Dany Ayida: «la transición tendrá lugar en Togo de aquí a 2020»

Aquí se presenta la entrevista de Dany Ayida, realizada por nuestro compañero, el Indépendant Express.

Escritor y ensayista, Dany K. Ayida es un experto internacional en gobernanza democrática, así como el Representante Residente del Instituto Nacional Demócrata (NDI) para los Asuntos Internacionales en la República Democrática del Congo (RDC). En esta entrevista exclusiva concedida a nuestra redacción, elabora un análisis bastante preciso y objetivo sobre la crisis política togolesa. Aunque nuestro entrevistado considera que el referéndum propuesto por el Gobierno togolés y la recomposición unilateral de la Comisión Nacional Electoral Independiente (CENI) son actos desafiantes, comprende que, en estas condiciones, resulte difícil esperar a que la oposición se muestre dócil y conciliadora, de ahí que esta reivindique la salida del poder de Faure Gnassingbé. También se lamenta del estancamiento de la crisis, pero confía en que la transición tendrá lugar de aquí a 2020 en Togo. ¡Sigan leyendo!

Buenos días, Dany Ayida. Finalmente, la situación sociopolítica togolesa se ha estancado, el poder y la oposición siguen obstinados en sus decisiones, a pesar de los muertos y de los heridos que el país sigue registrando. Señor Ayida, ¿cuál debe ser la solución para que Togo salga de la crisis?

Gracias por la oportunidad que me está dando su periódico para compartir con mis conciudadanos lo que pienso sobre esta situación política tan dramática que atraviesa Togo, nuestro país. En efecto, la situación que acaba de describir es preocupante. Hay que tener el corazón muy duro para no darse cuenta de ello. Sin embargo, al mismo tiempo, no puedo decir que este clima de tensión sea una sorpresa en el contexto tan particular que presenta nuestro país. Los sobresaltos que hemos estado presenciando desde el mes de agosto de este año son la consecuencia de la acumulación de muchos años de acciones fallidas en el plan de desarrollo político de Togo. Algunos creyeron que era posible intercambiar el deseo de cambio del pueblo togolés por una forma de Gobierno que no satisfaría las bases del Estado de derecho democrático.

La Unión del Pueblo Togolés (RPT), liderado por el general Eyadéma, consiguió dar el golpe de Estado después de la Conferencia Nacional y, de este modo, acabó con el atisbo de apertura política. En 2015, Faure Gnassingbé sucedió a su padre en las circunstancias que todos conocemos [fue el ejército quien lo nombró presidente de manera precipitada a través de una reunión de la Asamblea]. Por ello, fue incapaz de crear las condiciones ideales para instaurar una verdadera democracia. Más bien, al contrario: ha reforzado la privatización del Estado.

Me pregunta cuál podría ser la solución: creo que la hay y que es esencialmente togolesa. Estoy convencido de que, si, tras 27 años, no hemos sido capaces de cambiar la situación, significa que nunca aplicamos métodos eficaces para resolver nuestra situación.

Antes de nada, tenemos que ponernos de acuerdo en el problema que nos atañe a todos. Por mi parte, considero que no tiene que ver con la calidad o la naturaleza de las instituciones, ni con los documentos que deben regular nuestro Estado. Los constitucionalistas, que critican esta cuestión desde hace algún tiempo, ¡están completamente equivocados! El problema de Togo está relacionado con los ajustes estructurales necesarios para que la República sea viable. Estos ajustes conciernen a las entidades, cuyo emplazamiento y tareas deben estar claramente delimitados y dirigidos a transformar Togo en un país donde prevalezca el derecho democrático.

Puede que mi respuesta no sea tan clara como usted desearía. Para ser más claro, diría que la solución a nuestro problema reside en nuestra capacidad de otorgar a la palabra «cambio» un sentido que tranquilice a la mayoría de nuestros conciudadanos mediante la garantía de una mejora en los mecanismos nacionales de gestión pública. Hoy en día, hay personas y organizaciones que consideran que la democracia a la que aspiran los togoleses no les da lo que les corresponde por pleno derecho. Por ello, hacen todo lo posible por evitar cualquier tipo de cambio en el Gobierno del país.

Actualmente, frente al statu quo, la oposición togolesa revisa sus reivindicaciones al alza y pide que Faure Gnassingbé se retire del poder. ¿Es una reivindicación legítima y justificada?

Mi opinión sobre el régimen que dirige Togo desde 1967 siempre ha estado clara: no es una democracia. En Togo, la oposición política (partidista) ha logrado poner en la cuerda floja a este régimen después de más de 20 años de statu quo. Asimismo, ha preparado una plataforma de reivindicaciones políticas a la que el Gobierno ha respondido con la indiferencia. Se consideran actos desafiantes la iniciativa del referéndum llevado a cabo por los diputados del Movimiento Nacional de la Unión por la República (UNIR-MN), así como la recomposición unilateral de la CENI. En estas condiciones, será difícil que la oposición se muestre especialmente dócil y conciliadora.

Pienso que la coalición de la oposición muestra bastante destreza en su lucha política actual con el poder del UNIR-MN. La promesa a la que se refería usted es el resultado natural de la ausencia de confianza (incluso debería hablar de una ruptura de la confianza) entre los protagonistas. Desde mi punto de vista, esta situación trágica atañe al presidente de la República, que destaca por su silencio y da la impresión de que todo lo que pasa no es, en absoluto, asunto suyo. En estas condiciones, creo que la oposición no tiene por qué formalizarse para mantener la presión.

Además, considero que es importante entender que la solución a esta crisis no puede ser única: no existe ninguna facilitación internacional que pueda ayudar a regular, de manera duradera, las cuestiones principales que dividen al pueblo togolés. Hay que realizar esfuerzos internos. Asimismo, algunos de los cambios que se esperan deben integrarse en un proceso evolutivo.

Forma parte de los que piensan que las Fuerzas Armadas togolesas son parte de la solución para llegar a una solución definitiva de la crisis togolesa. Entonces, ¿cómo y quién puede establecer un contacto con el ejército con vistas a una transición pacífica en Togo?

El ejército posee el poder real del Estado. Desde nuestra independencia, es una de las instituciones más desarrolladas del país. Durante 38 años, el general Eyadéma ha vinculado el ejército a su gestión del Estado (no por la defensa del territorio nacional, sino por la conservación y la protección del poder público, cuyo depositario es el jefe de Estado). En 2005, el ejército fue quien llevó a Faure Gnassingbé al poder y todo lo que sucedió a continuación simplemente fueron formalidades de carácter institucional. Algunos dicen que Togo lo gobierna una familia. En realidad, la familia Gnassingbé asegura la gestión (civil) del Estado, cuyas prerrogativas esenciales pertenecen a las Fuerzas Armadas Togolesas (FAT).

Si los políticos consiguen llegar de nuevo a un acuerdo para organizar elecciones consensuadas, es muy probable que este compromiso se ponga en tela de juicio a la hora de su ejecución. Entonces, hay que abordar el problema desde la raíz.

No existe una solución como tal para incluir al ejército en el debate público por el cambio democrático. Sin embargo, creo que todos saben cuál es el peso de la entidad militar en la ecuación del Gobierno democrático de Togo.

El planteamiento es, al mismo tiempo, simple y complejo: no hay que considerar la regulación de la crisis solo como un proceso electoral clásico, sino que hay que emprender una transformación institucional del país. El cambio podría desarrollarse como un proceso político más integrador, que incluyese al ejército como un componente cuyo rol habría que redefinir. Debemos acercar a los responsables de este ejército (a los oficiales y a los que están en la sombra) a los retos que implicarán los cambios que queremos realizar. Hay que ponerse de acuerdo sobre los efectos que tendrán estos cambios en las prácticas del sistema existente y sobre las medidas de acompañamiento para atenuar sus consecuencias. Hay que conseguir una solución togolesa dirigida por personas y entidades nacionales que sean capaces de dirigir la situación.

Si se tienen en cuenta las condiciones en las que se ha concebido el Estado moderno de Togo, no será fácil construir una nación fuerte y poner en marcha una democracia viable. Se necesitará mucho tacto y ahora nos toca a nosotros trabajar para conseguirlo, aquí, en nuestro país.

El pasado viernes, usted dirigió una conferencia sobre el compromiso ciudadano de los actores de la sociedad civil togolesa para lograr una democracia viable en el país. ¿Qué papel va a desempeñar este compromiso en la crisis actual?

El compromiso ciudadano al servicio de Togo en este contexto de cambios políticos debe ir más allá de los métodos tradicionales y de las organizaciones civiles. Ya no es el momento de seminarios y cursos prácticos de formación o de la participación ciudadana acomodada en el marco de los procesos políticos públicos. Hace falta que la sociedad civil, en su diversidad, se organice, se comprometa e influya en el debate público. Debe solucionar las carencias del Estado, convertirse en la voz de los que no tienen voz, constituir una fuerza de proposición y, respecto al resto de actores, hay que hacer valer su deber de ingratitud para defender el interés general.

Esto destaca sobre todo en un momento en el que las libertades y el espacio público están limitadas. Considero que la sociedad civil actual es demasiado dócil, demasiado cortés: mantiene algunas relaciones con el Estado, de carácter casi incestuosas, con las que hay que acabar.

Como Facilitador, Experto Internacional en Gobernabilidad Democrática y nacionalidad togolesa, ¿cuál es su opinión sobre la lucha democrática que la oposición togolesa lleva a cabo desde la famosa fecha del 5 de octubre de 1990 y sobre la resistencia del régimen togolés que intenta, por todos los medios, mantenerse en el poder?

A esta pregunta le dediqué todo un libro. Se trata de un ensayo político que publiqué el pasado mes de mayo y cuyo título es Togo, le prix de la démocratie (faits et méfaits d’un processus politique raté) [Togo: el precio de la democracia (aciertos y defectos de un proceso político fallido)]. Si le soy sincero, creo que la oposición togolesa (que ha ido cambiando con el paso de los años) ha intentado acabar con la dictadura en Togo de diversas maneras. En muchas ocasiones, sus esfuerzos no han merecido la pena porque los métodos de lucha no estaban adaptados al tipo de sistema contra el que se enfrentaba.

No obstante, la oposición en Togo ha demostrado gran valentía en su compromiso, por encima del carácter brutal del régimen. Algunos líderes de la oposición, como Tavio Amorin, Marc Atidepe y muchos otros, se dejaron la vida en ello. Hace bien en hablar sobre “resistencia” al régimen, puesto que tanto el RPT ayer, como el UNIR-MN hoy, nunca han aceptado que tenga lugar el cambio en el país. El Estado togolés, que estaba bajo el yugo de Eyadéma, ahora es objeto de una clara patrimonialización, que lleva el nombre de Faure.

La oposición que tenemos actualmente, esa que rechaza el régimen del hijo de Eyadéma, es coyuntural, todavía no tiene una base sólida. La necesidad ha empujado a los líderes de catorce partidos políticos a trabajar juntos. Este tipo de organizaciones pueden enfrentarse a graves desventajas si la crisis se prolonga. Estas desventajas sucederían, por ejemplo, si la unidad de acción no se basara en un plan de acción común.

En el plan estratégico, esta oposición también sufre cierto retraso sobre el poder que multiplica las maniobras. Quizás le haga falta encontrar los recursos y recurrir a la experiencia necesaria para optimizar su posición actual, teniendo en cuenta las confrontaciones que tendrán lugar en algún momento; estas últimas tienen que ver con la gestión de las calles, las negociaciones políticas y el proceso electoral implícito.

Si se tienen en cuenta todas las restricciones y las relaciones políticas, ¿será posible la transición en Togo en el año 2020?

¡No me cabe ninguna duda! El cambio no solo será posible en nuestro país, sino que se realizará de aquí al año 2020. Hay algunas limitaciones y obstáculos que tenemos que superar. Para ello, hace falta que todas las fuerzas democráticas (que no son partidarias) sean más perspicaces y mejoren sus planteamientos. Como saben, a grandes males, grandes remedios. No hay que descuidar la capacidad dañina del régimen. Personalmente, estoy tan comprometido con lograr el cambio como tantos otros miles de togoleses. Y ahora no vamos a dar marcha atrás. Nuestra mayor dificultad es realizar un cambio que tranquilice al conjunto de actores de la sociedad civil, al mismo tiempo que refuerce las bases del Estado togolés, que debe asegurar la felicidad de todos y cada uno de los habitantes.

Muchas gracias por su tiempo, Dany Ayida.

Muchas gracias a ustedes. Me gustaría felicitarles por su gran profesionalidad, teniendo en cuenta el contexto tan negativo en el que está sumido nuestro país en estos momentos.

Entrevista realizada por Sylvestre K BENI

Fuente: Togo Site: Togo: Dany AYIDA: « L’alternance va se réaliser d’ici à 2020 au Togo », publicado el 15 de noviembre de 2017.

Traducido para UMOYA por Sandra Iscan Luengo y Marcos Orcástegui Herbera (Universidad de Salamanca).

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