Reflexiones sobre Sudáfrica: ¿de quién es su capital y su estado?

© Daily Maverick

Aunque el acosado presidente Zuma se marchase (y fuese reemplazado por, digamos, Cyril Ramaphosa), el país seguiría sumido en una crisis política. ¿Por qué? Porque el problema yace, esencialmente, en la forma de gobierno del estado y de la economía sudafricanos; un problema que tiene unas profundas raíces históricas y sistémicas.

Resumen del primer argumento

El presidente Jacob Zuma apenas sobrevivió el reciente (9 de agosto de 2017) voto secreto parlamentario de no confiar en él. 177 miembros del parlamento votaron a favor de la moción, 198 se pronunciaron en contra y 9 se abstuvieron. Claramente, muchos miembros parlamentarios del Congreso Nacional Africano (CNA) habían votado a favor de la moción y en contra del presidente. Faltó poco. Si se hubiese llevado a cabo la moción, el presidente y su gabinete habrían tenido que dimitir enseguida. [1]

En este artículo abordo una perspectiva a largo plazo. En resumen, mi punto de vista es que el problema real (o la solución) no está en el parlamento o en el CNA. En otras palabras, aunque el presidente Zuma se marchase (y fuese sustituido por, digamos, Cyril Ramaphosa), el país seguiría lejos de superar su crisis política. ¿Por qué? Porque el problema yace, esencialmente, en la forma de gobierno del estado y de la economía sudafricano; un problema que tiene unas profundas raíces históricas y sistémicas; y yo escribo estas líneas con la intención de analizarlas.

¿De quién es el capital?

Algunas preguntas siguen sin tener respuesta. Mientras el capitalismo sigue siendo el sistema de producción dominante, necesitamos tener claro quién posee el capital. La propiedad del capital puede cambiar de vez en cuando (de manos privadas al control del estado, por ejemplo), pero hay ciertos aspectos de la propiedad que siguen siendo sustancialmente iguales. Aunque el estado se apropiase de todo el capital, seguiríamos preguntándonos: ¿de quién es el estado?

Estas dos preguntas (¿De quién es el capital? Y ¿de quién es el estado?) no se pueden pasar por alto durante esta larga lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

Diálogo con Joe Slovoe y Ruth First

Durante nuestros días en Dar es Salaam en la década de 1970, la pregunta de a quién pertenece el capital en Sudáfrica se había convertido en un tema muy controvertido entre nuestro partido en Uganda (que por aquel entonces todavía era clandestino y estaba liderado por el ahora difunto Dani Nabudere) y el Partido Comunista Sudafricano (SACP, por sus siglas en inglés). Conversamos con, entre otros, Joe Slovoe y Ruth First. Durante un tiempo, Ruth estuvo en Dar es Salaam con un traslado de la Universidad de Durham. Me había ayudado a dirigir un curso llamado “Sociedad del este de áfrica y el medioambiente” (EASE, según sus siglas en inglés), un curso obligatorio para todos los que estudiasen Ciencias Sociales. Hablamos sobre un amplio abanico de temas con Ruth y Joe siempre que Joe pasaba por Dar. Joe afirmaba que el capital de Sudáfrica era sudafricano, aunque fuese temporalmente propiedad de capitalistas internacionales. Una vez que el apartheid se acabase, el capital sería nacionalizado. Acordamos que el capital debería nacionalizarse, pero sosteníamos que no sería tan sencillo como Joe parecía sugerir.

Dejad que me explique.

La dominancia continua del capital imperial en la economía sudafricana

Cuando hablamos con Joe y Ruth, argumentamos que el denominado capital «sudafricano» no era propiedad de los bóeres, a excepción de unos pocos bancos, entre otros, por ejemplo, el First National Bank (FNB), Sanlam y Volkskas, así como ciertas tierras de cultivo. El capital «sudafricano» era propiedad de corporaciones internacionales, principalmente angloamericanas. El Standard Bank of South Africa era propiedad de los británicos y lo mismo sucedía con los otros bancos, las empresas mineras, las grandes fincas, las empresas de transporte y seguros, etc.

Comentábamos que el CNA (y otros partidos) tendría que luchar antes contra el nacionalismo bóer. No obstante, para nacionalizar los bancos y activos propiedad del capital corporativo imperial, como el Standard Bank of South Africa, habría que luchar otra guerra contra el imperialismo. No sería tan sencillo como podría parecer. Ruth se fue acercando poco a poco a nuestro punto de vista; Joe insistía que una vez que el estado fuese capturado por el pueblo de Sudáfrica, una de las primeras cosas que haría el gobierno sería hacerse con el control del capital mientras crease el socialismo.

Echemos, pues, un vistazo a los datos que tenemos hasta la fecha.

La primera vez que los bóeres de Sudáfrica se «independizaron» de los británicos fue en mayo de 1910. La segunda «independencia» llegó en abril de 1994, cuando el imperio conspiró con el CNA: más o menos, dijo a los bóeres que su era había llegado a su fin, y que debían hacer las paces con los africanos. En otras palabras, el imperio simplemente traicionó a sus antiguos aliados en Sudáfrica y le dio la espalda a los bóeres para ponerse de parte de los africanos.

En la actualidad, del mismo modo que los bóeres habían fracasado en su intento por hacerse con el control del capital imperial, el régimen post-apartheid, tras 23 años, ha fracasado en la tarea de conseguir el control del capital imperial en Sudáfrica.

El gobierno inauguró el programa Black Economic Empowerment (BEE, «empoderamiento económico de los negros»), y hasta cierto punto el capital imperialista cooperó ofreciendo acciones (e incluso vendiendo activos menores) a africanos, incluyendo, por ejemplo, a Cyril Ramaphosa. Pero el BEE dista muchísimo de crear un capital «nacional». De hecho, según mi análisis, hay muy poco «capital nacional» en Sudáfrica. La lucha de los sudafricanos por nacionalizar la economía ha fracasado drásticamente. El gobierno «independiente» del CNA ni siquiera ha sido capaz de cumplir con la promesa que le había hecho al pueblo de que recuperarían sus tierras, por no hablar de los bancos. (En el vecino Zimbabue, Robert Mugabe por lo menos fue capaz de transferir tierra al pueblo, a pesar de los inconvenientes).

En 1994, el primer plan macroeconómico de Sudáfrica, el Programa de Reconstrucción y Desarrollo (RDP, por sus siglas en inglés), parecía prometedor; pero no tenía ningún peso, no contaba con el respaldo del estado. ¿Por qué? No tienen más que echar un vistazo a lo que ocurrió justo después de la independencia. El pueblo fue políticamente desmovilizado. Viajé por Sudáfrica varias veces durante esos años y pude ver que las personas que habían dado su vida por la causa se sentían decepcionadas. El estado sudafricano contaba con el firme control del imperio (era un estado neocolonial) y lo primero que hizo fue desmovilizar a las masas.

El RDP fue sustituido por la estrategia de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR, por sus siglas en inglés), en 1996. A la estrategia GEAR la sustituyó, en 2005, la Iniciativa de Crecimiento Acelerado y Compartido para Sudáfrica (AsgiSA). Tras Thabo Mbeki, Zuma sustituyó ASGIS con el New Growth Path (NGP, «Nuevo Camino de Crecimiento»). A excepción del RDP (que duró solo dos años) todos los demás planes macroeconómicos siguieron la agenda neoliberal del imperio.

Así es cómo estamos hoy en día, nos guste o no.

El guirigay del nacionalismo

El 30 de marzo de 2017, el presidente Zuma despidió a Pravin Gordhan, ministro de economía, y lo reemplazó por Malusi Gigaba, que nombró a Chris Malikane como su consejero. Malikane se ha posicionado claramente a favor de la nacionalización. En un «artículo de opinión» que había escrito antes de su nombramiento, comentó que el gobierno debería nacionalizar los recursos nacionales del país. Durante el alboroto que se produjo tras su nombramiento, y a medida que se hablaba sobre sus ideas, lo que casi provocó el pánico incluso dentro del propio CNA, el ministerio se distanció de Malikane y aseguró a las empresas extranjeras que no tenía ninguna intención de nacionalizar sus activos.

Y ese es el objetivo de este ensayo. Veintitrés años después de la independencia de Sudáfrica de los bóeres, el gobierno no se atreve a tocar el capital imperial. No resultó sorprendente que tras la expresión pública de las ideas de Malikane, la calificación crediticia de Sudáfrica cayese a un grado de «subinversión»; y el valor de su deuda nacional se redujo a dos niveles por debajo «de la basura». El imperio echaba chispas contra el gobierno por su falta de lealtad. ¿Acaso no habría ayudado el imperio a liberar al pueblo de los bóeres? Entonces, por supuesto, no nos sorprende que el ministro Gigaba se apresurase a asegurar los capitales imperiales: «No tengan miedo. Siéntanse libres de invertir en nuestros recursos naturales. Vengan, por favor».

Y aquí es donde yace el problema de Sudáfrica.

Pasemos ahora a la segunda parte de mi pregunta.

¿De quién es el estado?

Como comentábamos antes, el meollo del asunto no está en el parlamento ni en el presidente Zuma, como líder del CNA. Permítanme que me repita: «… aunque el presidente Zuma se marchase (y fuese sustituido por, digamos, Cyril Ramaphosa), el país seguiría lejos de superar su crisis política. El problema yace, esencialmente, en la forma de gobierno del estado y de la economía sudafricano».

Antes, también vimos cómo el RDP se había convertido en GEAR, GEAR a su vez en AsgiSA, y AsgiSA en NGP. A excepción del RDP (cuyo fin llegó al poco de ver la luz), todos los demás planes macroeconómicos seguían la agenda neoliberal del imperio. Sudáfrica había abandonado su proyecto de liberación a favor de un proyecto neoliberal, y había evolucionado a una segunda fase (la primera había sido bajo el control de los bóeres) como un estado neocolonial.

Repasando a Kwame Nkrumah

Es importante que entendamos el fenómeno del neocolonialismo, porque a no ser que lo hagamos, no podremos analizar en condiciones el denominado estado «post-colonial» en África. «Post-colonial» es un concepto temporal, una noción de tiempo que no solo los políticos, sino también los círculos académicos y los medios de comunicación han utilizado para fines políticos. Muchos de ellos argumentan que el prefijo «post» indica el fin del imperio: África ahora es «independiente». Los días del colonialismo y del imperialismo se han quedado atrás. Una idea claramente falsa. Nosotros entendemos que la independencia es un logro importante, pero se manifiesta solo en un nivel político y, también, de manera parcial. La economía sigue sin estar liberada del control del imperio y hasta los políticos están comprometidos. Entre todos los líderes africanos, la persona que mejor entendió y definió el neocolonialismo fue Kwame Nkrumah. [2]

Aquí describo los cinco aspectos principales del neocolonialismo:

  1. Un estado neocolonial no niega las leyes de la oligarquía financiera internacional.
  2. Sin embargo (y este punto es importante), un estado neocolonial presenta un alto nivel de contradicción entre el imperialismo y el pueblo.
  3. El imperio, aunque puede que todavía controle la economía, no tiene un poder político directo. Opera en un contexto político distinto; tiene que utilizar agentes locales, y esto lo hace todo más engorroso que durante su gobierno político directo.
  4. La independencia política, aunque sea parcial, es un estadio importante en la lucha contra el imperialismo. El pueblo pasa a formar parte directa del proceso democrático. Los partidos políticos se crean para competir por el poder y tienen que acercarse al pueblo para conseguir votos. Los líderes políticos y el imperio suelen manipular las elecciones. No obstante, el pueblo sigue pidiendo unas elecciones «libres y justas».
  5. Ante todo, la independencia política expone las contradicciones de clases internas (la opresión y la lucha de las clases) con mayor claridad. El peligro está en que estas se ven como las contradicciones «principales» que el imperio sigue explotando y utilizando para sus propios fines.

Más de un cuarto de siglo después de su independencia política, Sudáfrica sigue siendo un estado neocolonial. Su economía sigue (a todo propósito y finalidad) bajo el control del imperio. Sudáfrica no se ha liberado del todo.

Así, la lucha continúa.

A luta continua

La siguiente fase en la lucha por la liberación tiene que desarrollarse en tres frentes: el ideológico; el estatal y económico; y el internacional. Se trata de tres ámbitos interconectados y disputados. Además, en estos tres niveles, las luchas se traducen en expresiones concretas de la historia y las circunstancias contemporáneas de Sudáfrica. Dicho esto, también es importante que aprendamos de las experiencias de otros (especialmente de los países del sur que luchan contra el capitalismo y el imperialismo). Es arriesgado generalizar, ya que las batallas a todos los niveles son complejas; así que en este ensayo solo podemos hablar en términos generales. Tan solo el pueblo de Sudáfrica, con sus constantes cambios circunstanciales, puede entender las verdaderas estrategias y tácticas.

En el plano ideológico

La batalla ideológica se encuentra en un «terreno revuelto» en el sentido de que todo combatiente principal tendrá su propia ideología y que esta será puesta en duda por otros (y, lo que es peor, incluso por gente dentro de su propio ámbito). Dentro del capitalismo, por ejemplo, hay muchas disputas ideológicas en teoría económica, principalmente entre los intransigentes neoclásicos ortodoxos representados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y los reformistas heterodoxos neo-Keynesianos socialdemócratas. [3] Estas ideologías tienen sus propios representantes en Sudáfrica a distintos niveles (en el estado, entre los círculos académicos, en los medios de comunicación, en los partidos políticos, e incluso entre los sindicatos).

Más allá de la intrusión de las ideologías imperialistas en las filas de las clases trabajadoras y la pequeña burguesía, también hay otras fuerzas que influyen a nivel comunitario y que se dividen en facciones étnicas, religiosas, regionales o de género. Los debates entre las facciones y dentro de sí mismas pueden ser muy complejos y normalmente no están al alcance de la gente de a pie. Antes comentábamos cómo ha ocurrido esto en el discurso de la izquierda por el despido de Gordhan como ministro de economía y su sustituto, Gigaba, que designó asesor a Malikane. También hicimos referencia a las ideas de Malikane sobre la nacionalización y cómo una sección de la izquierda liderada por Jeremy Cronin, del PCS, las atacó. Después de eso, Oupa Lehulere defendió hábilmente a Malikane. [4]

Es cierto que son debates importantes, pero, en mi opinión, el estilo polémico solo busca distraer y es potencialmente divisivo. Algunos ugandeses tuvimos un debate parecido en la década de 1970 y las cicatrices que dejó duraron mucho tiempo. Lo que es todavía más importante es que del debate emergió la cuestión central de quién es el principal enemigo del pueblo de Uganda. Si echamos la vista atrás, a la década de 1970 y a nuestra experiencia en Uganda, diría que el imperio (es decir, EE. UU., la UE y Japón). El pueblo también tiene sus divisiones y contradicciones, pero, siguiendo lo dicho por Mao, nosotros pensamos que esas contradicciones son «secundarias» en comparación con la contradicción «primaria» del imperio.

Según esto, la visión de los líderes del gobierno del Frente Nacional de Liberación de Uganda (UNLF, por sus siglas en inglés) pretendía resolver las contradicciones secundarias internas de la gente para, entonces, enfrentarse al enemigo principal en un frente unido. El gobierno del UNLF duró solo un año, ya que en mayo de 1980 un golpe militar derrocó a los gobernantes. Desde entonces, 37 años ya, Uganda se ha visto destrozada por esas contradicciones secundarias, y el imperio se ríe del país y aprovecha para hacerse con los recursos nacionales a costa de millones de personas que viven sumidos en la pobreza y la desesperación.

El análisis que he efectuado anteriormente me permite concluir que esto también ocurre en el caso de Sudáfrica. Durante un cuarto de siglo, la gente ha estado pagando el precio de las divisiones ideológicas de la izquierda (y no solo de los partidos políticos, sino también de los sindicatos). Está claro que no hay ningún partido vanguardista o que lidere la situación en Sudáfrica para unir al pueblo en una única trayectoria con el objetivo de lograr una «segunda» liberación del estrangulamiento ideológico del paradigma de «desarrollo» de la agenda neoliberal.

De esto se puede extraer que los líderes sudafricanos a todos los niveles (estado, parlamento, partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación y la propia academia) tienen que apartar sus contradicciones y aunar a las fuerzas democráticas para enfrentarse a un solo enemigo, tal y como se hizo durante la primera fase de la lucha contra los bóeres. En este caso es difícil, pero la ausencia de un partido que lidere este esfuerzo hace que el desafío sea todavía más complicado.

En el plano estatal y económico

Puesto que tanto la economía como el estado sudafricanos están «cautivos» por el imperio, resulta importante identificar a los elementos que actúan como «compradores» o intermediarios en el estado y la economía, y que sirven a los intereses imperialistas, además de evaluar el grado de control que tienen en la política estatal. Estimo que, en la actualidad, la cifra de intermediarios no alcanza más de mil individuos.

Anteriormente, comentamos que, durante la independencia, el imperio puso un cebo para una pequeña minoría de empresarios africanos, seguidos por el proyecto BEE del gobierno. Esto no logró cambiar el hecho de que la economía seguía estando en manos del capital imperialista. Incluso el Old Mutual, por poner un ejemplo, que se creó con los ahorros de los trabajadores, se «desmutualizó» después de la independencia, tras lo cual se fue a Reino Unido y se convirtió en una parte más del capital imperialista. De hecho, la mayor parte de las grandes propiedades de Johannesburgo y de otras ciudades grandes, como los bancos, las aseguradoras, las compañías navieras, las empresas de exportaciones e importaciones o las empresas mineras siguen estando en manos del capital financiero global.

Así, en vez de analizar estos elementos en detalle, la izquierda sudafricana se ha centrado en lo que yo considero un debate inútil sobre si el estado está cautivo por un «monopolio», «blanco», «mayoritariamente blanco», «abrumadoramente blanco», «de mayoría blanca» o por un «monopolio de capital establecido». Este fue el inútil debate que se produjo tras el ataque de Cronin a Malikane (después de todo, Malikane solo expresó su opinión personal). Lógicamente, no creo que la idea de Malikane de nacionalizar los recursos nacionales de Sudáfrica pueda llevarse a cabo oficialmente sin provocar un contraataque enorme por parte del capital imperial, como indica la reacción los mercados de inversión y del crédito financiero mundial. En realidad, Malikane tiene razón en que los recursos tendrían que estar en manos de Sudáfrica, pero para que eso ocurra, hace falta una estrategia concreta: una estrategia con fases y tácticas sofisticadas para liderar a las masas. Los planes económicos (GEAR, AsgiSA o el NGP) actuales son planes macroeconómicos neocoloniales y no sirven para liberar a la nación.

Y esto nos lleva al tercer plano: el internacional. La independencia política, pese a sus deficiencias, ha permitido que los líderes de Sudáfrica interactúen con fuerzas que están fuera del control del imperio.

En el plano internacional

Este es un tema muy amplio que requiere un tratamiento totalmente separado. Sin embargo, hay algunos problemas que podemos adelantar aquí para su posterior discusión.
Todo observador objetivo de la escena geopolítica global debería tener claro que se está produciendo un cambio fundamental en la economía internacional y en la política de poder.

Para empezar, Occidente está viviendo una crisis profunda, mucho peor que la crisis de la década de 1930. Esta crisis no se puede explicar con el concepto economista generalizado de los altibajos «cíclicos» de la economía. La crisis es, en realidad, estructural y sistémica. En los EE. UU., lo que se ha dado en llamar el «estado profundo» lucha por no ceder terreno ante los ataques del presidente Trump. Tanto los republicanos como los demócratas están en estado de asedio y, juntos, luchan contra Trump con la ayuda del «establishment», que también incluye a los medios de comunicación.

Europa, a su vez, se está fragmentando, como se pudo ver con el Brexit. Y hay otros movimientos protonacionalistas en el resto de Europa que ya han desafiado la legitimidad de las instituciones no democráticas que se encuentran en Bruselas. Lo único que todavía mantiene unido a Occidente es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). No obstante, si la OTAN pretende sobrevivir, Occidente tiene que «inventarse» nuevos enemigos: Corea del Norte, Irán, Yemen, Rusia, China, etc. Parece mentira que, con el cerco militar americano y de la OTAN al mundo entero, los gobiernos occidentales hagan sentir a sus propios pueblos que son ellos los que están bajo asedio. Increíble.

También existía el grupo del G7 (formado por EE. UU., Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Japón y Canadá), cuyo propósito era estabilizar el sistema global. En cierto momento, se le extendió una invitación a Rusia, con lo que el grupo pasó a ser el G8, pero no funcionó. En la actualidad, el G7 se ha convertido en el G20: una invención de los países occidentales para reconocer que tienen que ajustarse a la nueva realidad, la de Rusia y los países emergentes del Sur global. Alemania ostenta la presidencia del G20 en 2017, y el objetivo de este grupo es apoyar las inversiones privadas, las infraestructuras sostenibles y el empleo en los países africanos, así como contribuir a la Agenda 2063 de la UA, conocida como «Compact with Africa» (Pacto con África) que Alemania lidera. En realidad, su propósito es más bien recuperar el terreno económico y político que Europa y América han perdido en África. [5]

A su vez, China comienza a tomar las riendas de la economía global. Su proyecto «Yī Dài Yī Lù» («Una Franja, Una Ruta») es un plan ambicioso y desafiante con dos «rutas»: la de tierra, la «Nueva Ruta de la Seda», y la Ruta de la Seda Marítima. Estas rutas cubrirán enormes zonas de Europa central y occidental, así como de Asia y África, y permitirán que se amplíen el comercio y las inversiones chinas. China se ha unido al capitalismo, pero lo ha adaptado a sus propias necesidades y circunstancias, gracias a casi 3.000 años de historia y a la revolución maoísta. De la misma manera, China ha aconsejado a los países africanos que escojan su propio camino para el desarrollo. Ahora, China favorece el libre movimiento de bienes y capital, pero protege mucho a sus industrias y su tecnología (que está acortando distancias con la de Occidente) y vigila el libre movimiento de servicios. China habla de «globalización económica», no de «globalización neoliberal». En la conferencia de Davos de este año, el presidente Xi Jinping pronunció un discurso muy inteligente y bien planteado, en el que, a grandes rasgos, decía que China no está preparada para hacerse con el liderazgo del mundo, pero que quizás se vería obligada a hacerlo, porque EE. UU. y Europa ya no tienen la capacidad moral y material para liderarlo. [6]

Y podría seguir hablando de esto. Sudáfrica (y también el resto de África) se ha beneficiado de que China (y Rusia) se haya enfrentado a 500 años de hegemonía occidental. Sudáfrica debería aprender de China y mantener, a su vez, una posición firme de negociaciones con ella, sobre todo en lo que a inversiones se refiere. Sudáfrica es el único miembro africano del G20, pero en realidad está actuando de manera servil a la dominancia de Occidente. China también es miembro el grupo, pero conoce sus límites y se está labrando su propio camino independiente en el G20.

Conclusiones

Permitidme que resuma los puntos fundamentales de lo que he expuesto anteriormente.

1. Sudáfrica sigue siendo una neocolonia, aunque ahora está en su segunda fase. La primera lucha por la independencia sudafricana vino con los bóeres. El primer estado neocolonial duró desde 1910 hasta 1994.

2. En la actualidad, Sudáfrica está sumida en la segunda fase de la liberación, pero esta vez la liberación del imperialismo. La independencia política de los bóeres fue una etapa importante en la lucha contra el imperialismo. La gente entra ahora en el proceso democrático directamente, y la independencia política, pese a ser parcial, ha aumentado el nivel de la contradicción entre el imperialismo y el pueblo. Los partidos políticos han aprendido a competir por el poder y tienen que llegar al pueblo para pedir sus votos. Las elecciones suelen estar manipuladas por los líderes políticos y el imperio. Sin embargo, la gente sigue pidiendo elecciones «libres y justas». Eso es bueno.

3. ¿Quién tiene el capital en Sudáfrica? Este sigue, principalmente, en manos de las empresas globales imperialistas. El proyecto BEE no ha conseguido crear (y no puede crear) capital «nacional». Así, el imperialismo sigue siendo el principal enemigo del pueblo. El imperio, aunque todavía controla la economía, ya no tiene control político directo y tiene que usar agentes locales en el estado y la economía. Estos intermediarios o «compradores» son unos 2.000, aproximadamente. [7] A través de ellos, el imperio sigue explotando al pueblo y los recursos naturales de la tierra.

4. Inmediatamente tras la independencia de los bóeres en 1994, las masas se desmovilizaron políticamente y acaba de empezar su removilización de nuevo. Yo marcaría la fecha del ascenso de Julius Malema para expresar las frustraciones de la juventud y las masas. [8]

5. Las élites políticas dominantes no tienen claridad ideológica y siguen estando bajo la influencia estranguladora del paradigma neoliberal del «desarrollo». Este ahoga tanto a la economía como a la gente.

6. No obstante, hay ciertos desarrollos positivos en el plano de la geopolítica global. Occidente sigue inmerso en una crisis económica, política y moral. El ascenso de China y Rusia ha provocado que se haya abierto espacio para Sudáfrica (pero también para otros países del Sur global). El G20 es parte de la agenda imperialista. Sudáfrica, como único miembro africano, debería plantear las demandas y peticiones de los pueblos de África y no servir a Occidente.

7. No hay un partido político líder claro y esto provoca que las actuales élites políticas «jueguen a ser políticos» con las contradicciones secundarias entre la gente. La ausencia de un partido político de vanguardia hace que el desafío de unir a la nación para luchar contra el imperialismo en esta segunda fase sea abrumador. Temo que, sin un partido político líder, va a ser un luchar muy larga.

Yash Tandon

Notas finales

[1] Tengo un apego personal, político y muy duradero hacia las luchas por la libertad en Sudáfrica, así como hacia el futuro de nuestros pueblos en toda la región. Soy de Uganda y junto con otros camaradas de Uganda, Kenia, Mozambique, Zimbabue o Sudáfrica, fuimos invitados (como demandantes de asilo) de Mwalimu Nyerere en Tanzania durante la década de 1970. Entre mis camaradas había gente del CNA, del Congreso Panafricano (PAC, por sus siglas en inglés) y del Movimiento de Conciencia Negra (BCM, por sus siglas en inglés). Nosotros luchamos nuestras batallas (en nuestro caso contra Iddi Amin), pero también tuvimos debates sobre cómo se podría liberar el continente del imperialismo y del racismo. Durante ese período y en la década de 1980, visité Sudáfrica a través de rutas subterráneas organizadas por los camaradas sudafricanos. En 1997, fundé una organización no gubernamental llamada Instituto de Negociaciones e Intercambios de Información del África Oriental y Austral (SEATINI, por sus siglas en inglés), con oficial virtual en Sudáfrica.

[2] Véase: Kwame Nkrumah, (1965) Neo-Colonialism, The Last Stage of Imperialism. London, Thomas Nelson & Sons, Ltd.

[3] Véase: Erik Reinert, Jayati Ghosh and Rainer Kattel (eds.), Handbook of Alternative Theories of Economic Development, Edward Elgar, 2016

[4] Véase: Oupa Lehulere, «Cronin & Company Harness Marxism to the Service of White Monopoly Capital», Khanya College journal, Nº 36, Edición especial, Abril-Mayo 2017. http://khanyajournal.org.za/cronin-company-harness-marxism-to-the-servic…

[5] Si desea leer un análisis más detallado, consulte mi informe: «G20: the second Berlin War against Africa», publicado el 13 de julio de 2017. Disponible en: http://yashtandon.com/g20-the-second-berlin-war-against-africa/

[6] Si desea escuchar el discurso completo del presidente Xi en Davos, puede hacerlo en: https://www.weforum.org/agenda/2017/01/full-text-of-xi-jinping-keynote-a…

[7] «Comprador» es un término que se empezó a usar en el Partido Comunista Chino para describir a aquellas personas que actúan como agentes del imperio, a través del comercio, las inversiones y la política.

[8] Julius Malema fue presidente de las juventudes del CNA desde 2008 hasta 2012. En 2013, fundó el partido de los Luchadores por la Libertad Económica, para enfrentarse en las elecciones contra el CNA.

Fuente: Pambazuka News, Reflections on South Africa: whose capital, whose state?, publicado el 31 de agosto de 2017.

Traducido para Umoya por Raquel de Pazos Castro y Miguel Borrajo González.

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