El presidente de Ghana y lo que Occidente quiere oír

Un vídeo ampliamente difundido por las redes sociales muestra, supuestamente, al presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, haciendo comentarios «polémicos» e «impactantes» a su invitado, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante una conferencia de prensa conjunta en diciembre de 2017 en Accra. Aquí está el problema: el discurso de Akufo-Addo no fue en absoluto polémico ni impactante. De hecho, dijo exactamente lo que Occidente quiere oír: África es pobre a día de hoy por depender de la ayuda extranjera, pero aprecia de verdad la ayuda de Europa.

El presidente francés Emmanuel Macron habla con el Presidente de Ghana Nana Akufo- Addo, en Accra

En el vídeo, después de la pregunta sin pretensiones de un periodista por los lazos entre África y Francia, el presidente ghanés pronunció un pequeño discurso cuyo prólogo decía lo siguiente: «Espero que los comentarios que voy a hacer no ofendan demasiado a quien pregunta ni a ninguno de los aquí reunidos».

¿Qué dice realmente Akufo-Addo? Él simplemente afirma que Ghana y África deberían «trazar un camino que nos guíe en cuanto a cómo lograr el desarrollo de nuestros países». ¿Qué resulta polémico o impactante de esa presunta reflexión? Los líderes africanos han insistido en la autonomía económica y política desde que los europeos ocuparon y explotaron el continente hace no más de medio siglo en la mayoría de los lugares (y menos aún en el sur de África).

Akufo-Addo habla de la falta de comprensión del funcionamiento del capitalismo y de la teoría y la práctica de la resistencia al neoimperialismo, palabras que muchos usuarios de las redes sociales han interpretado como extremistas. A los espectadores les debería sorprender que el presidente francés asintiese con aprobación durante las patéticas declaraciones de Akufo-Addo. Además, el presidente ghanés se congració consigo mismo al aclarar que los africanos «a caballo regalado, no le vamos a mirar el diente», pero que no deberían confiar en «la generosidad y la caridad de los contribuyentes europeos». Aderezó su breve discurso con unas expresiones de moda de austeridad ─como la necesidad de una «rendición de cuentas» africana en lugar de «mendigar»─ que seguramente deleitasen a Macron y, en un último y triste descargo de responsabilidad, Akufo-Addo aseguró a la audiencia que «soy, como vosotros sabéis, un gran amigo de Francia. ¡Soy francófilo!».

¿Quién es Nana Akufo-Addo? Puede que su afinidad con Francia se consolidara en la década de los setenta, cuando trabajó para un bufete de abogados internacional en París. Después de una larga carrera en el ámbito del derecho y la política y de haber perdido las dos elecciones anteriores, el pasado diciembre Akufo-Addo fue elegido presidente de Ghana como líder del partido de derechas Nuevo Partido Patriótico (NPP). El NPP se originó a partir de varias encarnaciones de partidos políticos elitistas y etnocéntricos que cuentan con una historia despreciable de presión política para posponer la independencia en la década de los cincuenta, resistirse a las políticas panafricanas de Kwame Nkrumah en los años sesenta y buscar el diálogo con el régimen racista del apartheid en Sudáfrica a principios de los setenta. Actualmente recibe con los brazos abiertos las políticas y las economías del neoliberalismo y se modela a sí mismo tras los partidos conservadores de Europa «favorables para las empresas». En resumen, Akufo-Addo no es extremista: tiene más en común con los presidentes franceses que con los agricultores ghaneses.

Como historiador, no puedo resistirme a mostrar la diferencia que se observa entre la conferencia de prensa de Akufo-Addo y Macron y una interacción mucho más significativa entre los líderes africanos de habla francesa y los líderes europeos hace 57 años en lo que hoy es Kinsasa. Durante las celebraciones del día de la independencia, el primer ministro de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba ──quien, además, fue el primero en ocupar este cargo─, pronunció un discurso verdaderamente polémico que sorprendió a su invitado, Balduino, rey de Bélgica, cuando dijo lo siguiente: «Ningún congoleño olvidará nunca que la independencia se ganó gracias a la lucha; una lucha perseverante llevada a cabo día tras día; una lucha en la que nos mostramos impertérritos ante la el sufrimiento y no escatimamos ni en fuerzas ni en sangre».

Nadie niega que los africanos deban elegir su propio destino, pero Akufo-Addo simplemente estaba justificando la responsabilidad de Macron y Francia y de Occidente por la difícil situación en la que se encuentra África. Habría sido mucho más polémico e impactante si Akufo-Addo hubiese aprovechado la oportunidad para hacer frente a Macron por la deuda que Francia tiene con África por la trata de esclavos y la colonización; su historia de proveer de armamento y de defender a dictadores como Mobutu Sese Seko y Blaise Compaoré; y la complicidad de las empresas francesas en la corrupción cotidiana. En un mundo sin Thomas Sankara ni Fidel Castro ─auténticos antiimperialistas que exigieron reparaciones a Europa y forjaron políticas de desarrollo económico autónomas─ resulta deprimente que las declaraciones inofensivas y contraproducentes de Akufo-Addo se malinterpreten como «polémicas» o «impactantes». Ojalá Walter Rodney siguiera con nosotros para enseñar al presidente ghanés cómo Europa subdesarrolló a África.

Por Dennis Laumann

Fuente:Africa is a Country, Ghana’s President and what the West wants to hear, publicado el 6 de diciembre de 2017.

Traducido para UMOYA por Esther Ugarte Aceituno (Universidad de Salamanca).

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