Las guerras de Estados Unidos para la paz

Los senadores Cory Booker, Al Franken y Elizabeth Warren quieren que Estados Unidos se sirva de la fuerza militar para «evitar el genocidio»

Rebeldes libios. © SOTT.NET

Veinte demócratas y cinco republicanos han firmado el «Elie Wiesel Genocide and Mass Atrocities Prevention Act» (Acta de Elie Wiesel de prevención del genocidio y las atrocidades en masa) como copatrocinadores. Gran parte de este movimiento orwelliano se coordina desde los bastiones ideológicos del Partido Demócrata, que son elitistas, ricos en recursos y financiados por las corporaciones.

¿Tan idiotas se creen que somos los senadores Cory Booker (Nueva Jersey), Al Franken (Minnesota) y Elizabeth Warren (Oklahoma)? Los tres candidatos demócratas a la presidencia son «copatrocinadores iniciales» de un proyecto de ley orwelliano para «mejorar» la habilidad de nuestro gobierno para «evitar el genocidio y las atrocidades en masa» mediante la fuerza militar. [Ver Senate Bill 1158, the Elie Wiesel Genocide and Atrocities Prevention Act of 2017, en inglés]

¿Recuerdan la guerra de Estados Unidos para evitar el genocidio y las atrocidades en masa en Libia? ¿Recuerdan cuando la Administración Obama derrocó el gobierno laico de Libia y destruyó su compañía petrolera nacional para sustituirla por las petroleras americanas? ¿Recuerdan cuando Hillary Clinton ordenó el asesinato de un presidente africano y dejó un estado fallido de milicias en guerra, incluido el ISIS, además de un moderno tráfico de esclavos y muchísimos refugiados que arriesgaban sus vidas para llegar a Europa desde las costas de Libia?

La guerra de Estados Unidos para «evitar el genocidio y las atrocidades en masa» en Siria sigue en curso, por supuesto, a pesar de que el presidente Trump ha cancelado la operación de miles de millones de dólares de Obama para entrenar a las milicias islamistas que se dedicaban a pelear entre ellas cuando no lo hacían con el presidente Bashar al-Ásad. Las bajas en Siria ascienden a los cientos de miles, y los refugiados y las personas desplazadas internamente alcanzan los 22 millones, la mitad de la población que había antes de la guerra. Sin embargo, se mantienen el estado laico sirio, su empresa petrolera nacional y la banca nacional, gracias a la decisión de Rusia de marcar un límite y prestar apoyo militar.

Y no olvidemos la guerra preventiva de Bush. Nos dio una excusa totalmente ridícula: que tenía que evitar que Sadam Husein atacase Estados Unidos con «armas de destrucción masiva». Así que EE.UU. invadió Irak y destruyó gran parte de su infraestructura y patrimonio arqueológico, mató a un millón o más de iraquíes y descargó tal cantidad de artillería tóxica que los habitantes de Basora y Faluya ahora padecen un índice sin precedentes de cáncer y malformaciones. Estados Unidos destruyó la petrolera nacional iraquí, abrió sus campos petrolíferos a los magnates amigos de Bush, derrocó un gobierno laico, permitió a la mayoría chií hacerse con el poder y facilitó que las batallas actuales se propagasen entre las milicias suníes, chiíes y kurdas. Recientemente, el gobierno estadounidense destruyó la ciudad de Mosul para salvarla del Estado Islámico.

Sadam Husein no era buena gente, pero si alguien (incluidos Cory Booker, Al Franken y Elizabeth Warren) cree que esa es la razón por la que Estados Unidos hizo todo eso a Irak, me gustaría venderles quinientas toneladas de óxido de uranio de Níger junto con el Washington Post y el New York Times, todo ello a un precio de ganga único.

Pero ellos no creen eso; tampoco creen ninguna de esas extravagantes afirmaciones de que Estados Unidos evita el genocidio y las atrocidades en masa o que pretenda hacerlo. No creen que «la guerra es la paz» y «la libertad es la esclavitud»; porque, independientemente de lo que pensemos de los senadores Booker, Franken y Warren, no son tan tontos. Solo esperan que lo seamos nosotros. O que nos sintamos tan culpables por Donald Trump que sigamos a uno de ellos o a cualquier otro militante demócrata en 2020. O esperan que la mayoría estemos tan desequilibrados, distraídos, desencantados o desinteresados, que no nos importe.

Orígenes del S. 1158, el «Elie Wiesel Genocide and Atrocities Prevention Act» de 2017

El senador de Maryland Ben Cardin, el principal demócrata del Comité de Relaciones Internacionales del Senado, fue quien presentó el «Elie Wiesel Genocide and Atrocities Prevention Act». Es un sionista declarado, a menudo elogiado por el Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés), la Organización Sionista de América y la prensa sionista. Apoya las guerras americanas en Afganistán, Irak, Libia y Siria y se opuso al acuerdo nuclear con Irán; exigió la retirada de Bashar al-Ásad de Siria y declaró que Estados Unidos no puede aceptar el estatus de Corea del Norte como potencia militar menor.

Cardin también apoya, junto con el senador republicano por Ohio Rob Portman, la «Senate Bill 7. 20 – the Israel Anti Boycott Act» (propuesta de ley del Senado 7.20, Acta antiboicot a Israel), según la cual se acusa de felonía a los estadounidenses que apoyen la Campaña Internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra las décadas de ocupación de Palestina por parte de Israel. Si se aprueba la S. 720, la no adquisición de productos israelís por razones políticas será un delito federal punible con penas de entre 250.000 y 1 millón de dólares y 20 años de prisión.

Ni Cory Booker, ni Al Franken, ni Elizabeth Warren se han unido a los cuarenta y tres senadores, en su mayoría republicanos, que copatrocinan la S. 720. Una violación tan flagrante de nuestros derechos civiles no se adecuaría tanto a su ideología liberal como la prevención del genocidio y las atrocidades en masa. Al fin y al cabo, ¿no quiere cualquier demócrata liberal, y cualquier estadounidense de buena voluntad, evitar el genocidio y las atrocidades en masa? Solo un psicópata no querría.

Cuando comenzó la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Libia, el académico pakistaní Tariq Ali escribió en el Monthly Review: «El cinismo puro es impresionante. Esperan que creamos que los líderes con las manos manchadas de sangre de Irak, Afganistán y Pakistán están defendiendo a la gente de Libia. El hecho de que liberales decentes se sigan tragando esta sarta de mentiras es deprimente».

En el quinto aniversario de la invasión de Estados Unidos a Irak de 2003, Ali escribió: «El coste humano de esta guerra se calificaría de genocidio si fuera causado por cualquier otro país».

La prevención del genocidio y las atrocidades en masa por parte de los demócratas

Veinte demócratas, incluidos Booker, Franken y Warren, y solo cinco republicanos han firmado como copatrocinadores la «Elie Wiesel Genocide and Mass Atrocities Prevention Act». Es más, gran parte de este movimiento orwelliano se coordina desde los bastiones ideológicos del partido Demócrata, que son elitistas, ricos en recursos y financiados por las corporaciones. Uno de estos bastiones es el proyecto Enough contra el genocidio y los crímenes contra la humanidad, fundado por los militares John Prendergast y Gayle Smith. Enough es una ONG dependiente de otra mayor, el Centro para el Progreso Americano (CAP, por sus siglas en inglés). CAP es un think tank, un vehículo de propaganda, fundado por John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton. Podesta desempeñó papeles clave tanto en la Administración Clinton como en la de Obama, antes de que WikiLeaks le diera notoriedad.

Otro pilar fundamental en la propaganda de prevención del genocidio es el Centro Carr para los Derechos Humanos de Harvard [en inglés], fundado por Samantha Power. Cuando Power se convirtió en la primera directora ejecutiva, trabajó con «el US Army Peacekeeping and Stability Operations Institute (Instituto de Operaciones del Ejército de EE. UU. para mantener la paz y la estabilidad)» para redactar el Mass Atrocity Response Operations, a Military Planning Handbook (Manual de planificación militar de operaciones de respuesta a las atrocidades en masa). Como embajadora del presidente Obama, se embarcó en una cruzada a favor de las guerras de Estados Unidos y la OTAN en Libia y Siria y despotricó, criticó y fulminó a Rusia.

Uno de los mayores logros propagandísticos del proyecto Enough es STAND, «el movimiento dirigido por estudiantes para acabar con las atrocidades en masa», que declara tener la misión de «dar poder a los individuos y las comunidades con las herramientas necesarias para prevenir y poner fin al genocidio». Stand tiene sedes en institutos, facultades y campus universitarios de todo el país, con coordinadores regionales en el Oeste, el Medio Oeste, el Sudeste, el Este, el Medio Este, el Atlántico Medio y el Noreste. John Kerry, Ben Affleck, George Clooney y John Prendergast han dado conferencias en los eventos organizados en los campus.

Stand proyecta una serie de películas y promueve una lista de libros sobre Armenia, Bosnia, Camboya, Darfur, el Holocausto y Ruanda; todos ellos respaldan las narrativas justificativas que prevalecen en la política exterior estadounidense. El periódico estudiantil de Stand R2P (Responsabilidad de proteger) acepta ahora suscripciones de estudiantes de grado y de posgrado.

Estoy segura de que algunos veteranos de Estudiantes para una Sociedad Democrática (SDS, por sus siglas en inglés), del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC, por sus siglas en inglés) y del movimiento para poner fin a la guerra de Vietnam leen esto y menearán la cabeza, al igual que millones de los que salieron a la calle por todo el mundo desesperados para evitar la guerra de Irak en 2003. ¿Quién iba a imaginar que, un año después, un lobby estudiantil a favor de la guerra surgiría fuera del movimiento Save Darfur y recibiría tanto apoyo institucional en Washington D.C.?

Stand, Aegis Trust y sus preocupaciones comunes

En 2015, Stand se convirtió en la sede juvenil oficial de Aegis Trust, una rama del Centro Nacional del Holocausto del Reino Unido. Aegis Trust asume la responsabilidad del Centro Conmemorativo Kigali, en Ruanda, que existe para consagrar las mentiras oficiales que equiparan el Holocausto y las masacres de Ruanda de 1994. Estas mentiras se hallan en el corazón del canon intervencionista de Occidente y en el pacto Ruanda – Israel. Aegis Trust declara en su web:

«Fracasamos en Ruanda. Fracasamos en Srebrenica. Pero vosotros estáis escribiendo un nuevo futuro. Hoy me siento conmovido, me siento inspirado», Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas.

Esto me recuerda a cuando Norman Finkelstein llamó a Ban Ki-moon «cachorrito comatoso de Estados Unidos».

Las «zonas conflictivas» que preocupan a Stand y a Aegis Trust son las mismas: Sudán, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Birmania y Siria. Palestina nunca ha estado en su lista. Las «declaraciones políticas» de Stand suenan como las de Aegis Trust, las del proyecto Enough y las del Centro Carr para los Derechos Humanos, y, como consecuencia, las sedes de Stand presionan a sus congresistas y senadores. ¿Cuán profundo es ese estado profundo?

Sea cual sea la respuesta, una de las principales prioridades de Stand es aprobar la «Elie Wiesel Genocide and Atrocities Prevention Act», así que seguramente estén al teléfono solicitando reuniones e instando a los senadores Booker, Franken, Warren, y otros a sacar la propuesta de ley fuera del comité de la Cámara del Senado.

¿Llamará alguien a estos senadores para decirles que «la guerra no es la paz», que «Estados Unidos no evita el genocidio», y que es imposible que se crean de verdad esta mierda de proyecto de ley?

Por Ann Garrison

Ann Garrison es una periodista independiente afincada en Oakland (Estados Unidos)

Fuente: Pambazuka News: America’s wars for peace, publicado el 7 de septiembre de 2017.

Traducción para Umoya: Lucía Otero Martínez.

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