Reflexiones sobre geopolítica tras las elecciones estadounidenses (VII)

¿Qué es el fascismo en nuestra época?

En el ensayo final de esta serie de siete partes, Yash Tandon describe el fascismo como un fenómeno sistémico que surge de la incompatibilidad existente entre democracia y capitalismo. Para que el capitalismo perdure, como es el caso, se prescinde de la democracia. Los poderes hegemónicos imperialistas incorporan el fascismo en sus relaciones con el resto del mundo. Los líderes de las neo-colonias africanas administran el sistema fascista en favor del fascismo global corporativo y financiero.

Se ha hablado mucho últimamente, especialmente en los medios occidentales, sobre el «fascismo». Se utiliza este término a la ligera para describir a cualquier figura política con quien se está en desacuerdo. A veces, el «fascismo» encuentra a su gemelo en el «populismo», con lo que aquellos a los que se describe como «fascistas» (por ejemplo, Trump en Estados Unidos y Le Pen en Francia) también son llamados «populistas».

Occidente se ve atrapado en una trampa histórica de la cual sus gentes (incluyendo a los intelectuales) no son capaces de escapar. [1] La historia los ha atrapado. El resultado es que no tienen mucho que ofrecer a la hora de intentar hacernos comprender qué es lo que significa el fascismo a día de hoy.

Aquellos que no reconocen los puntos clave en la historia no pueden siquiera plantear las preguntas adecuadas, mucho menos dar respuestas a algunos de los desafíos evidentes a los que nos enfrentamos ahora.

El fascismo clásico

En su ensayo, The Essence of Fascism (1935), Karl Polanyi escribió: «La victoria del fascismo no es solo la caída del movimiento socialista; es el fin de la cristiandad, exceptuando sus formas más envilecidas. El ataque común del fascismo alemán tanto a las organizaciones de la clase obrera como a las iglesias no es una mera coincidencia. Es una expresión simbólica de la esencia filosófica escondida del fascismo, la cual equipara como enemigos comunes al socialismo y a la cristiandad». [2]

En otro ensayo, Polanyi escribió: «El fascismo nace de la incompatibilidad existente entre la democracia y el capitalismo en una sociedad industrial plenamente desarrollada. Uno de los dos debe, por tanto, desaparecer. El fascismo constituye la solución a este estancamiento, pues permite al capitalismo existir». [3]

Polanyi tenía razón sobre la incompatibilidad entre el capitalismo y la democracia. Ochenta años después, el 22 de julio de 2015, el ministro de Asuntos Exteriores inglés, Philip Hammond, dijo a los miembros del Parlamento británico que la democracia era «un engorro» a la hora de perseguir objetivos militares en el extranjero. El ministro dijo que la democracia pone a los gobiernos occidentales en desventaja en la confrontación con Rusia y otras amenazas: «Nosotros, como nación y como parte de la alianza de la OTAN, debemos pensar cómo lidiar con el desafío de nuestro proceso relativamente engorroso de toma de decisiones». [4]

El fascismo de los poderes hegemónicos/imperialistas

En The Return of Fascism in Contemporary Capitalism, Samir Amin explica cómo los poderes hegemónicos capitalistas/imperialistas incorporaron el fascismo en sus relaciones con el resto del mundo, y cómo sus raíces se remontan al nazismo: [5]

«El nazismo es el modelo de este tipo de fascismo. Alemania se convirtió en un gran poder industrial a comienzos de la década de los 70 del siglo XIX, y en un competidor de los poderes hegemónicos de la época (Reino Unido y, en segundo lugar, Francia). […] El fascismo japonés pertenece a la misma categoría. Desde 1895, el Japón moderno y capitalista aspiraba a imponer su dominación sobre toda Asia oriental. […] La Alemania nazi forjó una alianza con el Japón fascista/imperialista».

Citaré a Samir Amin más extensamente para que los lectores comprendan los orígenes y la esencia del fascismo contemporáneo, que se ofusca por el uso vago del término «fascismo» por la élite política y los medios populares en Occidente a los que me he referido anteriormente. Amin dice:

«La derecha en los parlamentos europeos entre las dos guerras mundiales se mostró en todo momento complacida con el fascismo, incluso con el más que repugnante nazismo. El mismo Churchill, a pesar de su extremo «sentimiento británico», no ocultó nunca su simpatía por Mussolini. […] Con todo el cinismo que caracteriza al establishment estadounidense, Truman declaró abiertamente lo que otros pensaban en silencio: permitir la guerra para agotar a sus protagonistas (Alemania, la Rusia soviética y los europeos derrotados) e intervenir tan tarde como fuera posible para cosechar los beneficios. […] No hubo dudas a la hora de rehabilitar a Salazar y Franco en 1945. Además, la complicidad con el fascismo europeo fue una constante en la política de la Iglesia católica. No resta credibilidad describir a Pío XII como un colaborador de Mussolini y Hitler. […] El antisemitismo de Hitler en sí mismo causó el oprobio mucho después, cuando alcanzó el cúlmen de su locura asesina».

Amin, entonces, explica cómo y por qué los partidos socialistas y socialdemócratas de la Europa central y occidental han utilizado el fascismo para volver con fuerza actualmente:

«En Alemania Occidental, en nombre de la «reconciliación», el gobierno y sus patrones (Estados Unidos y, en segundo lugar, Reino Unido y Francia) dejaron en sus puestos a casi todos los que habían cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. […] El apoyo por parte de los partidos socialistas y socialdemócratas de la Europa central y occidental hacia las campañas anticomunistas, llevadas a cabo por la derecha conservadora, comparte la responsabilidad por el posterior retorno del fascismo».

El fascismo corporativo

El filósofo político, Sheldon Wolin, describió a la forma emergente de gobierno de Estados Unidos como «democracia antiliberal». Wolin utilizó el término «totalitarismo invertido» para describir el sistema de democracia en Estados Unidos. A continuación, muestra que la «iglesia liberal», como el resto del «establishment liberal», miró hacia otro lado mientras los pobres y la clase obrera, especialmente aquellos de color, eran marginados y empobrecidos despiadadamente.

El término «totalitarismo invertido» fue adoptado por Chris Hedges y Joe Sacco, entre otros. En Days of Destruction, Days of Revolt describen cómo las corporaciones han corrompido y derrocado a la democracia, y cómo la gente ha sido manipulada para rendir sus libertades y su participación en el gobierno a través de las comodidades de los recursos naturales y humanos en una cultura del consumismo profundamente arraigada.

Roger Moody, en su Rocks and Hard Places: The Globalisation of Mining, argumenta que tanto las comunidades como los ecosistemas frágiles no son capaces de lidiar con las explotaciones mineras cada vez mayores. Mientras la calidad del mineral decae, y la oposición de la comunidad crece, las mega-corporaciones mineras están haciéndose con el control de más y más terrenos rurales en el hemisferio sur. [6]

Sabemos por nuestra propia experiencia en África cómo las corporaciones globales han estado explotando a las naciones africanas por sus minerales: petróleo, mineral de hierro, aluminio, diamantes, uranio, oro, zinc, cobre y cobalto, por mencionar los más obvios.

El Instituto de Información y Negociaciones Comerciales del África Oriental y Meridional (SEATINI, por sus siglas en inglés), que fundé en 1997, ha estado librando batallas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y con la Unión Europea, alentando a los gobiernos africanos a resistir las presiones de las corporaciones occidentales para que abran sus países a la explotación. Hemos logrado algunos éxitos, pero las corporaciones, respaldadas por sus estados e instituciones de gobernanza económica mundial, son simplemente demasiado poderosas. Describirlas como «fascistas» sería bastante apropiado.

Estos métodos fascistas, que solo se pueden describir como actos de «guerra», no se utilizan únicamente contra las naciones del sur, sino también contra los integrantes de las Primeras Naciones. Tomemos el controvertido caso del oleoducto Dakota Access Pipeline (DAPL) en Estados Unidos. El DAPL es un oleoducto subterráneo de 1.886 kilómetros de largo en construcción por varias corporaciones, entre las que se incluye Dakota Access, una subsidiaria de Energy Transfer Partners. El oleoducto está protegido por la G4S (una compañía líder de seguridad global integrada) que utiliza tácticas de guerra psicológicas (métodos fascistas) para proteger el oleoducto contra la gente. [7] Las tribus de Standing Rock y Cheyenne River Sioux (entre otras) se han opuesto al DAPL sosteniendo que el oleoducto amenaza su «forma de vida, su agua, su tierra y a su gente». [8]

En mis primeros blogs he descrito cómo el Militarismo Imperial euroamericano sirve a los intereses corporativos a través de guerras y alientan la fabricación de armamentos que acaban con la vida de seres humanos para sacar beneficios. Corporaciones globales como Cargill y Union Carbide y, especialmente, fabricantes de armas de guerra; el traspaso entre ellas y las burocracias estatales en los estados imperiales; la posición estratégica que tienen estos estados sobre las instituciones de gobernanza mundial como el FMI, los Bancos Mundiales y la OMC; y el saqueo del conocimiento científico de las comunidades del sur que han desarrollado este conocimiento a lo largo de miles de años; todo esto constituye el robo y la corrupción en los niveles más altos.

Fascismo financiero

Una red compleja de instituciones bancarias y financieras apoya todo el sistema del fascismo corporativo. He escrito sobre este tema, así que no voy a hablar de ello otra vez. Pero tomemos el caso de Mark Johnson, director mundial del comercio de divisas del banco HSBC, que fue acusado de fraude en Estados Unidos por su supuesta participación en el uso de información privilegiada para beneficiarse de un acuerdo importante de divisas. Pese a lo extraño que pueda sonar, debo decir en su defensa que Johnson no es personalmente responsable del fraude, ya que todo el sistema bancario es un fraude que goza de impunidad. De hecho, la superestructura financiera mundial se ajusta bien al concepto de «totalitarismo invertido» de Sheldon Wolin.

Algunas conclusiones

  1. El fascismo es un fenómeno estructural sistémico, no personal. Las personas en el poder estatal que «administran» el sistema a menudo son estigmatizadas como «fascistas». La persona se convierte en el rostro más visible del proyecto fascista.
  2. Por lo tanto, se deduce que los que están en el poder estatal en las neo-colonias africanas administran el sistema fascista en favor del fascismo corporativo y financiero. Por supuesto, algunos son más despiadados que otros. Son dictadores o militaristas, y el continente está lleno de ellos. Otros, como Nyerere, son democráticos y antiimperialistas, pero el poder corporativo es demasiado fuerte para que puedan dar la vuelta a un proceso de colonización fascista del estado y de la economía profundamente arraigado.
  3. El Militarismo Imperial euroamericano sirve a los intereses corporativos a través de guerras no solo contra la gente del hemisferio sur, sino también contra su propia gente, especialmente los trabajadores, los pueblos de las Primeras Naciones y las personas de color.
  4. Esta serie de blogs comenzó el 15 de noviembre de 2016 con mis reflexiones sobre las elecciones estadounidenses. La parte I trataba de «Trump y el Trumpismo», donde sostuve que Trump es un capitalista antisistema. Desde una perspectiva africana, podemos trabajar con él si desafía a la OMC; rechaza los tratados mega regionales de Comercio e Inversión como el TPP y el TTIP; desestima la ley AGOA; y habla con Rusia, China e Irán para la resolución pacífica de los conflictos.
  5. En la parte VI («Las políticas de resistencia y solidaridad») argumenté que el mundo occidental está sumido en el caos. No sabemos cómo evolucionará esto, pero si se produce la ruptura de la Unión Europea, se desmantela la OTAN, se debilita el control financiero del Imperio sobre el hemisferio sur y se abre un espacio para que surja un nuevo orden moral y político, entonces esta es una oportunidad que debemos aprovechar.
  6. Dicho esto, debo advertir que la fase más reciente del fascismo imperial es aún más peligrosa y agresiva, porque el Imperio occidental se enfrenta a su punto crítico, a su desenlace.
  7. Sin embargo, toda crisis también es una oportunidad si sabemos interpretar las fuerzas subyacentes. Permítanme repetir lo que escribí en la parte VI:

«El mismo Trump puede ser un fenómeno pasajero, pero es la realidad de hoy en día. Es el presidente del país más rico y militarmente más poderoso del mundo, con un dedo en el gatillo nuclear. Puede decidir el destino de millones de personas dentro y fuera de su país. Así, hagamos un balance para evaluar dónde encajamos desde el sur en esta realidad emergente contra el trasfondo de un Imperio en descomposición y un nuevo mundo naciente con todos sus peligros y promesas. El pasado no es tierra muerta, y recorrerlo no es un ejercicio estéril. Los retos están aquí y ahora.»

Por Yash Tandon

Fuente: Pambazuka, Reflections on post-US elections geopolitics: Part Seven, publicado el 9 de marzo de 2017.

Notas finales
[1] A excepción de algunos ilustrados entre ellos: historiadores como Karl Polanyi, filósofos como Jürgen Habermas, periodistas como Chris Hedgens y organizaciones de solidaridad como el CETIM de Ginebra, por mencionar los que me vienen a la mente de forma inmediata.

[2] Puede acceder a este ensayo en:
kpolanyi.scoolaid.net:8080/xmlui/bitstream/…/Con_13_Fol_06%20REVISED.pdf

[3] Véase: https://www.researchgate.net/…/305418782_Sustaining_Democracy_
[4] https://www.rt.com/uk/310448-cumbersome-democracy-russia-isis/   … el tío de la reina Isabel, quien se convirtió en el rey Eduardo VIII, viajó a la Alemania nazi en 1937 tras su abdicación. No solo fue grabado dándole el saludo nazi a Hitler, sino que también conspiró con el Tercer Reich para formar un régimen colaboracionista nazi en Inglaterra.

[5] Samir Amin, «The Return of Fascism in Contemporary Capitalism», revista mensual, septiembre de 2014.
https://archive.monthlyreview.org/index.php/mr/article/view/MR-066-04-20…

[6] Roger Moody, (2007). Rocks and Hard Places: The Globalisation of Mining, Zed Press.

[7] La misma empresa de seguridad también se despliega para proteger los activos de la industria petrolera y del gas en el Iraq arrasado por la guerra.

[8] Véase: Gaudiano, Nicole: «Bernie Sanders, Native Americans say oil pipeline will poison drinking water». USA Today, 13 de septiembre de 2016.

Traducido para Umoya por Alba López Fregeneda y Óscar Pérez Clemente.

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