El exorcismo político de África Meridional: la esperanza para la democratización del continente

GCIS/FlickrJames Muhindo ; 2 de marzo de 2018

Los líderes africanos que lucharon por la independencia se apartaron enseguida de sus objetivos iniciales antes de que el pueblo pudiera sentir los beneficios de la emancipación. Aunque los dirigentes que han llegado después también se han distanciado de las necesidades del pueblo africano, hay esperanza de que los cambios que se están produciendo en la actualidad en África Meridional impulsen al continente entero.

Los padres fundadores de la Organización para la Unidad Africana, que actualmente se denomina “Unión Africana”, fijaron como principal objetivo promover los principios e instituciones democráticos, la participación popular y la buena gobernanza de África. Apenas hubieron abandonado el cargo, algunos de ellos echaron por tierra este propósito continental. Entonces asistimos al nacimiento de autocracias y de gobiernos despóticos en África; entre ellos,cierto grupo de líderes comenzó a considerar que tenía el monopolio de la visión redentora del pueblo africano.

Este alejamiento del objetivo lo lideraron, entre otros, personajes como el general Muamar el Gadafi de Libia, el camarada Robert Mugabe de Zimbabue, Omar Bongo de Gabón y Mobutu SeseSeko de la antigua República de Zaire (en la actualidad, República Democrática del Congo o RDC), a los que más tarde emularon presidentes más jóvenes. Debido a este distanciamiento, África ha sufrido no solo bajo el peso de los desastres naturales, tales como sequías, hambrunas y enfermedades, sino que los humanos también han provocado catástrofes, como guerras civiles, corrupción y desprecio del estado de derecho y de los principios democráticos.

Tras el auge de los movimientos sociales y del activismo cívico entre la población africana, hay un rayo de esperanza para el continente. Este “renacimiento” data de la década de los 90, pero resurgió recientemente en 2011 con la “Primavera Árabe”, durante la que el mundo asistió al derrocamiento a manos de los ciudadanos de dictadores afianzados en el poder de África Septentrional. Este acontecimiento marcó el inicio del “exorcismo político” del continente, que ha puesto fin al mandato de 23 de años de Ben Ali en Túnez, al gobierno de 30 años de Hosni Mubarak en Egipto y, más notablemente, al dominio durante 42 años de Muamar el Gadafi sobre el pueblo de Libia, una nación rica en petróleo. Cierto número de presidentes de África Occidental, como Ellen Johnson Sirleaf de Liberia, y algunos líderes de países como Ghana y Senegal han dado un paso sin precedentes al abandonar el cargo de manera honrada dentro del marco de los respectivos mandatos constitucionales.

A finales de 2017, se podía afirmar con autoridad que la “corriente” que parecía estar barriendo el continente de norte a sur había cambiado de dirección. Hay nuevos vientos de democratización y de cambio de régimen que, en la actualidad, están avanzando hacia el norte para promover el “exorcismo político”, con el fin de volver a depurar la política africana. Hoy en día, los “profetas” políticos están poniendo en marcha un cambio en aquellos países en los que la larga ostentación del poder por parte de los movimientos de liberación ha reprimido la democratización, la buena gobernanza y el desarrollo económico del pueblo africano. Todas las señales dan a entender “Insha’Allah”, que el momento ha llegado.

En Angola, la dimisión el año pasado de Eduardo dos Santos, que se hizo fuerte en el poder durante muchos años, allanó el camino de su sucesor, João Lourenço. Sin perjuicio de los retos planteados por los dirigentes a los que se les otorgaron puestos de liderazgo en bandeja de plata, parece que el presidente Lourenço le dará una oportunidad a la democracia y a la buena gobernanza en Angola, un país que sufre la “maldición de los recursos”.

Los analistas políticos siguen alucinando con lo que pasó exactamente en Zimbabue en noviembre de 2017. Aunque sigue sin haber respuesta a la pregunta de si fue un golpe de estado sin derramamiento de sangre, si dimitió el Presidente o si sucedieron ambos hechos (un trabajo interno de la Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico), lo que sí se sabe con certeza es que el dinosaurio de la política africana, el camarada Robert Gabriel Mugabe, tiró por fin la toalla el 21 de noviembre de 2017, poniendo fin así a su gobierno de 37 años en Zimbabue. El presidente Emmerson Mnangagwa ya ha dado muestras de buena gobernanza y de estado de derecho con su promesa de celebrar elecciones generales libres y justas para conseguir el mandato popular. Esto supone un nuevo amanecer en la política zimbabuense, a pesar de las críticasde la oposición con respecto al Presidente, pues considera el relevo “un mero cambio de guardia”.

El presidente de Botsuana, Ian Khama, ha anunciado que dejará el poder en abril de 2018, más de un año antes de las elecciones generales de 2019. Su vicepresidente, Mogweetsi Masisi, será su sucesor, probablemente. Que un presidente que cumplirá diez años en el cargo este año allane el camino antes de que termine su segunda legislatura constituye, sin duda, un progreso firme. PLO Lumumba, un intelectual keniano, afirmó en su discurso “Magufulificationof the African Continent” (en español, “Magufulización del continente africano”; titulado así en referencia a la campaña contra la corrupción del presidente tanzano John Magufuli) que estamos siendo testigos de cierta higiene en la política africana. En el centro neurálgico del continente, Sudáfrica, el presidente en funciones Cyril Ramaphosa tomó las riendas del todopoderoso Congreso Nacional Africano, lo que, en medio de la batallas legales por corrupción que está librando el presidente Jacob Zuma, culminó en la dimisión de este último.

En África Oriental y Central rezan para que la “higiene” se extienda hacia el norte, pasando la ya “exorcizada” Tanzania a través de los políticamente enfermos Kenia, Burundi y Ruanda, hacia Uganda, en decadencia democrática, y Sudán del Sur, asolado por la crisis. Y que, finalmente, haga resucitar a la RDC y a la República Centroafricana, podridas a nivel tanto político como democrático y en descomposición.

Por todo ello rezamos.

* James Muhindoes el coordinador nacional de la Coalición de Defensores del Desarrollo y el Medio Ambiente (Uganda).
Fuente:
https://www.pambazuka.org/democracy-governance/political-exorcism-southern-africa-hope-democratisation-continent

Traducido para Umoya por Nerea Fernández Álvarez.

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