Esclavitud en Libia: ¡Hay que apelar a la conciencia de la humanidad!

Si no nos indignamos al descubrir un mercado de esclavos en Libia, entonces nada se merecerá nunca más nuestra consideración. Frente a este drama, la responsabilidad es colectiva. ¡Es el momento de decir basta!

El artículo 4 de la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada el 10 de diciembre de 1948 estipula que: “Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas bajo cualquiera de sus formas”. Casi 69 años después, cuanta rabia siento cuando me percato de que, a menos de 3.000 km de nuestras puertas, todavía se lleva a cabo una forma moderna e inaceptable de esclavitud de refugiados subsaharianos.

De entrada, debemos decir que esta práctica entra en completa contradicción con las bases más fundamentales de los derechos humanos. Más allá de ser penalmente reprensible, esta práctica nos lleva a cuestionarnos moralmente. No nos engañemos, la existencia en este siglo de una trata de seres humanos pone en entredicho la esencia misma del principio de humanidad e interpela directamente a nuestra conciencia. También es ultrajada la visión del ser humano erigido como actor principal de nuestro modelo social. Si no nos indignamos por la deshumanización de seres humanos en apuros, entonces nada merecerá nunca más nuestra consideración.

Responsabilidad colectiva

Actualmente, la responsabilidad de este drama es colectiva. Más exactamente, es de las fuerzas responsables de la crisis libia post-Gadafi. Este último fue derrocado sin que su sustitución haya sido dotada y pensada por unas fuerzas más democráticas. El caos resultante es consecuencia de la intervención de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y la OTAN apoyados por otros países como Bélgica sobre la base de una interpretación más que amplia y extensiva de la resolución 1973 de la ONU en 2011. Dicha resolución llamaba a proteger a la población civil libia, pero concluyó con el derrocamiento y asesinato del coronel Gadafi. Esta intervención se basó en postulados erróneos, como nos lo recordó un informe reciente del parlamento británico, y en la voluntad personal de un Nicolás Sarkozy en plena campaña y con ánimo de querer garantizar unos intereses petrolíferos para Francia en Libia (en lo cual no falló, la parte francesa en la exportación de petróleo de Libia aumentó del 9 al 13% entre 2012 y 2014).

Sin embargo, la secuencia de los acontecimientos posteriores a la intervención no fue planificada, de hecho, Barack Obama reconoció que éste fue su peor error. Esto convirtió a Libia y sus alrededores en áreas sin ley, caos del que se aprovecharon Daesh y grupos armados para establecerse. Bien ayudados por las armas suministradas a las fuerzas disidentes durante la guerra y aquellas de las que disponía el ejército de Gadafi, que no sólo alimentaron el conflicto en Libia y luego sirvieron para crear nuevos incendios yihadistas en la región, sino también para armar facciones antidemocráticas que desestabilizaron ciertos países de la región, como Mali. ¡Esto debe hacer que cuestionemos la legitimidad de estas políticas intervencionistas cuyo balance hoy en día es catastrófico!

Esclavos encerrados en jaulas

El trato denigrante infligido a personas de origen subsahariano ya data de este período post-Gadafi. Previamente sometidos a abusos, su situación no ha ido mejorando. Hoy, están encerrados en jaulas y reducidos a esclavitud, lo cual es totalmente inaceptable. Frente a esta situación, no debemos permanecer insensibles y mudos. Por supuesto, las causas de esta situación también son debidas a los incumplimientos de los gobiernos y de los líderes de los Estados de los que huyen estos refugiados. Con el nepotismo, el mercantilismo, el despilfarro y la codicia de los líderes africanos, caldo de cultivo de estructuras estatales inexistentes e ineficientes, estos jóvenes sin perspectivas de futuro tienen esperanza de un futuro mejor en otra parte. Pero frente a estas imágenes que rebasan el entendimiento, se debe interpelar la conciencia humana de cada uno de nosotros e incitarnos definitivamente a cambiar de paradigma.

La esclavitud de estas personas desesperadas sólo es la punta del iceberg. Me uno a los pasos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos para denunciar esta situación, pero también para señalar con el dedo con arrepentimiento y amargura el apoyo que dio la Unión Europea a las autoridades libias en su lucha contra la emigración que, mal realizada/enmarcada, conlleva estas humillaciones y la esclavitud que padecen esos refugiados. La Unión Europea debe imperativamente dar un giro de 180º. ¡Hoy ya no podemos decir que no lo sabíamos!

África, continente del siglo

Debemos entrar en una era en la que el desarrollo de todos se convierta en la norma. El mundo globalizado en el que vivimos ya no puede seguir construyéndose sobre la depredación, la explotación y el caos de las denominadas regiones en vía de desarrollo pero que, de hecho, resultan ser la fuente del desarrollo de otros países a su costa.
Es la única respuesta duradera. Soluciones, las sabemos. Sólo se necesita un poco de valentía política para llevarlas a cabo.

Hay que aplaudir las reacciones de atletas y ciertos líderes políticos y económicos que se han movilizado por este asunto, pero la respuesta debe ser global. Muchos economistas dicen que África será el continente del siglo XXI, pero es importante permitir que se den las condiciones de este desarrollo, nos va en ello la salvación de todos.

Hemos visto Daesh, hemos visto la crisis de los refugiados sirios, hemos visto la muerte del pequeño Alayn. Hoy, vemos esto. Ha llegado el momento de decir basta y de tomar auténticas medidas para detenerlo. Todos tenemos una cita con nuestra conciencia.

Jean-Yves Kitantou *
* Jean-Yves Kitantou es un ciudadano comprometido con el voluntariado y la política.
El título del artículo publicado por nuestros colegas de “lalibre.be” es: “Una forma moderna e inaceptable de esclavitud”.

Fuente: Cameroon Voice, Esclavage en Libye : La conscience de l’humanité doit être interpellée !, publicado el 5 de diciembre de 2017.

Traducido para UMOYA por Juan Carlos Figueira Iglesias.

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