Cómo el presidente de la RDC reclutó a rebeldes para reprimir las manifestaciones

Mientras el Presidente de la RD Congo, Joseph Kabila trataba de prolongar sus funciones presidenciales más allá del final de los dos mandatos previsto por la Constitución en diciembre de 2016, oficiales superiores de las fuerzas de seguridad congoleñas reclutaron clandestinamente antiguos combatientes rebeldes para reprimir violentamente las manifestaciones contra él, ha establecido Human Rights Watch en un nuevo informe. Los oficiales hicieron venir a al menos 200 antiguos combatientes del grupo rebelde M23 de Uganda y Ruanda, países vecinos, y les dieron la orden de matar a los manifestantes si fuera necesario y de eliminar cualquier amenaza para la presidencia de Kabila. Al menos 62 personas murieron en la represión que se produjo. El informe de HRW es el fruto de meses de minuciosas investigaciones efectuadas por un equipo experimentado que trabaja con Human Rights Watch. Los investigadores describen aquí su trabajo para descubrir la verdad.

Estas revelaciones son estruendosas. ¿Cuándo tuvieron ustedes por primera vez informaciones sobre esta cuestión?

Fue en diciembre de 2016 cuando oímos hablar por primera vez de reuniones en la provincia de Kivo-Norte, en el este de la RD Congo, en el transcurso de las cuales dirigentes locales discutían sobre la manera como antiguos miembros del M23 habían sido reclutados para proteger el apoderamiento del poder por parte del presidente Kabila. Al principio no sabíamos si se trataba o no de un simple rumor. Pero en enero, recibimos informaciones provenientes de fuentes fiables en Goma, principal ciudad del este de la RD Congo, que indicaban que combatientes del M23 habían sido reclutados en Uganda y Ruanda y enviados a la RD Congo para ayudar a proteger al presidente Kabila y a sofocar las manifestaciones previstas. Nuestras fuentes nos explicaron que conocían a los combatientes del M23 y que habían visto a algunos de ellos cuando pasaban por Goma para dirigirse a Kinshasa, la capital.

Pensamos que merecía la pena investigar, pero sabíamos que debíamos ser prudentes: los soldados que hablan kinyarwanda (lengua de Ruanda) son acusado frecuentemente de ser combatientes del M23, cuando en realidad son congoleños que forman parte del ejército desde hace numerosos años y que nunca se han unido a la rebelión del M23. Así pues, decidimos ir a Ruanda y a Uganda, donde la mayoría de combatientes del M23 ha establecido la base desde que su grupo armado violento fue derrotado en 2013.

¿Cómo lograron conectar con los antiguos rebeldes para interrogarlos?

No fue fácil. Utilizamos una red de contactos que funcionaron como aclaradores del terreno y facilitadores. Gracias a ellos pudimos dar con antiguos combatientes del M23 en campos militares y de refugiados en Uganda y en Ruanda, dispuestos a hablar con nosotros. Una vez que estábamos a solas con un combatiente del M23, nos presentábamos y explicábamos que no teníamos nada que darle, pero que queríamos dar a conocer la verdad. Dimos plena seguridad a todas las personas que interrogamos en el sentido de que podían hablarnos en plena confidencialidad y que no revelaríamos su identidad. Así fue como nos ganamos su confianza. Con el paso del tiempo pudimos reconstituir la manera como los combatientes del M23 fueron reclutados y enviados por diferentes rutas a Kinshasa, a Lubumbashi y a Goma.

De regreso a la RD Congo, conectamos también con oficiales militares congoleños que aceptaron conversar confidencialmente con nosotros sobre la integración de los combatientes del M23 en sus unidades.

¿Por qué los combatientes del M23 aceptaron participar en la operación?

Muchos nos explicaron que estaban cansados de vivir en los campos y vieron la oportunidad de regresar a la RD Congo y ser remunerados después de haber pasado años en el extranjero en condiciones a menudo miserables. Algunos declararon que se les había prometido ascenso en los grados militares y puestos prestigiosos en el ejército congoleño. Se les dijo que Kabila no confiaba en su ejército regular y que tenía necesidad del M23 sobre el que podía contar a causa de su lealtad y de si implacabilidad en la ejecución de las órdenes.

¿Cómo los combatientes fueron conducidos clandestinamente a través de las fronteras hacia la RD Congo?

Tomaron rutas diversas y no viajaron los mismos días para evitar atraer la atención sobre sus movimientos. A lo largo del trayecto, autoridades ugandesas, ruandesas y congoleñas, entre ellas oficiales militares y agentes de los servicios fronterizos, facilitaron los desplazamientos poniendo a su disposición vehículos, vuelos, uniformes militares, alojamiento, alimentación, permitiendo el paso libre.

¿Qué instrucciones recibieron los combatientes del M23 a su llegada a la RD Congo?

Se les pidió que utilizaran todos los medios disponibles para reprimir las manifestaciones, proteger al presidente y garantizar que Kabila permaneciera en el poder. Un combatiente nos contó que fueron “desplegados para hacer la guerra a quienes querían amenazar el mantenimiento en el poder de Kabila”. Recibieron la orden de disparar ante cualquier eventual amenaza o si un grupo de más de 10 personas se dirigía hacia ellos. Numerosos combatientes recibieron la orden de disparar a quemarropa. Un teniente coronel del ejército congoleño que interrogamos nos declaró que “la presencia de soldados siempre produce miedo a los civiles” y que Kabila desplegó combatientes rebeldes con el fin de que las personas que querían manifestarse “se asusten demasiado y no salgan de sus casas”. Un combatiente del M23 precisó que el que lo reclutó le dijo: “La guerra no será dura; lucharemos contra manifestantes que no irán armados”.

¿Qué sucedió cuando estallaron las manifestaciones?

El 19 de diciembre, último día del segundo y – según la Constitución – último mandato del presidente Kabila, las fuerzas de seguridad fueron desplegadas masivamente en las ciudades del país. Los grupos de 10 personas o más fueron advertidos de que serían dispersados por la fuerza. Parecía que se trataba deliberadamente de disuadir que los manifestantes bajaran a las calles. “Ciudades muertas” o huelgas generales fueron organizadas a través del país, comercios y empresas cerraron y numerosas personas se quedaron en sus casas y no llevaron a sus hijos a la escuela. Un buen número de los que se atrevieron a manifestarse fueron detenidos.

Luego, en las primeras horas de la jornada del 20 de diciembre – cuando Kabila ya no era considerado por muchos como presidente “legítimo” – más personas bajaron a las calles, utilizando silbatos, golpeando cacerolas y sartenes y gritando que el tiempo de Kabila en el poder había terminado. Las fuerzas de seguridad, incluyendo a los combatientes del M23 integrados en sus unidades, buscaron terminar rápidamente con las manifestaciones, matando al menos a 62 personas en tres días.

Las fuerzas de seguridad detuvieron igualmente a centenares de manifestantes en incluso a personas simplemente agrupadas en la calle o vestidas de rojo – que se había convertido en un símbolo de “tarjeta roja” para Kabila, en referencia al fútbol, para significar que su tiempo en el poder había terminado.

Tal y como lo relató un combatiente del M23: “Impusimos el orden en Kinshasa”. Además, numerosas familias vieron que se les rechazaba el acceso a los hospitales y a las morgues, lo que les impidió enterrar a sus muertos. Otro combatiente del M23 señaló: “Cuando había cuerpos de personas matadas a lo largo de la carretera, nos los llevábamos rápidamente para esconderlo lejos de los lugares donde la comunidad internacional podría descubrirlos”.

¿Qué fue de los combatientes del M23 después de las manifestaciones de diciembre de 2016?

La mayoría de los combatientes participaron en la operación porque habían recibido promesas de una mejor vida posterior. Esperaban poder abandonar los campos de refugiados y regresar a sus casas en RD Congo. Pero no sucedió así.

Los combatientes con los que hablamos regresaron todos a Uganda y Ruanda poco después de las manifestaciones, una vez que fue evidente que Kabila permanecería en el poder más allá del término fijado por la Constitución. Contaron que algunos permanecieron no obstante integrados en las unidades del ejército congoleño, de la policía y de la Guardia republicana, el destacamento de seguridad presidencial. En mayo comenzó una nueva campaña de reclutamiento en los campos de Uganda y Ruanda: combatientes del M23 fueron conducidos a Kisangani, en el norte de la RD Congo y se les dijo que se les preparaba para “misiones especiales”, a fin de responder a cualquier amenaza contra Kabila.

¿Qué hay de las personas tomadas como blanco durante la represión? ¿Qué historias les han conmovido especialmente?

Está el caso de ese joven taxista de Kinshasa que salió de su casa para  recoger una llamada telefónica en las primeras horas del 20 de diciembre. Los soldados le vieron hablar por teléfono y lo acusaron de “llamar a los rebeldes” y lo detuvieron. Miembros de su familia fueron a negociar su liberación, pero los soldados les dijeron que volviera a casa y que “lloraran su muerte”. Poco después, unos vecinos encontraron su cuerpo en un agujero cerca de la carretera, a unos metros solamente de su casa.

Según ustedes, ¿qué puede pasar en la RD Congo ahora?

A pesar de la creciente presión, Kabila no ha dado muestra alguna de querer abandonar sus funciones de presidente ni de permitir una transición democrática pacífica. Ha habido llamamientos a nuevas manifestaciones en las semanas venideras y existe un riesgo real de nuevas violencias.


 RD Congo: Rebeldes fueron reclutados para reprimir las manifestaciones

(Bruselas) – Oficiales superiores de seguridad en RD Congo movilizaron a más de 200 antiguos combatientes rebeldes del M23 provenientes de países vecinos para sofocar las manifestaciones contra el presidente Joseph Kabila en diciembre de 2016, ha declarado Human Rights en un informe publicado hoy, 4.12.2017. Kabila ha reforzado su control del poder y ha retrasado las elecciones, lo que suscita la inquietud de ver que las manifestaciones previstas sean de nuevo reprimidas violentamente.

El informe de 78 páginas titulado “Misión especial: Reclutamiento de rebeldes del M23 para reprimir las manifestaciones en RD Congo”, describe, apoyado en pruebas, cómo las fuerzas de seguridad congoleñas, así como combatientes del M23 reclutados en Uganda y Ruanda mataron al menos 62 personas y detuvieron a centenares durante las manifestaciones celebradas en el país entre el 19 y 22 de diciembre, cunado Kabila rechazó abandonar sus funciones tras los dos mandatos autorizados por la Constitución.

Combatientes del M23 patrullaron en las principales ciudades de la RD Congo, procediendo a detenciones o disparando a los manifestantes o a cualquier persona que pareciera constituir una amenaza para el presidente.

“Las operaciones clandestinas de reclutamiento de combatientes pertenecientes a un grupo armado violento para reprimir cualquier resistencia muestran hasta dónde el presidente Joseph Kabila y su cohorte son capaces de llegar para permanecer en el poder”, ha indicado Ida Sawyer, directora para África central de HRW y coautora del informe: “Las autoridades congoleñas deberían poner término al recurso ilegal de la fuerza contra los manifestantes y autorizar las actividades políticas pacíficas de los activistas y de la oposición política”.

Las conclusiones del informe se apoyan en más de 120 entrevistas, incluyendo en ellas a víctimas de abusos, a miembros de las familias de las víctimas, testigos, activistas locales, nueve oficiales de las fuerzas de seguridad congoleñas, responsables del gobierno y de la ONU, diplomáticos, así como a 21 combatientes, mandos y líderes políticos del M23.

Human Rights Watch ha llevado a cabo las investigaciones sobre el terreno en Kinshasa, en Goma y en Lubumbashi en RD Congo, en Uganda, en Ruanda y en Bruselas, entre diciembre de 2016 y noviembre de 2017.

Entre octubre y diciembre de 2016, en el momento en que la presión pública sobre Kabila se intensificaba, oficiales superiores de las fuerzas de seguridad congoleñas reclutaron combatientes del M23 en campos militares y de refugiados en Uganda y en Ruanda. Numerosos combatientes estaban instalados allí desde la derrota del grupo armado en el este de la RD Congo, en noviembre de 2003.

Tras haber sido trasladados a la RD Congo, los combatientes del M23 fueron desplegados en la capital, Kinshasa, así como en Goma y Lubumbashi. Las fuerzas de seguridad les dieron uniformes nuevos, armas y los integraron en la policía, y Guardia republicana, destacamento de seguridad presidencial. Oficiales congoleños – un buen número de ellos surgidos de rebeliones anteriores apoyadas por Ruanda y que posteriormente se habían integrado en el ejército congoleño – se ocuparon de ellos, les pagaron bien y les proporcionaron alojamiento y alimentación. Para proteger al presidente y sofocar las manifestaciones, los combatientes del M23 recibieron órdenes explícitas de utilizar la fuerza letal, incluyendo si fuera necesario “disparos a quemarropa”.

“Numerosos combatientes del M23 fueron desplegados para hacer la guerra a quienes querían amenazar el mantenimientos en el poder de Kabila”, ha relatado un combatiente del M23 a HRW. Otro ha explicado: “Recibimos la orden de disparar inmediatamente ante la más mínima provocación de los civiles”.

A finales de diciembre de 2016 y a primeros de enero de 2017, los oficiales congoleños reenviaron a los combatientes del M23 a Uganda y Ruanda. Muchos de ellos fueron de nuevo conducidos a la RD Congo entre mayo y julio y fueron enviados a Kisangani, en el noreste del país, presuntamente para preparar “operaciones especiales” o “misiones especiales”, a fin de responder a cualquier amenaza contra el mantenimiento en el poder de Kabila.

Como consecuencia de las violencias de diciembre de 2016 y frente a la presión internacional creciente, la coalición de Kabila en el poder firmó, el 31 de diciembre, un acuerdo para compartir el poder con la principal coalición de la oposición, bajo la mediación de la Iglesia católica. El acuerdo, llamado de San Silvestre, llamaba a la celebración de elecciones presidenciales antes de finales de diciembre de 2017 e incluía el compromiso claro de que Kabila no optaría por un tercer mandato o no modificaría la Constitución. Sin embargo, la coalición en el poder en RD Congo no ha organizado elecciones ni ha adoptado las medidas de distensión previstas en el acuerdo.

El 5 de noviembre, después de que la embajadora de los EEUU ante la ONU, Nikki Haley, visitara la RD Congo e hiciera un llamamiento a que Kabila organizara elecciones de aquí a finales de 2018, la comisión electoral de la RD Congo (CENI) ha publicado un calendario que fija la fecha del 23 de diciembre de 2018 para las elecciones presidenciales, legislativas y provinciales, esto es, más de dos años después del final de los dos mandatos de Kabila. La CENI ha citado igualmente numerosas “dificultades” financieras, logísticas, legales, políticas y de seguridad, que podrían tener un impacto sobre el calendario.

La posición política y grupos de la sociedad civil han denunciado este calendario por considerar que se trata simplemente de una nueva maniobra dilatoria para alargar la presidencia de Kabila de manera inconstitucional. Han hecho un llamamiento a que Kabila se retire antes de fin del año 2017 y a organizar una transición sin Kabila. La transición debería ser llevada a cabo por personas que no podrían ser candidatos en las futuras elecciones, han señalado, y debería tener como objetivo principal la organización de elecciones creíbles, la restauración del orden constitucional y el establecimiento de un nuevo sistema de gobernanza en el que los derechos fundamentales fueran respetados.

“El rechazo de Kabila a abandonar sus funciones tal y como lo exige la Constitución ha hundido la RD Congo en una crisis política, económica y de derechos humanos que podría tener desastrosas consecuencias para la región”, ha concluido Ida Sawyer. “Para evitar que la situación, ya explosiva, degenere, los socios regionales e internacionales de la RD Congo deberían hacer presión sobre Kabila para que se retire y permita la organización de elecciones pacíficas y creíbles”.

Stephanie Hancock  Senior Media Officer

Myrto Tilianaki Associate, Advocacy and Communications

Fuente: la web de Human Rights Watch (en francés), 4 de diciembre de 2017.

En inglés: Interview: How DR Congo’s President Hired Rebel Fighters to Crush Protests, publicado el 4 de diciembre de 2017.

Traducción y resumen: Ramón Arozarena.

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