Las comunistas negras y el panafricanismo: una entrevista a Minkah Makalani

En esta entrada, Richard Mares, un asistente de redacción de Black Perspectives [en español, Perspectivas negras] que actualmente prepara una tesis doctoral en la Universidad del Estado de Michigan, entrevista a Minkah Makalani. Se centra en su reciente artículo en el número especial sobre Women, Gender Politics and Pan-Africanism [Mujeres, políticas de género y panafricanismo], editado por Keisha N. Blain, Asia Leeds, y Ula Y. Taylor. Esta edición de otoño de 2016 de Women, Gender, and Families of Color examina los perfiles del género en el panafricanismo y se centra en las mujeres negras como figuras clave en la conformación, el refinamiento y la redefinición del pensamiento y las praxis panafricanistas durante el siglo XX. En esta entrevista, Makalani analiza su artículo «An Apparatus for Negro Women: Black Women’s Organizing, Communism, and the Institutional Spaces of Radical Pan-African Thought» [«Un instrumento para las mujeres negras: la organización de las mujeres negras, el comunismo y los espacios institucionales del pensamiento panafricano radical»], que sitúa las actividades e ideas de las mujeres negras comunistas como Grace Campbell y Williana Burroughs dentro de la tradición panafricana. Toda la edición especial está disponible en forma impresa y en línea a través de ProjectMuse y JSTOR. Puede descargar en inglés la introducción de la edición especial aquí.

Makalani es profesor adjunto en el Departamento de estudios africanos y la diáspora africana en la Universidad de Texas. Entre sus intereses se incluyen la historia intelectual, el pensamiento político negro, la identidad racial, el radicalismo negro y la diáspora en el Caribe, Estados Unidos y Europa. Makalani es el autor de In the Cause of Freedom: Radical Black Internationalism from Harlem to London, 1917-1939 [Por la causa de la libertad: el internacionalismo radical negro, de Harlem a Londres, 1917-1939] (Universidad de Carolina del Norte, 2011) y es el coeditor (con Davarian Baldwin) de Escape from New York: The New Negro Renaissance beyond Harlem [Escapar de Nueva York: el nuevo resurgir negro más allá de Harlem] (Editorial de la Universidad de Minnesota, 2013). Además de la publicación de una edición especial en la revista Social Text titulada «Diaspora and the Localities of Race» [La diáspora y las localidades de la raza], sus artículos han aparecido en Souls, en el Journal of African American History y en varias colecciones. Actualmente está escribiendo una historia sobre el trabajo de C. L. R. James en la Federación de las Indias Occidentales entre 1958-1962, que ha titulado temporalmente Calypso Conquered the World: C. L. R. James and the Politically Unimaginable in Trinidad [Calypso conquistó el mundo: C. L. R. James y lo políticamente inimaginable en Trinidad]. Se le puede seguir en Twitter a través de @minkmak

Richard Mares: ¿Dónde ubicarías a Williana Burroughs y a Grace Campbell en la larga historia del radicalismo de las mujeres negras y por qué?

Minkah Makalani: Williana Burroughs y Grace Campbell forman parte del colectivo histórico de mujeres negras radicales que, por un lado, estableció los mismísimos pilares de las organizaciones de movimientos sociales y, además, elaboró las herramientas ideológicas y conceptuales esenciales de dichos movimientos. Estamos ampliando mucho nuestros conocimientos sobre mujeres como Audley Moore, Claudia Jones, Una Marson, Olive Morris, Flo Kennedy y Vicki Garvin: mujeres negras radicales que podemos ubicar dentro de una genealogía que incluye el trabajo de activistas como Amy Ashwood Garvey y Amy Jacques Garvey y se desarrolla a partir de él. Burroughs y Campbell fueron igualmente importantes para establecer lo que podríamos llamar la tradición de las «mujeres negras radicales» (black radical women’s tradition), aunque me gustaría enfatizar que, lo que entendemos como una tradición negra radical, tendría un aspecto muy distinto sin la contribución de estas mujeres negras radicales. En algunos aspectos, el rol de Campbell y Burroughs puede haberse visto minimizado porque la mayor parte de su trabajo organizativo e intelectual lo realizaron en organizaciones dominadas por hombres, ligadas en distintas formas al movimiento comunista internacional. Esto plantea preguntas importantes relativas al silenciamiento archivístico que fue, de alguna manera, lo que ambas sufrieron en la izquierda blanca. Así, mi deseo es el de contribuir al trabajo de historiadoras como Cheryl Hicks, Erik McDuffie y LaShawn Harris, que nos han enseñado mucho de lo que sabemos sobre Campbell y Burroughs.

Grace Campbell dando un discurso en Harlem. Fecha desconocida.

Mares: ¿cómo emplearon Burroughs y Campbell las instituciones comunistas y radicales para conseguir una visión panafricana? ¿Qué rol tuvo el género en instituciones como la Harlem Tenants League (HTL) [la Liga de los inquilinos de Harlem] y la African Blood Brotherhood (ABB) [la Hermandad de sangre africana].

Makalani: Me parece que, en realidad, me planteas dos preguntas. Campbell y Burroughs, al igual que sus compañeros masculinos, vieron en el comunismo organizado una red internacional que les podría ayudar a hacer real su visión de un movimiento político del panafricanismo o sobre la diáspora africana. Sin embargo, ni la ABB ni la HTL eran meras organizaciones comunistas. Sus historias eran mucho más complejas, como he explicado en mi libro. Con todo, las nociones basadas en el género sobre la virilidad y el liderazgo racial, sobre quiénes deberían hacer el trabajo intelectual, hablaban por sí mismas de cómo operaba la ABB: su posicionamiento era que los hombres negros eran los defensores de la raza y los protectores de las mujeres negras. Sin embargo, Campbell era el pilar de la ABB. Ella fue la razón por la que la organización aguantó tanto tiempo. Por eso encuentro tan útil el concepto que Ula Taylor denomina el «community feminism» [el feminismo comunitario]: subraya cómo alguien como Campbell recurrió a las nociones dominantes de las organizaciones políticas negras pero cuestionó el indisputable dominio de los hombres negros en dichas formaciones. Para Campbell, esta cuestión llegó a un punto crítico en la HTL, donde las disputas internas del Partido Comunista ejercieron un efecto debilitante sobre las actividades de la liga: su repercusión sobrepasaba y, en muchos aspectos, anulaba el trabajo que la organización había realizado en Harlem. Esta cuestión también tenía un claro rasgo sexista. Campbell y Elizabeth Hendrickson realizaron gran parte del trabajo pesado de organizar a los inquilinos en Harlem, al igual que hizo Campbell en la organización de los foros educativos radicales negros en Harlem. Sin embargo, fue Richard B. Moore quien disfrutó del rango, estatus y poder que da el cargo de presidente. Además, la hostilidad de Moore hacia Campbell, radicada en sus puntos de vista opuestos en lo relativo al posicionamiento del partido, hizo que Campbell dejara el Partido Comunista. Con todo, esto sucedió después de que contribuyera a diseñar el modelo de algunas de las actividades organizativas más dinámicas que los comunistas jamás emprenderían en esta época: los Unemplyed Councils (las asambleas para desempleados). Gracias a estas, el Partido Comunista dio sus mayores pasos para organizar a las comunidades negras, particularmente a las mujeres negras.

Burroughs tuvo una trayectoria totalmente diferente. Nunca formó parte de la ABB y se hizo un nombre con su participación en la Unión de Profesores y, más tarde, en la HTL. Aunque la dirección de esta última sin duda reflejaba los valores de género de los radicales negros organizados en aquel momento, también facilitaba que las mujeres negras pudieran ser organizadoras e intelectuales. Burroughs, que por entonces ya era una intelectual comprometida, encontró en esta formación una oportunidad para organizar a las mujeres negras como mujeres negras, lo que resultó crucial para apoyar sus posteriores argumentos sobre la necesidad de organizar a dichas mujeres en la Internacional Comunista.

Retrato de Williana Burroughs perteneciente a la campaña electoral de 1933, publicado en el periódico The Daily Worker (Imagen del Marxists Internet Archive).

Mares: Al describir su metodología, usted explica que este artículo toma una «perspectiva genealógica» sobre los archivos del Marxismo Negro. ¿Podría explicárselo a nuestros lectores?

Makalani: Quería considerar a Campbell y a Burroughs como activistas por derecho propio que debatían sobre su situación más inmediata, sobre lo que ellas consideraban el problema principal que afectaba a la población negra. No me entusiasmaba demasiado pensar en ellas como hitos de la alargada historia del radicalismo negro porque me temo que tomar esa aproximación fomenta tratar a estas figuras históricas como precursoras de un pensamiento que comprendiera mejor el periodo o la era siguiente, en el que las ideas o actividades aquí consideradas supuestamente se hubieran desarrollado, hubieran progresado, se hubieran convertido en algo mejor o hubieran madurado políticamente. No estoy sugiriendo que Campbell y Burroughs no sean importantes para la robusta historia del pensamiento radical de las mujeres negras. Pero si nos centramos en cómo abordaron la organización de las familias, de las mujeres y de los inquilinos en relación al consumismo, encontraremos una política mucho más profunda, mucho más compleja. Algo que llama la atención es que vemos a las mujeres radicales negras analizando detalladamente lo que, según el marxismo, generalmente se califica de forma negativa como reproducción social y que, de esta forma, se considera menos importante que la producción de plusvalía.

Lo que denomino el archivo del marxismo negro no está relacionado con este tema, pero resuelve otro tipo de preguntas. Utilizo el archivo para referirme a lo que Michel Foucault denomina sistema de enunciabilidad, es decir, la ley de lo enunciable y de lo no enunciable. En algunos estudios de la izquierda negra ha supuesto un problema a la hora de discernir si alguien era fiel o se alejaba de lo que se entiende por marxismo ortodoxo. Esto también se enmarca en una práctica ridícula que se observa entre historiadores intelectuales concienciados en proteger quién puede y quién no puede ser considerado como intelectual o teórico, lo que para mí resulta bastante trivial. Pero más allá de Foucault, lo que realmente influyó en mí fue el discurso de David Scott, que hace referencia al problema del espacio como campo que determina cuáles son las cuestiones apropiadas y, en consecuencia, cuáles son las respuestas correctas, es decir, una forma de evaluar las cuestiones políticas en juego en el momento en el que uno escribe. Para Scott, una pregunta o una respuesta serán válidas en un momento concreto, mientras que en cualquier otro solo servirán como un ejercicio académico. Algunos estudios de organizaciones marxistas, en especial aquellos que se centran en el radicalismo negro, solían poner énfasis en los lazos de los radicales negros con dichas formaciones, lo refleja el propio compromiso político de los estudiosos. Cualquier explicación del radicalismo negro de Grace Campbell que se centre en su participación en el Partido Comunista podría responder a una cuestión particular de entre las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, para Scott, hoy sería simplemente una cuestión puramente académica de poco valor en un acalorado debate. Por esa razón, el enfoque genealógico centrado en estudiar los detalles del activismo de Campbell y Burroughs y el campo en el que ambas desarrollaron sus ideas y su comprensión de los problemas de las mujeres negras trabajadoras puede aportarnos importantes perspectivas que nos ayuden a entender el radicalismo negro en 2017.

Claudia Jones pronunciando un discurso durante su estancia en Japón, en algún momento entre 1955 y 1964. Fotografía obtenida de la colección Claudia Jones Memorial Photograph Collection (Centro Schomburg).

Mares: Tanto Burroughs como Campbell dedicaron sus vidas al activismo. Aun así, también crecieron y cambiaron como intelectuales a lo largo de su trayectoria. ¿Qué permaneció constante en su lucha? ¿Se dieron cambios considerables en sus perspectivas?

Makalani: Creo que ambas mantuvieron sus compromisos políticos a lo largo de sus vidas, a pesar de que, con el tiempo, cambiara el modo que tenían de enfocarlos. Se puede afirmar que siempre estuvieron concienciadas con la clase trabajadora negra, así como con las mujeres negras y las familias en particular. Durante sus primeros años como trabajadora social, Campbell gestionó sus gastos mediante lo que hoy consideraríamos una política de respetabilidad. No obstante, en 1925, definió un entendimiento más complejo de la naturaleza sexista y racializada de las experiencias vividas por las mujeres de la clase trabajadora negra en el sistema de justicia penal. En el artículo lo denomino como un cambio en su modo de pensar, aunque ahora me pregunto si es realmente el caso. Hubo personas que se guiaron por la política de respetabilidad y que al mismo tiempo criticaron las dinámicas en juego, de clase, género y raza, que contribuyeron al sufrimiento de las mujeres de la clase trabajadora negra y de las mujeres pobres. Todo apunta a que los hombres y mujeres de la clase trabajadora negra adoptaron una política de respetabilidad, que hasta entonces prácticamente solo tenían las élites negras. Creo que muchos de nosotros, a día de hoy, hemos pasado por alto este elemento que Evelyn Brooks Higginbotham comentaba en su obra.

Mares: ¿Qué conclusiones espera que saquen de su artículo los lectores (incluidos aquellos menos familiarizados con el panafricanismo o, en términos más generales, la historia afroamericana)?

Makalani: La imposible complejidad del pensamiento radical negro y el papel central que desempeñaron las mujeres negras en la elaboración de un órgano de pensamiento. Esto es, en parte, una historia sobre cómo una política radical negra de izquierdas, a la hora de abordar la raza, tuvo que tratar temas relativos al género, la familia, el consumo y la reproducción social. Esta ruptura de la ortodoxia marxista ofreció a las mujeres negras de la década de 1920 el espacio para pensar más a fondo acerca de la opresión de género. Igualmente importante es que Campbell, Burroughs, y otras como Hendrickson, establecieron y mantuvieron los espacios sociales en los que se desarrolló el pensamiento radical negro —y no solo espacios en los que los hombres negros podían pensar, sino sitios en los que ellos también iniciaron y dieron forma dicho pensamiento—. Lo mismo ocurrió con Amy Ashwood Garvey y las políticas anticoloniales negras en el Londres de la década de 1930; las hermanas Nardal y la Nègritude [Negritud] en París; Denise Oliver y el Comité de las Mujeres en la organización de los Young Lords Party; Elaine Brown en el partido de los Black Panther; y de forma más dinámica con Frances Beal y el Comité de Liberación de la Mujer Negra del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC), que llevó a la creación de la tercera Alianza Mundial de las Mujeres. Todas estas instituciones condujeron a una corriente en la tradición radical negra, la cual se puede decir que ayudó a crear personas como Patrisse Cullors, Alicia Garza, Opel Tometi, así como el movimiento Black Lives Matter. Si existe una línea directa que se pueda dibujar desde Campbell y Burroughs hasta Cullors, Garza y Tometi, es menos interesante que considerar el trabajo preliminar que realizaron, que permitió a alguien como Claudia Jones llevar a cabo su tarea, algo que Angela Davis mantuvo en su labor y que, a su vez, fundamenta de un modo importante nuestro presente político.

Por Richard Mares

Fuente: Black Perspectives, Black Women Communists and Pan-Africanism: An Interview with Minkah Makalani, pubicado el 25 de marzo de 2017.

Traducido para UMOYA por Jon Fontán Calzada, Pedro Lama Guerrero, Ion Hang Tang Pat y Diego González González. Universidad de Salamanca.

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