«La guerra y las colonias» Antonio Gramsci (Texto de 1916)

Antonio Gramsci sin duda fue uno de los filósofos marxistas más eminentes de la historia. Fundador del partido comunista italiano, el régimen fascista de Mussolini le asesinó, después de haber estado 10 años en la cárcel. El procurador fascista de la época afirmó en el juicio: “Durante 20 años, tenemos que impedir que este cerebro funcione” ¿Cabe extrañarse de semejante declaración? Los análisis y los escritos de Gramsci apuntaban a proporcionar una educación política y cultural a las clases marginadas, con la intención de construir una nueva cultura revolucionaria, una “hegemonía cultural” capaz de contrarrestar la impuesta por las clases dominantes. Reproducimos aquí un texto inédito de Gramsci, sobre las colonias. El autor parece alentar dos esperanzas sobre la posibilidad que tienen los pueblos colonizados de elevarse en contacto con los pueblos de Occidente y, también, subraya el pillaje de las riquezas que motivan exclusivamente a las potencias europeas. (IGA)

¿Saben lo que nos han dicho los obreros argelinos en el informe del 5º Congreso del partido socialista argelino, organizado en Constantina en 1902? Nos han dicho esto: “Si os consideráis incapaces de cumplir esta misión (moralizar, instruir, hacer que la población sea consciente), si enmascaráis vuestro poder tenemos derecho a preguntaros qué habéis venido a hacer en este país y si simplemente habéis venido a sustituir a los colectores de impuestos turcos para los perceptores franceses”. Los indígenas de las colonias francesas exigen, entre otras cosas, la apertura del mayor número posible de escuelas primarias y de formación profesional, para que puedan estar en igualdad con los republicanos franceses y así liberarse de toda tutela…

¿Cuántos notables han venido a París, no para presentar homenajes serviles de los grandes Jefes, sino para justamente comunicar las reivindicaciones políticas de todo un pueblo, que es un hecho que no han ignorado las masas? Los musulmanes de Egipto, aunque Inglaterra les haya concedido, desde 1883, el derecho al sufragio universal, exigen nuevas libertades políticas. En resumen, en todo caso, los indígenas de las colonias demuestran a las madres patrias su existencia “orgánica”. Ya sea en la India, en Java [1], o en Gonbanghi, la ancestrales razas adormecidas se despiertan, las nuevas quieren salir a la superficie y ver la luz. Se trata de un movimiento universal y seguro. Sean cuales sean las consecuencias políticas que deben resultar de la liberación indígena de toda esclavitud no debe esperar. Si los políticos de la Europa actual se sienten impotentes para realizar la emancipación que se impone, si se ven incapaces de llevar a cabo la misión de un colonialismo real y profundo – así aparece en las estadísticas – más les vale capitular y renunciar a las colonias.

Esto es lo que constituye la cuestión de fondo de una entrevista que el corresponsal parisino de “Il Resto del Carlino” [2] ha hecho a Charles Dumas, diputado socialista, jefe de gabinete del ministro Jules Guesde, y especialista en cuestiones coloniales. La conclusión a la que llega Dumas, del fracaso de la misión colonial europea, deriva de una lógica implícita en las afirmaciones, lógica por la que “el materialismo histórico, tan maldito y renegado, sería la gran ley de la formación de los pueblos”.

El colonialismo puede tener una justificación moral. Es verdad que el colonialismo puede ser un empuje histórico necesario, para que poblaciones sociales retrasadas cambien, se disciplinen, adquieran la consciencia de su existir en el mundo y de su deber de contribuir a la vida universal.

Para el que está convencido que la instrucción, la educación, el perfeccionamiento de la técnica productiva son la medida del grado de civilización de un pueblo, sin duda que el poner en contacto a dos pueblos, uno con una civilización desarrollada y el otro sólo en vías de desarrollo potencial, sea bueno para la economía general. Pero los métodos coloniales difieren uno de otro, y entre las tres políticas que los europeos (franceses, ingleses y alemanes) han adoptado, ninguna se ha puesto como objetivo la educación de los indígenas, sino solamente la dominación y el pillaje de la tierra. Tomemos como ejemplo los tres casos de colonialismo citados anteriormente. Francia e Inglaterra son las naciones colonialistas por excelencia, una proteccionista, la otra liberal. Sus colonias son directamente dominadas, es decir, estas potencias coloniales no sólo han querido llevar a cabo la conquista de los mercados para las necesidades de su capitalismo, sino que también han buscado la conquista territorial. Por el contrario, Alemania que entró más tarde en el rango de las grandes potencias, se ha contentado con la conquista mercantil. Porque su imperio colonial no se compone de territorios directamente controlados, dominados y con menor rendimiento, comparado con las colonias inglesas o de otras naciones para las que la penetración pacífica era posible. Su error reside, según Dumas, justamente en esto: los europeos no conquistaron colonias para crear en ellas fuerzas productivas similares a las de sus países, de manera que se constituyera una espina dorsal económica que hiciese crear una actividad política y social consecuente. Los europeos han obedecido a un impulso de sus capitalismos y en las colonias han creado empresas capitalistas y no una sociedad capitalista.

Dumas habla en particular, y se comprende, de la misión emprendida por los franceses. Francia no ha entendido bien la sed de los indígenas de ser considerados como el resto de los hombres en el gran concierto de la civilización europea. Por todas partes ha predicado los principios democráticos de la igualdad, la fraternidad y la libertad, por encima de la raza y el color de la piel, pero no ha exportado estos principios de la madre patria para implantarlos en las colonias. Por ejemplo, Argelia es la colonia francesa más importante. Tiene una administración anárquica y arbitraria, un sistema de justicia incalificable, enormes abusos policiales, torturas propias de la Edad Media. Mientras Argelia viva bajo los auspicios del régimen de leyes de excepción, no tendrá la posibilidad de desarrollo económico, ni social para el pueblo indígena. No existen industria, ni comercio posibles para aquel que está a merced de cualquier abuso, de toda venganza vil y que tiene que pagar por sus propiedades impuestos superiores a los de los blancos. En general, en todas las escuelas mixtas de europeos e indígenas, los mejores alumnos son indígenas. Sin embargo, se citan casos como el del municipio de Mirabeau [4] donde 8.000 indígenas frente a 300 europeos no han conseguido una escuela para sus hijos.

La benéfica función del capital se convierte en nula por el hecho de que los intereses industriales del sistema colonial francés, estrangulan enormemente a los indígenas: la economía entera de las colonias se confisca en provecho de las restringidas categorías industriales de la madre patria.

A pesar de todo, el contacto entre hombres blancos y de color ha tenido sus consecuencias; incluso indirectamente, el capitalismo ha logrado crear nuevas necesidades, nuevas voluntades, aspiraciones latentes que sin embargo podrían degenerar repentinamente en una acción violenta. Los indígenas no soportan la servidumbre moral, todos desean crecer, liberarse de la ignorancia, demostrar que también ellos son dignos de la civilización. Y lo que se comprueba en Argelia, también aparece en Indochina, en la India británica, con el movimiento nacionalista hindú, en Goa, colonia portuguesa, en Java, holandesa, con el Partido Joven, y en casi todas las colonias europeas, allá dondequiera que la civilización capitalista haya sentado las bases para el desarrollo de las razas y pueblos subdesarrollados…

Hemos transmitido textualmnte, y en varios puntos, las palabras de Dumas mencionadas en la entrevista con Girardon, porque nos parecieron extraordinariamente sugestivas e interesantes. Presentamos también la conclusión poco reconfortante: nosotros, europeos, y sobre todo, nosotros franceses tenemos tendencia al egocentrismo. Nos creemos el centro del universo y apenas si nos imaginamos que fuera de nosotros, que fuera de nuestra vieja esfera continental, hay grandes movimientos de actividad humana, en la que ya se desarrollan acontecimientos que podrán tener repercusiones decisivas en nuestros destinos. La guerra de las colonias sobrevendrá tras la guerra europea.

Antonio Gramsci

Traducido del italiano al francés por: Mohamed Walid Grine, escritor y traductor argelino, profesor de traducción del Instituto de traducción (Universidad de Argel II)
Texto editado el 15 de abril de 1916, en el semanario “Il Grido del Popolo”, nº 612.

Título original: La guerra e le colonie

Notas:
[1] Antiguo nombre de la colonia holandesa de Indonesia (N. D. T.)

[2] Diario de la región de la Emilia-Romaña, situada en Bolonia. Fundada en 1885 (N. D. T.)

[3] M. Girardon, Le libertà coloniali dopo la guerra europea (Las libertades coloniales después de la guerra europea), en “Il resto del Carlino”, 9 de abril de 1916. En 1913 a Charles Dumas, el Partido Socialista francés le encargó que hiciera una investigación sobre las poblaciones de África del Norte y presentar un informe al partido. De dicha investigación nació el libro Liberez les indigènes ou rénoncez aux colonnies, paris 1914 (Liberen a los indígenas o renuncien a las colonias (N. D. T.) Este libro se hizo célebre en Italia gracias a un amplio informe, hecho por Mussolini en la revista “Utopia”, nº 3-4, 15-28 de febrero de 1914, pps. 87-94. Gramsci volvería a tomar el asunto y desarrollarlo en el artículo “Le guerre delle colonie” (La guerra de las colonias, (N. D. T.), in “L’ordine Nuovo”, 7 de junio de 1919. (Nota traducida a partir del original en: “Antonio Gramsci nel mondo grande e terribile”, antologia degli scritti 1914-1935) gracias a Giuseppe Vacca, Enaudi, Torino, 2007).

[4] Durante la colonización francesa de Argelia, nombre dado a Draà Ben Khedda, (municipio de la Wilaya de Tizi Ouzou, actualmente).

Fuente: Investig’action: La guerre et les colonies, publicado el 26 de julio de 2017.

Traducido del francés al español por Loli Mitchell.

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