Esclavitud en Libia: Inteligencia engañosa

La CNN informa sobre el tráfico de esclavos en Libia y el gobierno francés muestra su preocupación por los inmigrantes africanos

© Buzz Ghana

La invasión de la OTAN en Libia ha sido probablemente uno de los delitos más atroces y racistas del siglo XXI. Entonces, ¿por qué de repente CNN, el gobierno francés y el resto de agentes que lideraron la carga en 2011 se preocupan tanto por la dura situación de los africanos en Libia? El ministro Farrakhan lo llama «inteligencia engañosa» y nos alerta de que «cada vez que la serpiente asoma la cabeza, hay que decapitarla».

El mundo en el que vivimos es complejo y está repleto de contradicciones. Es fácil caer en esa rudimentaria propaganda de manual, basada en dicotomías simplistas, como la de «los buenos contra los malos». Si no nos damos cuenta de las complejidades y de los matices delante de nosotros, podemos caer engañados por este tipo de propaganda, cuyo único objetivo es dividirnos y destruir todo tipo de unidad que pueda reforzar nuestra habilidad para derrotar al enemigo.

Al examinar y evaluar las noticias de uno de los portavoces imperialistas, CNN, se pueden observar algunos temas importantes para nosotros, panafricanistas revolucionarios, que debemos tener en cuenta. Lo primero que debemos observar es la clara hipocresía y falta de sinceridad que se palpa claramente en la noticia reciente de CNN de «crímenes libios contra la humanidad» y en la petición del presidente francés, Emmanuel Macron, de una reunión especial del Consejo de Seguridad de la ONU para pedir acciones inmediatas contra este horroroso crimen «libio».

Como africano revolucionario que soy, tengo claro que no busco al demonio para encontrar la verdad. Sé que el demonio no miente algunas veces: más bien al contrario, miente y engaña constantemente. Da igual la forma en la que se manifieste, yo no trato con él. Puede venir disfrazado de imperialista o de supremacista blanco, o de sus portavoces (CNN, BBC, Fox News o cualquiera de los actuales medios de comunicación corporativos). Jamás debemos olvidar su papel como animadores y provisores de noticias falsas para sentar las bases de la invasión y destrucción de la Yamahiriya libia. Por tanto, hay que hacerse esta difícil pregunta: ¿por qué nos están dando esta información? ¿Y por qué ahora? ¿Por qué, de repente, se interesan los imperialistas por la dura situación de los africanos?

En el primer artículo que escribí sobre la invasión de Libia, publicado el 2 de marzo de 2011 y titulado Libya, Getting it Right: A Revolutionary Pan-African Perspective, declaré que «el conflicto en Libia no es una revolución, sino una contrarrevolución. La lucha es, a grandes rasgos, una batalla entre, por una parte, las fuerzas panafricanas, que buscan la consecución de la visión de Gadafi de la unión de África y, por otra, las fuerzas libio-árabes racistas que rechazan esa visión de Libia como parte de un África unida».

Lo sucedido ha demostrado que este análisis era correcto. Muamar el Gadafi y el Movimiento de Comités Revolucionarios de la Revolución del 1 de septiembre tenían una tarea gigantesca entre manos: concienciar y reposicionar al pueblo libio para darle un papel importante en el proyecto panafricano revolucionario de los Estados Unidos de África. Esta batalla es la lucha de todos los revolucionarios africanos. En los países africanos subsaharianos, en los que toda la población está compuesta de negros africanos, nos enfrentamos al mismo desafío; y en el Caribe sucede lo mismo. Así, cuando Gadafi le pidió a la gente que entendiese la perspectiva panafricana revolucionaria y los Estados Unidos de África, tuvo que enfrentarse a aquellos libios que rechazaban su programa en favor de que Libia y toda la región norafricana pudiese unirse al Proyecto Barcelona: una alianza europeo-mediterránea, cuyo objetivo es apartar el norte de África del resto del continente africano.

Los prejuicios contra los africanos negros están presentes en todo el planeta. Incluso en aquellos países cuya población está compuesta al 100% por africanos negros, tenemos que enfrentarnos al «colorismo», una resaca del colonialismo y la cultura de las plantaciones, en la que los africanos con tonos de piel más claros se ven con mejor estima que los africanos con tonos de piel más oscuros. No obstante, decir que los «libios árabes» venden «africanos» es demasiado simplista y deliberadamente falso. Aquí hay una agenda oculta, así que tengan cuidado. El objetivo es crear hostilidades entre los denominados africanos árabes y los africanos subsaharianos. En la actualidad, existe un debate entre los africanos acerca de quién es africano. Por un lado, están aquellos que limitan la definición a los africanos negros de la región subsahariana del continente. Por otro, los que creemos que África es uno solo y que resistiremos cualquier intento imperialista de redefinir y balcanizar África. En vez de ser parte de la Comunidad Europea, los norafricanos que defienden el Proyecto Barcelona deberían buscar sus raíces africanas. Eso es lo que Muamar el Gadafi les dijo a todos los libios.

Los que hoy se denominan «árabes» tienen el deber moral, histórico y ancestral de reconocer su africanidad. Tanto esos «árabes» que viven en países del continente africano como los que viven fuera de él tienen que explorar y revisar su historia. La región en la que viven, lo que los colonizadores europeos erróneamente denominaron «Oriente Medio» o «Levante», no puede divorciarse de África. Al respecto, estoy de acuerdo con el historiador y teólogo, Wesley Muhammad, que afirma que la zona conocida como «Oriente Medio» o «Levante» debería llamarse «Afrabia».

Si alguien está interesado en este tema y en la arianización del cristianismo y el islam, recomiendo las brillantes obras de Wesley Muhammad, especialmente Black Arabia and the African Origins of Islam.

La Organización de las Tribus del Atlántico Norte (OTAN) teme este tipo de despertar y la unidad de propósito y de acción que podría causar en esta región tan rica en petróleo y con tanto por explotar. Hace mucho tiempo, el ministro Farrakhan dijo, al recordar los períodos de unidad de nuestra historia: «lo hicimos antes y podemos volver a hacerlo». La constante lucha de Muamar el Gadafi por lograr unos Estados Unidos de África por fin daba sus frutos. Estaba a punto de crear una divisa africana que habría dado la vuelta al desequilibrio económico global, para así lograr que África ocupase su legítimo lugar en el mundo. Por ejemplo, Laurent Gbagbo, expresidente de Costa de Marfil, apoyaba abiertamente a Gadafi y su golpe radical. Gbagbo creía que aquellos que fuesen en serio tenían que declarar los Estados Unidos de África y el resto les seguirían. Sin embargo, el temor de esta creciente unidad africana, sobre todo entre países del norte y del sur del continente, hizo que Francia orquestase el derrocamiento de Gbagbo al tiempo que la OTAN invadía Libia. Está claro que la unidad africana, en cuanto sea más que palabras, se tendrá que enfrentar a las fuerzas de la supremacía blanca, que querrán eliminarla a toda costa.

Tal y como sabemos ahora, incluso los libios que se opusieron a Gadafi y a su idea de unos Estados Unidos de África no apoyaron la caída de la Yamahiriya. Es un hecho constatado que el variopinto conglomerado de reaccionarios (entre los que se incluyen los monárquicos, los supremacistas árabes y los islamistas ligados a Al Qaeda, como el Grupo Islámico Combatiente Libio) no eran más que una pequeña minoría. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Libia podrían haber lidiado perfectamente con estas fuerzas retrógradas, si no fuese porque la OTAN las puso en el poder. Sin el apoyo de Francia, del Reino Unido, de los EE. UU., de Italia, de los Países Bajos y sus satélites, de Arabia Saudí, de Qatar y de los EAU, los llamados rebeldes libios no hubiesen hecho nada, por el impresionante apoyo de la mayoría de los libios a Muamar el Gadafi y a la Revolución del 1 de septiembre. Esta trajo dignidad, estabilidad, prosperidad y liberación a todos los libios, sin importar el color de la piel. De hecho, lo primero que uno veía al aterrizar en el aeropuerto de Trípoli era que los libios, todos ellos, controlaban su país. Era el poder de la gente, del pueblo, aparentemente caótico y confuso para los extranjeros, pero, en realidad, se trataba de una democracia participativa para aquellos que la vivieron y la experimentaron. La mayor parte de los libios lo sabían y la apoyaban.

Por eso, sabiendo quiénes eran estos supuestos rebeldes, a mí no me sorprende que ahora haya que añadir la esclavitud de africanos negros a la ya de por sí larga lista de crímenes contra la humanidad de estos canallas.

Tras la heroica batalla de Sirte, en diciembre de 2011, conté en el artículo titulado Demons Unleashed in Libya: NATO’s Islamists Continue Program of Ethnic and Ideological Cleansing el horror que se estaba viviendo en Libia. Un horror instigado por los imperialistas franceses, británicos y americanos, bajo la vigilancia de la ONU. Pues bien, ahora, estos mismos agentes derraman lágrimas de cocodrilo por la venta de migrantes africanos en Libia. En aquel artículo, comenté «la falta total de noticias de Libia en los medios de comunicación corporativos». También afirmé lo siguiente: «Incluso la ONU, uno de los arquitectos de la destrucción de la nación, decía que había 7.000 prisioneros (la mayor parte de ellos negros) que, sin haber sido juzgados o acusados, estaban siendo retenidos y, muchos de ellos, torturados. Cualquier persona leal a Gadafi que no se haya marchado de Libia tiene que esconderse. Las patrullas de la muerte arrasan el país. Se pueden ver camiones con cadáveres saliendo de las ciudades, que ahora están controladas por unas bandas con su propia estructura de mando (y contrarias a todo lo que dicen las productoras de televisión occidentales). Ahora, estas bandas introducen la única política que conocen: exterminar a Gadafi y a todos aquellos que le fuesen leales».

Son los matones de la OTAN.

A continuación anoté: «Además de la lealtad al líder y la defensa de su país contra los invasores extranjeros, el hecho de tener la piel negra y afirmar nuestra africanidad se ha convertido en un crimen en la nueva Libia. La limpieza étnica continúa sin cesar. Cada día persiguen a los africanos negros de Libia y otras partes de África. Han torturado y ejecutado con brutalidad a miles de ellos. Muchos de los cadáveres de mujeres encontrados mostraban signos de que las habían violado, torturado y dado palizas. Una gran cantidad de africanos negros llegaron a las filas de la Resistencia Verde».

Recogí las palabras de un habitante de Trípoli que decía:

«Todos tienen miedo al Consejo Nacional de Transición y a sus bandas armadas. Hemos visto con nuestros ojos de lo que son capaces; son auténticos animales. A nuestro alrededor vemos cómo arrinconan y encarcelan a gente. No podemos saber cuántos han sido asesinados. Todos los que presuntamente estén asociados a Gadafi o le muestren lealtad están en peligro. Incluso las personas que han trabajado para otras que apoyaban al líder han sido acorraladas y torturadas. Yo mismo conozco a muchas personas que simplemente estuvieron trabajando para gente asociada al líder; se las han llevado y no las he vuelto a ver. Si eres negro, eres sospechoso de inmediato; estos rebeldes llaman a los libios negros “abd”, que significa “esclavo”. Los persiguen por el simple hecho de ser negros, lo que me pone enfermo y me avergüenza».

«… Lo que han hecho estos rebeldes a su propio pueblo es repugnante. Ni si quiera soy capaz de hablar de algunos de los actos de tortura que han cometido. Ha habido muchas violaciones. Lloré cuando me enteré de lo que estos animales le habían hecho a las guardaespaldas del líder; no son humanos y por eso hay tanto miedo. Cualquier persona que sea leal a Gadafi y que no haya sido capaz de salir de Libia tiene que quedarse en la clandestinidad. Los libios temen hablar con otros libios porque cualquiera podría ser un informador. Parece que los últimos días se ciernen sobre nosotros: Libia se ha convertido en un infierno».

Los medios de comunicación imperialistas, entre los que se encuentra la CNN, se mantuvieron por completo al margen de todos estos crímenes contra la humanidad, a pesar de que el genocidio en forma de limpieza ideológica y étnica estaba ocurriendo ante sus mismos ojos. No hubo ninguna protesta por parte de la ONU o las Tribus del Atlántico Norte. No tenían tiempo ni motivos para protestar, tras compartir su botín, estos insensibles señores de la guerra habían pasado a su siguiente víctima: Siria.

Así que, ¿por qué ahora?

¿Puede ser porque la Resistencia Verde está ganando terreno? ¿Puede ser que, aunque hayan asesinado a Gadafi y lo hayan enterrado en una tumba sin nombre (saben bien por qué), sus ideas peligrosas (para ellos) se conozcan mejor ahora que antes? ¿Puede ser que la visión de Muamar el Gadafi de unos Estados Unidos de África haya vuelto a ver la luz del sol?

Antes del derrocamiento de la Yamahiriya, miles de africanos viajaron a Libia a trabajar y allí prosperaron. Había muchas oportunidades laborales para profesionales de distintas ramas: enseñanza, librería, enfermería, hostelería, cocina, mecánica, electricidad, construcción o mano de obra no cualificada. Pudieron enviar dinero a sus familias. Los negocios y las empresas africanos también realizaron muchos intercambios en Libia. No había tolerancia en la Yamahiriya por el mal trato que se dio a los libios, a los trabajadores emigrantes o a cualquier persona. Sé cuántos extranjeros recibieron juicios favorables en disputas de empleo.

La destrucción del país más próspero y justo de África estuvo liderada por Francia, que ahora se atreve a solicitar una reunión especial del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para debatir los crímenes contra los emigrantes africanos cometidos «por los libios». Es obra del mismísimo diablo. El mismo diablo que, en palabras del Honorable ministro Farrakhan, «liberó a los demonios» que ahora están cometiendo estos y otros atroces crímenes, está intentando sembrar la semilla de la discordia hablando sobre «crímenes libios». ¿Dónde estaban CNN y el gobierno francés cuando estas mismas bandas de demonios cometían las atrocidades descritas anteriormente?

Desde el primer día de la invasión de la OTAN hemos sabido que quizás este era uno de los crímenes más racistas y atroces del siglo XXI. La pregunta que debemos hacernos es por qué la CNN, el gobierno francés y otros que lideraron la carga en 2011 de repente se preocupan por la difícil situación de los africanos en Libia. El ministro Farrakhan la denomina «inteligencia engañosa» y nos advierte de que «cada vez que la serpiente levanta la cabeza, hay que decapitarla».

Resistamos este crudo intento de dividir y arruinarnos de nuevo. No nos dejemos distraer y engañar por la propaganda imperialista. Asegurémonos de que nuestros enemigos no enturbian nuestra agenda y nos hacen reaccionar a sus retorcidos intentos de explotarnos unos a otros. Establezcamos nuestro propio programa para nuestra segunda liberación. Los crímenes contra los africanos negros y los fieles a Gadafi, de cualquier complexión, empezaron en Libia en 2011, y siguen hasta la actualidad, incesantes. Miles de personas languidecen en centros de detención; libios de todo tipo de razas y géneros, y migrantes de todo África. Los que desempeñan estos crímenes en el terreno son los soldados de a pie y matones de genios del crimen del infierno que ahora es Libia. Se deberían emitir inmediatamente órdenes de detención para Nicolás Sarkozy, Barack Obama, Hillary Clinton, David Cameron, el rey Salmán bin Abdulaziz y el jeque Tamin bin Hamad Al Thani, entre otros muchos.

Termino con un mensaje para «Todos nuestros hermanos y hermanas en África y la diáspora» de un antiguo miembro del Comité Revolucionario del Movimiento, Salem Zubeidy:

«Esta carta va dirigida a nuestros hermanos, oficiales y habitantes de países del África subsahariana que se caracterizan por sus rasgos negros…

Ha habido muchas reacciones y afirmaciones por parte de los líderes, políticos, organizaciones e instituciones africanos tras una investigación publicada por CNN que afirmaba que había mercados dedicados a la venta de africanos de negros en Libia…

¿Nadie se paró a pensar acerca de la validez de este informe y dónde está dicho mercado? ¿Cuándo ocurrió esto? ¿Adónde van los (supuestos) esclavos?

¿Nadie se preguntó cómo llegó el famoso canal de televisión al supuesto mercado y cómo pudo grabar la «subasta»? ¿Cuál es el objetivo de que el canal americano emita un programa así que distorsiona a todo un pueblo y lo acusa de cometer crímenes atroces que no aceptaría una mente razonable y que no aprobaría la lógica?

Podemos encontrar la forma de explicar y justificar por qué un canal estadounidense fomentaba la separación e instigaba la sedición.

Como respuesta a las voces y las fuerzas que ven aquí una oportunidad para falsificar los hechos y quitarle importancia a los logros del pueblo libio, codo con codo con sus hermanos y hermanas africanos en la época dorada de la Revolución del 1 de septiembre, nos conviene aclarar algunos aspectos:

  1. Libia, que como saben ha sido secuestrada desde otoño de 2011, así como todo su potencial están controlados por bandas delictivas que han ganado poder gracias a la máquina de guerra occidental de la OTAN, tras destruir las bases del estado.
  2. Libia fue la agencia de movimientos de liberación, que formó, armó y equipó a miles de jóvenes en las regiones del sur de África, Rodesia, Sudáfrica, Namibia, Mozambique, Zambia y Angola y les permitió volver con todo su equipamiento militar, con consejeros libios para luchar en las batallas de liberación.
  3. Libia ofreció todo su apoyo a la lucha de Cabral en Guinea Bissau y Cabo Verde, y despachó a los oficiales libios como voluntarios para luchar codo con codo. Algunos de estos testigos todavía están vivos.
  4. Libia presentó todo su apoyo a los regímenes revolucionarios y progresivos en los países africanos buscando la liberación del imperialismo y el neo-colonialismo en el Congo, Ghana, Burkina Faso, Chad y otros.
  5. Libia resistió al proyecto de Barcelona, que tenía como objetivo la separación de los de piel clara en el norte del continente, que los relacionaba con el Mediterráneo en la denominada «Organización Mediterránea». También estableció el CEN-SAD (Comunidad de Estados Sahel-Saharianos) como respuesta al proceso de Barcelona, para demostrar la unidad del continente.
  6. Libia luchó en la batalla por la unificación del continente y la afirmación de su libertad, identidad y dignidad presionando por el establecimiento de la Unión Africana.
  7. Libia acoge los movimientos de oposición políticos africanos, apoyando sus programas y llevando a muchos de sus líderes al poder.
  8. Libia representó la constante batalla por la paz, el desarrollo y la construcción. Convocó docenas de reuniones, organizó docenas de reconciliaciones y mediaciones. También invirtió enormes cantidades en proyectos importantes en la mayoría de países del continente…

Podemos entrar en más detalle, pero también queremos decirte, a ti y al mundo entero, que nuestros hermanos y hermanas libias no pueden aceptar desvincularse del continente, independientemente de los intentos de los enemigos de África».

Puedes encontrar una declaración completa del Movimiento Nacional del Pueblo Libio (LPNM, por sus siglas en inglés) en: https://libya360.wordpress.com/2017/11/21/libyan-peoples-national-movement-statement-on-the-slave-trade/

Por Gerald A. Perreira

GERALD A. PERREIRA es el presidente de las organizaciones guyanesas del Movimiento guyanés de la conciencia negra (BCMG, por sus siglas en inglés) y la Organización para la victoria del pueblo (OVP), la Secretaría internacional de ARM (Movimiento Revolucionario Africano) y miembro ejecutivo del Capítulo Caribeño de la Red para la Defensa de la Humanidad. Vivió en Libia durante muchos años, sirvió en la Marcha Verde, un batallón internacional para la defensa de la revolución del 1 de septiembre, y fue un miembro ejecutivo de la organización Mundo Mathaba con base en Libia. Puedes contactar con él en mojadi94@gmail.com.

Fuente:Pambazuka News, Deceptive intelligence, donde fue publicado el 30 de noviembre de 2017.

Traducción para Umoya de Miguel Borrajo González y Raquel de Pazos Castro.

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