La eco-agricultura es el futuro, aunque África no lo sepa

«Cada vez que la agricultura industrial se jacta de haber conseguido una producción récord, la naturaleza sufre las consecuencias: la destrucción masiva del suelo, la gran pérdida de la biodiversidad, el acaparamiento de tierras o los monocultivos intensivos tratados con productos químicos, esas sustancias nocivas que dañan y destruyen el medioambiente». Foto: Ouestafnews

La eco-agricultura es el futuro, aunque África no lo sepa

África es el pariente pobre de la agricultura biológica. Según los datos de 2016 procedentes de la Agencia Francesa para el Desarrollo y la Promoción de la Agricultura Biológica, de los 43,7 millones de hectáreas cultivadas en el mundo, África solo representa el 0,1%, es decir, 1,3 millones de hectáreas. Sin embargo, algunos africanos se dedican en cuerpo y alma a promover este tipo de agricultura. Abogada de profesión, la nigeriana Mariann Bassey Orovwuje es una de ellos. Como prueba, es la coordinadora del programa de soberanía alimentaria en la ONG Amigos de la Tierra y preside la Alianza Africana por la Soberanía Alimentaria (AFSA). Además, en 2017, ha sido premiada por Jeunes volontaires pour l’environnement (Jóvenes voluntarios por el medioambiente), una ONG creada el 23 de noviembre de 2001. En esta entrevista exclusiva para Ouestafnews, Mariann Bassey explica las ventajas de este tipo de agricultura en África y, sobre todo, la falta de compromiso político que impide que la agricultura ecológica eche raíces.

Ouestafnews: Fue premiada por la asociación Jóvenes Voluntarios por el Medioambiente. ¿Qué ha hecho para merecer ese premio?

Mariann Bassey-Orovwuje: Esa pregunta debería hacérsela a los que me lo concedieron. No obstante, en la ceremonia de recepción, explicaron que me otorgaban esta distinción como recompensa a mi pasión y a mi fuerte compromiso. También, se mostraron satisfechos con la forma en que gestiono la presidencia de la Alianza Africana por la Soberanía Alimentaria (AFSA). Por tanto, es un premio a mi liderazgo.

P: ¿Qué es y cómo se practica la agricultura ecológica?

R: La agricultura ecológica destaca por su armonía con la naturaleza. Implica un amplio sistema de prácticas alimentarias y de cultivo respetuosas con el medioambiente. Esto conlleva una producción orgánica diversificada que alcanza o incluso supera los estándares del Programa Nacional Orgánico de Estados Unidos.
La agricultura ecológica promueve la diversidad de especies y de variedades de cultivo. Este tipo de agricultura regenera y restaura la naturaleza. Es un método a favor de la naturaleza y no en contra de ella. De momento, la eco-agricultura la practican productores pequeños a nivel familiar.

P: ¿Por qué deberíamos favorecer la agricultura ecológica si necesitamos producir más para cubrir nuestras necesidades alimentarias?

R: En África no hay problemas de producción. Al contrario, este continente podría incluso alimentar al mundo entero. Ahora, lo que sí necesitamos son infraestructuras básicas como lugares de almacenamiento, buenas carreteras para transportar la producción, electricidad, etc., siempre con el fin de proteger la producción de los campesinos.

Somos conscientes de que se fomentan los organismos genéticamente modificados (OGM). Los partidarios de la agricultura industrial los defienden a capa y espada como si fueran la piedra angular de la producción en masa.

Ahora bien, este paradigma se fundamenta sobre falsas premisas. Las investigaciones y los experimentos demuestran que cada vez que la agricultura industrial se jacta de haber conseguido una producción récord, la naturaleza paga las consecuencias: la destrucción masiva del suelo, la gran pérdida de la biodiversidad, el acaparamiento de tierras o los monocultivos intensivos tratados con productos químicos, esas sustancias nocivas que dañan y destruyen el medioambiente. Por el contrario, la agricultura ecológica ofrece grandes beneficios que, además, son sostenibles.

Para ello, hay que tener muy claro que la producción alimentaria no es solo un asunto de rendimiento. Debe llevarse a cabo de tal manera que esté en armonía con la naturaleza. Esa forma, justamente, es la agricultura ecológica y no la industrial, que es un factor de destrucción.
Un informe de la FAO, publicado en junio de 2015, destaca que las malas conductas medioambientales de la agricultura industrial le cuestan al planeta 3000 millones de dólares al año. África ofrece la posibilidad de practicar una agricultura sana. Estamos cansados de las artimañas de las multinacionales, de las grandes empresas y de otras más pequeñas que vienen a imponernos su punto de vista y sus «soluciones», que en realidad son catastróficas para nosotros.

P: Si la comparamos con la convencional, ¿cuál es la contribución de la agricultura ecológica a la lucha por la soberanía alimentaria?

R: A nivel tradicional, la agricultura ecológica se centra sobre todo en la producción alimentaria. Nuestros antepasados practicaban la agricultura y se esforzaban de corazón por cuidar y conservar la naturaleza al mismo tiempo que conseguían suficientes alimentos de buena calidad para alimentar bien a toda la comunidad. Esto es lo que hoy llamamos soberanía alimentaria. Tenían el control total de su producción o, en otras palabras, sin la presencia de manos ajenas.

La agricultura ecológica es el pilar fundamental de la soberanía alimentaria porque promueve la producción sostenible y controlada de manera democrática y, además, lucha contra la influencia de las empresas en la cadena alimentaria. Los métodos de la agricultura ecológica incluyen el cruce de especies, el compostaje, la rotación de cultivos, el control biológico de insectos, etc.

Las investigaciones demuestran que estas prácticas mejoran la salud del suelo y la productividad, reducen el impacto energético y el uso de productos químicos y preservan las fuentes de agua, principalmente en las regiones que sufren ciclos de sequía. Hoy en día se ha demostrado en todo el mundo que la agricultura ecológica funciona. Desde 2013, AFSA ha reunido 50 estudios de casos que abarcan 22 países africanos y que demuestran cómo, sin lugar a dudas, la agricultura ecológica es el futuro del continente. Estos estudios han documentado una amplia variedad de planteamientos colectivos que incluyen varios millones de cultivadores.

P: Desde que la agricultura ecológica se introdujo en África subsahariana en los años 1980 y 1990, no se ha conseguido que se practique en grandes superficies. ¿Qué es lo que bloquea su expansión?

R: El fracaso de nuestros gobernantes a los que, en primer lugar, les cuesta poner en práctica la agricultura ecológica.

Nuestra última publicación en AFSA, denominada L’agriculture écologique, la clé du futur, (Agricultura ecológica: la clave del futuro) muestra, a través de estudios exhaustivos, numerosas pruebas que indican que los agricultores africanos cuentan con todo el potencial para alimentar al mundo y de manera saludable. Hoy en día se necesita una reorientación de las políticas y de las prioridades de investigación, que deben alejarse de la agricultura industrial y concentrarse en la ecológica.

En la práctica actual, lo cierto es que las subvenciones y las exenciones de impuestos favorecen a las empresas en detrimento de los productores locales y de las comunidades indígenas. Ahora bien, debemos centrarnos más bien en aprovechar la experiencia de los agricultores locales, quienes saben de verdad cómo trabajar la tierra. Respecto a esto último, nos convendría dar más importancia a la experiencia y a las innovaciones de los trabajadores locales, en lugar de a las importaciones tan caras, como los pesticidas y
las semillas genéticamente modificadas.

P: ¿Qué lugar ocupan las mujeres en este tipo de agricultura?

R: Sin duda, las mujeres desempeñan un papel importante. En la mayor parte de las comunidades africanas, la agricultura está en manos de las mujeres, quienes tienen la responsabilidad de asegurarse de que haya suficiente alimento en sus hogares. Esto quiere decir que las mujeres deben ser partícipes de la toma de decisiones.

FD-MN/AD

Fuente: Farmlandgrab, L’agro-écologie est le futur mais l’Afrique l’ignore (activiste), 15 de noviembre de 2017.

Traducido para Umoya por Begoña Carrasco González y Ana Olarte de Santiago (Universidad de Salamanca).

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