Macron, el africano

No se puede decir que no haya multiplicado las iniciativas con respecto a África, que apenas conoce. En todo caso, no puede hacérsele este reproche desde el principio de su mandato.

Unos 100 días después de su llegada al Elíseo, Emmanuel Macron ha multiplicado los signos y actos que apuntan a aproximar el continente africano al Hexágono o a reafirmar las realciones entre la cuna de la humanidad y la patria de los derechos humanos.

En efecto, apenas había abierto sus cajas en el palacio y ya estaba volando a Gao, donde se encuentran las fuerzas especiales francesas en el marco de la lucha contra el terrorismo. Algunas semanas más tarde, está de vuelta en el antiguo Sudán francés, precisamnete en Bamako, para presidir una especie de consejo de guerra en compañía de los cinco jefes de estado del G5 sahel (marco institucional de coordinación y del seguimiento de la cooperación regional en materia de políticas de seguridad, establecido en 2014 por los jefes de estado de Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad).

Esta especie de “Taskforce” de la que tanto se habla, pero cuya enfermedad infantil corre el peligro de ser por falta de los medios de financiación para operatibilidad. De los 423 millones de euros necesarios para optimizar el funcionamiento de la susodicha fuerza, apenas si están disponibles un centenar cuando en realidad la situación es urgente.
Y no más allá del pasado 28 de agosto, el presidente francés mantenía una mini cumbre en París sobre la crisis migratoria en la que el continente está más que implicado. Encuentro en el que tomaron parte tres dirigentes africanos, es decir, el de Chad, Idriss Déby, el nigerino Mahmadou Issoufou y el jefe de la unión nacional de Libia, Fayez Al Sarraj, así como sus homólogos, Angela Merkel, cancillera alemana, la jefe de la diplomacia europea, Federica Monderini, el presidente del consejo italiano, Paolo Gentiloni, y el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy. Una reunión en un contexto polémico, ya que el joven presidente francés justamente ha pedido la creación de “hotspots” en África, centros de acogida de los solicitantes de asilo, para limitar los flujos migratorios ilegales, los muertos en el Mediterráneo y las detenciones inhumanas de los emigrantes en Libia. Aunque esta idea parezca alejarse con respecto la acogida que se le ha prestado.

Durante la mini cumbre, el presidente francés debería anunciar el 29 de agosto, la creación de un consejo presidencial para África (CPA) y ante el areópago de embajadores franceses, Júpiter, que así se le llama, ha elegido poner en la pila bautismal su nuevo hallazgo de cooperación con África. Una nueva idea, a través de la que Macron dice trabajar cogido de la mano de África. Este Consejo, cuyo objetivo es el de repensar la asociación entre el continente y Francia, por no hablar de las colonias y la antigua metrópoli, permitirá al Elíseo tomar directamente el pulso de los socios, sin pasar por la retahíla de los Señores África o de los consejeros África, intrigantes palaciegos. Su papel será específicamente hacer propuestas concretas sobre sectores con futuro o también desarrollar un enlace con sociedades civiles africanas. Y todos los que formen parte del CPA serán sobre todo personalidades del mundo de la cultura, de los deportes y de las finanzas.

Sus miembros, a juzgar por la misión que les será asignada, serán escogidos por el propio Emmanuel Macron.

Pero ¿conseguirá cargarse al monstruo de Jacques Foccart, que ha dejado su sello, hace más de un siglo, en el continente? ¿No se verá atrapado por una realidad sobre el terreno en un tipo de relaciones en las que el espíritu del vencedor ha sido proclamado sin cesar, sin llegar jamás a realizarse? Interrogantes que merecen plantearse cuando sabemos que la “Francafrique” tiene sus propias razones aunque la propia razón las ignora.

M. Arnaud Ouédraogo

Fuente: L’Observateur Paalga, Burkina Faso, Macron, L’Africain, publicado el 28 de agosto de 2017.

Traducido para Umoya por Loli Mitchell.

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