Dakar, la continuación del colonialismo por otros medios

Los idólatras del Dakar ¿saben que existe un hilo conductor entre los primeros circuitos coloniales del siglo XIX y este rally de la vergüenza símbolo de todos los conflictos?

¿El aventurero (sic) al volante de su coche, de su moto o de su camión sabe que sus antiguos predecesores también decían “aportar la civilización” a los bárbaros? En los orígenes de Dakar se encuentran no sólo el París-Dakar sino también el Niza-Dakar-Lago Tchad-Congo en motocicleta de principios del siglo XX. El cronista de la Revista de los deportes mecánicos dice burdamente: «¡no soy negrófilo! Quiero al buen negro dulce y espontáneo […] Que entre los negros, haya una élite intelectual digna de respeto, igual a los blancos, no lo niego en absoluto, pero lo que nos hiere es ver la generalidad de nuestros “hermanos negros” asimilada a nosotros mismos». Algunas décadas más tarde es el raid Brazzaville-Pointe-Noire, siempre vendido como una “misión” no calificada de humanitaria pero si de civilizadora: “Los indígenas se precipitaban al umbral de las cabañas mirando curiosamente esta caravana ruidosa, chiquillos mugrientos tratan de correr tras nosotros”. La misión pronto se cruza con un marabú “¡Dios que feo es!” pero la moto “suelta su carga mortífera. El marabú sale volando. Nuestra primera víctima”.

Ningún rally habrá suscitado tantas reacciones negativas (Simone de Beauvoir, Michel Foucault, René Dumont, Haroun Tazieff, Jean-Marie Brohm… e incluso el papa, sin hablar incluso de millares de asociaciones) como el París-Dakar, símbolo de todos los conflictos, incluido de la memoria (civilización versus barbarie), incluso si el “bárbaro” ya no es  el “buen – salvaje” (y aún así) sino la naturaleza exuberante; aunque el “civilizado” ya no es el soldado, el cura y el maestro de escuela, sino el piloto, el humanitario, el empresario.

El París-Dakar es tanto más peligroso en tanto en cuanto es más bien una renovación de la continuación del colonialismo de antaño.

Anulado en 2008 debido a amenazas terroristas, toma el nombre de Dakar y se exilia a América del Sur, después de su fracaso en los Cárpatos donde el Dakar Serie únicamente se autoriza sobre antiguas bases militares (porque no se podían permitir tantos muertos…).

El Dakar, es siempre el espíritu de (re)conquista maquillado en aventura y en ayuda al desarrollo, no se trata por cierto tanto de salvar almas como de justificar la explotación y el saqueo de los recursos naturales. El Dakar es tanto el símbolo del extractivismo como del pillaje financiero (la mal nombrada deuda del Tercer Mundo) sin hablar hasta del pillaje semántico ya que el nombre Dakar se ha vuelto una marca registrada por la Organización Amaury Sports, la sociedad que administra también el Tour de Francia y es propietaria de L’Équipe. Senegal protesta por voz de su ministro de Cultura, el cantante Youssou N’ dour: “Encuentro escandaloso que se utilice el nombre Dakar para un rallye que se hace fuera de Dakar y que no aporta nada al país”. En respuesta a la creación del África (Eco)Race, añade: “¡Ni París Dakar, Ni África Race, dejad tranquila a África!”.

El Dakar es la continuación del colonialismo por otros medios, es el hecho de considerar a los países pobres como patios de recreo para niños ricos, es, bajo pretexto de la “libertad de exceso”, como Coubertin definía la competición deportiva, una empresa vergonzosa cuyo fin es vender todavía más 4X4 urbanos bajo la máscara de la buena conciencia occidental “humanitario” y “eco”, es una expresión concentrada por los informes de dominación, particularmente tecnológica, entre el Norte y el Sur, entre los ricos y los pobres, es una locura que consiste en rodar a más de 180 km/h sobre pistas de tierra, de arena y de piedras, atravesando países dónde a la mayoría de la población le falta de todo, es un despilfarro de dinero y de energía, así como un escaparate de riqueza y de potencia para la gloria de las grandes empresas depredadoras del planeta.

Este rodeo publicitario está obligado a buscar sin cesar nuevas tierras que hay que conquistar respecto a los países que jamás lo aceptaron como el Ecuador o que se desentienden, como Chile, teniendo en cuenta los múltiples daños que ocasiona. Un informe del Consejo chileno de los monumentos nacionales contabiliza 184 yacimientos arqueológicos dañados en tres ediciones. El Dakar también ha atravesado el desierto de Atacama, en Chile, que es el más árido en el mundo, o, “Hay cosas que no haríamos en una iglesia o en una sinagoga. No debemos hacerlas tampoco en un desierto”.

Los accidentes y los daños no son disfunciones del Dakar sino síntomas. Son reveladoras de los derechos reconocidos a la fuerza mecánica ciega y de la que es privada la población. El Dakar ya ha causado la muerte de 59 personas entre ellas numerosos niños, incitando incluso a crear un Colectivo Acciones para las Víctimas Anónimas del Dakar. El Dakar sigue siendo sin embargo una operación muy rentable para el grupo ASO, para los patrocinadores, los publicistas y los vendedores de 4×4 urbanos, porque 14 días de contaminación, de degradación, de accidentes y de muertos, son también 14 días de rentabilidad de las inversiones gracias a las 1.200 horas de retransmisión en 190 países, a los mil millones de telespectadores, a expensas de inscripciones exorbitantes (14.800 euros para un motorista y hasta 38.400 para un camión). El presupuesto medio de un piloto de moto asciende a 60.000 euros, el de un piloto de coche ronda los 150.000 euros.

Las medidas de seguridad son también todos los dispositivos que pretenden rodear a la población local, hacerla pasiva sino invisible, como este matrimonio de conveniencia que es el turismo industrial, probando que ninguna conciliación es posible entre los intereses de los autóctonos y los de los turistas afortunados.

¿Quién escucha hoy a los representantes de los que se oponen a esta locura mundialmente?

Pablo Solón, antiguo Embajador de Bolivia en las Naciones Unidas (2009-2011), director de la Fundación para la preservación de los derechos humanos y del medio ambiente: “el año empezará con el Dakar. Un espectáculo que coloniza la naturaleza y la conciencia humana, contradiciendo todos los principios del buen vivir. ¿Cómo es posible que se gasten cuatro millones de dólares del pueblo boliviano para pagar la franquicia del Dakar en estos tiempos de escasez de agua? Perú cerró sus puertas al Dakar en 2016 debido al desarreglo climático de El Niño. ¿Cómo es que Bolivia todavía produce este circo romano en estos tiempos de crisis del medio ambiente? Hay muertos en cada gira del Dakar, vehículos que se salen de la pista, pilotos o espectadores imprudentes, daños medioambientales y arqueológicos, en suma tragedias previsibles en una sociedad que pretende promover la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos”.

“El Dakar es una empresa de promoción de los transnacionales que perjudican más profundamente a la Tierra-madre extrayendo sus combustibles fósiles […]. Los valores que el Dakar propaga son los de la conquista y de la colonización. Es por esto que los organizadores escogen caminos espectaculares que están supuestamente inexplorados; para mostrar cómo sus bólidos son capaces de dominar la naturaleza”.

Stephen Kerckhove, delegado general de Agir para el medioambiente dice: “la imagen transmitida es la de la ausencia de límites. El Dakar incita a los espectadores a comprar 4×4 contaminantes y a ir siempre más deprisa […]. El Dakar quiere comunicar que es verde mientras que en realidad es gris”.

El Dakar mantiene sin embargo la ilusión de su utilidad social e incluso medioambiental comprando el equivalente de “derechos de polución”, en forma de compensación por las 42.800 toneladas de CO2 emitidas, lo que es el equivalente del desplazamiento anual medio en coche de 20.000 franceses. Étienne Lavigne, director de la carrera no vacila en oponer el Dakar “limpio” a las carreras de Fórmula 1: “No conozco muchas pruebas de deportes mecánicos que hagan algo. No sé si el señor Ecclestone (entonces patrono de la F1) compensa mucho por ejemplo.

¡Ni Dakar, ni F1, los Deportes Mecánicos son una máquina de guerra contra el planeta!

Paul ARIES
Colectivo antiDakar
Politólogo, director de la revista les Zindigné.e.s

Fuente: Le Grand Soir, Le Dakar, la poursuite du colonialisme par d’autres moyens, publicado el 5 de enero de 2018.

Traducido para Umoya por Mª Isabel Celada Quintana.

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