Para una profunda reforma del Franco CFA

El debate sobre el franco CFA está que arde. Con esta colaboración, Magaye Gaye nos da su opinión sobre este asunto desde el punto de vista de su experiencia de veinte años implicado en los asuntos del Desarrollo. Su colaboración nos propone pistas para salir de la crisis y refuta las palabras del antiguo Primer Ministro francés Édouard Balladur, el cual decía que “la Moneda no es un sujeto técnico sino político, que atañe a la soberanía y a la independencia de las naciones” [Édouard Balladur, antiguo Primer Ministro francés, Le Monde 9 de febrero de 1990]. Esta colaboración también propone que repasemos la teoría del economista Milton Friedman que hizo de la lucha contra la inflación su principal objetivo.

¿La débil inflación en la zona franco CFA es señal de un buen rendimiento? ¿O la máscara de una cautela demasiado grande?

… Los objetivos en términos de inflación, de déficit presupuestario y endeudamiento que son un corta-pega de las prácticas europeas, no son pertinentes para países que están en busca de la prosperidad.

A principios de este mes de septiembre de 2017 aconteció en Senegal, más exactamente en Saint Louis su antigua capital, un fenómeno excepcional a saber el derrumbamiento, debido a inclemencias del clima, de la estatua de Louis Faidherbe, antiguo gobernador colonial francés. En ese mismo momento, ironía de la historia, Senegal estaba homenajeando en la misma ciudad a un gran miembro de la Resistencia colonial llamado Cheikh Ahmadou Bamba, religioso visionario, estratega, una de cuyas proezas que todavía se celebran allende las fronteras es la de haber logrado, mediante el conocimiento, la no-violencia y la determinación, inculcar a su comunidad, los muridíes, la cultura del trabajo y el contar con uno mismo.

Esos dos acontecimientos no pasaron desapercibidos ya que ocurrieron en un contexto de animados debates, a veces incluso broncos, entre los pro y los anti franco CFA con un punto culminante, la destrucción de un billete de 5000 francos CFA por el activista franco-beninés Kemi Seba, el cual fue consecuentemente expulsado del territorio senegalés.

Lejos de los sobresaltos de un debate ciertamente interesante pero teñido de pasiones, esta colaboración apunta a dar una opinión lo más razonada posible sobre la utilidad o no del franco CFA y sobre todo formular propuestas para salir de la crisis. Dos bandos parecen oponerse: los anti y los pro CFA, dicho de otro modo, el corazón y la razón.

Para permitir que el lector comprenda mejor los envites, es importante recordar que la moneda es una importante herramienta de política económica. Cuando es fuerte, perjudica las exportaciones. China lo ha comprendido tan bien que su estrategia de acomodarse a un yuan débil le ha permitido inflar sus exportaciones hasta el punto de convertirse en prestamista neto de divisas de Estados Unidos.

En el debate del franco CFA, todos los intervinientes parecen estar cargados de buena fe. Los detractores de esta moneda, de los cuales formamos parte, esgrimen argumentos muy procedentes que hablan desde un triple plano ético, económico y político. En el primer punto, el ético, la incompatibilidad de una moneda de base colonial con la necesaria defensa de la soberanía nacional y comunitaria es antepuesta, sin contar con su carácter pueril, respecto del hecho que la definición de la orientación estratégica de dicha moneda parece ser incumbencia de Francia que, cual padre de familia, se garantiza un derecho de supervisión del 50% de las reservas de cambio de los países concernidos. Francia, con pleno derecho y manejando el mando de la prospectiva, muy hábilmente había imaginado ese dispositivo que tenía la ventaja de mantener simultáneamente un “cordón umbilical” simbólico, facilitar la implantación de empresas francesas en África y obtener una financiación para su economía con las reservas domiciliadas en el Banco de Francia.

En el plano económico, el hecho de que el franco CFA sea acoplado a una moneda fuerte, el euro, sobre la base de una paridad fija, perjudica considerablemente las exportaciones de los países africanos miembros, sobre todo la de los productos transformados. Sin lugar a dudas, este parámetro explica, al menos en parte, la persistencia de fenómenos de desindustrialización en los países francófonos miembros de la zona Franco y la recrudescencia de empresas con dificultades que no paran de debilitar el sector privado oficial. Por otra parte, el precio de la garantía de convertibilidad del franco CFA es excesivo: 50% de las reservas de cambio domiciliadas en el Banco de Francia, es decir, un colchón de tesorería que puede rondar lo equivalente a unos 10 billones de francos CFA (15,2 mil millones de euros). Unos recursos financieros desviados del sistema de financiación de la economía de los países miembros, que con todo ya están azotados por una pobreza endémica y con unas enormes necesidades en términos de educación y sanidad.

En otro plano, el político, la integración entre las tres zonas del franco CFA (África Occidental, África Central y las islas Comoras) será muy difícil de lograr debido al hecho de que la moneda en curso en cada una de esas zonas no se puede utilizar en las otras zonas. Efectivamente, desde las publicaciones de Robert Mundell en los años 50, los economistas saben que para que unos países tengan interés en tener una moneda única, deben estar integrados económicamente.

Aun estando convencidos que el franco CFA no es una herramienta de desarrollo, permanecemos respetuosos con las tesis formuladas por los pro CFA que extraen sus principales argumentos de la voluntad de no volver a poner en entredicho la actual estabilidad monetaria marcada sobre todo por una débil inflación y la ausencia de riesgo de que cambie. Incluso si esos dos parámetros no tienen un gran efecto sobre nuestra búsqueda de desarrollo. No quieren dar un salto hacia lo desconocido y se preocupan con toda la razón de unos auténticos riesgos de indisciplina y una mala gobernanza que podrían tener efectos reales sobre el valor de una nueva moneda que creasen. Los que apoyan esta tesis sin duda también temen una excesiva utilización de las planchas de imprimir billetes, con su corolario de hiperinflación. El trauma de la mala experiencia del Banco Regional de Solidaridad (BRS) ciertamente permanece en sus mentes. Creado por iniciativa del Banco Central de los Estados de África Occidental, sobre la base del modelo del Grameen Bank en Bangladesh, el BRS tenía por vocación ayudar a los pobres mediante préstamos sin garantías. La experiencia se saldó con un fracaso, el BRS se liquidó por motivos relacionados con una buena gestión y la falta de reembolso de buena parte de sus créditos a los beneficiarios.

Sea cual sea la postura preconizada, en nuestra opinión esta moneda no puede permanecer en su estado actual por varios motivos. El primero está relacionado con su impronta histórica que ya no encaja en el mundo globalizado del siglo XXI, multipolarizado y solidario. En 1945 el franco CFA se llamaba franco de las colonias francesas de África, aunque el nombre ha sufrido varias mutaciones con el objetivo de quitarle esta impronta colonial, lo cual no es sencillo. Dos declaraciones el antiguo Primer Ministro Édouard Balladur, muy reveladoras, muestran que persiste la lógica de la condescendencia: “La moneda no es un sujeto técnico, sino político, que afecta a la soberanía y a la independencia de las naciones” [Édouard Balladur (antiguo Primer Ministro francés, Le Monde, 9 de febrero de 1990)]. Édouard Balladur dixit, tras la devaluación del franco CFA en 1994, “porque nos parece que era la mejor fórmula para ayudar a esos países en su desarrollo”.

A esto se añade que numerosas mutaciones intervinieron en el ambiente (fin de la guerra fría, advenimiento de una nueva élite africana mejor formada, a veces bilingüe, ciudadana y muy precavida, la existencia de una vigilancia multilateral que entró en vigor con el TEC CEDAO, firma a instancia de las APE, países europeos endeudados, diversidad de asociaciones comerciales con China y los BRICS, fluctuaciones monetarias euro/dólar y bajada del precio del petróleo). El segundo motivo es económico y está ligado al hecho de que el franco CFA no logró introducir la prosperidad dentro de sus países miembros. La pobreza sigue siendo endémica y además los resultados económicos que se han alcanzado son decepcionantes: 10 de los 15 países que componen la comunidad CFA forman parte de los 25 países peor clasificados en el índice de Desarrollo Humano del PNUD 2016. 4 de ellos cierran la fila de esa clasificación. A esto se añade que de los 25 países más pobres del mundo clasificados según el PIB per cápita por el FMI en 2016, 6 son de la zona CFA. Estos últimos son adelantados por estados africanos anglófonos y arabófonos, administradores de sus propias monedas, más emprendedores, más responsables, y que hacen gala de una mayor capacidad de innovación situándose en el pelotón de cabeza de las naciones más prósperas del continente (Suráfrica, Nigeria, Botsuana, Egipto, etc.).

En 2016, los inversores privilegiaron los núcleos económicos como Egipto, Kenia, Marruecos, Nigeria y Sudáfrica que de eso modo canalizaron el 58% de las inversiones directas extranjeras con destino al continente. En una de sus publicaciones el semanal “Jeune Afrique” reveló en 2013 que “los países francófonos representaban el 19% del PIB medio de África subsahariana, mientras que los anglófonos representaron el 47% (sin contar Sudáfrica)”. Según nuestro punto de vista, este desfase se explica por la ineficacia del modelo postcolonial francés. En el momento en que Gran Bretaña permitió que sus colonias se fuesen a aprender el manejo de los asuntos económicos, Francia eligió mantener sus antiguas colonias dentro de una lógica confederal con una fuerte situación de dependencia y asistencialismo. El tercer motivo es técnico. El coste de la garantía de convertibilidad soportado por los países miembros, a saber el 50% de sus ganancias de exportación, ya no es compatible con los riesgos a los que se expone el Tesoro de Francia. Francia reconoció en sus debates con la Unión Europea con anterioridad a la integración del franco CFA con el euro, que la potencial amplitud del apoyo a la balanza de pagos de los países africanos de la zona CFA (los débitos en cuentas de operaciones) era demasiado débil para afectar de modo sensible a las reservas de la Unión Europea. La garantía de convertibilidad permite que el nivel de las reservas se haga negativo, incluso si en la práctica esta situación sea hipotética.

En otro plano, los objetivos en términos de inflación, de déficit presupuestario y de endeudamiento, que son un corta-pega de las prácticas europeas, no son pertinentes para países que están a la búsqueda de prosperidad. Lo mismo ocurre con las normas prudenciales a los bancos y establecimientos financieros de las zonas monetarias del franco CFA, son muy conservadoras y no permiten una vigorosa financiación de la inversión. El cuarto motivo es dogmático: el mundo, teniendo en cuenta los desafíos que hay que asumir en materia de pobreza, crecimiento y paz, debería replantearse la ideología monetarista encarnada por Milton Friedman que hizo de la lucha contra la inflación su objetico primordial. El sentido común quisiera que antes de preocuparse por un aumento de los precios, se debería ser productivo.

La independencia de los bancos centrales que preconiza esta ideología debería ser cuestionada. En nuestra opinión, a partir de ahora habría que preconizar verdaderas políticas de relanzamiento económico y llevar a los Estados a que asuman sus responsabilidades dentro de un mundo en crisis.

Para concluir, pensamos que una solución conciliadora entre las posiciones a favor y en contra de la CFA que sea capaz de sobrepasar la actual estructuración del franco y dirigirse progresivamente hacia una creación monetaria a escala de la CDEAO, podría consistir en: 1) cambiar el nombre del franco CFA para extirparle cualquier connotación histórica. 2) inversión de las reservas de divisas de los países afectados en el BCE. 3) refuerzo del carácter independiente y de la administración de los bancos centrales de la zona cooptando a nivel de los Consejos de Administración de los expertos de países cuya gestión monetaria y económica se cita como ejemplo (Botsuana, Marruecos, isla Mauricio, Cabo Verde y Ruanda, por ejemplo). 4) considerar convenciones de asistencia técnica con países históricamente asociados. 5) renegociar a la baja el coste de la garantía de convertibilidad por debajo del actual 50%. 6) instaurar un sistema de tasas de cambio flotante en función de un panel de monedas compuesto por divisas de los principales países socios (euro, yuan, dólar).

Magaye Gaye

Consultor, político (presidente del partido senegalés “La tercera vía”). Antiguo directivo de la BOAD y del Fagace, cuenta en su bagaje con más de 20 años de experiencia en el campo de la financiación del desarrollo.

Fuente: Financial Afrik, Pour de profondes réformes du Franc CFA, publicado el 17 de septiembre de 2017.

Traducido para UMOYA por Juan Carlos Figueira.

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