República Democrática del Congo – Etienne Tshisekedi: “Opositor histórico” o la Historia al revés

Etienne Tshisekedi y Mobutu.

El presidente de la Unión para la Democracia y el Progreso Social (UDPS) falleció el 1 de febrero de 2017 en Bruselas. La prensa internacional ha dedicado numerosas publicaciones y programación especial al ilustre político, considerado por todos “el opositor histórico” del Congo. Como si esta dolorosa pérdida hubiera sumido a todos en una amnesia colectiva, nuestros famosos periodistas y sus expertos ocasionales han olvidado hablarnos del período en el que Tshisekedi, primer doctor en Derecho de su país, se convirtió en uno de los principales mentores y diligentes subordinados del sanguinario dictador Joseph-Désiré Mobutu, desde su puesto de primer ministro. Durante sus 84 años de vida, Tshisekedi dijo que no a todo y a todos, excepto a los capitalistas-imperialistas que saquean su país y asesinan a sus compatriotas.

Réquiem mediático

Etienne Tshisekedi pertenece al bando bueno de la Historia escrita por los medios de comunicación internacionales. Tras su muerte, la prensa convencional no se ha andado con rodeos a la hora de rendir homenaje a este “hombre excepcional”. Aquel a quien el periódico belga Le Soir presenta como una “figura imprescindible en la historia moderna de la República Democrática del Congo” ha recibido todo tipo de honores por parte del mundillo político-mediático. Su agitada carrera como colaborador de la dictadura de Mobutu, durante la cual se justificó descaradamente el ahorcamiento de tres ministros y un senador en 1966, y que contó con el rechazo obstinado a aplicar la alternancia de dirigente en “su” partido, el UDPS, que aguantó contra viento y marea hasta su muerte, se ha convertido en un “largo combate hasta la democracia”.

Dentro de la taxonomía clásica, politólogos y otros especialistas nos presentaban el panorama político como un escenario formado por dos actores: por una parte, se encuentran los dirigentes, constituidos por los hombres y mujeres que ejercen el poder; por otra, la oposición, es decir, los hombres y mujeres que quieren conquistar el poder. Si bien es cierto que, en estos últimos años, los grupos de presión que representan a la “sociedad civil” están revolucionando la clasificación clásica, sus hazañas militares han hecho las delicias de la prensa hasta el punto de que algunos han visto la llegada de estas organizaciones de civiles como un signo de esperanza frente al desapego de los ciudadanos con respecto a la política partidista.

Desde la muerte del presidente de la UDPS, cabe añadir una tercera variable al binomio “dirigente-oposición” ¿Cuál es esta nueva variable? El “opositor histórico”. Como si se hubiera corrido la voz, los grandes periódicos que bombardean el mundo no han dejado de presentarnos a Etienne Tshisekedi como el “opositor histórico”.

Extractos escogidos

“Etienne Tshisekedi, el opositor histórico congolés ha fallecido a los 84 años en Bruselas” anunciaba el periódico belga Le Soir. (L’opposant historique congolais Etienne Tshisekedi est mort à Bruxelles)

En su página web, la emisora de radio y televisión belga francófona, la RTBF, declaraba: “Etienne Tshisekedi, figura imprescindible en la historia moderna de la República Democrática del Congo, nació en Luluaburg (Kananga) en 1932 durante la época colonial belga” (Décès de l’opposant congolais Etienne Tshisekedi: “Un visionnaire, une figure emblématique forte”)

Para la cadena de televisión France 24, Etienne Tshisekedi es un “personaje sumamente popular en la RDC, símbolo de la resistencia y opositor histórico para los dirigentes de Kinsasa” (RD Congo: l’opposant Étienne Tshisekedi est mort à Bruxelles à l’âge de 84 ans).

En una entrevista concedida a la RTBF, Colette Breackman presentó un retrato del difunto demasiado halagador. Para la periodista belga, Etienne Tshisekedi es “el primero que se atrevió a decir ‘no’ al presidente Mobutu, a vencer el miedo de la dictadura”. Sin embargo, la misma Colette Braeckman describe la trayectoria de Tshisekedi de una manera más realista en su blog. (Le dernier baobab du Congo a disparu)

No hace falta decir que Colette Breackman conoce bien la verdad que se esconde detrás de la leyenda. Ahora bien, en la entrevista concedida a la RTBF, añade más leña al fuego sobre este mito, que describe, por cierto, muy bien: “Entre algunos jóvenes, era casi objeto de culto porque lo veían como un anciano que simplemente vivía en una casita de Limete”. Para Colette Braeckman, “es el presidente Kabila el que sale ganando” con la muerte de Etienne Tshisekedi. ¿Qué peligro suponía el antiguo presidente de la UDPS para un Kabila que, según las disposiciones del Acuerdo del 31 de diciembre, no puede presentarse a las elecciones presidenciales previstas para este año? Es un misterio.

Didier Reynders ha expresado “sus más sinceras condolencias a la familia y al pueblo congolés” a través de un comunicado ampliamente difundido por la prensa. El ministro belga de Asuntos Exteriores (país que colonizó el Congo) vio en Tshisekedi “una figura política que marcó la República Democrática del Congo durante varias décadas”.

Louis Michel, diputado europeo, declaró que Etienne Tshisekedi es una “figura fuera de lo común, un hombre de convicciones […]. Su conocimiento del ser humano, su popularidad y su semántica contundente hicieron de él un adversario que invitaba a la adhesión. Estaba dotado de una inteligencia superior y era un optimista de la voluntad. Este tribuno, cuya popularidad nunca se discutió, suscitaba el respeto. Desempeñó un papel clave en las negociaciones actuales y asumió funciones importantes en el gobierno de transición” concluyó el ex ministro belga de Asuntos Exteriores en su elegía en el funeral de Tshisekedi.

RDC: ¿Qué hay detrás de Etienne Tshisekedi?

“Antes de pasar página (en la Historia), hay que leerla” aconsejaba Joseph Ki-Zerbo. Teniendo en cuenta esta recomendación del admirable historiador burkinés, se impone una presentación de la carrera política de Etienne Tshisekedi sin a priori, frente a una gran operación de reescritura de la Historia en mondovision [transmitido simultáneamente en todos los medios de comunicación del mayor número de países posible].

Nacido el 14 de diciembre de 1932 en Kananga (Kasaï), Etienne Tshisekedi no es un “opositor histórico” ya que, previamente, eligió colaborar con el régimen torturador de Joseph-Désiré Mobutu, un periodista que se convirtió en presidente gracias al apoyo activo del imperialismo occidental. En 1960, cuando el país consiguió la independencia, estalló una crisis en el contexto del bicefalismo de la cumbre del Estado. El presidente Kasa-Vubu y su primer ministro Patrice Lumumba se declararon una guerra abierta. En sus discursos pronunciados el día de la independencia, el 30 de junio de 1960, la división era ya evidente en cada intervención. Kasa-Vubu loaba la magnanimidad del rey de los belgas, que había accedido a conceder la independencia a los congoleños. Furioso por esta negación de la Historia, Lumumba se saltó el protocolo y tomó el micrófono con el fin de reconstruir la verdadera Historia. “La independencia es una victoria de un pueblo que ha sido maltratado, torturado…”, recordaba Patrice Lumumba acertadamente.

En septiembre, las diferencias entre Kasa-Vubu y Lumumba giraban en torno a la siguiente cuestión: cómo gestionar los proyectos de secesión de Katanga y Kasaï, inspirados por su antiguo colonizador.

Esta crisis supuso un verdadero enfrentamiento entre un defensor de los intereses del imperialismo y un anti-imperialista convencido. Entre todos estos sucesos, Joseph-Désiré Mobutu dio un golpe de Estado el 14 de septiembre de 1960 y creó un gobierno de transición al que llamó “junta de comisarios”. Un jovencísimo Etienne Tshisekedi entró en este nuevo equipo de gobierno, donde ocupó el puesto de comisario-adjunto de Justicia. Bajo instrucción y supervisión de Bélgica, el equipo al que pertenecía Tshisekedi ordenó el arresto de Lumumba y sus compañeros Maurice Mpolo y Joseph Okito. Unos meses más tarde, Mobutu, inspirado por Bruselas, envió a su prisionero a Katanga con Moises Tshombé, que ejecutó a los tres cautivos. El asesinato de los héroes de la independencia del Congo conmocionó a todos los pueblos del mundo, que condenaron esta barbarie humana. No obstante, Tshisekedi sabía lo que quería: soñaba con subir a la cima del poder, aun teniendo que llegar a ella pisando cadáveres.

Mientras que Joseph-Désiré Mobuto se convertía en el equivalente de Hitler en los Trópicos, Tshisekedi se puso a su completo servicio y fue encadenando puestos ministeriales en este régimen “nazi” que se estaba erigiendo en plena selva ecuatorial. Tshisekedi, que se convirtió en el primer doctor en Derecho de su país en 1961, ocupó posiciones importantes en los diferentes gobiernos que estableció Mobutu. El Derecho que aprendió Tshisekedi terminó a disposición de este torturador a cambio de varios puestos ministeriales.

Desde su entrada en política, Tshisekedi escogió su bando: no se conformó con servir al poder neocolonialista de Mobutu. El primer doctor congoleño se puso manos a la obra para reservar un castigo ejemplar a los nacionalistas Patrice Lumumba y compañeros, que cometieron el “crimen” de censurar con dureza las atrocidades de la colonización.

El 18 de enero de 1993, el periódico La Nation en construcción publicó la carta que se presenta a continuación. Según el periódico, esta misiva del 23 de diciembre de 1960 se dirigió al que era Su Majestad Albert Kalonji, emperador de Kasai del Sur. El autor trata al antiimperialista Lumumba de persona “innoble” que merece un “castigo ejemplar” por “su obra de destrucción”.

Tshisekedi ni confirmó ni desmintió jamás la autenticidad de este documento, publicado por numerosos periódicos en su tiempo.

Para muchos, esta carta es la prueba material del odio que su autor profesaba a Lumumba y su lucha.

No obstante, el escritor Tony Busselen nos aconseja ser prudentes. El autor del libro titulado Une histoire populaire du Congo sabe que en la galaxia mobutista se suele recurrir habitualmente a las cáscaras de plátano para entorpecer el camino hacia el poder a un adversario real o potencial. En lo que se refiere a la autenticidad de esta carta, el tribunal de la Historia podrá liberar a Tshisekedi otorgándole el beneficio de la duda. Sin embargo, su responsabilidad está estrechamente relacionada con el caso de las víctimas de Pentecostés. De hecho, en 1966, Emmanuel Bamba (senador), Jérôme Anany (ministro de Defensa), Alexandre Mahamba (ministro de Asuntos territoriales y Costumbres) y Evariste Kimba (ex primer ministro) fueron acusados de atentado contra la seguridad del Estado y la integridad física del presidente Mobutu. Estas acusaciones son tan ficticias como las que encontramos en las fábulas de La Fontaine, pero que permiten a los impíos entender que “la razón del más fuerte siempre es la mejor”. Al igual que el cordero de La Fontaine, los cuatro políticos congoleños fueron asesinados a sangre fría (por ahorcamiento) en el estadio Kamanyola, en junio de 1966. Este estadio fue rebautizado como “Estadio de los Mártires” y los hinchas que gritan de alegría en los encuentros deportivos ni siquiera saben que ese lugar fue un matadero humano.

¿Dónde estaba Etienne Tshisekedi cuando se produjo una barbarie de tales dimensiones? El doctor en Derecho no solo era miembro del gobierno, como no podía ser de otra manera, sino que estaba precisamente a la cabeza del Ministerio del Interior y de Asuntos territoriales y Costumbres. Esto quiere decir que Tshisekedi tenía la función de velar por la aplicación del derecho positivo, pero también el derecho consuetudinario africano, lo que simbólicamente se representa con “el árbol de las palabras”. A costa de estos dos arsenales jurídicos, Mobutu y su jurista conseguirán acabar con sus cuatro compatriotas, como si fueran corderos en la Tabaski. Era precisamente el día de Pentecostés.

Para ambos cómplices, este ahorcamiento fue un acto de salvación pública. Etienne Tshisekedi  declaró lo siguiente cuando fue interrogado por la prensa a propósito de estos asesinatos: “Kimba y sus compañeros no podían beneficiarse del indulto presidencial debido a la gravedad de sus actos”. Con un tono burlón, añadió: “se aplicarán otras sentencias de la misma naturaleza para dar ejemplo y así sucesivamente”. Después, espetó: “la acción penal no siempre tiene que ser represiva; debe ser preventiva”. Dicho de una forma más sencilla: había que asesinar a sangre fría a Kimba y sus compañeros para dar ejemplo. En el vídeo que se muestra a continuación, los dos hombres justifican su barbarie descaradamente:

Pero la lista de víctimas de la era Mobutu-Tshisekedi es mucho más larga. Dos años después de los crímenes de Pentecostés, Pierre Mulele fue asesinado en condiciones más que aterradoras. De vuelta en el país por la invitación de Mobutu, que pretendía concederle la amnistía, el antiguo ministro de Educación Nacional de Lumumba fue arrestado bajo orden del presidente Mobutu. A partir de entonces comenzaron una serie de atrocidades. Cuando todavía estaba vivo, los torturadores de Pierre Mulele le perforaron los ojos, le cortaron las orejas, le arrancaron los genitales y le amputaron los miembros antes de tirar su cuerpo al río Congo. Corría el año 1968.

Por otra parte, Mobutu y Tshisekedi veían el futuro de color de rosa. Ostentaban el poder y lo ejercían, por supuesto. Entre los asesinatos de Pentecostés (1966) y de Pierre Mulele (1968), Mobutu, Tshisekedi y otros dos compañeros llevaron a cabo un importante acto político: la creación de un partido denominado Movimiento Popular de la Revolución (MPR). A diferencia de lo que puede deducirse del nombre, se trataba de un partido reaccionario, en el que nada se podía cuestionar. Tshisekedi fue quien redactó el estatuto de este partido único, el MPR. En junio de 1969, los estudiantes de la antigua Universidad de Lovanium salieron a las calles de Kinsasa para reclamar de manera pacífica derechos sociales e instituciones democráticas. El régimen reaccionó de manera enérgica: 125 muertos y una centena de desaparecidos. Estos son algunos hechos no muy detallados pero que dan testimonio de la estrecha colaboración entre Mobutu y Tshisekedi. ¿Por qué deberíamos encubrirlos hoy en día y presentar a este último como un opositor histórico? ¿Dónde empieza finalmente la Historia?

Las desavenencias entre Mobutu y Tshisekedi comenzaron en 1980, tras varias décadas de una colaboración mutua y muy fructífera. En este periodo, los partidarios de Mobutu comienzan a dudar de su hombre, al que habían confiado la gestión de la dictadura neocolonialista. Algunos años antes, el ejército mobutista demostró su incapacidad en las guerras de Shabas y el régimen no se habría salvado si no hubiese sido gracias a las tropas marroquíes y francesas. Además, a todo esto hay que sumar el informe que redactó el banquero alemán Blumenthal bajo petición del Fondo Monetario Internacional, que fue abrumador para la gestión financiera de la dictadura neocolonial. Más y más voces comenzaban a alzarse en Occidente sobre la necesidad de prever el periodo pos-Mobutu.

Tras una temporada en la cárcel, Tshisekedi ocupó brevemente el puesto de primer ministro durante el periodo de la “democratización” (1990-1996), lo que aprovechó para afirmar en reiteradas ocasiones que no reconocía a Mobutu como presidente. Sin embargo, cuando los ejércitos de la Alianza de las Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDL), lideradas por Laurent Désiré Kabila se acercaban a Kinsasa en 1996, Tshisekedi visitó a Mobutu en Niza y expresó su deseo de unificar las dos familias políticas (es decir, los mobutistas y los tshisékdistas) para enfrentarse a la amenaza externa. Ahora bien, el pueblo congoleño no vio amenaza alguna y aprobó la alianza que llevaría a Kabila al poder. Aquellos congoleños que habían sobrevivido a la dictadura mobutista lo veían más como un liberador.

Un adagio recogido cada sábado por las antenas de Radio Internacional de Francia (RIF) por Alain Foka, presentador del programa Archivos de África nos enseña que “nadie tiene derecho a borrar una página de la Historia de un pueblo, porque un pueblo sin historia es un mundo sin alma”. Insistir en presentar a Tshisekedi como un “opositor histórico” supone intentar liberarle de su responsabilidad en el régimen de Mobutu y su oposición a la guerra de liberación que expulsó a este último del poder. Es algo así como atenuar la responsabilidad de Joseph Goebbels o de Herman Göring en el nacionalsocialismo de Adolf Hitler, al cual el mobutismo de Joseph-Désiré Mobutu se ha parecido en muchos aspectos.

¿Oposición a quién y a qué?

A este hombre tan versátil, dispuesto a denominar a sus adversarios con todos los nombres de pájaros existentes, nunca se le ha escuchado declarar en contra del imperialismo. Y sin embargo, su país, la República Democrática del Congo es el símbolo en sí mismo del saqueo internacional. La RDC es tan extensa como un continente y rica en materias primas muy requeridas que hacen funcionar las industrias de todo el mundo. Para el control de estos recursos, los imperialistas financiaron a milicias sobrearmadas para debilitar al Estado central, de manera que se le privaba de la soberanía necesaria para escoger libremente a sus socios económicos. Para esta sucia labor, los saqueadores recurrieron a algunos países vecinos de la RDC. Y el colmo fue que en 2002, Tshisekedi visitó al presidente Kagame en Kigali y presumió de una gran comprensión hacia los argumentos que Kagame utilizó para intentar justificar la guerra de agresión contra la RDC. ¿Un “opositor histórico” que jamás se ha opuesto al saqueo histórico de su pueblo merece tal título? En Bélgica, donde le encantaba quedarse, Tshisekedi estaba en su casa y se sentía como pez en el agua.

El Congo que deja Tshisekedi

En el momento en el que Etienne Tshisekedi desapareció, el Congo vivía una situación de desequilibrio político. Tras varias semanas de negociaciones dirigidas por el episcopado, el 31 de diciembre de 2016 se alcanzó con mucho sacrificio un compromiso entre el régimen del presidente Kabila, cuyo primer mandato finalizaba, y el conjunto de partidos políticos que se oponía firmemente a una modificación de la constitución con el objetivo de prolongar el puesto de Kabila a la cabeza del país. En general, el acuerdo del 31 de diciembre preveía la permanencia del presidente Kabila en el poder hasta la entrada en funciones del nuevo presidente elegido. El primer ministro del período de transición se elegiría de los puestos de la Asamblea. El puesto de presidente del Comité de seguimiento del Acuerdo volvería a las manos de Etienne Tshisekedi.

Las negociaciones sobre el método mediante el cual el primer ministro debería ser designado continuaron, al igual que lo referido al reparto de puestos en el seno del Gobierno. Sin embargo, cuando Tshisekedi falleció el 1 de febrero, se mostró claramente que la Asamblea no era más que una alianza temporal entre oportunistas. La Asamblea entró en crisis y a principios de marzo se dividió abiertamente en tres sectores. El 3 de marzo de 2017, Felix Tshisekedi, el hijo, fue elegido presidente de la Asamblea en una reunión durante la cual algunos líderes no le mostraron su apoyo. Pierre Lumbi, según se concluyó en esta agitada reunión, se convirtió en el presidente del Comité de Expertos de la Asamblea.

El encuentro del 3 de marzo, no muy tranquilizador, permitió más que nada palpar la fragilidad de la Asamblea, que ya había empezado a desintegrarse. Joseph Olenghankoy, que quería hacerse con el puesto de Tshisekedi, creó una oposición dentro de la propia oposición. El presidente de las Fuerzas Innovadoras para la Unión y la Solidaridad tiene entre sus filas a Freddy Matungulu (ex ministro de Finanzas), Gilbert Kiakwana (diputado) y Bruno Tshibala (directivo de la Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS), partido de Tshisekedi).

Una tercera ala de la Asamblea se constituyó bajo la dirección de Patrick Mayombe, Clement Kanu, Marie-Ange Mushobekwa, Emmanuel Ilunga y muchos otros signatarios del acto que tuvo lugar en Genval (Bélgica) en junio [2016] y en el que se fundó la Asamblea. No hay que olvidar que en estos grupos se encontraba el antiguo secretario general de la UDPS, Bruno Mavungu. Muchos se unieron al gobierno actual, resultado del acuerdo del 18 de octubre firmado gracias a la ayuda del mediador de la Unión Africana, Edem Kodjo, y dirigido por Badibanga. Este grupo formó un segundo consejo de expertos con dos misiones. En primer lugar, reunificar todas las alas de la Asamblea y formalizar los documentos administrativos de la estructura, sobre todo los estatutos, es decir, el reglamento interno. En segundo lugar, entrar en contacto con la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO), por si fuera necesario.

Reunidos con el objetivo primordial de obtener puestos en el gobierno de transición, más que para defender un ideal, los líderes de la Asamblea ya habían empezado a exponer sus desacuerdos a plena luz. El pueblo congoleño empezó a rebelarse por este oportunismo de la clase política. El ciudadano medio congoleño se pregunta el por qué de las decenas e incluso centenas de jóvenes muertos debido a las diferentes acciones lanzadas por la oposición desde enero de 2015 hasta diciembre del año pasado. Exigen que los políticos asuman su responsabilidad y defiendan los proyectos sociales que defienden y practican durante una clara campaña electoral. Esperemos que, bajo la presión del pueblo, los políticos congoleños sepan encontrar el camino hacia un debate político serio en las próximas elecciones.

Olivier A. Ndenkop

Fuente: Le Journal de l’Afrique no.30, Investig’Action. République démocratique du Congo: Etienne Tshisekedi : «Opposant historique» ou l’Histoire à l’envers. Publicado el 14 de marzo de 2017.

Traducido para UMOYA por Laura de la Barrera Díaz y Sofía Lacasta Millera (Universidad de Salamanca).

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