Ley sobre las zonas económicas especiales (ZES), una puerta abierta al acaparamiento de tierras en Madagascar

Siguiendo con sus acciones para la defensa de las tierras malgaches, y para una gestión razonada y sostenible de los recursos naturales del país, el Colectivo TANY querría continuar alimentando el debate sobre las zonas económicas especiales (ZES). La importancia de la apuesta merece que todos los ciudadanos malgaches tengan la oportunidad de conocer los diversos aspectos y consecuencias de este proyecto y aporten sus opiniones, observaciones y contribuciones.

La ley n°2017-023 del 28 de noviembre de 2017 relativa a las ZES, que fue objeto de un comunicado anterior del Colectivo TANY, ya ha sido aprobada por las dos cámaras del Parlamento malgache. Como consecuencia de la afirmación por el Alto Tribunal Constitucional (HCC) de la no conformidad de ciertos artículos de la ley con la Constitución vigente, se estudió una versión modificada por la Asamblea nacional durante su sesión extraordinaria que empezó el 27 de febrero de 2018.

1/La ley sobre las ZES privará a los malgaches del acceso a millares de hectáreas de tierras por un período de larga duración si no indeterminado

Hay que saber que los humildes ciudadanos malgaches no tendrán acceso a las ZES que serán prácticamente de los Estados en el Estado, lejos del control de los mismos responsables malgaches. Los inversores que hayan adquirido las ZES – los desarrolladores – serán dueños de la gestión de estas grandes superficies y de las decisiones que allí se tomen. El control de los territorios escapará de las comunidades locales y quizá incluso de los cargos electos. Muchas zonas de suelo fértil, ricas en recursos diversos y a menudo con un acceso próximo al mar están siendo seleccionadas y desaparecerán de las zonas de vida de la mayoría de los malgaches para convertirse en territorios reservados principalmente a extranjeros y posiblemente también a una ínfima minoría de malgaches.

Las poblaciones que viven actualmente en los espacios y superficies afectados serán expropiadas o expulsadas y en todos los casos desplazadas.Las tierras adquiridas y mantenidas con el sudor de la frente de las generaciones precedentes y de las familias actuales se perderán para siempre: ni sus bienes, ni sus tradiciones locales serán salvaguardados, ni sus raíces, ni sus vínculos sagrados con su tierra serán respetados.

2/Pérdida de soberanía del Estado y de los espacios de vida para la población

Si el espíritu de la ley en su primera propuesta se mantiene, hay un gran riesgo de ver al Estado malgache delegar totalmente la gestión de los territorios seleccionados en la AZES, la Autoridad de regulación de las ZES, cuyas modalidades de aplicación de la delegación han sido censuradas por el HCC como contrarios a la Constitución.

Los agentes y dirigentes del Estado tendrán muy pocos medios de verificar lo que pase en las ZES, todavía menos de corregir o rectificar las desviaciones con relación a las normas internacionales y a la reglamentación malgache existentes. Esto es tan cierto como que a los responsables actuales les cuesta ya hacer respetar las leyes y las reglamentaciones sobre ciertas zonas del territorio malgache que viven en un clima de inseguridad.

Las autoridades malgaches no han dejado de querer facilitar la inversión extranjera. Observemos de paso que el FMI considera que la ley sobre las ZES en Madagascar no va a atraer a nuevos inversores aparte de los que de todas maneras ya están dispuestos a venir sin esta nueva ley. El Colectivo TANY insiste sobre el hecho de que la explotación de las riquezas del Madagascar para una duración razonable y en adecuación con la amplitud de la inversión es completamente posible sin recurrir a la atribución de vastas superficies de tierras.

Los responsables del Estado y los responsables malgaches deben poder juzgar por si mismos el contenido, condiciones de realización y beneficios mutuos de cada proyecto de inversión, en lugar de dejar a otros – la AZES y los desarrolladores – decidir. Así, si los objetivos del proyecto no convergen con los intereses de la Nación, pueden y deben rehusarlo. Los dirigentes malgaches deben manifestar y probar su capacidad de administrar y de desarrollar el país en interés de la mayoría de la población en lugar de transferir partes del territorio y responsabilidades propias del Estado a los inversores, que miraran principalmente por sus provechos porque no son filántropos.

La futura ZES, situada en el norte de Madagascar, que ha sido objeto de una reunión internacional de varios días en febrero de 2018 se extiende sobre 2.000 ha, una superficie muy vasta. A este ritmo, y estando dándose la proliferación de zonas diversas de inversión anunciadas en leyes y proyectos de ley sobre los terrenos de la misma índole que formarán parte “de terrenos con estatuto específico” (ZIA, ZES, ZII, ZEE, etc), Madagascar corre peligro de llegar a la misma situación que la de Camboya dónde los ciudadanos viven y los campesinos cultivan en espacios muy reducidos, en los intersticios entre las grandes plantaciones y concesiones de las sociedades y compañías a menudo extranjeras. Esta situación camboyana consecuencia de una política de acaparamiento de tierras es por cierto objeto de una denuncia de las organizaciones no gubernamentales internacionales como crimen contra la humanidad ante la Corte Penal Internacional.

¿No es una nueva forma de fivarotana tanindrazana (venta de la tierra de los antepasados)? ¿Qué dejaremos a las generaciones futuras? La responsabilidad de los dirigentes actuales es evitar a los malgaches el riesgo de encontrarse en tal situación.

3/Comunidades locales malgaches divididas: entre esperanza de una vida mejor y discurso engañoso

Los promotores de la búsqueda de inversores cueste lo que cueste, hasta en detrimento de los derechos fundamentales de la población sobre las tierras, prometen a las comunidades locales un desarrollo, empleos y una vida “moderna” mejor.

Una parte de la población podría estar tentada por la “aventura”, frente a las promesas y frente al discurso seductor de los dirigentes máxime cuando se encuentra en una situación económica todavía más precaria. Algunos ciudadanos se plantean cuestiones y se preocupan, otros manifiestan su apego a sus modos de vida, a sus fuentes de ingresos actuales, a su entorno y a su patrimonio.

Los ejemplos de otros países que han puesto en marcha ZES y que supuestamente “tuvieron éxito” en el plan económico, son citados a menudo por los promotores de este concepto. Sin embargo las ZES no aportaron los resultados esperados en numerosos casos, particularmente en la India y en África. La puesta en marcha de ZES no garantiza siempre un éxito en términos de desarrollo para los países que las han puesto en marcha. Estos ejemplos muestran que no basta con “creer”, esto no es mágico.

Las recaídas económicas de las ZES para la nación y las comunidades locales levantan cuestiones legítimas.En cuanto al empleo, las experiencias vividas con la implantación de algunas grandes compañías en Madagascar, tales como QMM y Ambatovy, nos permiten afirmar que la oferta, aunque abundante durante la fase de construcción, se reducirá en su fase de explotación definitiva.

Conclusión

Todos los responsables malgaches deberían preguntarse sobre la peligrosidad de esta ley sobre las ZES. Todavía hay tiempo de parar, en interés de la Nación y de las generaciones futuras. Las grandes infraestructuras y las industrias importantes pueden ponerse en marcha sin utilizar este sistema que constituye

  • un abandono voluntario de los derechos sobre la tierra, de numerosos impuestos potenciales, de la soberanía nacional,
  • y después de todo una pérdida de la dignidad del país.

París, 8 de marzo de 2018

El Colectivo para la defensa de las tierras malgaches – TANY

FUENTE: Página web del colectivo: Craad-Oi Madagascar (Centro de búsquedas y de Apoyo para las Alternativas de Desarrollo –  Océano Índico), LA LOI SUR LES ZONES ECONOMIQUES SPECIALES (ZES), UNE PORTE OUVERTE À L’ACCAPAREMENT DE TERRES À MADAGASCAR, publicado el 8 de marzo de 2018.

Traducido para Umoya por Mª Isabel Celada Quintana.

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