetivo: luchar contra el régimen de apartheid que cosifica a los negros.
Cuando detienen a su marido en 1963 y lo condenan poco después a cadena perpetua, la joven Winnie Mandela tiene dos opciones: abandonar a un hombre que ya no está a su lado o luchar por su liberación. Y elegirá la segunda. Así, la joven trabajadora social se pone el traje de militante con la esperanza de liberar a Nelson Mandela y acabar con el régimen segregacionista de su país. Esto, en los años 60, es una utopía para Sudáfrica. Pero Winnie no se rinde. Sin duda, el amor que profesa a su marido, encerrado en prisión demasiado pronto en defensa de una buena causa, le ayuda mucho en esta tarea titánica.
A partir de 1970, Winnie Mandela se convierte en una gran figura del CNA. Pero todo compromiso tiene un precio, y Winnie lo pagará con numerosos encarcelamientos y otras condenas. Esto, paradójicamente, aumenta su fama y, en el momento en que Nelson Mandela sale de prisión en 1990, Winnie ya no es anónima: se ha convertido en una combatiente conocida y reconocida. Es la “Madre de la Nación” y ni siquiera los escándalos en los que aparece su nombre afectan a dicho reconocimiento.

Desacuerdos entre Winnie y Nelson Mandela

Las imágenes de Winnie y Nelson Mandela, puño en alto, dan la vuelta al mundo desde la liberación del prisionero más famoso del planeta en 1990. Sin embargo, la popularidad de esta extraordinaria pareja esconde algo fundamental: ambos cónyuges son más conocidos por otros que por ellos mismos. De hecho, los tortolitos se casan justo un año después de su primer encuentro. Dos años después de la boda, Nelson Mandela pasa a la clandestinidad. Será arrestado en 1963. Una vez condenado, pasará 27 años en la cárcel. Durante su cautiverio, pocas veces puede ver a su mujer. Las visitas concedidas duran como máximo 40 minutos. Esto quiere decir que Nelson y Winnie Mandela solo viven juntos durante dos o tres años. Y lo que es peor, durante 30 años, evolucionan en direcciones distintas, incluso opuestas. La lucha concreta para ella y la cárcel para él. Los cimientos determinan pues la estructura final: ambos personajes, (re)unidos de nuevo, ya no se ponen de acuerdo en lo que respecta al combate o a los medios utilizados.
Frente a un Nelson que acepta dejar las tierras y las minas sudafricanas en manos de la minoría blanca, se erige una Winnie que mantiene, alto y claro, que el apartheid no desaparecerá mientras la riqueza del país siga concentrada en manos de la minoría. La dama de hierro quiere una nacionalización sin compensaciones de las tierras que los arrendadores blancos les han expoliado. Esto no figura entre las prioridades de su marido, también conocido como Madiba. El desacuerdo político es enorme; y el divorcio que llegará varios años después, en 1996, no hace más que separar sentimentalmente a dos cónyuges ya alejados en el terreno político.
En una entrevista concedida al periodista francés François Soudan en septiembre de 2017, Winnie Mandela declara: «Mandela y yo hemos tenido numerosos desacuerdos. Desde el principio, él y sus allegados han cometido errores en las negociaciones sobre el poder de los blancos, errores cuyo precio estamos pagando ahora. Por ejemplo, el problema de las tierras. ¿En nombre de quién deberíamos pagar para volver a comprar lo que nos arrebataron a la fuerza? Y, ¿con qué dinero? El capital aún está en manos de la minoría blanca. No ha cambiado nada». Winnie había expresado, 10 años antes, la misma decepción a Stephen Smith y Sabine Cessour, coautores del libro Winnie Mandela, L’âme noire de l’Afrique du Sud («Winnie Mandela, el alma negra de Sudáfrica»), publicado en 2007 por la editorial Calmann-Lévy.
El enfado de Winnie Mandela tiene su razón de ser, puesto que más de un cuarto de siglo después de la abolición del apartheid, Sudáfrica sigue siendo «propiedad» de la minoría blanca: controla más del 73 % del territorio y casi la totalidad de las minas. El paro afecta al 30 % de la población, especialmente a negros. El racismo y la criminalidad vuelven a la carga. Sin embargo, desde 1994, el país está dirigido por los miembros del CNA. Aparentemente, estos ya no ven necesaria la lucha porque se han convertido en millonarios o multimillonarios.

Winnie, fiel al combate

Para Winnie, esto resulta inaceptable. A riesgo de granjearse la cólera de sus compañeros de partido, se convierte en la portavoz de millones de sudafricanos que, desde sus chabolas, acusan a los altos cargos del CNA de haberse aliado con la oligarquía blanca para poder explotarlos mejor. Esto no es de extrañar, pues Mama Winnie, como la conocen muchos de sus seguidores, decide vivir en Soweto, uno de los numerosos guetos de mayoría negra creados en la época del apartheid, mientras los que en su momento fueron sus compañeros de lucha disfrutan de la buena vida en Johannesburgo y en otras lujosas ciudades. Permanentemente inmersa en esta situación, la voz de Winnie tiene, por tanto, más autoridad que ninguna para juzgar la acción de los dirigentes en las zonas más pobres. De ahí que goce de tanta popularidad entre los más desfavorecidos, a diferencia de los sucesivos presidentes del país como Nelson Mandela, Thabo Mbeki, Jacob Zuma y Cyril Ramaphosa.

“Winnie y los intratables”

Rebelde convencida, Winnie no actúa como una veleta que sigue la dirección del viento. Apoyándose en unas fuertes convicciones ideológicas y políticas, no oculta sus afinidades a aquellos con los que comparte causa. En Sudáfrica, su país de origen, es afín a Julius Malema, el exdirigente de la Liga Juvenil del CNA, que fue destituido por exigir la nacionalización de las tierras y de las minas concentradas en manos de la oligarquía. Malema, que se convierte en el confidente de Winnie poco antes de su muerte, le rinde homenaje con estas palabras: «Ya que Mama», Winnie, «vivía con su pueblo y ya que nunca le ha traicionado, le fue otorgado el título de “Madre de la Nación”. Es lo que hemos venido a celebrar hoy; la vida de alguien que jamás miró por encima del hombro a los negros y a las masas pobres».En 2017, François Soudan planteaba la siguiente cuestión a Winnie Mandela: «Tiene cerca el ejemplo de un jefe de Estado que se ha aferrado al poder: el nonagenario Robert Mugabe, de 93 años. ¿Qué opina de su evolución?» La respuesta de Winnie es inequívoca: «Mire, en la época del apartheid, mientras nosotros luchábamos contra un sistema represivo, racista, perverso, letal, Robert Mugabe y la Zanu-PF», Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico, «fueron de los pocos que nos ofrecieron ayuda y protección, mientras que los occidentales, que actualmente los vilipendian, colaboraban con el régimen blanco. Robert Mugabe es un viejo amigo y no me oirán hablar mal de él. Me lo prohíbo. Esto sirve también para Mouammar Kadhafi y para todos aquellos que nos ayudaron».

Winnie en el banco de los acusados

Como todas las figuras que se atreven a oponerse a los intereses de los Dueños del mundo, Winnie ha sido satanizada. Aquellos que la consideraban una mujer «controvertida», han cubierto su imagen de fango. Ahora bien, «hablar de controversias supone olvidar la dureza de la vida que conoció en Sudáfrica durante el apartheid, tras el encarcelamiento de su marido. Al mismo tiempo, he de decir que el Congreso Nacional Africano (CNA) era, en parte, responsable de la situación en la que se encontraba. En un momento de la lucha contra el apartheid, a finales de 1970, los dirigentes del CNA quisieron personalizar la lucha. Durante las manifestaciones, las pancartas alzaban una foto antigua de Nelson Mandela junto a una de ella. Cuando veo estas pancartas, siempre pienso que se echó a los hombros de Winnie el peso de la figura de Nelson. Así fue, por cierto, como nació la leyenda de la “Madre de la Nación”».Añade: «Era una carga demasiado pesada para ella, que todavía era una joven madre de familia sin verdaderas convicciones políticas. A pesar de que ya se consideraba de extrema izquierda y apoyaba la lucha armada hasta el final, no había sido capaz de construir un discurso político coherente. Siempre se la comparaba con Nelson Mandela, un hombre excepcional, que ya había reflexionado sobre el futuro de Sudáfrica y poseía un pensamiento político bien definido. Todo esto jugó en contra de Winnie Mandela». La persona que está detrás de estas palabras sabe bien de qué habla. Jean Guiloineau es un profundo conocedor de Sudáfrica, autor de una biografía de Nelson Mandela publicada en 1994 por la editorial Pavot&Rivages y traductor de sus memorias, Un long chemin vers la liberté (traducido en español como El largo camino hacia la libertad y publicado en 2013 por la editorial Aguilar). Actualmente, está preparando otro libro que publicará el próximo julio la editorial francesa Robert Laffont titulado Les lettres de prison de Nelson Mandela (“Las cartas de prisión de Nelson Mandela”). Winnie Mandela no era perfecta. Como todos los seres humanos, cometió errores. Pero combatió por una buena causa que merece deferencia y reconocimiento. Además, las continuas injusticias en Sudáfrica demuestran que la lucha debe persistir.

07 Avr 2018      OLIVIER NDENKOP

Traducido para UMOYA por: Marta Martínez y María Martín-Luquero (Universidad de Salamanca)

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/winnie-mandela-portrait-interdit/

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