¿ESTÁ ESTADOS UNIDOS IMPLICADO EN EL GENOCIDIO RUANDÉS?


El FPR de Paul Kagame, apoyado por la CIA, sería según la prensa británica, en el momento del asesinato del presidente ruandés el 6 de abril de 1994, la chispa que desencadenó el genocidio. Sputnik vuelve sobre este complejo asunto que sigue minando las relaciones franco-ruandesas, sobre todo con el coronel Hogard, presente en Kigali en 1994.
Ruanda, ¿quiénes son los responsables? Un artículo de The Guardian titulado “America´s secret role in the rwandan genocide” ha suscitado la polémica y levantado una marejada en Ruanda. En vez de la “habitual” implicación francesa, ahora es efectivamente Estados Unidos el señalado con el dedo por su papel en el desencadenamiento del genocidio ruandés en 1994.

La mano de Washington.

Según Jacques Hogard, presente desde el mes de junio de 1994 en Ruanda, Paul Kagame, antiguo alumno de la Escuela de guerra de Fort Leavenworth (Kansas) y “apoyado por el clan Clinton y sobre todo por Madeleine Albright desde siempre”, accedió al poder en Kigali tras muchos años de guerra civil. Experta en África, fundadora y directora de Iveris, el Instituto de Vigilancia y de Estudios de las Relaciones Internacionales y Estratégicas, un laboratorio de ideas que se dedica a las relaciones internacionales, Leslie Varenne opina ella también que Estados Unidos ya apoyaba a Paul Kagame: “El FPR, es decir, el ejército de Kagame, fue armado en Uganda y Uganda es sin embargo un país bajo dominio de Estados Unidos. Las armas llegaban a Kagame por Uganda, la retaguardia del FPR estaba en Uganda, pues claro que la implicación de los americanos es muy importante. Por aquel entonces, querían volver a poner sus pies en África, también querían deshacerse de Mobutu (antiguo dictador del Zaire) que habían colocado en el poder, pero al que ya no querían más, por lo tanto, esa fue la llegada de los americanos a África”.

¿Pero de qué manera ese antiguo jefe de los servicios de Inteligencia ugandeses y miembro de la etnia tutsi llegó a imponerse en Uganda? El artículo de Hélène C. Epstein, profesora de derechos cívicos y salud pública en el Bard College, en la región de Nueva York, no deja lugar a la duda: fue claramente la CIA quien armó y apoyó al Frente Patriótico Ruandés desde Uganda.

El coronel Hogard, que mandaba una de las tres agrupaciones de la Operación Turquesa, la operación militar francesa autorizada por la ONU en 1994, explica que Uganda y Ruanda serían actualmente los dos suplentes locales de Estados Unidos, apoyando a grupos armados en Kivu y en Katanga. Antigua colonia belga, francófona por tanto, en aquella época la influencia francesa era importante en Ruanda. De ese modo, Estados Unidos buscaba deshacerse de un potencial competidor para acceder a los muy importantes recursos mineros.

Según el coronel Hogard, los americanos estaban “locos de rabia al ver regresar a Francia a la región” cuando se estableció la misión Turquesa.

Desde los años 90, Washington se interesó efectivamente por la región de los Grandes Lagos debido a motivos estratégicos y económicos. Su subsuelo es rico en recursos de minerales raros y preciosos. Jacques Hogard, desde entonces presidente de EPEE, un gabinete de diplomacia de empresas, habla así del coltán y del uranito pero también se encuentra oro, tungsteno, berilio o estaño: “Los americanos intentaban poner esta región bajo su control. Hoy, ya casi lo han logrado ya que toda esta fenomenal riqueza de Katanga y de Kivu (regiones de la RDC limítrofes con Ruanda y Uganda), es exportada hacia los puertos orientales de África con destino a compañías americanas, israelitas o británicas”.

Entre negacionismo, revisionismo y verdad(es) sobre Ruanda.

Para unos ojos extranjeros en África, el asunto del genocidio ruandés es terrible pero relativamente sencillo. Fueron unos Hutus que durante el año 1994 masacraron a más de 800.000 Tutsis en Ruanda. Y punto. Pero si se excava un poquito más en aquel contexto, el conjunto de actores sobre el terreno y sus ramificaciones en toda África Oriental, se trata de un conflicto extremadamente complejo que se desarrolla en varios planos y que desde entonces perdura en la República Democrática del Congo, con un balance total de seis millones de muertos.

Según un periodista experto en África, el artículo de The Guardian ha sido muy mal recibido en el país, la población ruandesa acusa al autor de reescribir la historia y hacer “revisionismo”. El artículo de Hélène C. Epstein afirma efectivamente que fue el FPR quien asesinó al presidente ruandés hutu, Juvénal Habyarimana, el 4 de abril de 1994, chispa que desencadenó el genocidio contra los Tutsis. Tesis que no es reciente, pero que es denunciada por el poder ruandés que habla de inversión de los roles: unos Tutsis que serían de hecho los verdaderos culpables y los genocidas, las verdaderas víctimas.

El conflicto también conlleva una gran carga emocional, sobre todo en Francia. Dos investigaciones sucesivas de los jueces de instrucción Jean-Louis Bruguière y Marc Trévidic llegaron a conclusiones contradictorias. Incriminan respectivamente a Paul Kagame y a extremistas hutus. Dos conclusiones diferentes que reflejan las posturas de dos bandos irreconciliables. Los resultados de la investigación del juez Bruguière fueron de ese modo la causa de una ruptura de las relaciones diplomáticas entre París y Kigali. También es el papel del ejército y del gobierno de Francia el que es enjuiciado con regularidad, acusados sobre todo por haber formado a dirigentes militares hutus y por su pasividad frente a las masacres. El libro de Pierre Péan, “Noires fureurs, blancs menteurs” (Furias negras, blancos mentirosos), publicado en 2005 fue llevado a juicio por “difamación racial e incitar al odio racial”. El periodista de investigación fue acusado de negacionismo por la Unión de Estudiantes Judíos de Francia y Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz.

Emotivo y muy comprensible debido a los 800.000 muertos. La recuperación política y las mentiras lo son bastante menos, según el coronel Jacques Hogard: “Evidentemente, hay una instrumentalización del genocidio ruandés que claramente ha existido. No estoy diciendo que no hubo un genocidio en 1994, hubo claramente uno, pero que por otra parte era la continuación de numerosas masacres que habían preparado los ánimos y que fue seguido por otros genocidios en 1995, 1996 y 1997, de los cuales nadie habla. Incluso está “prohibido” hablar de ellos” y añade:

“Te llaman revisionista si hablas de ellos, porque ahí es al revés, no son los Hutus quienes masacran mayoritariamente a los Tutsis, son los Tutsis que masacran mayoritariamente a los Hutus, por lo tanto, está prohibido hablar de ello. Es un tema tabú, porque incrimina directamente al actual poder ruandés, ese mismo que obtiene su legitimidad del genocidio de 1994”.

Leslie Varenne confirma esta opinión:

“Siempre prevalece la justificación de Kagame cuando se toca este tema. Siempre sale la palabra “revisionista”, porque siempre están ahí las palabras revisionismo y genocidio (…)”.

Leslie Varenne desarrolla su pensamiento: “¿Quién disparó al avión de Habyarimana? Esa es la gran pregunta y ahora todo el mundo sabe con seguridad, y el artículo (de The Guardian) lo vuelve a recalcar, que fue la gente del FPR de Kagame, y el detonante de ese genocidio está ahí. Después Kagame puede decir lo que le parezca, lo que no va a decir es: “Fui yo el que disparó” ”.

Y justamente, el coronel Jacques Hogard lo desvela en su libro “Las lágrimas del honor”: “fue un equipo de cuatro hombres del FPR (partido de Paul Kagame), el comando Network, que actuaba bajo las órdenes directas del coronel James Kabarebe – uno de los adjuntos de Paul Kagame – quien llevó a cabo esta operación”.

Sin embargo, según la tesis oficial ruandesa, confirmada por la investigación del juez Marc Trévidic, fueron claramente los extremistas hutus de las FAR (Fuerzas armadas ruandesas) quienes habrían derribado el Falcon del presidente Juvénal Habyarimana. Y ello con el objetivo de promover una línea de actuación todavía más dura contra los Tutsis.

Es difícil discernir lo verdadero de lo falso, los culpables de las víctimas, en un asunto tan intenso y complejo, sobre todo cuando la embajada de Ruanda en París no contesta a nuestras repetidas solicitudes. Pero tal y como dice Leslie Varenne: “Efectivamente, las masacres de 1994 tuvieron lugar, hubo aproximadamente 800.000 víctimas, pero desde entonces esta guerra nunca ha terminado, van más de seis millones de muertos en la RDC”.

Gaspard Musabyimana, 5 de octubre de 2017.

Traducido para UMOYA por Juan Carlos Figueira

https://fr.sputniknews.com/international/201710041033326333-genocide-etats-unis/

ComparteShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Articulos de opinión, Ruanda. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *