El verdadero rostro de Ruanda bajo el reinado del FPR

Paul Kagame: ¿un salvador o un impostor sediento de poder absoluto?

Al antiguo jefe rebelde del Frente Patriótico Ruandés y hoy presidente de Ruanda, Paul Kagame, se le reconoce haber detenido el genocidio de 1994 y, en consecuencia, es calificado por muchos como héroe; aprovecha esta consideración de héroe para instalar una dictadura muy represiva y sangrienta en Ruanda. Sin embargo, al analizar diversos hechos y testimonios, se desvela que el rol de Paul Kagame es más que turbio en el desencadenamiento y desarrollo del genocidio de los tutsi en 1994.

¿Qué decir si, finalmente, Paul Kagame, venerado hoy todavía como el que paró el genocidio en 1994, resulta ser simplemente un impostor? ¿Y si, él mismo hubiera jugado un papel en la masacre de los tutsi (los suyos) para hacerse, sin compartir con nadie, con el poder?

I.- Los hechos antes y durante el genocidio

Los siguientes hechos están ampliamente documentados y muestran cómo Kagame y el FPR no han sido los salvadores que pretenden ser:

1. Muchos indicios apuntan a Kagame como responsable del atentado del 6 de abril de 1994:

El FPR, con Paul Kagame a la cabeza, fue uno de los actores principales en la tragedia. Existen fuertes indicios de que fue él el que produjo la chispa en un polvorín al disparar contra el avión presidencial de Juvénal Habyarimana.

Antiguos altos oficiales y varios antiguos compañeros de armas del FPR acusan a Paul Kagame de haber ordenado esta acción reconocida por todos como el desencadenante del genocidio. (Ver, por ejemplo, Abdul RUZIBIZA en su libro “Une histoire secrète”, Jean-Pierre MUGABE, Noble MARARA y el general Kayumba Nyamwasa).

Por otra parte, dos investigadores del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), el australiano Hourigan y el americano James Lyon, señalan que habían reunido informaciones que relacionaban a Paul Kagame con el derribo del avión presidencial y que fueron obligados a detener sus investigaciones.

Las declaraciones de las fiscales del TPIR, Louise ARBOUR y Carla DEL PONTE, parecen imputar igualmente la responsabilidad criminal de este atentado al presidente Kagame y a su rebelión FPR.

Es importante señalar que un elemento crucial es casi completamente ignorado del gran público: El TPIR de Arusha fue creado en 1995; veintidós años después, tras investigaciones, interrogatorios y otros actos judiciales, no ha logrado establecer y probar la existencia de una planificación del genocidio contra los tutsi. Todos los acusados, considerados como “los cerebros” y “planificadores”, etc… han sido absueltos o condenados sin embargo por otros motivos que la planificación del genocidio.

De todo ello se deriva que el elemento realmente desencadenante del genocidio fue el asesinato del presidente Habyarimana. La situación era de tal modo tensa en el país que era previsible que su asesinato iba a desencadenas masacres a gran escala. Quien derribó el avión del Presidente Habyarimana, en la situación precisa del Ruanda de 1994, carga con una responsabilidad en el genocidio de los tutsi.

Pero, ¿a quién favorecía el asesinato del Presidente Habyarimana?

Algunas investigaciones y testimonios acusan claramente al FPR y a Paul Kagame. Si se demostrara, Paul Kagame cargaría con una pesada responsabilidad, ya que sería él el que desencadenó el genocidio.

2. Kagame no estaba preocupado por el hecho de salvar los tutsi del interior

Varios testimonios de militares del FPR (concretamente Abdoul Ruzibiza en su libro) habla del rechazo de las autoridades militares del FPR a acudir a salvar a los tutsi, incluso cuando ello era posible. Ruzibiza habla incluso de algunos militares que se suicidaron porque se les impedía ir a salvar a sus familias, cuando disponían de medios militares para ello. Era preciso que hubiera “bastantes muertos” para justificar el genocidio. Todo deja pensar que el general Paul Kagame sacrificó a los tutsi del interior. Resulta excesivamente cínico sacrificar vidas humanas y llegar hasta a declarar al respecto que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos.

3. Durante el genocidio, Kagame y el FPR se opusieron decididamente a una intervención exterior para ayudar a que las masacres pararan.

a. Según HRW Human Rights Watch, en su publicación «Aucun témoin ne doit survivre. Le génocide au Rwanda», E(d. Karthala, 1999), páginas 814-815: Cuando el Consejo de seguridad planteó enviar a Ruanda una fuerza de mantenimiento de la paz más importante y dotada de un mandato más amplio de protección de los civiles, el FPR temió que ésta interfiriera con su objetivo de victoria militar. Sus dirigentes estaban quizás especialmente afectados por el hecho de que los franceses pudieran utilizar la fuerza para proteger al gobierno interino. En vez de acoger favorablemente esta iniciativa y de reclamar su puesta en marcha inmediata, el portavoz del FPR en Bruselas se opuso a ella afirmando que ya no quedaban más tutsi a los que salvar” (HRW, conversación telefónica, Bruselas, 30 abril 1994).

b. Algunos otros hechos sobresalientes que muestran la responsabilidad del FPR y de su jefe Paul Kagame:

  1. Primeros de abril de 1994: Los Sres. Musaidi y Muligande, dos altos dirigentes del FPR, fueron enviados a Nueva York en la primera semana del mes después del derribo del avión para que hicieran Lobby y se opusieran a cualquier intervención extranjera.
    – El 8 de abril de 1994: el FPR pidió a todas las fuerzas extranjeras que abandonaran Ruanda bajo amenaza de ser consideradas como enemigas.
  2. El 13 de abril de 1994: el FPR solo aceptó tres días de tregua con vistas a permitir la evacuación de los extranjeros. De este modo, los ruandeses eran abandonados a su suerte para que siguieran matándose mutuamente, cuando todavía había posibilidades de salvar muchas vidas humanas. Es preciso señalar igualmente que en ese preciso momento, según Jacques-Roger Booh-Booh, representante especial del Secretario general de las Naciones Unidas, el FPR presentaba regularmente condiciones imposibles en cada reunión a la hora de discutir el alto el fuego, ya que Paul Kagame solo estaba interesado en una victoria militar total. En su libro “Le Patron de Dallaire parle”, Jacques-Roger Booh revela que el FPR, en varias ocasiones, hizo fracasar las tentativas de alto el fuego para acudir en socorro de la población civil.
  3. El 30 de abril de 1994: el FPR rechazó la fórmula MINUAR II. Efectivamente, Gérald GAHIMA y Claude DUSAIDI, de la ejecutiva del FPR, reafirmaron esta posición en la siguiente declaración: “Es demasiado tarde para una intervención de las Naciones Unidas.
  4. El genocidio ya casi ha terminado. La mayoría de las víctimas potenciales han sido asesinadas o han huido”. “En consecuencia, el FPR se declara categóricamente opuesto a la intervención planteada y de ningún modo colaborará en su organización y su puesta en marcha”. “El FPR hace un llamamiento al Consejo de seguridad de las Naciones Unidas para que no autorice el despliegue de la fuerza planteada, ya que una intervención de las Naciones Unidas no puede ser de ninguna utilidad en lo que respecta la eliminación de las masacres”. (Gérald Gahima et Claude Dusaidi, «Déclaration du Bureau politique du Front patriotique rwandais sur le déploiement envisagé d’une force d’intervention des Nations unies au Rwanda», New York, 30 avril 1994). Declaración realizada solo tres semanas después del desencadenamiento de las masacres. Pasaron todavía dos meses antes de que la capital, Kigali, cayera en manos de los rebeldes.
  5. Según Gérard Prunier: “Cuando el genocidio se desencadenó, salvar a los tutsi ya no era la prioridad nº 1 del FPR.”
  6. Luc Marchal, antiguo comandante adjunto de las tropas de la ONU en Ruanda declaró ante el TPIR el 2/12/2006: “Desde mi experiencia, mi conclusión es que el FPR tenía un único objetivo, tomar el poder por la fuerza y guardarlo para ellos”. En mi opinión, “es el FPR el que perpetró el ataque contra el avión del presidente. Jamás, en ningún momento, yo percibí el deseo por su parte de hacer concesiones, de redondear los ángulos, de alcanzar un consenso”.
  7. 2 de mayo de 1994: El representante permanente del antiguo gobierno ruandés en la ONU, Jean-Damascène Bizimana, envió una carta al Presidente del Consejo de seguridad (S/1994/531) pidiendo que la MINUAR se reforzara para asegurar el respeto del alto el fuego y estabilizar la situación en Ruanda. Así, la parte gubernamental, al contrario que el FPR, preconizaba una intervención fuerte capaz de hacer cesar las violencias, estabilizar el país y salvar vidas.
  8. El 5 de mayo de 1994: El Washington Time escribió: “El comandante del movimiento rebelde FPR, Kagame, ha declarado ayer que una fuerza de la ONU no puede aportar la paz a su país y que solo la victoria de su movimiento podrá parar las masacres”.
  9. El 13 de mayo de 1994: La BBC escribió: “…el jefe rebelde Paul Kagame acepta las propuestas en favor de una mayor fuerza de la ONU a condición de que esa fuerza quede reducida a una función puramente humanitaria”. Pero Kagame dijo que los 5.500 miembros sugeridos por Boutros Ghali, secretario general de la ONU, para detener el genocidio eran excesivamente numerosos.
  10. El 18 de mayo de 1994: El Heral (Gralgow) escribió: Si la fuerza de la ONU se interpone entre los dos beligerantes, será tratada como un enemigo, según declaraciones de Denis Polisi, vicepresidente del FPR.
  11. El 24 de mayo: El Denver Rocky Mountain News escribió: “El comandante en jefe de las fuerzas rebeldes exhorta a las fuerzas de la ONU a permanecer fuera de la guerra en Ruanda”.
  12. El 4 de julio de 1994, el FPR toma el control de la capital, Kigali, y el país sigue hundiéndose en en un marco de violaciones de los derechos humanos.

Willy Claes, ministro belga de Asuntos Exteriores, dijo que después de la masacre de 10 cascos azules belgas de la MINUAR, Bélgica envió aviones militares con tropas a Kigali para aportar socorro a los soldados belgas. Afirmó que recibieron amenazas de Paul Kagame personalmente que dijo que no quería a ningún soldado belga en suelo ruandés y que si no se marchaban todos serán considerados como enemigos y tomados como objetivo por el FPR. Se les autorizó únicamente a repatriar a ciudadanos belgas.

Boutros Ghali, entonces Secretario General de la ONU, afirmó haber recibido la orden, bajo presión de Paul Kagame, de evacuar la MINUAR de Ruanda. El capitán Lemaire del contingente belga que guardaba el campo de desplazados de Kicukiro (ETO) declaró en octubre de 1997, en cuanto testigo de la fiscalía del TPIR, que las tropas des las Naciones Unidas en Kigali eran capaces de eliminar/controlar a los interahamwes si el Consejo de seguridad hubiera modificado simplemente el mandato de la MINUAR.

El general Anyidoho, entonces al mando del contingente ghanés y adjunto de Dallaire afirmó en su libro que el mayor problema estaba en el ultimátum recibido desde la cúpula del FPR para retirarse de Ruanda.

II.- El comportamiento de Kagame después del genocidio

Tras la toma del poder por parte del FPR, un gobierno “salvador” cargado de buenas intenciones habría podido comportarse como tal y proteger a todos los supervivientes que estaban bajo su autoridad.

Una observación a posteriori de la gestión de post-genocidio nos muestra, al contrario, una sucesión de hechos que están lejos de caracterizar a un poder “salvador”; hechos, más bien, que constituyen una impresionante sucesión de actos criminales y de crímenes contra la humanidad y de comportamientos antidemocráticos:

– El comportamiento brutal de las tropas del FPR tras la victoria responde más bien a crímenes contra la humanidad que a una lógica de detener el genocidio y salvar a los supervivientes.

Tras la toma de Kigali el 4 de julio de 1994 y la puesta en pie del gobierno el 19 de julio, las tropas del FPR, bajo las órdenes del nuevo gobierno, no actuaron en la lógica del restablecimiento de la paz y tranquilidad públicas. Continuaron los asesinados de ciudadanos tal y como era costumbre desde su invasión de Ruanda en octubre de 1990. Ha lugar a preguntarse si estaban de verdad horrorizados por lo que acaba de suceder (un genocidio). Si así fuera, habrían actuado de manera a que cesaran las matanzas y no hubiera ya más muertos, y las autoridades habrían sido claras e insistentes para que la paz regresara para todos. El lugar de eso, el APR (Ejército Popular Ruandés) se dedicó a matar y a realizar actos de barbarie contra los hutu, prolongando así la lista de ruandeses asesinados por otros ruandeses. Así es como se ha conocido en Ruanda, se sigue conociendo, encarcelamientos inhumanos en condiciones insalubres (calabozos repletos donde los prisioneros mueren por asfixia, por empujones, por enfermedades…, calabozos en domicilios y otros lugares desconocidos), así como masacres repetitivos en reuniones organizadas en diversos lugares y particularmente la masacre de Kibeho que causó más de 8.000 muertos.

– La guerra en el Congo (RDC) y los millones de masacrados, refugiados ruandeses y ciudadanos congoleños,  por las tropas ruandesas.

Las macabras estadísticas de las violencias en la RDC cifran en más de 8 millones los muertos en una guerra en la que participó el ejército de Paul Kagame; en esa cifra están incluidos miles de refugiados hutu ruandeses y ciudadanos congoleños. Un ejército que habría detenido el genocidio en Ruanda no se habría entregado a tanta barbarie y bestialidad. Tal y como lo ha subrayado un informe de la ONU, estos crímenes pueden ser caracterizados como contra la humanidad e incluso como genocidio, si llegara a ser juzgado en un tribunal.

– Los asesinatos selectivos de antiguos camaradas de armas, luego disidentes:

El coronel Karegeya fue asesinado en Sudáfrica en 2014, tras pasar a la oposición al FPR. El general Kayumba Nyamwasa escapó a varios intentos de asesinato, también en Sudáfrica. Servicios secretos occidentales, principalmente ingleses, han documentado el hecho de que opositores ruandeses establecidos en su territorio habían sido objeto de planes de asesinato por parte del poder del FPR. ¿Será porque Kagame teme que militares y/o supervivientes de las matanzas del FPR, hutu o tutsi, estarían dispuestos a testificar sobre lo que han vivido, visto y oído, y a reclamar justicia.

– Una dictadura que parece constituir un escudo contra la persecución judicial

Kagame ha puesto en pie una dictadura que viola a la luz del día los derechos de la persona, encarcela a todos los opositores que se atreven a desafiarle democráticamente. Los casos más emblemáticos lo constituyen dos mujeres, Victoire Ingabire y Diane Rwigara, hoy en la cárcel por haber tratado de presentarse como candidatas a la Presidencia contra Kagame. Muchos otros políticos están en la cárcel por haber expresado una opinión diferente a la del poder. Otros han perdido la vida. El FPR de Kagame ha construido un régimen en el que cada ciudadano está controlado y en el que tomar la palabra y criticar al gobierno es un riesgo vital. Así es como Kagame impide que la verdad estalle a plena luz, y concretamente su rol en el genocidio. ¿Si es el salvador y el que ha parado el genocidio, qué teme?

Cabe concluir que el rol protagonizado por Kagame en el genocidio le lleve a temer ser perseguido judicialmente y que le empuja, por un reflejo de supervivencia, a echar el cerrojo y tener en un puño a todas las instituciones (ejército, parlamento, poder ejecutivo…), a confeccionar una constitución a su medida para mantenerse indefinidamente a la cabeza del Estado y a mostrarse cruelmente amenazador cada vez que interviene y toma la palabra.

CONCLUSIÓN

En consecuencia, todo conduce a pensar que Paul Kagame, en 1994, tenía un “interés” directo en la masacre del mayor número de tutsi  y en la calificación como genocidio de lo que estaba pasando. ¿Cómo explicar, si no, su rechazo, durante meses, a socorrer a los tutsi cuando militarmente poseía los medios para ello? ¿Cómo explicar que rechazara toda presencia de fuerzas internacionales que habrían podido interponerse entre los beligerantes y limitar así las masacres?

Puede concluirse de lo que precede que para él lo importante era en primer lugar la toma del poder militarmente y accesoriamente detener las masacres de tutsi, para consolidar posteriormente su poder enfundándose el traje de salvador que paró el genocidio. Ha demostrado su interés, cuando menos desmesurado, por un poder absoluto:

Resulta difícil descubrir en sus acciones los gestos de un salvador. Por el contrario, todo indica que Paul Kagame no era más que un impostor que se habría aprovechado de la masacre de los suyos para alcanzar la cima del poder.

Está en el interés de la justicia y de la reconciliación nacional que las recomendaciones de los expertos de las Naciones Unidas y de la Unión Africana, en pro de una investigación internacional sobre el asesinato del Presidente Habyarimana sean llevadas a la práctica. De ese modo, se sacaría en limpio, en interés de todos los ruandeses, el papel jugado por Paul Kagame.

Enero 2018

Publicado el 7 de enero de 2018 por Fuerzas Democráticas Unificadas-Inkingi. LE VRAI VISAGE DU RWANDA SOUS LE REGNE DU FPR.

Traducido para Umoya por Ramón Arozarena.

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