Una antigua creencia de los negros africanos sobre los blancos que conviene recordar

El Dr. Chancelor Williams presenta en The Destruction of Black Civilisation una narrativa interesante y convincente que, bien comprendida, explicaría varios aspectos del continente africano, así como sus infortunios pasados y presentes. Uno de ellos es lo que creían los negros africanos que el hombre blanco representaba en su subconsciente y espectro de creencias. Todo ello, antes de que los blancos ocupasen su territorio y transformasen sus vidas para siempre. William reflexiona sobre cómo grandes imperios y naciones africanas prosperaron en el pasado, entre otras cosas, manteniendo a raya al hombre blanco. Por ejemplo, los Mossi no admitían asentamientos de extranjeros en su territorio. Su pueblo creía que cuando apareciese el primer hombre blanco, la nación moriría.

Así lo explica Williams:
«Antes del S. XVI, la mayoría de los africanos nunca había visto una cara blanca real. Puesto que, en muchas sociedades, los demonios y espíritus malignos eran blancos, los rituales de protección eran ejecutados por bailarines que cantaban con caras y cuerpos horrorosamente cubiertos de tiza blanca. La existencia de humanos blancos (“demonios blancos” vivientes) era inconcebible. (…) Los portugueses fueron los primeros europeos blancos en llegar a África Central y Occidental. No tardaron en adoptar la estrategia árabe de enfrentar a los negros entre sí (estrategia adoptada por todos los blancos). [Véanse las recientes divisiones entre los líderes africanos sobre Libia y Costa de Marfil o la prevalencia continua del AFRICOM en varios países africanos.] (…) “Civilización cristiana” eran las palabras mágicas del hombre blanco, cuyo encantamiento afectaba a víctimas y opresores. Las primeras creían que encontrarían una vida mejor, mientras que los últimos se convencían de que incluso los esclavos vivían mejor bajo los estándares de vida de la civilización blanca (a parte de los cuales, no había otros). Pero fueron lo suficientemente listos para darse cuenta de que la fundación de un imperio permanente en tierra de otro pueblo, construido con su sudor y sangre, tendría más éxito si la mente de ese pueblo era sometida primero. [Pensemos en las películas de Hollywood, los medios de comunicación actuales moldean el pensamiento de miles de millones de personas en todo el mundo las 24 horas del día; las instituciones financieras, como el FMI y el BC, fomentan políticas económicas que favorecen el crecimiento de las multinacionales occidentales, mientras la OMC no puede abrir los mercados de Occidente a productos de países en desarrollo.]

» Nada se conseguiría abriendo fuego. Solo los ingenuos lo harían, salvo en casos en los que los “nativos” fueron demasiado inteligentes y discernieron la verdad, sin importar lo brillante que fuera la Cruz o lo blanca que fuera la mano que se les ofrecía. (…) Lo primero era cambiar la percepción de los negros sobre la imagen de los blancos (proceso que causó que los negros fueran el único pueblo que siente rechazo y vergüenza hacia sí mismos y su cultura). (…) Los africanos que adoptaron instituciones europeas o asiáticas, como el cristianismo o el islam, no solo se vieron “influenciados”, sino que se empezaron a transformar en “negros árabes”, “negros portugueses”, “negros franceses”, “negros ingleses”, etc. De hecho, esta transformación externa tuvo un papel fundamental para destruir lo mejor de la civilización de África, mientras se daba publicidad mundial a los elementos de barbarie restantes que se podían encontrar.

» Los nuevos amos del continente eran omnipotentes y, por tanto, podían conseguir que sus puntos de vista fuesen los de todo el mundo. La estrategia de que los negros no fuesen considerados personas fue tan contundente que, no solo muchos los perciben como tal, sino que (tragedia de tragedias) los negros llegaron a sentirse inferiores y a odiarse entre sí. ¿Magia? En efecto, ocurrió algo mágico desde la llegada de los blancos que se llamaban a sí mismos portugueses. Con el paso del S. XV y la llegada del S. XIX, los europeos dejaron de ser “demonios blancos” para ser “amos blancos” con armas de fuego. El blanco dejó de ser la cara del mal en el mundo negro. Ahora lo era el color negro.

» Ahora el negro era el símbolo del mal y todo lo malo: también de la mala suerte. Para que un blanco pareciese malvado, se le vestía de blanco; la última tragedia, la muerte, era la viuda negra; los eventos alegres, como las bodas o los bautizos, requieren ropa blanca. El mismo Dios, blanco, maldijo a los negros y les hizo “sirvientes del hombre” (blanco, pues ¿no estaba creado “a imagen y semejanza” de Dios?). Adorar a Dios, de hecho, era adorar al hombre blanco».

Actualmente el hombre blanco ha ocupado todo el continente africano. En tiempos del Imperio Mossi, un pueblo de grandes comerciantes y con necesidad de viajar a vender sus productos, permitieron que solo extranjeros comerciantes se asentasen en su territorio (probablemente después de cumplir una serie de requisitos). En la época moderna, las estructuras globales y los acuerdos internacionales se han fijado después de las dos Guerras Mundiales.

Estos mecanismos están dominados por el hombre blanco y el resultado es que se han defendido sus intereses más que los de nadie. Hay varios ejemplos sobre las Naciones Unidas (donde las potencias permanentes representan a los ganadores de la Segunda Guerra Mundial) para demostrar que los países occidentales, especialmente EEUU, Reino Unido y Francia, usan la institución para preservar su influencia mundial. La ONU y sus organizaciones en la República Democrática del Congo trabajan en África amigablemente con dictadores como Museveni en Uganda, Kagame en Ruanda, Zenawi en Etiopía, entre otros, a costa del bienestar de los nativos. Son casos adicionales que demuestran las nuevas tácticas del hombre blanco para seguir buscando el decline y la muerte de las naciones negras.

Las intervenciones/invasiones recientes en Libia y Costa de Marfil por parte de Occidente, a pesar de estar permitidas por la ONU, forman parte de las mismas estrategias de ocupación económica del continente. El comportamiento de los líderes africanos durante las dos crisis políticas muestra la dificultad en el continente para recuperar su glorioso lugar en el mundo, como en época de los faraones. Son necesarios un espíritu nuevo y una generación de africanos que se guíen por la grandeza de sus ancestros, líderes mundiales negros a los que el resto admiraba.

Ambrose Nzeyimana

Fuente: Blog del autor, Rising Continent, Lions on the move: An ancient Black Africans’ belief about the white man worth revisiting. Publicado el 5 de octubre de 2011.

Traducción para Umoya: Lidia Muñoz Solera.

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