Fronteras coloniales: la necesidad de una ciudadanía africana ahora

La partición de África y la definición de las fronteras fueron actos arbitrarios, impuestos por los europeos sin consideración por las condiciones locales. Desmantelar las fronteras coloniales es pues un verdadero proyecto panafricano. El panafricanismo debería ser visto como una relación entre pueblos más que entre jefes de Estado, intelectuales y élites occidentalizadas.

Hoy, somos testigos de movimientos a gran escala de poblaciones que pasan las fronteras. La inestabilidad social, política y económica en el seno de los Estados / naciones se ha convertido en volatilidad. Las preocupaciones respecto a un cierre de las fronteras, de seguridad nacional y de un miedo creciente del “Otro” Africano se han vuelto comunes. Este artículo propone y declara que las fronteras coloniales, las preocupaciones territoriales, la segurización y las medidas de seguridad, la soberanía son la plaga de la unidad africana. Avanza que estos impulsos son reveladores de la naturaleza colonial de la supuesta post colonia. En segundo lugar, señala que ya es hora de que los africanos reciban la ciudadanía africana, significando así la libre circulación de las personas más allá de las fronteras. Los Africanos deben sentirse en su casa en cualquier sitio de África que estén. En tercer lugar, señala, hay más méritos en el desmantelamiento de las fronteras coloniales que en su mantenimiento.

Por una ciudadanía africana

La criminalización de los africanos, el odio anti-Negro y las tendencias a la Afrofobia son cuestiones mayores. Por contraste, la movilidad y el movimiento son aspectos históricos de la ciudadanía africana. Tidiane Kasse ha capturado bien la esencia subrayando: “En ciertas culturas africanas, el viaje es un acto iniciático. Uno se vuelve un hombre cuando deja a su familia para ir a descubrir otros pueblos y otras culturas, para confrontarse con las realidades del mundo. Esto significa dejar la comodidad y los cuidados de su madre, sustraerse a la protección de su padre. Irse, es adquirir más experiencia, volver es enriquecer su grupo con lo que se ha aprendido en el resto del mundo. Esta cultura es la marca de los Soninkes, una comunidad que vive a caballo entre Senegal, Mali y Mauritania».[1]

Lo mismo se aplica al pueblo Kikongo que se encuentra repartido en tres países. Cuando llegaron los alemanes, los Hutus y los Tutsis se fundían en un grupo social por vía de matrimonio y aumentaban los contactos. El genocidio de 1994 en Ruanda, y otros conflictos que provienen de la etnicidad, son manifiestos de las tácticas insidiosas de “dividir para reinar mejor” que emanan de la atribución de una identidad étnica. El colonialismo, además del establecimiento de fronteras artificiales y el aislamiento de grupos étnicos, también ha obligado a enemigos tradicionales a vivir codo con codo. El Estado / nación colonial, a la vez que reunía a grupos diversos, excluía a otros.[2]

Históricamente, los africanos siempre han viajado distancias más o menos largas, han concluido matrimonios en el seno de otras poblaciones creando así una verdadera ciudadanía teniendo relaciones sociales, políticas y comerciales.[3] Es justo decir que todas las comunidades africanas han compartido afinidades culturales, lingüísticas y religiosas de los dos lados de las fronteras. Las poblaciones llamadas comunidades de fronteras son a menudo las mismas de una parte y otra de la frontera que a menudo no reconocen. Desmantelar las fronteras coloniales es un verdadero proyecto panafricano. Según Ngugi wa Thiong’o, el panafricanismo debería ser visto como una relación entre las poblaciones más que entre los jefes de Estado, los intelectuales y las élites occidentalizadas.[4]

“No hay otra base racional que la comodidad para considerar las fronteras coloniales como sacrosantas, que implica que los residentes del otro lado de la frontera colonial son extranjeros. Estas fronteras han sido constituidas históricamente. Son marcadores para la memoria europea de África con el fin de satisfacer necesidades coloniales. Y no hay razones por las que no puedan ser reconstituidas siguiendo la historia precolonial con el fin de satisfacer las necesidades de los africanos que podrán reconectarse a la memoria africana”.[5]

La formación de la Organización de la Unidad Africana (OUA), el 25 de mayo de 1963, en Addis Abeba, con el fin de unir el continente africano, era una realización noble. No obstante, como remarca Joseph Ki-Zerbo, la OUA no ha conseguido mas que una unidad parcial porque “ha cometido el pecado original de conservar las fronteras coloniales bajo pretextos de evitar los conflictos. Resulta que hoy las fronteras están en llamas. Son estructuralmente propicias a los conflictos. Hacen de cada Africano un extranjero para al menos el 80% de los otros africanos. Las fronteras africanas son un instrumento de vivisección de los pueblos y han, desde su establecimiento, sido la causa de innumerables sacrificios humanos que han tomado la forma de holocaustos fratricidas, por haber respetado las líneas de demarcación ya inscritas en carta de sangre por la conquista colonial”.[6]

Los conflictos de fronteras entre Nigeria y Camerún, entre Etiopía y Eritrea en el triángulo de Badme / Yirga son algunos de estos casos que hacen un llamamiento a una condena de las fronteras trazadas por los colonos.

Ki Zerbo señala además que la razón aquí es que el nacionalismo africano no estaba ligado al panafricanismo y fue sostenido por los intelectuales africanos. Claro que el nacionalismo no es el despertar a la conciencia de sí: inventa naciones que no existen.[7] En la independencia, la invención y la imaginación de una nueva nación -incluido su nombre- estaban lejos del ethos de la unidad panafricana. La élite africana que ha conducido la lucha por la independencia había sido instruida en las misiones y estaba embebida de nociones liberales occidentales de la nación. De hecho, ha comenzado como asociaciones de parroquia en el transcurso de las que miembros de un mismo grupo étnico se reunían alrededor de una figura prominente. Han trasplantado sus visiones étnicas y chovinistas en los movimientos nacionales, lo que significa que la lucha por la liberación nacional ha fracasado al tratar la cuestión del tribalismo. La inmensa mayoría de los movimientos de liberación contenían la palabra “nacional” y se han concentrado sobre la liberación en el seno de sus propias fronteras.

En la independencia los “peces gordos” de la lucha han considerado el nuevo Estado / nación como su propiedad personal y tenían poca prisa por disolver las fronteras. Pero las reivindicaciones de la soberanía de Estado sobresalen “de la ficción política”[8]. Imperialismo y dominación del capitalismo neoliberal, violencias étnicas y políticas alimentadas por las intervenciones extranjeras y el comercio de las armas, el empobrecimiento de toda la población, el enriquecimiento de una pequeña élite y otras perturbaciones de múltiples aspectos ponen en peligro el mito de la soberanía territorial.

La Unión Africana, sucesora de la OUA, declara haber sido inspirada por la visión de unidad, de solidaridad, de cohesión y de cooperación entre poblaciones africanas. El Artículo 3 (b) es westfaliano. Quiere “defender la soberanía, la integridad territorial y la independencia de sus Estados miembros”. [9] El Artículo 4 (b) se compromete también a respetar las fronteras existentes, prohíbe las interferencias por otro Estado miembro en los asuntos internos de otro Estado. Al igual que la carta fundacional de la OUA, que se compromete a la promoción de la unidad y de la solidaridad entre Estados africanos, el Artículo 11 (c) busca “defender la soberanía, la integridad territorial y la independencia (de sus Estados miembros)”. El Artículo 111 (1) promueve también la igualdad soberana de todos los Estados miembros y el artículo 111 (2) pide la no injerencia en los asuntos internos de los Estados miembros. En la conferencia de 1963, sólo el presidente ghanés, Kwame Nkrumah estaba a favor de una unión política del continente. La declaración del Cairo de 1964 no hace mas que confirmar la resolución de preservar las fronteras nacionales.

La evolución del Estado/Nación de Europa en África y en el mundo no Occidental

Tras una guerra devastadora de treinta años (1618 a 1648), el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y el rey de Francia y sus aliados encontraron un acuerdo de paz y firmaron el Tratado de Westfalia. Este tratado establece el concepto moderno del Estado/Nación y declara que todos los Estados son soberanos e iguales. La soberanía, los territorios, el derecho internacional y el sistema internacional que permitirán a los Estados firmar tratados y acuerdos con otras entidades políticas han sido los principales resultados de los acuerdos de Westfalia. En efecto, las características internas de la soberanía son una autoridad absoluta en el marco de las demarcaciones territoriales, mientras que en el exterior el Estado/Nación es reconocido en el marco de un sistema legal internacional y que la no injerencia en los asuntos internos de este Estado es respetada.

Pero, después de 1648, el establecimiento de los Estados/Nación coloniales llegaba tardíamente. Desde al menos 1448 y la concepción de la modernidad colonial, los aventureros colonizadores siempre se han preguntado si las poblaciones no occidentales estaban de acuerdo con los conceptos de Estado/Nación. Como para todas las demás suposiciones de los europeos con respecto a otros pueblos, la cuestión era saber si las naciones, los clanes, las identidades étnicas que existían en Europa podían existir también en otro lugar. Por supuesto las poblaciones no europeas estaban consideradas como carentes de civilización, como humanos de segunda, y no tenían ninguna noción de conceptos judiciales o de idea de una verdadera gobernanza. Razones por las cuales debían ser subordinadas a una civilización “superior”, antes de ser integradas en un Estado colonial y su maquinaria legal. La cual fue trasplantada desde Europa y aplicada a las colonias.

La dicotomía entre civilizados y no civilizados, confirmada por el proceso legal, ha dado origen a disciplinas como la antropología que define las características de los no civilizados. Así el colonialismo era un encuentro entre los europeos “civilizados” y ” los salvajes no civilizados”.

La colonización del mundo no occidental ha tenido lugar bajo los auspicios de una ley internacional conocida bajo el nombre de Doctrina del descubrimiento, pronto seguida por Viajes de exploración, conquistas, confiscaciones de las tierras y otras barbaridades. En el marco de este razonamiento, los europeos han reivindicado derechos superiores a los de las poblaciones indígenas erigiendo estandartes y monumentos en piedra, símbolos religiosos, cruces y celebrando misas, se han apropiado legalmente de las tierras “descubiertas”.[10] La justificación era por supuesto religiosa, racial y etnocéntrica.[11] Más tarde, varios países europeos hicieron uso de las leyes del colonialismo para apropiarse de tierras africanas. Constitutivas de la Doctrina del Descubrimiento, son:

  • el primer país europeo que “descubre” se convierte en propietario y ejerce derechos soberanos sobre las tierras y sus pueblos,
  • ocupación permanente y establecimiento,
  • se estima que la población indígena ha perdido sus derechos de propiedad sobre sus tierras, su soberanía inherente y sus derechos al comercio internacional y a las relaciones diplomáticas,
  • Terra nullius: es decir el terreno está vacío y sin ocupación o, si ocupado, no es utilizado y, según el razonamiento europeo, debe ser reivindicado,
  • Los no cristianos no tenían los mismos derechos a la tierra, a la soberanía y la misma determinación que los cristianos,
  • Los Europeos podían adquirir derechos de propiedad por la conquista, es decir la victoria militar y justa la guerra y lo que habían adquirido era el trofeo de guerra.

De todos modos, en 1436 el papa Eugenio IV emitió una bula papal, y Nicolás V en 1445, concediendo a Portugal los derechos de propiedad sobre tierras en África, la puesta en esclavitud perpetua de su población y la confiscación de sus propiedades. En 1493, el papa Alejandro VI emitió una bula papal concediendo tierras a los españoles. Esto fue confirmado en el Tratado de Tordesillas en 1494, cuando el papa dio su bendición a Portugal y España para que se repartieran los dos hemisferios.

Cuando las potencias europeas se reunieron en Berlín, en 1884/85, el proceso de colonización tenía ya dos siglos. La conferencia intentó por medios pacíficos resolver la competición creciente de las potencias europeas por las colonias. Para racionalizar la avalancha, la conferencia hizo uso de la diplomacia, del poder político y del derecho internacional en el seno del cual las potencias imperiales procuraban elaborar un marco político y legal que facilitaría la expansión colonial sin recurrir al conflicto. [12] No obstante la avalancha sobre África condujo al establecimiento de un mapa africano como los europeos lo habían dibujado tras el Tratado de Westfalia, y creó Estados/Naciones coloniales. La partición de África y la delimitación de las fronteras han sido actos arbitrarios, sin consideración por las condiciones locales.[13] Además, hubo una invención de las divisiones étnicas y de codificación racial. Lo que hace que los problemas que afligen a África actualmente sean problemas del África colonial.

La época post colonial muestra el legado de la transferencia de las instituciones judiciales, legales, de la autoridad de la ley, de la justicia y de la democracia.[14] La obsesión del mantenimiento del orden público es la consecuencia lógica de la política colonial de tutela, de coerción y de penalización que explica por qué, tras la independencia, las estructuras legales y de orden público han permanecido intactas, incluido el ejército, la policía y los servicios penitenciarios.[15] Los regímenes post coloniales hacen uso de estos instrumentos con el fin de excluir a los inmigrantes africanos y para detenerlos ilegalmente. Preservando y siguiendo haciendo uso de los instrumentos de opresión de la colonia, los regímenes post coloniales mantienen un statu quo creado por el capitalismo colonial que es contrario a los intereses de la mayoría de los africanos.[16] En países como Sudáfrica, está todavía en vigor en los libros una nomenclatura denigrante estatutario (como por ejemplo “alien”, extranjero)

Cuando se obtiene la independencia, negociada constitucionalmente, los dirigentes africanos no sólo aceptaron el mantenimiento de las fronteras coloniales sino que obtuvieron el poder político sin perturbar los aspectos socioeconómicos y culturales establecidos por los colonizadores.

Conclusión

Las fronteras físicas se traducen en fronteras mentales. El desmantelamiento metafísico y físico de las fronteras coloniales es un paso inmenso hacia la liberación de los espíritus. Los africanos han sido condicionados a odiarse unos otros, simplemente porque provenían de un territorio diferente y porque tenían un origen social y geográfico diferente. Estas exigencias están ligadas a la llamada de un fin de la explotación colonial, neocolonial e imperialista de los recursos africanos y de la población. Hacemos nuestra la afirmación de Cabral que decía que la liberación nacional no era solo un fin de la colonización sino la liberación de la dominación extranjera que quiere que “el aspecto principal de la lucha de liberación nacional consista en la lucha contra el neocolonialismo”.[17]

Según los términos de la globalización y de las condiciones neoliberales y según las leyes del mercado, la ironía hace que los gobiernos abran sus fronteras al capital internacional en condiciones muy generosas mientras que excluyen a los africanos que consideran “extranjeros” e “indeseables”. Así, según Comaroff y Comaroff, el Estado/Nación está ocupado en atraer los negocios haciéndose “una mega empresa de gestión”.[18]

En vísperas de la fundación de la OUA, Nkrumah declaraba en la asamblea: “sin sacrificar necesariamente nuestra soberanía, grande o pequeña, podemos, aquí y ahora, forjar una unión política basada en la defensa, los Asuntos Exteriores y la diplomacia, una ciudadanía común, una moneda africana, una zona monetaria africana y un banco central africano. Debemos unirnos para realizar la liberación total de nuestro continente. Necesitamos una defensa común con un Estado-mayor africano con el fin de garantizar la estabilidad de África… Con nuestros recursos en energías y talentos unificados, tenemos los medios, tan pronto como manifestemos la voluntad, de transformar las estructuras económicas de nuestros Estados individuales, de transformar la pobreza en riqueza, transformar la desigualdad en la satisfacción de las necesidades de la población. Solamente sobre una base continental seremos capaces de planificar la utilización de todos nuestros propios recursos para el desarrollo total de nuestro continente“.[19]

En ese momento, los dirigentes africanos no apreciaron la sabiduría de Nkrumah. Los europeos lo comprendieron. El concepto de la Unión Europea está basado en la idea de Nkrumah. En la época contemporánea, los europeos han comprendido la futilidad del Estado/Nación y han abierto sus fronteras a sus ciudadanos. África todavía está cerrada a los africanos pero abierta a los occidentales bajo el pretexto falaz de que estos últimos son turistas o inversores. La ciudadanía africana es una demanda pertinente y urgente. La ciudadanía africana sería beneficiosa para el continente. Primero facilitaría la afección, la comprensión, la agrupación y la unidad de la población africana y demostraría que es un solo pueblo. Todas las demás particularidades son ficticias. En segundo lugar el inmenso potencial humano africano sería utilizado para el desarrollo de África. En tercer lugar, conduciría a la descolonización mental y psicológica.

Por Hashi Kenneth Tafira

** El Doctor Hashi Kenneth Tafira trabaja en el Archie Mafeje Research Institute de la universidad de Sudáfrica. Es el autor de “El pensamiento nacionalista negro en Sudáfrica: la persistencia de una idea de liberación” 2016, Palgrave MacMillan.

Texto traducido del inglés al francés para Pambazuka por Elisabeth Nyffenegger.

NOTAS

[ 1] Tidiane Kasse, “África y el Drama de Inmigración”. http://www.pambazuka.org/global-south/africa-and-drama-immigration, 21 de Abril de 2016.

[2] Francis M. Deng. 1993. Africa y el Nuevo Mundo Desorden: Replanteamiento de Fronteras Coloniales. Revisión de Soportes volumen 11 número 2 pp32-35.

[3] Hannington Ochwada. 2005. “Historias, Nacionalismo y pan-Africanismo: Mitos y Realidades”, en Thandika Mkandawire, ed. Africanos Intelectuales. Replanteando Políticas, Lengua, Género y Desarrollo. Dakar: Codesria.

[4] Ngugi wa Thiong’ o. 2005. “Eurofono o memoria Africana: El Desafío del pan–Africanista Intelectual en la Era de Globalización”, en Thandika Mkandawire, ed Intelectuales Africanos. Replanteando Políticas, Lengua, Género y Desarrollo. Dakar: Codesria.

[5] Ibid: 162.

[6] Joseph Ki-Zerbo. 2005. “Intelectuales Africanos, Nacionalismo y pan–Africanismo: Un Testimonio”, en Thandika Mkandawire, ed Africanos Intelectuales. Replanteando Política, Lengua, Género y Desarrollo. Dakar: Codesria, p87.

[7] Ernest Gellner. 1964. Verdad de Cambio. London: Weidenfeld and Nicholson.

[8] Richard Werbner. 1996. “Introducción. Múltiples Identidades, Plural Arenas”, en Richard Werbner and Terrence Ranger, eds. Identidades Postcoloniales en Africa. London: Zed Books.

[9] Acta Constitutiva de la Unión Africana, Lome, 11 de julio de 2000.

[10] Robert. J. Miller. 2011. La ley Internacional de Colonialismo: Un análisis Comparativo Lewis and Clarke Law Review 15: 4 pp847 – 922.

[11] Ibid

[12] Anthony Anghie. 1999. Encuentro de las Periferias: Soberanía y Colonialismo en el Siglo diecinueve Derecho Internacional. Harvard Harvard Volumen 40 de Diario de Derecho Internacional Número 1 pp1-80.

[13] Saadia Touval. 1966. Tratados, Fronteras, y la Partición de África. El Diario de Historia Africana Volumen 7 Publicación 02 pp 279-293.

[14] Sally Engle Merry. 2003. Revisión: De Derecho y Colonialismo a Derecho y Globalización. Derecho y Demanda Social Volumen 28 No 2 pp569-590.

[15] Dani Wadada Nabudere. 2001. Derecho, las Ciencias Sociales y las Crisis de Importancia. Una Cuenta Personal. Reflexiones de Científicos Sociales Africanos. Parte 2 Nairobi: Fundación Heinrcih Boll.

[16] Ibid

[17] Amilcar Cabral. 1969. 1969 Revolución en Guinea: Una Lucha de los Africanos. Londres: Etapa 1, p83.

[18] Jean and John. L.Comaroff. 2001. Naturalizando la Nación: Aliens, Apocalipsis y el Estado Postcolonial. Diario de Estudios sudafricanos. Volumen 27 número 3pp627-651.

[19] Citado en Kofi Buenor Hadjor. 2003. Nkrumah and Ghana. Trenton, NJ: Africa World Press Inc, pxii.

Fuente: Pambazuka News. Fronteras coloniales: la necesidad de una ciudadanía africana ahora, publicado el 16 de junio de 2016.

Traducción para UMOYA de Mª Isabel Celada.

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