Ruanda: niños de la calle quemados vivos en las alcantarillas de la capital

Ruanda. Horror en Kigali, cinismo en Bruselas

El 28 de abril de 2017, los servicios de higiene y de seguridad de la ciudad de Kigali “sanearon” una de las alcantarillas de la capital rociando con gasolina antes de encender y lanzar una cerilla al lugar donde se guarecían niños de la calle. La noticia se ha difundido rápidamente con fotos inconcebibles de lo ocurrido.

Algunos ciudadanos ruandeses residentes en Bélgica, conmocionados y enfurecidos, han tomado la iniciativa para intentar que trasladen al único superviviente de esta barbarie, que sufre graves quemaduras, al país europeo para recibir los cuidados apropiados. Sin embargo, el régimen del Frente Patriótico Ruandés (FPR), que acababa de cometer deliberadamente este crimen despreciable, ha denegado el traslado por medio de su representante en Bélgica, el embajador Olivier Nduhungirehe.

Diferentes versiones de los hechos

Según los testimonios de los niños de la calle que consiguieron sobrevivir y de los residentes del vecindario donde se encuentra dicha alcantarilla, en el barrio de Muhima, los agentes de seguridad conocidos como DASSO (que es en realidad una milicia del partido que ostenta el poder) quisieron llevarse a una niña, también “de la calle”, para violarla. Pero sus compañeros de infortunio, otros niños de la calle, intentaron impedirlo gritando y persiguiendo a los secuestradores-violadores. Estos últimos, contrariados, intentaron detenerlos, pero los niños se metieron en su escondite, que no era otro que una alcantarilla. Los milicianos del FPR, también llamados DASSO, se marcharon para regresar sobre las tres de la madrugada cargados con bidones de gasolina y cajas de cerillas. Primero, vertieron la gasolina en ambas salidas de la alcantarilla y, a continuación, la prendieron fuego. Nadie sería consciente de las secuelas de este sacrificio humano, si no fuera porque un niño, cuya foto está dando la vuelta al mundo, da testimonio con sus quemaduras del horror de esta “operación” de los agentes de seguridad del régimen ruandés.

El poder de Kigali, como de costumbre, trata de negar o restar importancia a su tremenda responsabilidad en este terrible drama. El portavoz de la policía tuvo la desfachatez de declarar que esta operación la habían llevado a cabo meros vigilantes nocturnos del barrio durante su ronda habitual. ¡Como si patrullaran siempre cargados con bidones de gasolina!

Reacciones en los entornos ruandeses de Bélgica

Los ruandeses saben desde hace tiempo que, para el régimen del FPR, la imagen de la ciudad de Kigali que se pretende vender a los extranjeros, es mucho más valiosa que la vida de un niño ruandés, sobre todo si proviene de un entorno modesto, es decir, de una familia pobre o de la etnia hutu. No obstante, han sido numerosas las reacciones de indignación ante el horror del 28 de abril de 2017 entre los ruandeses que viven en el exilio. En particular, destacan las reacciones de las mujeres que, como madres, no entienden cómo un Gobierno puede considerar a un niño como “basura” de la que deshacerse en una alcantarilla mediante llamas o ríos de cloro y otros desinfectantes.

Algunas madres, aún conmocionadas, se han puesto en contacto con el régimen ruandés para pedir que, por lo menos, se traslade a Bélgica al pobre niño que ha sobrevivido, si bien con quemaduras de extrema gravedad, para que reciba los cuidados apropiados. Estas madres habían conseguido previamente la aprobación de algunas instalaciones sanitarias belgas para acoger al niño, pero todas las autoridades del régimen del FPR que han abordado el tema se han negado cortésmente o han encontrado una vía de escape, como acostumbran. Desde el presidente del Senado Bernard Makuza, hasta el alcalde de la capital, pasando por los ministros de Sanidad y del Interior: todos han sido contactados en vano.

Reacción del embajador Olivier Nduhungirehe

Ahora bien, es sobre todo Olivier Nduhungirehe quien se lleva la palma del cinismo y de la crueldad. Ante la iniciativa de salvar al niño superviviente de la alcantarilla y la petición de que facilitara su traslado a Bélgica, el embajador indicó inmediata y rotundamente que desde aquel momento prohibía a toda persona mencionar dicho asunto. De esta manera, da a entender que se opone a ello, obviamente porque nuestro superviviente, una vez salvado, se convertiría en un testigo comprometedor de la “Historia de las crueldades” del régimen del FPR de Paul Kagame. No obstante, para aquellos que saben que “Budome mwene Nduhungirehe” debe dejarse llevar por la corriente del régimen como “hutu de servicio”, esta reacción no resulta nada sorprendente.

Conclusión

El régimen del FPR de Paul Kagame, impuesto a los ruandeses desde 1994, va sumando horror tras horror. Desde su conquista del poder por medio de las armas goza de una impunidad absoluta, por lo que los medios de comunicación, controlados por los grupos de presión que lo han acomodado en el poder, no pueden denunciar sus crímenes. Como un niño malcriado, Kagame comete abiertamente crímenes cada vez peores, como el de los niños de la calle quemados vivos en Kigali el 28 de abril de 2017. A la crueldad del régimen se le suma ahora el cinismo, al oponerse a que esas almas llenas de buena voluntad salven al único niño superviviente de este drama. No hay razones para el desaliento, puesto que todos estos crímenes quedan documentados y archivados en la memoria colectiva de la humanidad. Cuando llegue el momento, el régimen actual del FPR de Paul Kagame pagará por ellos, porque todos los casos, como ocurre con este, quedan registrados en su expediente.

Por Emmanuel Neretse

Fuente: Echos d’Afrique, Kigali/Rwanda : des enfants de la rue brûlés vifs dans des égouts de la capitale, publicado el3 de mayo de 2017.

Traducido para Umoya por Lorena Gómez Pérez.

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