Cómo minan los mercados el desarrollo en África

Las normas, instituciones y operaciones del mercado mundial, intactas desde el fin del imperialismo formal, están entre los mayores obstáculos para el desarrollo de los países africanos.

Las normas del mercado mundial benefician o se inclinan a favor de los países industrializados. En otras palabras, se aplican normas de mercado más restrictivas a los países africanos, mientras que los países industriales disponen de margen para aplicarlas, beneficiando a sus empresas, mercados laborales y economías.

En primer lugar, los países industriales tienen más poder para fijar normas de mercado que los africanos y aquellos en vías de desarrollo.

Muchos países industriales, tras la crisis mundial del 2007/2008 y la crisis financiera de la Eurozona, nacionalizaron bancos en quiebra. Pero, si los países africanos intentasen lo mismo, se enfrentarían a las restricciones y críticas de los mercados, las instituciones financieras y los medios de comunicación mundiales.

Muchos países industriales, por ejemplo, pueden desarrollar políticas monetarias para mejorar ostensiblemente su competitividad en las exportaciones, como mantener artificialmente los valores de sus divisas y de las tasas de interés bajos. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón llevan años haciéndolo.

Como consecuencia de la crisis del 2007/2008 y la crisis financiera de la Eurozona, puesto que las tasas de interés ya estaban próximas a cero, Estados Unidos aplicó el «Quantitative Easing» (QE), la estrategia de inyectar dinero directamente en el sistema financiero del país. El QE consiste en imprimir dinero electrónicamente y comprar bonos al gobierno, lo que aumenta la circulación de dinero, para así incrementar el gasto empresarial y el de los consumidores.

Tales políticas monetarias unilaterales han minado la competitividad de los países africanos, ya que han causado flujos cambiantes de capital, volatilidad de divisas y desestabilización de los mercados financieros.

Los países africanos no tienen poder económico suficiente para aplicar el QE y, aunque lo tuvieran, probablemente habría represalias por parte de los mercados, los inversores y los países industrializados.

Los países industrializados defienden el libre comercio, pero la mayoría aplican cuantiosas barreras arancelarias a los bienes manufacturados y procesados de África. Sin embargo, los países industrializados insisten en que los países africanos abran sus mercados a los bienes agrícolas y manufacturados de países industriales.

Los países industrializados suelen tener barreras no arancelarias, como estándares de calidad, sanitarios o medioambientales para los productos importados de países africanos. Los países africanos no disponen de la misma libertad para hacer lo mismo con los productos de países industriales.

Además, los países industriales subvencionan sus sectores sensibles, como la agricultura, pero castigan a los países africanos cuando quieren proteger sus sectores sensibles o emergentes. Por ejemplo, la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA, por sus siglas en inglés) o los Acuerdos de Parternariado Económico (APE) permiten a los gobiernos de EEUU y de la UE subvencionar sus industrias estratégicas; pero ambos prohíben a los países africanos hacer lo mismo, ya que perderían los «beneficios» de la AGOA y los APE.

Los países industriales insisten en que los países africanos concedan a las empresas multinacionales total libertad para invertir en economías africanas, a menudo sin tener en cuenta el entorno local medioambiental, los estándares laborales o una buena gestión corporativa. De nuevo, si los países africanos no permiten la entrada libre de bienes de países industriales, es probable que se enfrenten a represalias políticas en los mercados, de los inversores y de países industrializados.

La divisa internacional del comercio es el dólar estadounidense, u otras de países industrializados, como el euro, la libra esterlina y el yen japonés. Las materias primas exportadas de la mayoría de los países africanos a países industriales se tasan en estas divisas. Las fluctuaciones a las que están sujetas impactan desproporcionadamente en las economías africanas, ya que dependen enormemente de la exportación de mercancía.

Los precios, tipos de cambio y bolsas de valores de mercancías africanas se fijan en países industriales. Esto significa que, sorprendentemente, los productores africanos no participan en la fijación del precio de sus mercancías, aunque sean los productores dominantes a nivel mundial.

En el mercado mundial, la mano de obra de países industriales puede moverse libremente en los países africanos. No obstante, se restringe cada vez más la circulación de trabajadores africanos en los países industriales. Los argumentos a favor del libre mercado se desmoronan sin la libre circulación de trabajadores.

Los países industriales también controlan las estructuras del mercado mundial: las agencias de calificación crediticia, las agencias de transporte y logística, las agencias aseguradoras, los bancos y los sistemas de comunicación mundiales.

Las tecnologías de la comunicación están cada vez más integradas en los mercados mundiales, ya que los negocios, las finanzas y el comercio se realizan digitalmente. Las empresas de países industriales dominan las tecnologías de la comunicación.

Las instituciones internacionales públicas que sustentan los mercados mundiales están controladas por los países industriales, sus responsables y sus visiones dominantes. Algunas de ellas son las instituciones internacionales «públicas» como el Banco Mundial, dirigido por EEUU y la UE, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y su afiliado en el sector privado, la Corporación Financiera Internacional (CFI), y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Los países africanos pierden proporcionalmente más con la normativa fiscal internacional, que favorece a los países industriales y concede margen a las empresas multinacionales para la evasión de impuestos, el tráfico ilícito y la deslocalización en países africanos. Como bien dijo Rob Davies, ministro sudamericano de Comercio e Industria, «la modificación de las normas fiscales internacionales y la eliminación de los vacíos legales que facilitan y permiten la evasión de impuestos y el fraude fiscal internacionales» es algo que solo se negocia con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual no son miembros la mayoría de los países africanos ni los países en vías de desarrollo.

Los países africanos deben hacer presión en estos asuntos mundiales, que les afectan directamente, para que se traten mediante mecanismos multilaterales e intergubernamentales.

Los países africanos deben hacer presión para que las instituciones internacionales públicas que sustentan los mercados mundiales, como el Banco Mundial y el FMI, les permitan participar en la toma de decisiones.

Los países africanos deben formar coaliciones mejores para presionar en la mejora de la gestión de los mercados mundiales, para conceder a un país africano el mismo espacio político para «dominar» los mercados. Los países africanos deben aplicar en bloque políticas industriales, de desarrollo y de comercio apropiadas. Esto dificultará que los países industrializados, las instituciones internacionales públicas y los mercados mundiales penalicen a un país africano por aplicar las mismas políticas que los países industriales.

Los países africanos deberían, por tanto, aplicar las mismas políticas económicas que los países industriales, siempre que sea apropiado. Sin embargo, los países industriales, los mercados mundiales y las instituciones públicas y privadas perciben estas medidas como anti-mercado.

Durante más de medio siglo desde el fin de la colonización, solo dos de los 54 países africanos han aplicado una política industrial equiparable a la de Corea del Sur, Taiwán o Singapur. Los gobiernos africanos, líderes y grupos de la sociedad civil casi nunca presentan críticas (que son legítimas) contra cómo los países industrializados y las instituciones mercantiles internacionales públicas y privadas minan el desarrollo de África.

Pero los gobiernos africanos, los líderes y los grupos de la sociedad civil casi nunca presentan políticas de desarrollo pragmáticas y bien planificadas, más allá de los eslóganes «devolved la tierra», «devolved las minas» o «nacionalizad las empresas extranjeras». Lo que se necesita es hacer planes industriales detallados, utilizar los talentos del país, empoderar al mayor número de personas y aplicar lo mejor de lo que hacen los países industriales y otros países en vías de desarrollo, siempre que sean adecuados para el contexto africano.

Los países africanos también tienen que utilizar sus recursos para crear, colaborando con otros países en desarrollo, instituciones internacionales públicas que sean alternativas, más justas y equitativas, porque las actuales están dominadas por países industrializados.

Los productores africanos deben tratar de crear organismos de coordinación, como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés), que regulen los bienes que producen, para aumentar su influencia en la fijación de precios.

Nuestros países deben diversificar sus productos y abandonar la dependencia excesiva de la exportación. También deben añadir valor a sus mercancías produciendo bienes manufacturados y procesados.

Los países africanos deben aunar sus mercados y comenzar a comerciar efectivamente los unos con los otros. Deben aplicar políticas industriales para diversificar sus mercados independientemente de los países industriales.

Pero los líderes y los gobiernos africanos deben dirigir mejor sus países: la gobernanza deficiente debilita más su poder contra las instituciones internacionales públicas, los mercados y los países industrializados.

Los países africanos corruptos, mal gestionados y que aplican políticas mal planificadas minan su propia independencia. No solo son incapaces de desarrollar políticas más apropiadas a sus circunstancias, sino que también debilitan las negociaciones con los países industrializados y las potencias emergentes, como China, así como la resistencia frente a las interferencias destructivas por parte de las instituciones internacionales públicas, como el Banco Mundial y el FMI.

William Gumede

  • WILLIAM GUMEDE es el presidente de la Democracy Works Foundation. Su libro más reciente es Restless Nation: Making Sense of Troubled Times («la nación incansable: dotar de sentido a tiempos conflictivos»). Una versión más corta de este artículo se publicó en el periódico African Independent.

Fuente: Pambazuca. How markets undermine African development, publicado el 13 de julio e 2017.

Traducido para Umoya por Lidia Muñoz Solera.

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