Dar un sentido y un significado a los muertos congoleños

Este es un texto constitutivo de la organización congoleña en el exilio Likambo Ya Mabele, que expone diversas ideas para explicar la necesidad de su lucha y su existencia. Su página web puede encontrarse aquí.

Algunos Congoleños fueron asesinados el 16 de febrero de 1992. Y en 2016 otros acaban de morir. Seguro que lo peor queda por venir. El mañana desafía la valentía del pueblo congoleño que tiende a existir. Y por tanto, a llevar y a perseguir su lucha por sus propios medios. En este texto, no se trata de negar el hecho de que el hombre congoleño pueda hacer de la supervivencia y la salvaguardia, a la vez, de la idea de la nación y de la de la identidad congoleña que hay que defender y que hay que reforzar ante el peligro que amenaza su existencia recíproca, una cuestión de vida o muerte. La cuestión que nos preocupa es la de saber lo que no hacemos de nuestros muertos o no hacemos bastante. Por lo menos no hasta ahora.

Releyendo la historia judía, observamos que los nazis ignoraron que asesinando a los judíos, cometían crímenes que podían ayudarles a adquirir el estatuto especial de un pueblo mártir al que la humanidad deberá “eternamente” consideración, homenaje y simpatía. Y también, permitirles apropiarse de una tierra incluso a precio de sangre de otros pueblos sometiéndoles.

Los muertos y sus beneficios

He aquí lo que otros saben hacer de sus muertos. Lo que han conseguido, particularmente el reconocimiento, un estatus y una tierra. El Occidente anglosajón hasta sacó provecho de eso para hacerlo la base o el fundamento de su civilización. Apoyándose en los crímenes nazis, se ha confeccionado un papel, que le conviene hasta ahora, el de moralizador de la humanidad, el de defensor, y a su conveniencia, de “sin dientes” y otras miserias provocadas para su gloria. Subrayemos que nuestra intención no es establecer o no la veracidad del Shoah o del Holocausto.

Algo parecido pasó con Ruanda. Su famoso genocidio, fundado o infundado, ha permitido a la élite tutsi apropiarse el control y la gestión del gran Congo-Kinshasa por cuenta de sus dueños. Algunos congoleños olvidan o ignoran que Ruanda dejará de existir el día en que el Congo-Kinshasa sea arrancado de su mercenariado. Ya no se hablará de Ruanda cuándo el Congo-Kinshasa sea libre, soberano e inexplotado por el mercenariado de Paul Kagamé y compañía. Es por eso por lo que afirmamos que los congoleños que prefieren empezar la casa por el tejado, hablando más de democracia, de diálogo y de otras elecciones sin referirse a Paul Kagamé y a Ruanda son cómplices de este último y tienen miedo de sus represalias.

La estrategia del mercenariado ruandés apoyándose en los sacrificados de Ruanda se mostró rentable para su élite a la que le tocó el premio gordo. Contrariamente a lo que otros congoleños no sabemos hacer con y de nuestros muertos. Y a la cuestión de saber por qué hacemos matar a los nuestros, primero el 16 de febrero de 1992 y más tarde, para no citar el presente, el 19 y 20 de septiembre de 2016, una cierta élite congoleña responde – y por supuesto que la naturaleza de su respuesta sorprende-: «Por el “respeto de la constitución”, para que ya no haya otro “mandato” (cuando todo el mundo sabe que “Joseph Kabila”, como mercenario y a quien la constitución le fue hecha a su medida, es justo un mercenario, y por tanto, este último, desempeñando su misión, no tiene de hecho ningún “mandato” que asumir)». Según esta élite congoleña, el pueblo congoleño debería morir por la democracia, por las elecciones, por tal líder o tal jefe, por la popularidad de unos y otros, incluso si no sirve de gran cosa. Esto mientras que entre nuestros vecinos ruandeses y judíos, la sangre fluye para ofrecer el control de las tierras e imponerse a los otros como identidades divinas.

Me pregunto si se puede con toda tranquilidad cuestionar la eficacia de nuestros actos sin que este cuestionamiento se transforme en una suerte de pugilato y de excomunión por la policía del pensamiento único. Me digo entonces que habría algo que no iría con nosotros, nosotros como identidad, como pueblo, nosotros como liderazgo.

Dicho esto, no sé si hay que continuar combatiendo a “Joseph Kabila” y sus padrinos  tanto de África como de Occidente de la misma manera que lo hicimos ayer contra Mobutu, es decir dejando a sus padrinos en paz. Cuando sabemos, y es como lo escribió Luciane Bohne en su artículo “La Estafa Democrática: ¿Hillary o Trump?”, qué el Occidente intenta mantener al Congo-Kinshasa en “agitación pero bajo control; darles la impresión de que con la disidencia y el debate, vivían en una sociedad libre. He aquí lo que a los dirigentes les gusta: gente dividida pero formando parte del rebaño. Es verdad que a veces algunos se escapan y descienden a la calle, pero se harán concesiones mínimas y regresarán a su estrecho marco donde se pelearán sobre sus méritos o deméritos respectivos”.

La destrucción del ejército nacional patriótico congoleño como estrategia principal del adversario

Desde 1997, la entrada del AFDL en Kinshasa, la agresión y su ocupación continuas del Congo-Kinshasa se realizan sólo a través de la desestabilización y la disolución del ejército nacional. Desde entonces, la cuestión no se reduce al principio de tal o tal otro individuo desde el momento  en que el lobo está y permanecerá siempre en el aprisco. Los ejemplos de otros países del mundo pueden instruirnos.

En Iraq, la élite anglosajona obtuvo la caída de Saddam Hussein después de haber disuelto su ejército. Dmitry Orlov precisa sobre este tema, en su artículo “Oops! – Una Guerra Mundial!”, que encontramos en su blog, que “primero, han disuelto el ejército iraquí, encerrado a muchos de sus oficiales superiores, y han intentado formar un nuevo ejército iraquí, que fortuitamente han llamado NIC, por “New Iraquí Corps”, perfectamente ignorantes de que “nic” quiere decir “joder” en el argot local”. Hicieron lo mismo en el Congo-Kinshasa. Ellos jodieron al Congo-Kinshasa. Y una vez desestabilizado este país, el caos, como forma de gobierno del país en destrucción, es a la vez instaurado y mantenido. Y es este caos lo que algunos en el Congo designan por la democracia, las elecciones, las candidaturas y todo lo que conlleva. ¿Deberíamos hablar de locura para los que confunden el caos como modo de gestión del Congo-Kinshasa en democracia, elecciones y en candidaturas?

En este contexto, “Joseph Kabila” y sus padrinos se burlan de la élite congoleña cuando esta última se limita a acusar a su régimen de asesino o de homicida de su propio pueblo. “Joseph Kabila” expresa la voluntad de sus dueños. Para él, permanecer a la cabeza del Congo pasa también por los homicidios y los asesinatos. Es de ingenuos no comprenderlo. Está convencido de que si no mata, es el pueblo congoleño el que tendrá su piel.

Por otra parte Occidente se regocija del hecho de que “Joseph Kabila” sepa defender mejor los intereses de los que le colocaron en el Congo. El apoyo de Occidente le es adquirido. Si no se fiaría de su retórica y jamás mataría. Y no es la lectura de Lee ANDERSON lo que le llevaría la contraria, él que revela en su artículo titulado “¿Tiene Conciencia Henry Kissinger?” que Kissinger “actuó como incitador despiadado, por no decir co-conspirador activo, implicados regímenes militares latinoamericanos en crímenes de guerra. […] Kissinger, no sólo estaba al tanto de las artimañas de los militares, sino que el activamente los había animado. Dos días después del golpe de Estado en Argentina, Kissinger es informado por su Secretario de Estado para los asuntos Interamericanos, William Rogers, que le previene: “pienso que hay que esperar un montón de represión, probablemente una buena dosis de sangre, dentro de poco en Argentina. Pienso que van a tener que tomárselo muy duramente no sólo a los terroristas sino también a los disidentes de los sindicatos y de los partidos opositores.”

A lo que Kissinger responde, “Cualesquiera que sean los riesgos en los que incurren, necesitarán un poco de apoyo… y verdaderamente quiero animarlos. No quiero darles la impresión de que tienen a los Estados Unidos encima. “[…] dos meses más tarde, en el transcurso de una reunión con el Ministro argentino de Asuntos Exteriores, Kissinger le aconseja guiñando el ojo, según el memorándum de la conversación archivada, esto: “somos conscientes del período difícil que atraviesan. Son tiempos extraños, donde las actividades políticas, criminales y terroristas tienden a reunirse sin una clara separación. Comprendemos que deben restablecer su autoridad. Si hay cosas que hacer, debería hacerlas rápidamente. “Este texto está extraído del New York Times. Y Anderson concluye en el mismo artículo: “Si existe una luz de esperanza en la carnicería en curso de las guerras modernas de Occidente contra las excolonias, reside en la esperanza de que la historia se repetirá con un contragolpe provocado por la revulsión y una rebelión mundial. […]”.

No, el pueblo del Congo se merece lo mejor. Sus dignos hijos e hijas deben participar, concienzudamente en este contragolpe. Deben plantearse esta cuestión: “¿Que somos capaces de conseguir de los que murieron por la patria comenzando por el primero de ellos: Patrice Emery Lumumba?” Es todo el desafío lanzado a nuestra inteligencia.

Por Mufoncol Tshiyoyo

Fuente: likambo ya mabele: Donner un sens et une signification aux morts congolais, publicado el 27 de abril de 2017.

Traducido para Umoya por Mª Isabel Celada Quintana.

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