RDC: violencia en el Kasai. Naciones Unidas frente a la crisis III

La situación en el Gran Kasai ha degenerado en menos de 10 meses. Desde la chispa de agosto de 2016, se ha convertido en una crisis mayor. Al menos cuarenta y dos fosas comunes y todavía muchas investigaciones que llevar a cabo. Más de un millón de desplazados y decenas de miles de refugiados en Angola. La misión de Naciones Unidas en el Congo es la misión más cara del mundo: más de mil millones de presupuesto al año, casi 20.000 personas y 18 años de presencia. ¿Cómo ha reaccionado la ONU?

El principio de la crisis Kamuina Nsapu coincide con el regreso de Étienne Tshisekedi. El histórico opositor llevaba dos años ausente de la República Democrática del Congo. Regresa a falta de cinco meses del final del segundo y último mandato del presidente Kabila y es el único que sabe movilizar las masas. Se esperan altercados en Kinshasa, Lubumbashi, Goma: manifestaciones, represión… pero no en las zonas rurales. Los observadores extranjeros no se imaginan que tendrán que enfrentarse a una oleada de “ataques místicos” y a masacres en el Gran Kasai.

Cuando el jefe Jean-Prince Mpandi fue asesinado el 12 de agosto de 2016, casi fue un no-acontecimiento. Nadie tiene en mente al Gran Kasai. En agosto de 2016, la comunidad internacional tenía dos prioridades: las negociaciones políticas enfocadas en el diálogo intercongoleño y la organización de las elecciones. Por aquel entonces, Kamuina Nsapu sólo era un jefe tradicional del que nadie había oído hablar.

Al día siguiente de su muerte, el 13 de agosto, tuvo lugar la masacre de Rwangoma en el Este del Congo. En ese barrio, situado a dos o tres kilómetros de la residencia del jefe de Estado, se contabilizaron 51 muertos. Joseph Kabila acababa de irse de la ciudad después de haber prometido la paz en Beni. Esa masacre parece un mensaje que le quieren enviar. La situación degenera por todas partes. La RDC tiene nueve fronteras, demasiada riqueza y todos los problemas que la acompañan. Tras las crisis ruandesa, burundesa y centroafricana, la crisis de Sudán del Sur se desborda en el Congo. Consecuencia: decenas de miles de refugiados y los combatientes que les acompañan. Riek Machar y sus hombres llegan al Este del Congo. La ONU tiene que estar presente en todos los frentes abiertos.

¿Han llegado demasiado tarde los cascos azules?

La MONUSCO se fue del Gran Kasai dos años antes del inicio de la crisis. Fue el resultado de una decisión del Consejo de Seguridad. En noviembre de 2012, Goma cae en manos de la rebelión del M23, lo cual supone un desaire para la Misión y para todo el sistema de la ONU. Una resolución prevé el establecimiento de una brigada de intervención y el reposicionamiento de los efectivos de la ONU en el Este del país y en Katanga-Norte. El territorio Kasai era considerado un oasis de paz por lo que la oficina de la MONUSCO en Kananga fue cerrada. Lo que queda de la misión de Naciones Unidas es realojado en unas casetas prefabricadas en las instalaciones de la UNICEF. Esta mudanza sentó mal, a tres años vista del segundo y último mandato de Joseph Kabila.

A principios de agosto de 2016, UNICEF es la principal representación de la ONU en el Gran Kasai.

El primer cable que envió la MONUSCO al cuartel general tras la muerte del jefe Kamuina Nsapu tiene fecha del 27 de agosto de 2016. Clasificado como confidencial, es enviado por el representante especial del Secretario General de la ONU en la RDC, Maman Sidikou, y dirigido al jefe de las Operaciones de mantenimiento de la paz en aquel momento, el francés Hervé Ladsous. En copia, todas las divisiones clave de la MONUSCO, el alto-comisionado de Derechos Humanos en Ginebra, el jefe del departamento de Asuntos Políticos en Nueva York. Buena parte del sistema de la ONU está en copia.

“Un conflicto entre un jefe tradicional y las autoridades del Estado se ha convertido en una serie de violentos ataques pirómanos contra la policía. Las autoridades han reaccionado poniendo en marcha operaciones conjuntas entre la policía y el ejército, lo cual ha acarreado la muerte de muchas personas, serias denuncias de violaciones de los Derechos Humanos y decenas de personas arrestadas, niños incluidos.”

Mensaje confidencial dirigido por el representante especial del Secretario General de la ONU en la RDC, Maman Sidikou, a Hervé Ladsous, jefe del departamento de las Operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, en Nueva York, el 27 de agosto de 2016.

El jefe Kamuina Nsapu es presentado como un jefe que desea restaurar un poder tradicional libre de cualquier injerencia política. “Pandi Ntumba” se habría negado a sumarse a la mayoría y tuvo que pagar un precio por ello, no ser reconocido por el Estado. El mensaje confidencial habla de barricadas en las carreteras, pero no dice nada de las negociaciones entre el jefe tradicional y las autoridades congoleñas. Quince días después de la muerte del jefe, la misión de Naciones Unidas en el Congo parece ignorar que Jean-Prince Mpandi había pedido a ciertos diputados la intervención de la MONUSCO para iniciar un debate con el gobierno y que esta petición fue rechazada. El jefe Kamuina Nsapu tuvo que elegir entre la rendición incondicional o la muerte.

“Si fuese, ¿Quién me recibiría? ¿Quién se encarga de mi protección? Por tanto, les pido que soliciten a la MONUSCO que garantice mi seguridad en Kananga. Lo cual, por otra parte, es algo muy sencillo porque la MONUSCO es una fuerza neutral.”

Fragmento de una conversación entre Jean-Prince Mpandi y unos diputados la víspera de su muerte, el 11 de agosto de 2016.

En su cable del 27 de agosto, la misión de la ONU no deja constancia de los intentos de mediación antes de la muerte del jefe Kamuina Nsapu, ni de la retirada de algunas barricadas en señal de buena voluntad. Pero sí que menciona los dos ataques de los milicianos de “Pandi Ntumba”: uno contra el pueblo de Ntenda y el otro en la ciudad de Tshimbulu contra la policía y otras instituciones o residencias de allegados al poder. Ese mismo cable menciona el brutal registro del 3 de abril de 2016 en el domicilio de Jean-Prince Mpandi. Incluso hace mención del sospechoso fallecimiento del predecesor del jefe Kamuina Nsapu, presentado como su “padre”, y de la llegada de Évariste Boshab, el vice-Primer ministro del Interior, los responsables de los servicios de seguridad y una delegación de diputados. Uno de ellos, Clément Kanku, hace una llamada a que se evite el uso excesivo de la fuerza.

Ese mensaje, enviado a Nueva York el 27 de agosto, pone en entredicho el balance oficial que hacen las autoridades congoleñas del sangriento asalto contra Kamuina Nsapu y hace una estimación que habla de unos sesenta muertos. El mensaje cuenta un balance de unas 700 casas quemadas y 5 escuelas destruidas. 40 milicianos habrían sido detenidos, de los cuales 26 menores entre 6 y 17 años de edad. Algunas informaciones dan fe de ejecuciones sumarias y detenciones arbitrarias.

Nuevo mensaje el 2 de noviembre de 2016. Esta vez el texto hace referencia a unas informaciones reiterativas, pero todavía no confirmadas, sobre la existencia de “fosas comunes”.  Se señala a las autoridades locales. El ataque contra el aeropuerto de Kananga se habría saldado, según el mismo cable, con la muerte de 50 milicianos, 16 policías y militares y 6 civiles, pero en el transcurso de la operación de desmantelamiento, las fuerzas de seguridad habrían perpetrado ejecuciones sumarias. Esas fuerzas de seguridad vinieron en refuerzo de la 21ª región militar de Mbuji-Mayi. El comandante de las operaciones se llama general Éric Ruhorimbere y actualmente está bajo sanción de la Unión Europea por haber generado violencia en el Gran Kasai. Fue a partir de septiembre que los veteranos del 812º regimiento, convertido en el 2101º, hicieron su aparición en el Gran Kasai.

Lista de los principales sospechosos establecida por la justicia militar congoleña.

En el mensaje del 2 de noviembre de 2016, la MONUSCO afirma haber reforzado la capacidad de la oficina de Kananga con policías y especialistas en resolución de conflictos. Todavía no se habla del despliegue de cascos azules, pero la misión concluye su mensaje solicitando púdicamente el despliegue de “capacidades adicionales”.

El siguiente mensaje se escribe casi un mes más tarde, el 24 de noviembre. La oficina conjunta de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (BCNUDH) ha concluido una “investigación especial” sobre la violencia en el Gran Kasai. Entre el 22 de julio y el 3 de octubre de 2016, al menos 127 personas han sido ejecutadas por los militares de las FARDC (Fuerzas Armadas de la RDC), de los cuales 19 menores y 15 mujeres. El acontecimiento más grave descrito en ese informe ocurrió en Nkoto en el territorio Demba. Según el BCNUDH, allí fueron ejecutadas 37 personas el 30 de septiembre de 2016 y enterradas en al menos 7 fosas comunes.

Pero todavía habrá que esperar un mes más para que un centenar de cascos azules se desplieguen en Kananga en Kasai-Central, entre el 16 y el 22 de diciembre de 2016. Unos cien cascos azules para, ya por aquel entonces, tres provincias afectadas. Si oficialmente el Consejo de Seguridad pide a la misión de la ONU que utilice prioritariamente su capacidad y recursos disponibles para la protección de civiles, la jerarquización de esas crisis y su carácter de urgencia siguen siendo objeto de negociación con los “P5” y los países que proporcionan tropas.

En Nueva York, la tendencia es más bien a reducir los efectivos de la MONUSCO y denigrar la misión, considerada como muy cara y no lo suficientemente eficaz. Resultado de las negociaciones a todos los niveles, a 1 de junio de 2017 el Gran Kasai únicamente cuenta con unos 250 cascos azules, 25 policías y 60 civiles para hacer frente a una crisis multiforme.

El mandato imposible

Desde el primer mensaje de alerta en noviembre de 2016, la misión de la ONU mantiene su discreción sobre la cuestión de las fosas comunes y los abusos cometidos por el ejército. Tan sólo la Oficina conjunta publica todos los meses una nota en la que incluye sus últimos descubrimientos macabros en el Gran Kasai. La Misión únicamente hace vagas referencias, como un eco lejano. En uno de sus primeros comunicados sobre el Gran Kasai, el 12 de febrero de 2017, la MONUSCO habla de una crisis marcada “por una violencia atroz cometida por los milicianos” y “lamentables denuncias” contra las fuerzas de seguridad.

“La MONUSCO se ha mostrado este sábado preocupada por el persistente conflicto en las provincias del Kasai, marcado por una atroz violencia cometida por las milicias Kamuina Nsapu”.

Comunicado de la MONUSCO, 12 de febrero de 2017.

Dos días más tarde, el 14 de febrero de 2017, el alto-Comisionado para los Derechos Humanos pone el acento sobre la violencia ejercida por el ejército.

“Ya es hora de detener una brutal reacción militar que no hace nada por enfrentarse a las verdaderas causas del conflicto entre el gobierno y las milicias locales, sino que apunta a los civiles en base a unos presuntos lazos con las milicias.”

Comunicado del alto-Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra´ad Al Hussein, 14 de febrero de 2017.

Siempre se ha estado muy lejos del “One UN” preconizado por la organización. Las relaciones entre el departamento de las Operaciones para el mantenimiento de la paz, el departamento de Asuntos políticos y el Alto-Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a menudo son muy tensas. Creado en 1993, el Alto-Comisionado es una de las últimas agencias en ver la luz.

Y desde la década de los años 2000 y el mandato de Louise Arbour, siempre ha buscado tener algo que decir en la gestión de las Operaciones de mantenimiento de la paz, lo cual no fue siempre del agrado de Nueva York. Entre sus caballos de batalla, conseguir sanciones contra los cascos azules culpables de crímenes, impedir que los criminales de guerra tengan acceso a las Operaciones de mantenimiento de la paz o que las Operaciones de mantenimiento de la paz les apoyen. Y lograr que esos debates sean públicos. En todos esos asuntos, la República Democrática del Congo ha sido un verdadero campo de batalla. Y la Oficina conjunta, que depende de los dos – de las Operaciones de mantenimiento de la paz y de los Derechos Humanos – tendría que haber sido el fruto de la reconciliación.

“Cuando se presenta una denuncia sobre un militar de las FARDC, estaría indicado enviar un informe de la MONUSCO al jefe de Estado Mayor de las FARDC mediante una carta confidencial para que se tomen las medidas oportunas”.

Fragmento del acuerdo técnico confidencial firmado entre el gobierno y la MONUSCO, 28 de enero de 2016.

A principios de 2016 la MONUSCO tiene la impresión de haber salvado por un pelo sus relaciones con el gobierno. Por fin puede anunciar que se retoman las operaciones conjuntas con el ejército congoleño tras dos años de suspensión por haber protestado contra el nombramiento de dos generales “rojos” [Que no deberían ser nombrados para cooperar con la ONU por ser sospechosos de haber cometido crímenes contra la humanidad] para operaciones de riesgo. El 28 de enero de 2016, finalmente el gobierno acepta firmar un acuerdo técnico con la misión de la ONU que concede a Kinshasa plenos poderes en la gestión de las operaciones y hace del asunto de los Derechos Humanos un asunto confidencial. Oficialmente, este acuerdo permite retomar las operaciones conjuntas entre las FARDC y la misión de la ONU.

Este acuerdo técnico será renegociado, según fuentes de la ONU, justo antes del inicio de la crisis Kamuina Nsapu. Pero revela una clara relación de fuerza entre la Misión y el gobierno congoleño, así como la ambigüedad de la misión de la ONU. La MONUSCO debe a la vez proteger a los civiles y apoyar al gobierno congoleño y a sus fuerzas de seguridad. Es lo que le repite el Consejo de Seguridad en cada nueva resolución. En 2016, el Consejo incluso llega a felicitar a la Misión de la ONU por la firma del acuerdo técnico con el gobierno congoleño.

“El Consejo de Seguridad… subraya hasta qué punto es urgente que las FARDC y la MONUSCO retomen sus operaciones conjuntas contra los grupos armados, felicitándose porque el 28 de enero de 2016 el gobierno de la República Democrática del Congo y la MONUSCO se hayan comprometido a reiniciar una cooperación con el objetivo de llevar a cabo operaciones militares conjuntas contra las FDLR, así como contra otros grupos armados.”

Fragmento de la resolución 2277 del 30 de marzo de 2016 que renueva el mandato de la MONUSCO.

El mandato de la MONUSCO es el resultado de un compromiso entre los miembros del Consejo de Seguridad, sobre todo los cinco “permanentes”. Es una especie de cajón de sastre que exige todo y lo contrario a la misión de la ONU. De resultas, la aplicación de ese mandato da lugar a numerosas interferencias. Cada actor tiene su propia interpretación: los miembros del Consejo de Seguridad, la ONU y todos sus componentes (incluidos el departamento de Operaciones de mantenimiento de la paz y el departamento de Asuntos políticos), el país huésped (la RDC) y todos los países que proporcionan tropas a la ONU. Oficialmente, la MONUSCO tiene la obligación de intervenir para proteger a los civiles, pero ateniéndonos a los hechos, prima la soberanía de los Estados. Esta primacía que se otorga a la soberanía no ha cambiado, incluso después del final del segundo y último mandato del presidente Joseph Kabila. La acción de la MONUSCO queda ampliamente sometida a la voluntad del gobierno congoleño.

Desde la primera misión a finales de septiembre de 2016, la MONUSCO se queja de las trabas que le ponen a su investigación. También deplora la ausencia de colaboración de las autoridades locales y de las fuerzas de seguridad. Tras el inicio de la insurrección a finales de noviembre, a principios de diciembre en Tshikapa las misiones de evaluación realizadas por la Oficina de coordinación de asuntos humanitarios (OCHA) y la MONUSCO no serán autorizadas a ir a investigar a más de diez kilómetros de la ciudad.

“Limitación de desplazamientos sobre el terreno impuesta por las autoridades locales como consecuencia de la precariedad de las condiciones de seguridad (…) a más o menos 7 kilómetros de distancia de la ciudad de Tshikapa.”

Fragmento del informe de la misión conjunta de evaluación rápida del 14 de al 17 de diciembre de 2016.

“Ha sido imposible desplegar el personal de la ONU más allá del pueblo de Kasala situado a unos 15 kilómetros al este de Tshikapa para comprobar la extensión de los actos violentos (…). El gobernador y la ANR (Agencia Nacional de Inteligencia) han presionado a la misión argumentando que era demasiado arriesgado”.

Fragmento del informe de la misión de investigación en Tshikapa, los días 12 y 16 de enero de 2017.

La primera misión regresa de Tshikapa con denuncias de “graves abusos” principalmente cometidos por las fuerzas de seguridad. Más del 70% de las personas interrogadas hablan de violencia física y sexual. Esta misión anota otro hecho inquietante, los insurrectos Kamuina Nsapu reclutan niños de forma masiva. La segunda misión cuenta haber descubierto cuatro nuevas localizaciones que podrían ser fosas comunes en el límite de la zona prohibida por las autoridades congoleñas. Se hacen descubrimientos en las proximidades de Tshikapa pero la ruta que conduce a Kananga sigue escapando de cualquier mirada internacional durante meses y la comunidad internacional no realiza ninguna protesta. El “black-out” se banaliza.

En el Gran Kasai lo que trasluce de los informes de la ONU, todos confidenciales, es un uso desproporcionado de la fuerza frente a una insurrección popular de la que forman mayoritariamente parte menores de edad. Kalachnikovs y lanzacohetes contra, básicamente, juguetes de madera. En marzo de 2017, en la víspera de la renovación del mandato de la MONUSCO, las relaciones entre el gobierno y la misión de la ONU son tensas. En la tribuna del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el 8 de marzo de 2017, el alto-Comisionado Zeid Ra´ad Al Hussein propone la creación de una comisión de investigación internacional. Aunque la ONU afirme haber documentado hasta el momento 42 fosas comunes, sus equipos siguen siendo regularmente bloqueados sobre el terreno.

“A la luz de los recurrentes informes que dan fe de graves violaciones y con el reciente descubrimiento de tres nuevas fosas comunes, urjo al Consejo para que establezca una comisión de investigación para examinar esas denuncias”.

Fragmento del discurso de Zeid Ra´ad Al Hussein, alto-Comisionado de Naciones Unidas ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, 8 de marzo de 2017.

“Teníamos que acudir a una localización de fosas comunes, las FARDC nos bloquearon la ruta y nos encañonaron. Tuvimos que desistir…”

Casco azul, Tshimbulu, 12 de marzo de 2017.

La muerte de los dos expertos de la ONU

Cuatro días después del discurso del alto-Comisionado Zeid Ra´ad Al Hussein en Ginebra, dos expertos de la ONU desaparecen el domingo 12 de marzo de 2017 a unos diez kilómetros de Tshimbulu, en pleno corazón del territorio de Dibaya, ahí donde arrancó la insurrección en el Gran Kasai. El pueblo del difunto jefe Kamuina Nsapu está justo al otro lado de la carretera nacional N40. Ese preciso fin de semana, del lado de la carretera nacional en el que vivía Kamuina Nsapu, los milicianos guardaron sus cintas, sus armas místicas y sus calibres 12. CARITAS y UNICEF circulan de pueblo en pueblo para evaluar las necesidades de la gente que justo acaba de regresar a sus casas. En el pueblo del jefe, dos periodistas extranjeros son fotografiados por los “hermanos” de Jean-Prince Mpandi. Quieren contarlo todo sobre esos meses que han pasado entre la maleza, del asesinato del “gran jefe” y de las masacres que desde entonces se han estado cometiendo por todas partes en los alrededores. En Tshimbulu, los cascos azules están impactados por el descubrimiento de las fosas comunes. Como no son más que unos cuarenta, sólo pueden patrullar durante media jornada cada 24 horas y disponen de pocos medios para investigar. Dicen que fueron encañonados por los militares congoleños cuando se acercaron a ciertas localizaciones. En Kananga, por fin, las delegaciones de la familia del jefe Kamuina Nsapu esperan la llegada del vice-Primer ministro del Interior, Emmanuel Ramazani Shadari, que ha venido a negociar la paz. Y entre esas delegaciones, hay un tal Betu Tshintela, presentado como un profesor, un intelectual cercano a la familia real. Es a él a quien designan hoy como el intérprete de los dos expertos de la ONU.

La mañana del 12 de marzo de 2017, cuando abandonan el hotel Woodland de Kananga, Michael J. Sharp y Zeida Catalan se marchan al encuentro de “grupos” de milicianos Kamuina Nsapu. Creen que les va a llevar todo el día. Circulan en moto como todos los expertos de la ONU lo hacen en el Este de la RDC desde hace más de 15 años. Antes de ese 12 de marzo nunca ningún experto había sido herido o asesinado. Colaboran con todo el mundo, los jefes de los servicios de inteligencia, así como con los de los grupos armados, los hombres de negocios, los políticos, los militares. Para preparar su misión, Michael J. Sharp y Zaida Catalan han llamado a todo el mundo, como siempre. A cada uno de sus interlocutores les han recordado el objetivo de su misión. Como son consultantes para el Consejo de Seguridad, están ahí para comprender el origen de la violencia.

El mandato del grupo de Expertos adoptado en junio de 2016 permite la imposición de sanciones contra todos los que recluten a niños o cometan masacres de poblaciones civiles.

Desde junio de 2016 el grupo tiene una cuerda nueva en su arco. Pueden denunciar a los responsables de violaciones de los Derechos Humanos y del derecho humanitario internacional que matan a civiles, sin distinción y sobre toda la extensión del territorio. En sus inicios, los expertos se interesaban sobre todo por la explotación ilegal de recursos y por el tráfico de armas en el Este del Congo. La sueca Zaida Catalan se unió al grupo para seguir el asunto de las violaciones de los Derechos Humanos. El estadounidense Michael J. Sharp era uno de los expertos en grupos armados. Como coordinador del equipo, era la cara visible del grupo para el mundo exterior.

El grupo de expertos es la única institución de la ONU que publica los nombres de los responsables de los actos violentos y sus instigadores. Los nombres de los oficiales del ejército congoleño son por lo tanto desvelados, así como los de los jefes de los grupos armados o los de los diputados que, con sus discursos llenos de odio, acarrean actos violentos. Dos veces por año, como una cuchilla, los expertos de la ONU entregan sus informes al Comité de sanciones para la RDC y al Consejo de Seguridad de la ONU. Desde 2012, nadie ha sido colocado en la “lista negra”. Los Estados miembros no logran ponerse de acuerdo sobre este punto, así como sobre otras cuestiones clave. Pero a partir de 2016, con el cambio del mandato confiado al grupo de expertos, con la explosión de violencia en el Gran Kasai y con la adopción de sanciones por parte de la Unión Europea y Estados Unidos, todo el mundo está a la espera de la adopción de sanciones individuales por parte de la ONU – sanciones sinónimas de la congelación de haberes y la prohibición de viajar.

“… la muerte de esos blancos.”

Son las primeras palabras extraídas del video de la ejecución de los dos expertos de la ONU, el 12 de marzo de 2017.

El 12 de marzo de 2017, Michael J. Sharp y Zaida Catalan fueron ejecutados al final del día, no lejos de Bunkonde. Es lo que nos muestra un video del asesinato hecho público por el gobierno congoleño. Sus cuerpos no fueron hallados hasta unas dos semanas más tarde a dos pasos del lugar donde se señaló su desaparición. Es una de las extrañezas de ese dossier en el que se contabilizan otras más. La ONU anuncia haber encontrado dos cuerpos, pero sólo los de esos dos expertos. Pero el gobierno congoleño asegura por su lado que ha identificado un tercer cuerpo, el del intérprete Betu Tshintela. Algunos de sus allegados, como las familias de los dos motoristas que acompañaban a los expertos, dicen estar todavía buscando a sus parientes.

“La MONUSCO expresa igualmente su fuerte preocupación por las restricciones impuestas por las fuerzas de seguridad a su libertad de circulación en Kananga estos últimos días, lo que limita la capacidad de la Misión para poner en marcha su mandato.”

Comunicado de la MONUSCO del 18 de marzo de 2017.

Durante este periodo de búsqueda, la tensión aumenta todavía un grado más entre la MONUSCO y el gobierno congoleño. La ONU sigue intentando documentar las denuncias que dan fe de un uso abusivo de la fuerza en Kananga, pero también en cualquier otro lugar de Kasai Central. En Nkonko Atshela, en Nguema, los cascos azules y los investigadores de la ONU ven como las fuerzas de seguridad limitan sus desplazamientos. Se trata de uno de los muy escasos comunicados públicos de la ONU a propósito de eventuales restricciones.

Cuando el 29 de marzo de 2017 la MONUSCO anuncia, después de que lo hiciese el gobierno congoleño, el descubrimiento de los cuerpos de los dos expertos y su identificación, el tono del comunicado cambia. Mientras que el ministro de Comunicación congoleño, Lambert Mendé, anuncia la muerte de los dos expertos dando incluso detalles de su estado físico, hasta los más sórdidos, e incluso antes de que sus familias fuesen oficialmente avisadas, la MONUSCO reconoce “la excelente cooperación entre todas las partes implicadas en los esfuerzos de búsqueda y rescate, en particular las autoridades de la RDC, Estados Unidos y Suecia”. Esta frase hace rechinar los dientes, incluso en el seno de la misión de la ONU. La denuncia no ha cambiado nada, las restricciones son cada vez más numerosas. La decisión de “valorizar” al socio congoleño se tomó fríamente.

De hecho, todo lo comunicado sobre ese dossier parece habérsele ido de las manos a la ONU. El 24 de abril de 2017 el ministro de Comunicación congoleño, Lambert Mendé, y el portavoz de la policía, el coronel Mwanamputu, difunden el video de la ejecución de los expertos y acusan a los milicianos Kamuina Nsapu de ser los responsables de ese crimen. Los milicianos habrían atraído a los expertos prometiéndoles llevarlos a ver fosas comunes. Nada en el video parece indicar que eso sea así. Pero el gobierno congoleño marca la pauta, es el primero en hablar del video y de lo demás, la desaparición de los expertos y el descubrimiento de sus cuerpos.

La primera imagen de ese video de 6 mn y 17 sg de duración es una silueta con una larga toga roja. La cámara no es estable. Se mueve de derecha a izquierda de un modo casi mecánico. Se oye un clic con claridad. Un clic que se vuelve a oír más adelante, sobre el minuto 1 y 18 sg, cuando varias “manchas negras” aparecen en la pantalla. El avance rápido no es inútil. A partir del minuto 1 y 44 sg se retira una “tapa”. Es espesa, de color oscuro y podría bien tratarse de la funda de un teléfono móvil. Pero el agujero que permite poder grabar tiene pinta de estar estropeado, recortado de forma irregular. Lo más escalofriante es sin duda que la cámara está situada a la altura de la mirada o por lo menos a la del hombro. El aparato es sostenido de una manera o de otra, oculto para no preocupar a los dos expertos. El autor del video sólo retira la tapa justo antes de la ejecución. Lo sabe porque forma parte de los que dan las órdenes.

Capturas de pantalla del vídeo de la ejecución de los expertos de la ONU.

Ese video plantea más preguntas que respuestas proporciona. Los presuntos milicianos son un grupo heterogéneo que no parece disponer del mismo nivel de información. Cuando se produce el primer disparo, uno de los presuntos milicianos sale huyendo. Ese hombre, que lleva una cinta roja y una camisa negra, era uno de los que intentaban tranquilizar a los expertos hablándoles.

El instante antes de su ejecución tres de los asesinos están discutiendo. El que está grabando está fuera de plano. Los otros dos son claramente identificables, llevan cintas y fulares rojos, pero aparentemente nada de fetiches. Los expertos están sentados y tensos. Saben que el momento es crítico. Pero no se percibe ninguna amenaza física. Hasta ese momento han podido caminar libremente. Sus interlocutores les tranquilizan diciéndoles que toda va bien, que se dirigen a la Tshiota y que van a conocer a un jefe. El americano Michael J. Sharp se alarma al ver numerosas armas de fuego y cuchillos en manos de ese grupo de presuntos milicianos. Les pregunta si tienen la sensación de que ellos, los de la ONU, han venido para atacarles.

“No, cálmate. Cálmate.”

Fragmento del video del asesinato de los dos expertos de la ONU, el 12 de marzo de 2017.

Unos segundos más tarde Michael J. Sharp y Zeida Catalan son asesinados. Es una ejecución sin ninguna otra forma de juicio. A continuación, los asesinos dicen algunas palabras para justificar el crimen y utilizan algunas fórmulas rituales propias de los Kamuina Nsapu, acusando a los expertos de la ONU de haber venido para hacerles daño o ser “echadores de maleficios”. Pero los dos que dan las órdenes siguen fuera de plano y, por momentos, mezclan tshiluba, francés y lingala o swahili. Sin embargo, para los Kamuina Nsapu esos son “idiomas de cerdos”.

“Habladles con calma, si no se arriesgarían a intentar escapar. No los estreséis. (…) Dejad de hablar por señas.”

El que más órdenes da a los otros asesinos, fragmento del video del asesinato de los dos expertos de la ONU, el 12 de marzo de 2107.

El crimen parece haber sido planificado no demasiado lejos, en Bunkonde. Es el que está grabando quien lo dice. Es difícil saber de quién o de qué está hablando, pero el que más manda explica que en Bunkonde hubiesen mentido al decir que esas armas no funcionaban. En la zona en la que los expertos fueron secuestrados, la principal Tshiota, el “fuego sagrado”, está en Ngombe a 24 kilómetros de Bunkonde. Es una de las más activas del territorio de Dibaya. Fue fundada tras la muerte de Kamuina Nsapu. Sus adeptos, que huían de la represión, vinieron a instalarse en Ngombe al otro lado de la N40. Desde esa Tshiota, cada aldea ha sido “contagiada” y ha creado su propia milicia. Pero actualmente, ya no queda ninguna milicia activa en Bunkonde. Y el motivo es que desde el domingo 12 de marzo de 2017 la localidad está bajo control del ejército congoleño. Incluso han llegado a la localidad unos refuerzos el viernes anterior por la noche, es decir, el 10 de marzo, después de unos combates con unos grupos de milicianos por los alrededores. En Bunkonde, cohabitan militares y antiguos milicianos.

El autor del video también pronuncia las palabras “jefe de Estado” y “lanzacohetes”. ¿Qué sentido tienen esas palabras? ¿Se trata de apodos? Es difícil saberlo. Justo antes del crimen, explica que “lanzacohetes ya está activado(a)”. También es él quien insulta los cadáveres de los expertos, corrigiéndose cuando se equivoca de palabra entre swahili y tshiluba. Permanece fuera de plano, pero es uno de los personajes centrales. Antes del crimen, tranquiliza a los expertos, retira la tapa de su cámara y ordena su muerte. Dispara una vez más sobre cada uno de ellos para asegurarse de que los ha rematado.

“Que hablen en tshiluba. Somos Baluba. Señor, hable en tshiluba.”

Fragmento de un video que muestra el interrogatorio de policías capturados, atribuido por la policía congoleña a milicianos Kamuina Nsapu.

Otros dos videos más de abusos son atribuidos a los milicianos Kamuina Nsapu. Uno de ellos es de marzo de 2017. Es presentado por la policía congoleña el mismo día del asesinato de los dos expertos de la ONU. Objetivo: confirmar la tesis del carácter terrorista de los Kamuina Nsapu. En ese video, unos presuntos milicianos han capturado unos policías y los están interrogando en medio de una aldea. Según la policía congoleña, todos serán decapitados poco después. Todos excepto aquellos que hablan la lengua de los milicianos, o sea, el tshiluba, según el portavoz de la policía. El segundo video no tiene fecha, pero muestra el resultado de un ataque contra un cuartel de la policía. Los milicianos emplean una de las fórmulas rituales que se hallan en el video del asesinato de los expertos: “Que esta tierra sea la vuestra”. Una fórmula que supuestamente conjura la mala suerte. Pero no sólo se ven hombres que llevan cintas rojas completamente nuevas y armados con escopetas de caza. Los asaltantes también son mujeres y niños armados básicamente con palos de madera y armas blancas. Todos cuentan de una forma muy precisa lo que les reprochan a sus víctimas. No se esconden.

Oficialmente, después del doble asesinato del 12 de marzo de 2017, el Secretario General de la ONU, Estados Unidos y Suecia abrieron una investigación. Pero tres meses después de la muerte de los dos expertos sólo la MONUSCO, mediante su policía, UNPOL, sigue investigando en Kasai Central. Las familias de Michael J. Sharp y Zeida Catalan piden que se haga más. Quieren una investigación independiente, una “investigación especial” ordenada por el Consejo de Seguridad o en su defecto por el Secretario General de la ONU. En el momento en el que publicamos esta investigación, el 13 de junio de 2017, la ONU se limita hasta ahora a esperar de aquí a finales de julio los resultados de un Comité de investigación, cuya tarea esencial es evaluar los procedimientos internos de la ONU y hacer su evaluación.

La muerte de esos dos expertos es sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más notables, simbólicamente, del post-19 de diciembre. Desde el nombramiento del primer grupo en 1999, ningún experto había sido jamás tocado. Es uno de los último tabús que han sido transgredidos. A partir de ahora, se matan a expertos independientes en el Congo. El gobierno congoleño, en cuanto a él, ha concluido rápidamente su investigación – demasiado rápidamente, dice la ONU – y el juicio ya ha comenzado. El poder en Kinshasa no quiere ni oír hablar de una investigación internacional independiente, ni sobre las fosas comunes, ni sobre la muerte de Michael J. Sharp y Zeida Catalan.

Sonia Rolley, RFI.

Periodista multimedia: Latifa Mouaoued, RFI
Redacción en jefe África: Laurent Correau, Christophe Boisbouvier RFI
Adjunto a la directora de RFI servicio África, Yves Rocle
Adjunto a la directora de RFI, Nuevos Medias: Christophe Champin
Periodista, responsable servicio vídeo RFI: Ariane Poissonnier
Concepción, grafismo y desarrollo: estudio Gráfico – Francia Medios de comunicación Mundo
Fotos: DR.

Fuente: RFI, RDC: VIOLENCES AU KASAÏ. Les Nations Unies face à la crise, publicado el 15 de junio de 2017.

Traducido para Umoya por Juan Carlos Figueira Iglesias.

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