¿Antirracismo moral o antirracismo político? En defensa de Houria Bouteldja

Desde hace semanas, meses incluso, Houria Bouteldja, portavoz del Partido de los Indígenas de la República, está siendo duramente criticada por todos aquellos que defienden el predominio del antirracismo moral y que niegan de facto a los racializados y etnificados el derecho a la propia identidad y a la libre expresión, mientras que un “Decenario internacional de las personas de ascendencia africana” (2015-2024) fue adoptado en 2016 por la ONU bajo el lema organizador “Reconocimiento, Justicia y Desarrollo”.

El objetivo asignado a este Decenario es elaborar un proceso que ponga fin a la invisibilidad de las personas racializadas y etnificadas, sobre todo debido a sus orígenes y/o su religión. Francia se ha asociado completamente a este Decenario y posteriormente ha marcado cierta distancia, lo cual coincide con los ataques frontales que padecen las personas que defienden un antirracismo político. Este distanciamiento se justifica por el hecho que los partidarios de un antirracismo político se niegan a hacer suyas las demás formas de lucha contra el racismo. Pero aquí hay una ceguera que se refiere al famoso eurocentrismo denunciado por quienes reflexionan sobre las condiciones de una “descolonización” del poder, el conocimiento y el Ser.

Desde que en diciembre de 1948 se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, poco a poco se ha ido imponiendo, gracias a sucesivos deslices semánticos, el punto de vista de organizaciones que defendieron el antirracismo moral y compasivo, con la consecuencia de que esta aproximación fue adoptada por personas que se movilizaban contra el racismo en general, pero cuyas víctimas estaban excluidas. Las voces de estas víctimas no se oían y eran filtradas por las de aquellos que pretendían defenderlas: sólo tenían posibilidad de expresarse durante algunas manifestaciones en las que su presencia era considerada útil. Habrán sido necesarias las numerosas movilizaciones por todo el mundo de los sin-papeles para que los racializados y los etnificados ocupen cada vez más el espacio público y logren por fin que sus voces se escuchen directamente y sin mediaciones bien intencionadas.

Es obligado constatar que esta liberación no ha sido del agrado de los dominantes y pone en entredicho a todos aquellos que se habían investido con el antirracismo moral. Tras siglos de racialización y colonización, las víctimas de la política de la raza establecida como categoría social, se encuentran con aquellas que se postulan con el islam y cuyos abuelos o padres son originarios de países antiguamente colonizados por Francia u otros países europeos. Sus voces preguntan y se niegan a callarse antes de haber obtenido la respuesta que debería abordar la sociedad francesa, ya que hablan de esa sociedad, de la cual ilustran de un modo poco halagüeño ciertos aspectos: racista, elitista, egocéntrica y atrozmente liberal. Aspectos que se inscriben hoy en día en una corriente de pensamiento individualista que se niega a asumir lo que acarrearon los descubrimientos del “Nuevo Mundo” desde el siglo XV: una catástrofe que conllevó el derrumbamiento del edificio de la intersubjetividad, de la alteridad y una deformación del significado de la humanidad. De ahí la importancia de trabajar para la puesta en marcha de “reparaciones”, como operación política que permita restaurar adecuadamente lo que estos descubrimientos destruyeron, con el fin de saldar la profundidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos contra los esclavizados y contra los colonizados y el crimen de genocidio cometido contra los pueblos indígenas que vivían desde hace siglos en las tierras presuntamente “descubiertas”.

Por otra parte, los racializados, que se niegan a que se corra un velo sobre las dramáticas consecuencias humanas de la esclavización y el colonialismo, también ven como se les reprocha un supuesto antisemitismo. Para mejor deslegitimar su apoyo a la lucha de liberación del pueblo palestino que lucha desde hace más de 60 años por su derecho a la emancipación, a la soberanía política y a sus recursos naturales, así como por el derecho al regreso de los palestinos expulsados en 1948, los detentores del orden moral confunden voluntariamente antisemitismo y sionismo. Palabras del presidente Emmanuel Macron, que afirmó sin pudor alguno el 16 de julio de 2017, en su discurso con motivo del 75º aniversario de la siniestra redada del Vél d’Hiv en París, que dijo que “el antisionismo es el antisemitismo reinventado”. Pero no es el único. Acaba justo de sumarse al ruedo asaltado por todos aquellos que afirman ser los detentores del poder de las palabras y de las ideas.

Este desliz semántico no es neutral: aquí se trata de reescribir una historia, véase transfigurarla, para que los hechos, por muy tercos que sean, se revisen a la luz de una narración que favorezca la ideología de la dominación eurocentrista. El objetivo, que la mayoría de los presidentes occidentales y sus aliados siguen defendiendo en 2017, es demostrar que el único orden mundial factible es el que elaboraron desde el final de la Segunda Guerra Mundial: un mundo aséptico que se inscribe en el marco de la modernidad acotado por la ideología fundacional del cristianismo y por un odio apenas disimulado por lo que representa el islam y todos aquellos que defienden su derecho a respetar una fe que no entra dentro de su marco de referencia basado en la certitud de que el mundo civilizado sólo puede ser blanco, formado por una cultura elaborada a partir del Siglo de las Luces. A sus ojos, nada más merece su atención. ¿Pero cómo no han visto que desde el final de la colonización su sociedad ha cambiado? ¿Ceguera, ignorancia o desmedida creencia en la predominancia de su cultura?

El caso es que se acusa a Houria Bouteldja de esta “infracción” de la ideología neocolonialista todavía presente dentro de las clases dominantes, pero cuyos ecos también son asumidos en algunas corrientes actuales de la izquierda – herederos de décadas de errores en la materia de los comunistas y socialistas -. Ha sido denunciada por palabras que jamás ha pronunciado, o cuyo sentido ha sido completamente alterado por citas truncadas. Y como por arte de magia, aquellos que la acusan a riesgo de señalarla para escarnio público y por lo tanto poniéndola en peligro, no tienen restricción alguna al citar sus palabras con gran deshonestidad intelectual, con ayuda de recortes incorrectos, tal como hizo de Gilles Clavreul, entonces director del DILCRAH (al cual le encargó el ministro del Interior en octubre de 2017 una muy improbable “misión sobre laicismo y respeto a las reglas de la vida en sociedad”). Como recuerdo, en septiembre de 2016 ese sorprendente personaje truncó vergonzosamente las palabras de Frantz Fanon y obligó a la Fundación Frantz Fanon a responder por desvirtuar los valores fraternos de la República francesa que pretendían invocar en este artículo: “Contra el antirracismo policial de Gilles Clavreul, ha sonado nuestra propia hora”.

Algunos periódicos, como el Canard Enchaîné del 15 de noviembre de 2017, llegaron incluso a publicar la dirección de su lugar de trabajo. Se le hacen juicios de intenciones, se le atribuyen palabras difamatorias, intenciones reprehensibles, pero quienes conocen a Houria Bouteldja saben que su aproximación política de la racialización apunta a trabajar sobre las condiciones de emergencia de la descolonización del poder y sobre una reflexión que concierne la intersección de la raza y la clase. Su acercamiento consiste en hacer emerger la víctima de racialización como agente de transformación social y cono cuestionador de lo que endeuda su emancipación. Habla de la desalienización del colonizado y para ello se interroga sobre las prácticas coloniales todavía bien presentes en la sociedad francesa, hasta tal punto que se puede hablar con pertinencia de racismo estructural, que rezuma en las estructuras del Estado francés y en general en las de los Estados que quieren asegurar y mantener su hegemonía.

A poco que se lean con atención los escritos de Houria Bouteldja, se entiende claramente que intenta imponer un diálogo de comprensión y de encuentro entre los “condenados” y que en ningún caso rechaza a los dominantes, pero recusa con vehemencia su marco de referencia y su aprensión del otro. Tal como apunta el filósofo americano Cornel West en el prólogo que escribió para Houria en la edición inglesa de su último libro “Los blancos, los judíos y nosotros”. Hacia una política de amor revolucionario, “ese desafío es de hecho una poderosa carga intelectual contra la inocencia imperial, así como un estremecedor grito del corazón en favor de una política indígena revolucionaria. Una política decididamente antipatriarcal, anticapitalista y antiimperialista enraizada en los actos y los sufrimientos de los pueblos colonizados”. Se trata de oír esa voz particular y dejar de asegurar que aprisiona o racializa, mientras que lo que hace es ofrecer aperturas para que los condenados salgan de la sombra. Se trata de saber de qué lado nos situamos, se trata de saber si adoptamos la postura del hombre que pregunta, del hombre en pie en el sentido “fanoniano”, o la del hombre que acepta el modo de alienación que le dictan. Se trata, en este contexto de violencia institucionalizada, de construir el camino para salir de la pegajosa opacidad a la cual son asignados los condenados, sin ninguna concesión y sin jamás dejarse alcanzar por la facilidad… No hay más alternativa que la de forzar la puerta del presente.

Entonces, si pretendemos cambiar el mundo, ser solidarios con los refugiados y con los pueblos sometidos a una colonización ilegal, lo menos que podemos hacer es apoyar a Houria Bouteldja, a riesgo de seguir defendiendo el espacio de la supremacía blanca, oprimente y alienante, mientras que otros espacios están abiertos y listos para recibir lo humano, justo lo humano. Pero en pie.

Mireille Fanon-Mendes France, para la Fundación Frantz Fanon.

Publicado el 11 de diciembre de 2017, en la web de la “Frantz Fanon Foundation”: En défense d’Houria Bouteldja : antiracisme moral ou antiracisme politique?

Para saber quién es Houria Bouteldja, leer este enlace: http://indigenes-republique.fr/solidaridad-con-houria-bouteldja-una-acusacion-que-nos-insulta-a-todos/

Traducido para UMOYA por Juan Carlos Figuira Iglesias.

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