Cómo el algodón transgénico de Monsanto se ha convertido en una lacra para los campesinos de Burkina Faso

Mohamed Traore contempla el trabajo de recolección en su tierra. Actualmente, el algodón es el único producto agrícola que puede comercializarse. Dependen de él para para la escolarización de sus hijos. Sin embargo, si pudiera, dejaría de cultivar algodón. © Wouter Elsen.

En Burkina Faso, la compañía Monsanto tiene los días contados: la multinacional abandona el país. La introducción de su algodón genéticamente modificado en 2009 no ha dado los frutos esperados. Esta nueva variedad, presentada como una solución milagrosa para el control de las plagas, ha terminado destruyendo la calidad y la reputación del algodón burkinés. Sin embargo, el gigante agroquímico no es el único implicado: a la hora de nombrar responsables, las autoridades locales se encuentran en primera línea. En este artículo, se lleva a cabo una investigación en tres partes sobre la industria del algodón transgénico en este país de África Occidental. Primera etapa: ¿Cómo ha conseguido la empresa estadounidense vender su algodón transgénico?

Monsanto se ha marchado, pero mis problemas continúan”. Mohamed Traoré cultiva algodón en la región de Houndé, en el suroeste de Burkina Faso. En su país, todas las miradas se dirigen hacia Monsanto, la multinacional menos apreciada. Semanas después del anuncio de una posible compra de este gigante de la química por parte de su competidor alemán Bayer, en octubre de 2016, la revista Jeune Afrique publicaba un correo electrónico interno de la empresa en el que anunciaba su próxima retirada de Burkina Faso. ¿La causa? Un rotundo fracaso agroindustrial que ha conseguido que toda la economía agrícola del país se tambalee. Años después de su introducción masiva, presentada como una solución milagrosa ante las dificultades del sector local, la variedad OGM (organismo genéticamente modificado) comercializada por Monsanto ha sido el origen de una dramática degradación de la calidad del algodón burkinés, cuyas propiedades, en particular el tamaño de la fibra, eran hasta entonces muy apreciadas por países importadores de este “oro blanco”.

El algodón OGM, importado para resistir a los ataques de los insectos que suelen devastar los cultivos del país, tiene como efecto secundario la reducción progresiva, año tras año, del tamaño de la fibra. Esto supone un problema: cuanto más larga es la fibra, más eficaz es la maquinaria de la industria textil. Frente a esta situación, Monsanto parece haber optado por una retirada estratégica del país.

Sin embargo, la salida de la multinacional todavía no se ha confirmado oficialmente y los responsables del sector algodonero burkinés declaran que las transacciones continúan en curso. Pero muchas personas cercanas a Monsanto confirman que la empresa no quiere quedarse. Los grupos de acción locales e internacionales contra el algodón OGM se alegran. Comparan esta situación con las manifestaciones de valientes burkineses que echaron del poder al dictador Blaise Compaoré el 31 de octubre de 2014. En las redes sociales el pueblo está feliz de haber dicho “no” a Monsanto.

De la crisis del algodón a la introducción de algodón transgénico

Para entender las causas de este fracaso tenemos que remontarnos a 1996. Toda la región de África Occidental se encontraba entonces afectada por una invasión masiva de orugas que destruían las cosechas. Los pesticidas que se utilizaban desde hacía años en los países productores de algodón de África Occidental ya no eran eficaces. Fue entonces cuando el sector lanzó el “Programa Ventana” para conseguir un tratamiento de las plantas de algodón más avanzado y de más diferenciado a lo largo del tiempo. El programa pareció resultar eficaz pero, al cabo de dos años, los agricultores de algodón burkinés sufrieron de nuevo un duro golpe. En septiembre de 1998, un insecto hasta entonces desconocido, la mosca blanca, provocó severos daños cuando los campos estaban blancos como la nieve.

El pánico fue total. El algodón es un sector muy estratégico en Burkina Faso y representa el 4 % del PIB, así como dos tercios de los ingresos de exportación, aproximadamente. El sector crea de manera directa e indirecta al menos el 25 % de los empleos del país. Se cuenta que la introducción del algodón genéticamente modificado en Burkina Faso está relacionada con el hecho de que el antiguo presidente, Blaise Compaoré, mantenía una complicada relación con los Estados Unidos. En el año 2000, los Estados Unidos amenazaron al país con sanciones porque Compaoré traficaba ilegalmente con armas y con diamantes durante la guerra civil de Sierra Leona. El presidente habría aceptado el algodón transgénico de Monsanto como intercambio de su silencio en cuanto a ese tráfico ilegal de armas.

“Un algodón antiplagas: era como estar en un sueño”

El profesor Roger Zangre, responsable a finales de los 90 de la Agencia Nacional de Valorización de la Investigación (ANVARR), cuenta una historia diferente: “En 1999, participé en una conferencia con algunos compañeros en Camerún. Fue allí donde conocimos a Monsanto. La presentación de su algodón que contenía el gen Bt (Bacillus thuringiensis) fue para nosotros una verdadera revelación. Era como estar en un sueño: un algodón que podía defenderse contra las plagas. Entonces invitamos a Monsanto a Burkina Faso”.

Cyr Payin Ouedraogo, periodista científico, también afirma que el algodón transgénico no se impuso en Burkina Faso. “En realidad, los cultivadores de algodón fueron los que constataron que existía un serio problema. El gobierno pidió a los científicos que encontraran una solución y se llegó a ella a través de Monsanto. No se tomó la decisión de la noche a la mañana: los burkineses quisieron ser prudentes y llamaron también a la sociedad suiza Syngenta. Sin embargo, esta última desapareció de las negociaciones, puesto que su producto no era lo suficientemente eficaz. Finalmente, decidieron trabajar con Monsanto. Así es el mundo de los negocios, eso es todo.

La cosecha de algodón es muy intensiva y requiere mucha mano de obra. Son sobre todo las mujeres las que pasan largas jornadas de trabajo en los campos durante la cosecha. Ganan alrededor de 1.000 francos CFA (1,5 euros) al día. © Wouter Elsen.

El algodón transgénico probablemente fuera eficaz al principio. El sector del agodón se encontraba bajo presión debido a sucesivas plagas de insectos. Si el gobierno no hubiera actuado, habría corrido el riesgo de enfrentarse a movimientos sociales, puesto que numerosas familias dependen del algodón para su supervivencia. El sector genera muchos empleos secundarios: industrias de desmotado, transporte, industrias aceiteras, etc., y ha sido durante mucho tiempo la única actividad que ha traído divisas extranjeras al país [1]. En cuanto al papel de los Estados Unidos, Cyr Pavim Ouedraogo explica que “si esto permitía calmar ligeramente las tensiones entre Washington y Ouagadougou, ¿por qué no iba a hacerse?”.

El incumplimiento de la normativa con el apoyo del gobierno

Una de las condiciones para que Monsanto introdujera los OGM en un nuevo país era el respecto de la normativa nacional sobre bioseguridad. Primero, tendría que existir esa normativa. El profesor de ANVARR Roger Zangre también era presidente del Comité Provisional de Bioseguridad que, en el año 2000, comenzó a redactar la ley burkinesa respecto a este tema.

El grupo trabajó durante 10 años sobre esta normativa, validada a principios de 2003. Zangre sostiene que todas las etapas legales han sido respetadas. ¿Burkina Faso ha sufrido presiones para aceptar los transgénicos? “En julio de 2003, Sofitex, que en aquella época era la única sociedad algodonera nacional, organizó una conferencia internacional sobre la biotecnología. Todo el mundo estaba representado: las empresas, los investigadores, los consumidores y los líderes tradicionales. Alguien del público dijo que había estado de misión en Dakar y que se había enterado allí de que cultivaban algodón OGM en Burkina Faso. La gente, enfadada, comenzó a hacer preguntas y Monsanto se vio obligada a reconocer delante de todo el mundo que, efectivamente, se estaban realizando ensayos en medio controlado. Yo era el presidente del Comité, pero no estaba al tanto”, cuenta Zangre.

Un comité para guardar las apariencias

Sin embargo, Monsanto recibió una autorización para realizar estas pruebas, a través de un decreto incluso presidencial. El periodista Cyr Payim Ouedraogo suaviza: “Las autoridades no supieron cómo comunicarlo. ¿Qué quieren ustedes? En muchas de las instituciones del país, incluso a día de hoy, no hay muy buena comunicación”.

El profesor Zangre tiene otra opinión: “A la salida de la conferencia, alguien de Monsanto se me acercó para pedirme que escribiera que el comité estaba al corriente de las pruebas. Me negué y me insistió. Dos semanas después, escribí un documento que Monsanto no pudo utilizar en su favor porque se consideró como demasiado superficial. Después, me apartaron de la presidencia del Comité”. Parece que este comité provisional solo se creó para guardar las apariencias. Obviamente, las decisiones ya se habían tomado al más alto nivel. El supuesto debate democrático que debería haber tenido lugar con anterioridad se produjo, en realidad, posteriormente y a toda prisa.

El rápido deterioro de las plantas OGM

Aunque Zangre sea un defensor de los OGM, en general está de acuerdo con su compañero Didier Zongo, también profesor pero completamente en contra de los transgénicos, cuando evoca las enormes meteduras de pata cometidas como consecuencia de la introducción del algodón transgénico. Para el profesor Zongo, “el algodón OGM es, en Burkina Faso, el resultado del cruce de una variedad estadounidense que contiene el gen Bt con una variedad local burkinesa. La característica más importante de la variedad burkinesa era la fibra larga. La nueva variedad tras el cruce contenía el gen Bt y la fibra larga.

Todos los investigadores saben que no podemos alegrarnos por ello. Debemos hacer retrocruzamientos y seleccionar cada vez la planta que contiene las buenas características, es decir, la fibra larga y el gen Bt [2]. Normalmente tenemos que efectuar hasta siete retrocruzamientos para fijar, al mismo tiempo, la resistencia contra los insectos que procura el gen Bt y todas las características de nuestra variedad local. En la práctica, la variedad comercializada en Burkina Faso solo era el resultado de dos retrocruzamientos”. La variedad comenzó a deteriorarse rápidamente, pese a que la calidad del algodón burkinés estaba reconocida como la mejor en el mundo por su fibra excepcionalmente larga. “Esta negligencia ha provocado que nuestro país, antaño sin igual respecto a otros países algodoneros, haya perdido su sello de calidad”.

Según un antiguo empleado de Monsanto “no se ha hecho lo que se debía”

Desde que Burkina Faso anunció en abril de 2016 un “cese provisional” del cultivo de algodón genéticamente modificado, Monsanto se niega a añadir cualquier comentario o comunicado oficial. Sin embargo, un antiguo empleado de la multinacional ha querido hablar con nosotros. Sus revelaciones no son nada menos que una confesión: “El análisis de los retrocruzamientos es correcto y debería haberse continuado. Se han cometido grandes errores. No se ha hecho lo que se debía”.

Parece como si Monsanto hubiera utilizado hábilmente la desesperación que reinaba en aquel momento en el sector del algodón para introducir su producto. El contrato con Monsanto prometía una solución inmediata a los problemas de los insectos en los campos de algodón, así como un aumento de la producción por hectárea y del número de granos por cápsula de algodón.

El algodón transgénico ha cumplido estas condiciones durante años. Sin embargo, en el contrato no estaba estipulado ningún detalle sobre la largura de la fibra de algodón. Los investigadores de Monsanto y sus compañeros burkineses sabían, sin embargo, que una sola negligencia en los retrocruzamientos traería serios problemas. “Nadie ha reflexionado sobre las consecuencias” confirma el antiguo empleado de Monsanto. “No valen excusas para esto, todo ha sucedido por culpa del laxismo. A los agentes del sector del algodón no les importan lo más mínimo los agricultores, muestran una indiferencia total por los campesinos. Es lamentable, pero es así”.

“No se ha cumplido ninguna promesa”

Ante la pregunta de por qué no se siguió con los retrocruzamientos cuando se constató la reducción del tamaño de la fibra en el año 2010, puesto que todo el mundo sabía que la solución estaba ahí, el antiguo empleado de Monsanto responde: “Sí, es un asunto serio. Para una empresa como Monsanto, el mercado de un país como Burkina Faso no es muy importante; no representa los dólares suficientes. No valía la pena invertir aún más”.

En el Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INERA), la institución burkinesa que trabajó con Monsanto, nadie está autorizado para hacer ningún comentario. Aunque hubieran querido, los científicos burkineses no habrían podido manipular esta variedad. “Cuando se dispone de la tecnología de alguien, no se puede utilizar y cambiar libremente. Existe un contrato que describe la colaboración y las implicaciones. Así son los negocios”, explica Cyr Payim Ouedraogo.

La decepción de los científicos es enorme, como demuestra el profesor Roger Zangre: “Lo esencial en el contrato con Monsanto era el refuerzo de las capacidades de la planta. Pensábamos que nuestros investigadores iban a aprender cómo aislar los genes y cómo introducirlos en otras plantas. Podríamos haber sido los líderes de la biotecnología en África Occidental. Sin embargo, no se ha cumplido ninguna de esas promesas”.

Abdul Razac Napon, Mien De Graeve, Wouter Elsen.

Traducción del neerlandés por Jos Mestdagh.

Esta investigación ha sido posible gracias al apoyo de Journalismfund (Flanders Connecting Continents). Los autores expresan su profundo agradecimiento a los jóvenes investigadores, Edouard Idrissa Sanou y Lodewijk van Dycke, por sus valiosos e innovadores puntos de vista, así como por sus consejos científicos. El artículo se publicó primero en neerlandés en la página web www.mo.be.

[1] La exportación de oro de Burkina Faso ha sobrepasado la del algodón.
[2] En genética, un retrocruzamiento, también llamado retrocruce, se refiere al cruce de un descendiente híbrido con uno de los padres o con un genotipo idéntico al paterno, de manera que se obtiene un descendiente con una identidad genética aún más próxima a la paterna.

Fuente: BastaMag, Comment le coton OGM de Monsanto s’est transformé en fléau pour les paysans du Burkina Faso, publicado el 27 de febrero de 2017.

Tomado de Investig’Action.

Traducido del francés para UMOYA por Lorena Gómez Pérez (Universidad de Salamanca).

ComparteShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Articulos de opinión, Noticias, Soberanía alimentaria. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *