Congoleños: tomad las riendas

Bamba di Lelo

Una vez más se han producido masacres de congoleños en Kasaï, en el Bajo Congo, en Kivu del Norte y del Sur y en Kinsasa. Corren ríos de sangre congoleña por casi todas las partes de Congo-Kinsasa, como si sus ciudadanos no tuvieran derecho a vivir en paz en su propio país, a disfrutar de la libertad y de las riquezas que sus antepasados les dejaron en herencia.

Entonces, ¿por qué el mundo civilizado continúa ignorando las atrocidades cometidas por la soldadesca de Joseph Kabila contra nuestro pueblo? ¿Es que algunas vidas valen más que otras? ¿Por qué existe esta desigualdad ante la muerte?

En dieciséis años de “reinado” monopolizado bajo el gobierno de Joseph Kabila, millones de nuestros compatriotas han sido asesinados, mutilados o traumatizados como consecuencia de las acciones del presidente. Los congoleños están viviendo un verdadero infierno terrenal. Sin embargo, es poco probable que la mayoría de pueblos occidentales sean conscientes de ello.

Para apoyar nuestra hipótesis, es necesario apuntar que ningún grupo de presión aboga por estas personas asesinadas para, por una parte, levantar a una fuerza militar occidental que consiga parar las atrocidades que llevan ocurriendo 20 años y, por otra, proteger a la población congoleña de los verdugos. Además, la prensa occidental no se arriesga a hablar de la enfermedad que sufre Joseph Kabila, que hasta los profesionales de la psicología reconocen. En concreto, se trata de “problemas de concentración”, un trastorno que no le permite actuar con raciocinio.

En lugar de seguir lamentándonos y de ver morir a nuestros compatriotas como en la época de Hitler, ha llegado el momento, pueblo congoleño, de tomar las riendas, sin más dilación, para alejar del poder a Joseph Kabila, un antiguo ayudante de campo del jefe de Estado mayor del ejército ruandés, que se convirtió, por magia de la manipulación, en presidente de la República Democrática del Congo.

Esta persona de carácter acérrimo y patológicamente obstinado se aferra, contra la corriente de la historia, al poder del Estado mientras mata sin razón a nuestra juventud, que aspira aquí y ahora a la transformación de la sociedad congoleña. Esta se encuentra enferma debido a la torpeza de su jefe y de los políticos comprados que nos gobiernan.

Políticamente inmaduro, Joseph Kabila parece incapaz, en tiempos turbulentos, de ponerse el traje de Jefe de Estado a cargo de una gran nación. Incluso me atrevería a pensar, como algunos congoleños que dicen que Joseph Kabila entiende mejor el lenguaje de las armas que lo que las negociaciones en torno a una mesa.

El uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y las características de su guardia pretoriana le resultan normalmente indiferentes, sea cual sea el contexto. Algunos de nuestros ilustres compatriotas como Floribert Chebeya, Fidèle Bazana o Armand Tungulu fueron fríamente asesinados por placer al inquilino del Palacio de la Nación, residencia oficial del presidente de la República Democrática del Congo.

En conclusión, el análisis psicológico de Joseph Kabila revela que está en posición de anteponer peligrosamente su hambre de poder a los intereses del país. Es un cruel fanático que ha tomado al país entero como rehén. Apuesto a que las elecciones previstas para diciembre de 2017, que pueden desembocar en la alternancia democrática, no se celebrarán porque el megalómano de Joseph Kabila no tiene ganas en absoluto de convocarlas.

Hyppolite Kanambe, su verdadero nombre, se convirtió en Joseph Kabila bajo la piel de una sanguinaria fiera. A nuestros ojos este constituye, a día de hoy, el mayor obstáculo para conseguir la paz, la democracia, la dignidad y el progreso social de nuestra comunidad nacional.

Sin embargo, el Congo-Kinsasa, nuestro país que se encuentra completamente a la deriva, debería haber podido contar con su clase política, pues entre nosotros hay hombres y mujeres que se presentan como verdaderos políticos. Por desgracia, sabemos que los políticos actuales, improvisados diputados y senadores, no sirven más que a sus propios intereses y a un solo hombre, un extranjero, un invasor, Joseph Kabila; un vulgar jefe de Estado insaciable y bañado en una avaricia sin límites. Un triste espectáculo que hace que nuestro pueblo, nuestra nación, se convierta en algo ridículo y poco creíble.

Contar con que esto se acaba aquí es confiar erróneamente en la fecunda imaginación de los enemigos de nuestro pueblo. De hecho, fue la CENCO, una estructura de obispos congoleños encargada de mediar entre los miembros de la Mayoría Presidencial y de la Agrupación Congoleña para la Democracia, la que sacó del sombrero una falsa oposición. Esta debería saciar sus ambiciones de poder por medio de un reparto de responsabilidades, a mi parecer equilibrado; todo ello teniendo en cuenta que el mandato de Joseph Kabila llegaba a su fin definitivo el 19 de diciembre de 2016 a media noche.

¿Aún había algo que negociar con un individuo cuyo juicio por diferentes crímenes y su arresto debería producirse nada más terminar su mandato presidencial? Sin embargo, los obispos de la CENCO deberían recordar que el profeta, incluso siendo legítimo, no duda nunca en llegar al martirio si lo hace por causa de un “comendador” que le ha enviado. En este caso, ¿cuál era el objetivo de participar en un diálogo iniciado por un fantasma con rostro humano? Sabían muy bien que el diálogo con Joseph Kabila estaba sesgado desde el principio y, a pesar de ello, ¿le iban a asegurar una cierta legitimidad?

La CENCO debe saber que, ante su incapacidad para imponer el orden en el debate y el camino a seguir, la población congoleña gime, llora y entierra a sus muertos. Mientras tanto, la clase política e incluso algunos obispos que obedecen a Joseph Kabila hacen teatro al ensalzar sin ningún pudor al verdugo del pueblo congoleño cuyo destino, sin embargo, ya está definido.

¿Es necesario repetirlo? La víctima parece no poder negociar nada con su verdugo. Recordarán que el origen de la crisis congoleña no depende más que de una sola realidad: el Congo está realmente invadido. Por lo tanto, es normal que nos deshagamos lo antes posible de los invasores, de los ocupantes, y que el Congo recupere toda su soberanía y viva en libertad.

De hecho, no habrá un ejército de invasores capaces de vencer a un pueblo que se levanta, que se subleva, que saca pecho ante un dictador. Este último acabará huyendo. El dictador podrá matar a una persona, dos mil, diez mil…, pero el arma se volverá en su contra y se pasará página.

Kinsasa cuenta con al menos un millón de personas en sus calles; Lubumbashi, con un número parecido; Kisangani le sigue de cerca con quinientas mil, así como Kananga, Matadi, Bukavu, Goma, Bandundu y lo mismo en las demás provincias. Así que no esperéis más, salid todos el mismo día, a la misma hora, en todas nuestras ciudades. Al cabo de una hora, la situación actual no durará y Joseph Kabila intentará huir a toda prisa. Esperad la consigna y, cuando esta operación se ponga en marcha, será necesario mantener el estado de sitio hasta la victoria final.

Dios salvará el Congo-Kinsasa definitivamente. Y esto ocurrirá pronto… Nos vamos a hacer con el poder para recuperar nuestra dignidad ultrajada a manos de un salvaje, un ser inmundo, indigno de nuestros cementerios.

Desgracia para nuestros hermanos y hermanas que colaboran con Joseph Kabila, a cuya cabeza se encuentran Lambert Mende Omalanga, Tryphon Kin Kiey Mulumbu, Aubin Minaku, André Atundu Liongo, Henri Mova y compañía. Se les aterrorizará. Van a morir de vergüenza y miedo. Os lo digo: por fin vais a ver que la salvación es posible, al fin nos hemos convencido de ello.

Por último, evitemos que Joseph Kabila haga daño usando los mismos medios que él: la fuerza. Es la encarnación del complot y del mal inventado por los enemigos de nuestro pueblo. Como criminal, Joseph Kabila debe ser detenido y encarcelado. Carece de cualquier derecho, ya que se comporta como un habitante de las sombras, un Lucifer, un asesino a sueldo. Este es el objetivo que el pueblo congolés tiene que alcanzar.

Etienne Tshisekedi, al rebelarse contra este impostor, se había dado cuenta de que debíamos arrestarle y juzgarle. Es momento de que el pueblo recupere el control y se  deshaga de este hombre cínico.

La activa determinación del pueblo congoleño debe estar presente, pues no se da caza a un criminal de la envergadura de Joseph Kabila con un poema.

Por fin lo sabéis, compatriotas: el que se arriesga puede perder, pero el que no lo hace no gana.

Por Bamba di Lelo*

*Doctor en Ciencias Políticas UCL (Universidad Católica de Lovaina). Analista de asuntos político sobre el Congo.

Fuente: Congo Independant, RDC: Congolais : prenez-vous en charge!, publicado el 23 de marzo de 2017.

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Traducido para UMOYA por Laura de la Barrera Díaz y Edurne Gil Garayoa (Universidad de Salamanca).

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