Las guerras híbridas en el Cuerno de África

Las guerras híbridas (8): en el Cuerno de África (IIA)

Se recomienda leer la Introducción y las secciones IA y IB [están en inglés] antes que este capítulo.

horn-eA nivel mundial, el Cuerno de África es la segunda localización geoestratégica más importante del continente tras África del Norte, puesto que se extiende a lo largo del mar Rojo, un área vital en materia de comercio, y provee acceso internacional a la economía de más rápido crecimiento del mundo: Etiopía. En este sentido, los países costeros adquieren una doble importancia, marítima y terrestre, a través de la cual sus territorios pueden usarse al mismo tiempo para ejercer influencia sobre las vías navegables y el interior de la región. Es más, en lo que se refiere al mar Rojo, esta masa de agua ocupa un papel crucial en la gran estrategia de China, ya que resulta la ruta más conveniente geográficamente para facilitar el transporte de bienes entre el país de Asia oriental y la Unión Europea, un tránsito que se espera que aumente considerablemente cuando se finalice la Ruta de la Seda de los Balcanes dentro de pocos años. Debido a la importancia que China le concede a la gran estrategia One Belt, One Road (conocida en castellano como “La Nueva Ruta de la Seda”) y a la necesidad que tiene el país de mantener y fortalecer sus mercados extranjeros (sobre todo el de la Unión Europea, enorme y más prometedor que nunca) para sustentar la estabilidad interna y el crecimiento a largo plazo, el gigante asiático tiene, lógicamente, un interés inherente en preservar la estabilidad en el Cuerno de África para salvaguardar su línea de comunicación marítima con Europa. Por razones similares, China también quiere acceder a la economía aliada etíope y ayudar a la maximización de su potencial para ejercer una influencia estratégica en el país africano que le permita fortalecer su presencia en zonas situadas más en el interior del continente, rico en recursos.

Entonces, no debería sorprender que el Cuerno de África sea el centro de la atención militar internacional, como demuestra la parte anterior de la investigación, que describía el enorme despliegue de bases militares extranjeras y no africanas en Yibuti, la reciente presencia del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en Eritrea y los planes de Turquía y los Emiratos Árabes Unidos de construir una base en Somalia. Como es natural, y de acuerdo con sus obvios intereses, China se dispone a abrir su primera base militar en el extranjero, más concretamente en Yibuti, para así aprovecharse del doble papel que desempeña este país africano a la hora de ejercer influencia marítima y terrestre. Está claro cómo y por qué Pekín puede usar el diminuto país costero para exhibir su fuerza marítima, pero resulta menos obvio cómo planea hacerlo en la dirección contraria, es decir, tierra adentro. Por lo tanto, es importante recordar la vía férrea entre Etiopía y Yibuti que China está construyendo, que conectará la ciudad costera con la capital interior, ya que este proyecto de infraestructura a gran escala servirá como cordón umbilical entre las economías china y etíope, y también permitirá a esta última acceder finalmente y de manera fidedigna al mercado mundial en general. Además, la visión de conjunto que China está persiguiendo se complementa con el proyecto LAPSSET, con origen en Kenia, que el gigante asiático también está ayudando a financiar y que, con el tiempo, pretende conectar Adís Abeba con el puerto de Lamu, que sale al océano Índico, a través del ferrocarril. Baste señalar que la culminación de ambas vías férreas transnacionales y de las instalaciones militares en Yibuti catapultará a China a ser el país más influyente en la región del Cuerno de África, aunque se espera que los Estados Unidos se opongan a esta realidad aparentemente inevitable mediante el uso de los métodos de la guerra híbrida.

Por lo tanto, esta parte de la investigación intenta explicar todas las maneras en que los Estados Unidos podrían aplicar la estrategia de la guerra híbrida para, posiblemente, contrarrestar los grandes planes de China en la región del Cuerno de África. Empieza ofreciendo una visión general de las relaciones regionales que establece el contexto adecuado para un análisis más profundo. Tras describir la situación y proveer un entendimiento sólido de las interacciones de cada país estudiado con sus vecinos, la segunda parte de este trabajo indaga en las situaciones estratégicas de estos Estados y aporta un resumen de las mismas, que se centra sobre todo en sus factores más influyentes. Finalmente, la última parte del estudio regional ofrece una visión de los escenarios más realistas que podrían darse si los Estados Unidos deciden empezar una guerra híbrida contra los intereses de China en el Cuerno de África.

Las relaciones espinosas del Cuerno

No todos los cuatro Estados que ocupan la región del Cuerno de África (Eritrea, Etiopía, Yibuti y Somalia) tienen relaciones impecables con sus vecinos. Los problemas más obvios se encuentran, por un lado, entre Somalia y Eritrea y, por otro, entre esta última y Etiopía.

Etiopía-Eritrea

Para explicar la razón de las pésimas relaciones entre estos dos estados, es necesario empezar hablando de la sangrienta guerra secesionista de Eritrea contra Etiopía, que duró tres décadas y terminó en 1993. Las raíces del conflicto son muchas, pero se pueden resumir en que todo empezó durante el periodo imperialista, cuando el Reino de Italia se anexionó Eritrea en 1890, separándola del Estado-civilización más grande de Abisinia. A partir de entonces, se le dio al país un sentido de identidad separada de Etiopía y se plantaron las semillas para un futuro conflicto después de que las dos entidades fueran reunificadas tras el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1962, Adís Abeba abolió de manera unilateral la Federación de Etiopía y Eritrea, que llevaba en vigor diez años, lo que desencadenó la guerra separatista que se propagó durante las décadas siguientes. Incluso después de la independencia, ambos países permanecieron en un tenso desacuerdo con la expectativa de que, al final, podía estallar una guerra de continuación en algún momento del futuro.

Esto ocurrió del año 1998 al 2000 y, a pesar de terminar en lo que se ha descrito como un punto muerto prolongado, causó la muerte de más de cien mil personas y perjudicó el potencial de desarrollo económico de ambos países, profundamente empobrecidos. Desde entonces, Etiopía y Eritrea han permanecido como enemigos acérrimos, con ambos bandos acusándose con regularidad de intentar subvertir la estabilidad y de apoyar varias fuerzas antigubernamentales. Igual que en los años inmediatamente posteriores a la independencia, hoy en día todavía existe una posibilidad muy real de que estalle una guerra entre ambos países en cualquier momento, y este ambiente de aguda y agresiva tensión es el factor interestatal que más desestabiliza el Cuerno de África. De hecho, se argumentará más adelante que los poderes regionales que actúan dentro del CCG están explotando esta situación como un medio para ejercer influencia sobre Etiopía y para empujar potencialmente a Eritrea a instigar una ronda renovada de violencia debilitante.

Etiopía-Somalia

Aunque no son tan malos como sus relaciones con Eritrea, los lazos de Etiopía con Somalia no son muy estrechos. Por supuesto, en apariencia, existe una buena y pragmática relación entre ambos estados a nivel de gobierno, pero el principal problema que siempre ha habido entre ellos es la tentadora idea de la “Gran Somalia” que ha cautivado a algunos somalíes en ambos lados de la frontera e, incluso, condujo a la Guerra de Ogadén entre 1977 y 1978. Este conflicto destaca por haber sido el último intento convencional de crear la “Gran Somalia” y también por haber sido la única vez en la que los soviéticos y los estadounidenses cambiaron de bando durante una guerra subsidiaria. El problema estaba en el estatus social de los somalíes en la región oriental, poco poblada, de Etiopía que, según se descubrió recientemente, es rica en depósitos de petróleo y gas natural. Desde Adís Abeba se aseguraba que es una parte del territorio de Etiopía con una población nativa en un país multiétnico, mientras que Mogadiscio y los nacionalistas somalíes reivindicaban que es una región ocupada cuya población debe estar unida a la nación-estado con la que comparte nombre. Aunque Somalia no tiene medios realistas para intentar de nuevo, en un futuro próximo, una apropiación de tierras en Ogadén, las intenciones del nacionalismo somalí son peligrosas para Etiopía. Estados Unidos y otros países pueden usarlo fácilmente para urdir la desestabilización dentro del segundo país más poblado de África.

Para complicar aún más las cosas, está la intervención antiterrorista en 2006 de Etiopía en Somalia que pretendía derrocar a la extremista Unión de Tribunales Islámicos (UIC), que había tomado el control de la mayor parte del país. Etiopía, apoyada y alentada en secreto por Estados Unidos, invadió a su vecino y consiguió expulsar a la milicia de la capital. Sin embargo, su posterior ocupación durante tres años del país generó muchas hostilidades y desencadenó un aumento del nacionalismo somalí. Esto, a su vez, hizo que Al Shabab, un grupo terrorista vinculado a Al Qaeda y Dáesh que se desarrolló a partir de la rama juvenil de la UIC, se aprovechara de la situación. El grupo mezclaba el sentimiento anti-etíope, el nacionalismo somalí y el extremismo islámico, así que el resultado fue un cóctel letal de odio que convirtió al grupo en uno de los más temidos de toda África. La incapacidad del gobierno somalí de luchar debidamente contra Al Shabab y la simpatía que los mal informados somalíes (especialmente los jóvenes) muestran hacia el mensaje tergiversado de la organización han hecho que se convierta en una gran amenaza regional que tiene el potencial real de desencadenar de forma activa el caos dentro de la región somalí de Etiopía (antes denominada Ogadén). A modo de respuesta, las autoridades se han visto obligadas a aplicar rigurosas medidas de seguridad como precaución antiterrorista ante cualquier intento de Dáesh de crear un “Estado Islámico” dentro de la región cuya administración territorial se hiciera de forma transnacional. Sin embargo, esto ha tenido el efecto inesperado de provocar la ira de algunos somalíes de la región y de conducir de forma cíclica al mismo tipo de actitudes antigubernamentales que Adís Abeba ha intentado evitar.

Etiopía-Yibuti

Quizás la relación más fructífera y positiva en la región es la de Etiopía y su vecino del norte, Yibuti. Aunque no son parejos ni demográfica ni geográficamente, los dos están inherentemente unidos debido a las circunstancias regionales. Etiopía perdió todo su territorio costero con la independencia de Eritrea y, a partir de ese momento, se convirtió en un estado sin litoral. Las altas tensiones entre Etiopía y su anterior provincia han descartado cualquier posibilidad de cooperación económica pragmática. De forma similar, debido a la inestabilidad anárquica y a la amenaza terrorista en Somalia, Etiopía no ha podido usar su territorio para conseguir un acceso seguro al mar (aunque ha hecho algunos avances positivos en esta dirección con el estado autodeclarado autónomo e independiente de facto de Somalilandia a través del puerto de Berbera). Por lo general, el potencial económico de Etiopía se encontraba contenido en el interior del Cuerno de África y era incapaz de llegar a los mercados mundiales, pero la iniciativa visionaria y proactiva de China de construir el ferrocarril entre Etiopía y Yibuti cambió todo eso. El proyecto convirtió esencialmente a Yibuti en el “corcho” que controla el flujo de la riqueza económica de la «botella» etíope. Esto lo ha convertido en un estado de cuello de botella literal, crucial a la hora de abrir las inmensas posibilidades económicas de su vecino del sur.

Sin embargo, en esta misma línea, este avance en el desarrollo de las infraestructuras implica que el pequeño país es importante de forma desproporcionada para Etiopía y se puede utilizar indirectamente como un medio para desestabilizar a la mucho mayor economía de la antigua Abisinia, que se encuentra en expansión. Algunos disturbios nacionales, tales como las protestas de la Revolución de los Colores o el posible separatismo de Afar en Yibuti, podrían interrumpir el acceso al ferrocarril y separar indefinidamente a Etiopía y a sus socios. De este modo, harían al país totalmente dependiente del corredor de Transporte Puerto de Lamu-Sudán del Sur-Etiopía (LAPSSET, en sus siglas en inglés) hacia el sur, que atraviesa el territorio de los oromo y podría convertirse rápidamente en un objetivo tentador para los rebeldes de origen étnico o los grupos terroristas. Si se tiene esto en cuenta, resulta aun más evidente por qué China ha elegido Yibuti como localización para su primera base militar de ultramar, y es que es sustancialmente más sencillo ejercer un efecto positivo en el pequeño país de Yibuti para proteger la viabilidad de su preciada inversión en el ferrocarril que hacerlo dentro de Kenia o en cualquier otro sitio. Además, existe por supuesto la ventaja marítima añadida de estar situado en el Mar Rojo. En cuanto a cómo China podría previsiblemente proteger su ferrocarril, existe la opción de que use directamente a sus militares, como indicó en su primer libro blanco de 2015 sobre estrategia militar para proteger sus intereses en el extranjero, o podría llegar a contratar compañías militares privadas (CMP) para hacerlo indirectamente.

En resumidas cuentas, la estabilidad de Yibuti es completamente vital para mantener la seguridad estratégica de Etiopía y, por eso, las relaciones bilaterales son extraordinariamente cercanas y, previsiblemente, se mantendrán así en el futuro. Yibuti se beneficia de esta relación aprovechándose de su estatus de estado de tránsito al facilitar el acceso a y desde la economía etíope, por lo que también tiene un interés particular en proteger el ferrocarril. Por lo tanto, se espera que usen su fuerza militar para proteger la vía en caso de que surja cualquier problema nacional, probablemente haciendo uso del entrenamiento que recibieron dentro del país de sus contrapartes de China e incluso haciéndolo bajo la supervisión de los asesores chinos. Al desempeñar la función de vínculo fundamental entre Etiopía y el mundo, Yibuti podría también acabar siendo objetivo de Eritrea o de los grupos terroristas con base en Somalia como un medio para compensar de manera indirecta la hegemonía regional, por lo que este es, sin duda, un factor que debe considerarse.

Eritrea-Yibuti

Respecto a lo anterior, Eritrea no tiene relaciones positivas con Yibuti. En realidad, luchó contra su vecino en una breve guerra fronteriza en 2008. Según el acuerdo de la ONU, Qatar ha desplegado sus tropas en ambos países para mediar en el conflicto y ha permanecido en la región desde 2010, lo que presenta otro factor de inestabilidad con respecto a Etiopía, asunto que se tratará más adelante. Para continuar con el estado de relaciones bilaterales entre los dos países costeros, también vale la pena mencionar que, en verdad, Eritrea ha tenido problemas con todos sus vecinos y esto incluye a Sudán y a Yemen (este último a través de la crisis de las Islas de Hanish), que en conjunto demuestran un patrón distintivo del comportamiento eritreo. Por lo tanto, el conflicto de 2008 con Yibuti no debe contemplarse de manera aislada, sino más bien como una continuación de una prolongada política eritrea que recurre con frecuencia a medios violentos para conseguir sus objetivos. No se puede descartar que Qatar y Eritrea puedan conspirar juntos para apoyar los ataques del movimiento Al Shabab dentro de Yibuti e infligir un daño estratégico a Etiopía, ya que no sólo el Estado del Golfo ha estado vinculado de manera convincente a la organización terrorista, sino que el CSNU, de hecho, ha sancionado a Eritrea por haberla ayudado presuntamente en el pasado (aunque  las últimas averiguaciones indican que esta relación podría no estar en vigor). Por lo tanto, las relaciones de Eritrea con Yibuti deben contemplarse de manera absoluta desde el prisma de su guerra subsidiaria regional con Etiopía, que conceptualiza al país vecino que hay entre ellos como un campo de batalla asimétrico y potencial.

Yibuti-Somalia

Por otro lado, las relaciones de Yibuti con Somalia son cálidas y amistosas, a pesar de que la ciudad de Mogadiscio no tenga ningún control de facto sobre la región limítrofe con el Estado autónomo y autoproclamado de Somalilandia. Aunque no hay nada sustancial que comentar en este sentido, merece la pena mencionar la amenaza latente que el nacionalismo somalí militante promovido por agentes no estatales podría suponer para Yibuti (incluyendo la distorsionada versión apoyada por Al Shabab). El país está poblado en su mayoría por el clan Issa, que en sí se considera a sí mismo un subconjunto de somalíes y que, por consiguiente, se sitúa dentro de la esfera de la “Gran Somalia”. Si bien este ideal pudo haber tenido alguna influencia en el pasado de la Guerra Fría, así como en los años anteriores e inmediatamente posteriores a la independencia de la antigua Somalilandia francesa, ya no tiene mucho atractivo en Yibuti después de que Somalia descendiera al estatus de estado fallido en 1991. Aunque eso no quiere decir que no haya personas que todavía se sientan atraídas por la versión romántica de esta ideología. Sin embargo, lo que resulta más amenazante no es la posibilidad de que los simpatizantes pasivos yibutianos apoyen los eslóganes de “Gran Somalia”, sino que Al Shabab y otros grupos terroristas ataquen de manera violenta a los ciudadanos y los proyectos de infraestructura del país para apoyar aparentemente esta visión.

El despliegue variado de tantas fuerzas militares internacionales no africanas en Yibuti hace improbable que los terroristas logren infligir daño a largo plazo al país o al ferrocarril Etiopía-Yibuti. Sin embargo, su ideología extremista y su voluntad de morir por su causa les hace muy peligrosos y conduce a la imposibilidad de descartar este supuesto. Aun así, la región de Somalilandia, relativamente mejor controlada y administrada de manera más cercana, sirve como medida provisional para inhibir el movimiento directo de Al Shabab hacia Yibuti, aunque es posible que la organización pueda infiltrar su objetivo costero a través de medios más convencionales, como entrar de manera encubierta a través de los recursos del puerto famoso en todo el mundo y bajo una cobertura asumida en lugar de cruzar ilegalmente la frontera internacional. En cualquier caso, el único factor pertinente de los asuntos de Yibuti y Somalia que se puede aplicar a la investigación de la Guerra Híbrida es Al Shabab y la ideología de la “Gran Somalia”. Ninguno de estos se promueve a nivel estatal, pero ambos podrían causar serios problemas para el país objetivo. Por esta razón, el eje Yibuti-Somalia es el factor menos relevante en el acuerdo político regional del Cuerno de África, al menos a nivel oficial, aunque sí tiene el potencial de convertirse de modo poco convencional en un gran problema desestabilizador entre ciertos agentes no estatales en el futuro.

Eritrea-Somalia

De modo similar a como ve a Yibuti, Eritrea también tiene la misma mentalidad de campo de batalla subsidiaria en lo que respecta a Somalia. Si se creen las sospechas del CSNU sobre el apoyo de  Eritrea a Al Shabab, entonces queda claro que Asmara simplemente está empleando cualquier herramienta que pueda tener en sus manos para desestabilizar Adís Abeba. Ya sea imprudente o esté justificado en función de la disposición política de cada uno, el hecho de que el odio ardiente de Eritrea hacia Etiopía haya extendido el conflicto subsidiario entre ellos desde la frontera común hasta la frontera somalí resulta inconfundible. De este modo, la región se ha visto envuelta en esta confusión y la rivalidad que existe entre ellos se ha convertido en el único factor y el más importante de las desestabilizaciones geopolíticas del Cuerno de África. Es probable que el liderazgo eritreo ya no esté tan cerca de Al Shabab como se sospechaba antes, que en parte se debe al creciente estigma y a la conciencia internacionales de esta relación. Sin embargo, eso no elimina el hecho de que Asmara pueda haber desempeñado un papel fundamental en el desarrollo temprano del grupo y, por lo tanto, convierte al país en el responsable hasta cierto punto de su existencia actual y del aumento de la violencia por parte de la organización.

Por consiguiente, la única manera lógica de abordar las relaciones entre Eritrea y Somalia es a través del prisma de la gran guerra subsidiaria entre Eritrea y Etiopía en la región y del beneficio relativo que cada agente obtiene de la estabilidad o la inseguridad de Somalia. Al tener esto en consideración, se puede argumentar que Eritrea se beneficia más de la inestabilidad de Somalia y de la presencia de agentes no estatales militantes allí (incluidos los terroristas afiliados al Islam y los nacionalistas de la “Gran Somalia”) de lo que lo haría si la normalidad regresara al país. La llegada de la estabilidad impediría que Eritrea utilizase de nuevo el territorio somalí como un trampolín asimétrico contra Etiopía y, en la misma medida, limitaría la flexibilidad estratégica de Asmara en el trato con su rival más grande y mejor equipado. Debido a que Somalia lleva estabilizándose de manera gradual estos dos últimos años, la estrategia de Eritrea podría cambiar. Podría pasar de trabajar supuestamente con grupos terroristas a aprovechar su nueva todavía no oficial asociación militar del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) para irrumpir en el Estado independiente de facto, autónomo y autoproclamado de Somalilandia. La fusión estratégica de las capacidades de Eritrea y del CCG en la frontera del noreste de Etiopía podría presagiar una desestabilización más concertada en algún momento en el futuro, ya sea por un terrorista islámico, la “Gran Somalia” o una mezcla de ambas naturalezas.

Continuará

Por Andrew KORYBKO (Estados Unidos)

Andrew Korybko es un comentarista político estadounidense que trabaja actualmente para la agencia de noticias Sputnik. Es el autor de la monografía Guerras Híbridas: una aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen (2015). Este texto se incluirá dentro de su próximo libro sobre la teoría del bienestar híbrido.

Fuente: Oriental Review, Hybrid Wars 8. In The Horn Of Africa (IIA). Viernes 25 de noviembre de 2016.

Traducido del inglés por el equipo de prácticas de la Universidad de Salamanca.

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Articulos de opinión, Noticias. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.