Anatomía de la «clase media» negra sudafricana

La clase media negra, en una sociedad tan segregada, merece más atención, así como una definición y deconstrucción posterior. ¿Cuáles son las características, las aspiraciones, la autodefinición, pero también sus orientaciones políticas como grupo?

Según los datos presentados recientemente en un proyecto de investigación por la Unidad de Investigación sobre el Desarrollo y el Trabajo en Sudáfrica (SALDRU, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Ciudad del Cabo, la población de Sudáfrica considerada «clase media» aumentó del 12,8% en 1993 al 16,6% en 2012. Dos tercios de este porcentaje son clasificados como «negros». Por el contrario, el 55% de la población sigue siendo pobre, el 23% está en situación vulnerable y el 5,2% puede considerarse élite.

La clase media negra, en una sociedad tan segregada, merece más atención, así como una definición y deconstrucción posterior. ¿Cuáles son sus características, aspiraciones, autodefinición, pero también sus orientaciones políticas como grupo?

Las realidades de Soweto

Phakati – Soweto’s Middling Class es un documental producido en 2008 y 2009 por un equipo de la Universidad de Johannesburgo (UJ) liderado por Peter Alexander. Ilustra, principalmente con entrevistas, un proyecto de investigación que comenzó en 2006: una encuesta sobre la identidad de clase.

Inicialmente se clasificó a 2.284 encuestados en total. Los grupos más grandes estaban formados por 582 personas con un empleo formal (con salario) y 535 desempleados. También se encuestó a 309 destinatarios de ayudas sociales o personas no constitutivas de fuerza laboral, 261 estudiantes, 251 trabajadores a tiempo parcial y 225 sustitutos laborales (las últimas dos categorías constituidas por autónomos «supervivientes» o empleados irregulares). Se clasificó a 129 como pequeña burguesía (profesionales autónomos o propietarios de pequeños negocios que buscan empleo), 24 como clase media con empleo (puestos de gestión remunerados) y cuatro como burguesía. En términos de categorías ocupacionales, dos tercios de los encuestados no estaban ocupados (desempleados, pensionistas, estudiantes, etc.).

Los encuestados debían elegir una o varias categorías de clase o estatus social entre todas las que se les ofrecieron. La mayoría (20% de los encuestados) solo optó por la etiqueta «clase media». En cuanto a quienes se identificaron con varias categorías, dos tercios (66%) de los encuestados se calificó como clase media, mientras que un 43% se consideraba clase trabajadora, un 38% clase baja y un 13% clase alta o media-alta.

Las explicaciones de los encuestados de «clase media» (desde una dueña de una empresa y residente en una elegante casa hasta una mujer desempleada que vivía en una choza) eran, mayoritariamente, estereotipos. Los integrantes del segmento superior argumentaron que a otros les iba mejor, mientras que los del segmento inferior aseguraban que a otros les iba peor.

Cuando, al final del documental, la mujer de negocios visitó a la que vivía en una choza, ambas se preguntaron mutuamente su categoría. A las dos mujeres les costaba comunicarse, convencidas de que la otra estaba loca al identificarse con la clase media. Pero hay algo de lógica y de sentido en lo que parece una anomalía. Según el estudio de las investigadoras de la UJ, Mosa Phadi y Claire Ceruti, «los sowetanos que se identifican como clase media buscan distinguirse de la mediocridad».

Esta autopercepción estaba claramente relacionada con una forma de orgullo, dignidad y pertenencia. Peter Alexander resume en el libro Class in Soweto que la etiqueta de clase media «está ligada al respeto por uno mismo, la posibilidad de progresar y las aspiraciones» y «se considera normal, por tanto, no es “superior” ni “inferior” a otras personas». Además, añade que el término «clase» puede considerarse positivo, ya que contempla la posibilidad de progresar, a diferencia de «raza». Por tanto, es una categoría deseada.

A pesar de que las diferencias de estatus social, estilo de vida e (in)seguridades de los sowetanos son enormes, se contentan con calificarse como parte de una clase «media» arbitrariamente definida. Esta autocalificación sugiere que «ser de clase media» es una zona de confort a pesar de su lucha diaria por la supervivencia.

Un análisis contrastivo fue elaborado casi paralelamente por Ivor Chipkin, del Instituto de Investigación de Asuntos Públicos (PARI, por sus siglas en inglés), en Johannesburgo en 2012. En su ensayo, Middle Classing in Roodepoort: Capitalism and Social Change in South Africa, estudia la «esencia de la clase media» en la periferia de Roodepoort. Previamente era una zona residencial «blanca» de un área más amplia de Johannesburgo, pero ahora en ella residen personas de clase media negra.

Chipkin diagnostica el surgimiento de un «mundo común» que «no se asocia con nuevos patrones de sociabilidad más allá de la raza o la etnia». Se ponen en duda las afirmaciones de que los grupos diferenciados por su etnia «implicarían posiciones sociales antagónicas» y sobrevivirían especialmente entre miembros de clase media blanca. Por el contrario, tales sentimientos se han reemplazado por «apertura hacia los sudafricanos negros, lo que no tiene precedentes fuera de círculos políticos liberales y/o de izquierda». Por tanto, Chipkin concluye que «la vida cotidiana se basa en la búsqueda de identidad y estructura, y no en su rechazo u oposición».

En los adosados de Roodepoort, observa «un mundo común paradójico abocado a un nuevo régimen de derecho de propiedad y mediado por personas jurídicas». Afirma que «los espacios de orden han sido constituidos con un régimen de propiedad (privada)», lo que no necesariamente está de conformidad con «una sociedad post-apartheid que tiende hacia el socialismo, una democracia participativa o, al menos, sujeto a la moral de la Constitución». En otras palabras, es una identidad de mitades que considera su posesión como el único punto de referencia importante.

Esto parece confirmarse en una encuesta sobre actitudes políticas realizada por Bob Mattes en su proyecto afrobarómetro. Sugiere que es más probable que los sudafricanos negros que disfrutan de cierto grado de seguridad con acceso a educación superior apoyen la necesidad de buena gobernabilidad y autoexpresión. Es menos probable que prioricen la provisión de bienes y servicios básicos en comparación con aquellos a quienes les va peor.

Las realidades de la clase media negra sudafricana

El programa de la BBC Africa Business Report, emitió en televisión el 1 y 2 de enero de 2016 una conversación con tres observadores sudafricanos. Se les preguntó por su percepción de la clase media africana. Uno (negro de clase media) le atribuyó no mucho más que avaricia y aspiraciones individuales a acumular bienestar y estatus, como una generación que busca «gratificación inmediata» sin «lealtad» a ninguna orientación política o ideológica.

Para su tesis de Máster, Amuzweni Ngoma entrevistó a miembros de la clase media negra (CMN) con puestos profesionales superiores. Concluyó que «los altos niveles de desigualdad intrarracial vinculan la CMN con alianzas basadas en la raza y no en la clase». La profesión y los ingresos, como definidores de clase, no implican automáticamente identidad de clase. Pero Ngoma también observa «que la CMN cada vez asienta más su posición de clase, un desarrollo que le permite comenzar a evaluar de forma crítica un panorama político más amplio», lo que a su vez «indica un compromiso más profundo con las necesidades de desarrollo de clase».

En el libro The New Black Middle Class in South Africa, Roger Southall muestra que la clase media negra ha sido históricamente una fuerza política progresista, así como heterogénea: «en diferentes momentos, situaciones y lugares, se variaba (a veces simultáneamente) de corriente liberal a conservadora, a nacionalista o a radical. Se podría haber argumentado que lo único estable respecto a la clase media negra era su inestabilidad política». Asegura que «no es probable que la élite y la clase media negras, ahora en puestos de poder, con privilegios y beneficios, muerdan la mano del Estado que les da de comer. Cuanto más dependan del partido gobernante, más probable es que le apoyen».

Sin embargo, también sugiere: «a pesar de que los segmentos más poderosos de la élite y la clase media negras sigan aliados con el ACN, el partido del gobierno, el conjunto de la clase media negra es cada vez más heterogéneo. A pesar de que procedan de un entorno simpatizante con el ACN, muchos votantes negros de clase media son cada vez más críticos con las actuaciones del gobierno». Por tanto, no se debería dar por sentado que la lealtad de la clase media negra al ACN en el gobierno permanezca inamovible. Tal y como se documentó el comportamiento de los votantes en las elecciones municipales y locales de mediados de 2016: «un colapso financiero conllevará fracturas mayores (…) y el partido perderá la lealtad de gran parte de la clase media negra. La dirección o direcciones políticas en la que la clase media negra decida avanzar constituirá un factor importante para definir la trayectoria del país en el futuro».

No obstante, no se debería dar por sentado que esta legislatura sea más democrática. El comportamiento de la clase media no se basa en actuar por propio interés, sino en términos pragmáticos y oportunistas. Southall, por tanto, advierte de que «la clase media negra puede inclinarse hacia un “autoritarismo competitivo”, una forma híbrida de gobierno en el que formalidades democráticas ocultan un gobierno autoritario». Mientras observamos las batallas internas del ACN por la sucesión y la gestión de la captura del Estado, el veredicto sobre el papel de la clase media negra sigue en el aire.

Henning Melber

Traducción para UMOYA: Lidia Muñoz Solera.

* HENNING MELBER es investigador asociado en el Instituto Nórdico para África (INA) en Upsala y profesor adjunto en el Departamento de Ciencias Políticas, en la Universidad de Pretoria y el Centro para Estudios Africanos, Universidad del Estado Libre en Bloemfontein. El texto está basado parcialmente en extractos editados de la introducción y la conclusión de Henning Melber (ed.), The Rise of Africa’s Middle Class: Myths, Realities and Critical Engagements, Johannesburgo: Wits University Press 2017 y Londres: Zed Books 2016.

Fuente: Pambazuka News, An anatomy of the Black South African “Middle Class” Publicado el 03 de agosto de 2017.

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