Qué puede esconder el encuentro entre Paul Kagame y el papa Francisco…

El pasado 20 de marzo de 2017 tuvo lugar en el Vaticano una entrevista entre el presidente de Ruanda Paul Kagame, acompañado por su esposa, y el papa Francisco. Una entrevista de unos 20 minutos que los periodistas calificaron de cordial, alejada de discusiones.

Más allá del clima protocolario que ha caracterizado la reunión de estos dos hombres de estado, lo que posiblemente se buscaba con este encuentro es sacar a la luz aquello que pueda tener un impacto directo en los problemas actuales que configuran la gravísima crisis que atraviesa el pueblo congoleño.

Un Paul Kagame que busca limpiar su imagen internacional explotando por enésima vez el genocidio…

Hace cinco meses, Paul Kagame decidió utilizar de nuevo el genocidio ruandés de 1994 como su caballo de batalla diplomático para limpiar su imagen internacional. Pero lo hizo discretamente. En noviembre de 2016, la Iglesia católica ruandesa trató de pedir perdón en nombre de los feligreses católicos ruandeses que se vieron envueltos en el genocidio de los tutsis. Esta lo hizo en nombre de los cristianos católicos implicados en el genocidio y no en el de la institución católica, tal y como precisó Mons. Philippe Rukamba, presidente de la Conferencia Episcopal de Ruanda: “la Iglesia no participó en el genocidio”; aunque varios católicos (fieles cristianos y sacerdotes ruandeses) fueron juzgados, acusados y condenados por tribunales nacionales o internacionales.

Durante el Diálogo Nacional Ruandés que se desarrolló en diciembre de 2016, un mes más tarde de la confesión pública de la Iglesia católica ruandesa, el presidente Paul Kagame pronunció un discurso en el que expresaba claramente su insatisfacción ante las declaraciones del episcopado ruandés. Se sirvió sobre todo de las confesiones públicas del clero ruandés para exagerar y reclamar el perdón por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica (incluido el del Papa) por su responsabilidad en el genocidio de los tutsis en 1994; mientras que algunos de sus ministros fueron acusados de haber desempeñado un macabro papel en esta tragedia del siglo pasado.

Al entrar al palacio pontificio esa mañana, sin tener en cuenta como sería recibido por el Papa, Paul Kagame creía haber dado un golpe mediático y diplomático al entregar a la opinión internacional unos verdugos que quizás no tengan la responsabilidad que él busca atribuirles para ocultar así su propia responsabilidad personal, al dar la orden de atentar contra el avión presidencial, atentado que fue el punto de partida de los macabros acontecimientos que tendrían lugar posteriormente. Al insistir en el genocidio de los tutsis, Paul Kagame quiere hacer prevaler su aproximación simplista del genocidio que, sin embargo, ha afectado a los tutsis y los hutus. Al hacer esto, cree también que vuelve a silenciar y echar por tierra la memoria de la masacre de cientos de miles de hutus ruandeses que huían de las atrocidades del Ejército Patriótico Ruandés (APR) en los bosques congoleños y en los países vecinos. Este político es consciente de la espada de Damocles que pende sobre su cabeza y, por lo tanto, con esta visita al Vaticano, intenta reescribir la historia del genocidio por medio de la restauración de su imagen en el terreno internacional y lograr que recaiga sobre terceras personas esta responsabilidad histórica del genocidio que le sigue muy de cerca.

El papa Francisco ha comprendido finalmente que la RDC está bajo la dirección de Kigali…

Los observadores del escenario político internacional han visto la implicación cada vez mayor del papa Francisco en la crisis política de los Grandes Lagos. Por medio de sus declaraciones públicas en las audiencias semanales y las acciones diplomáticas ocultas al público, no deja de convertirse en un actor de primera línea en la búsqueda de resoluciones a la crisis que sacude toda esta región.

Ha hecho participes a sus nuncios apostólicos y a otros tantos missi dominici que envía personalmente al campo de batalla para que se informen de la situación y recaben información exacta acerca de lo que se produce sobre el terreno. Por esta razón, vimos a Mons. Luis Mariano Montemayor (nuncio apostólico en Kinsasa) aterrizar el lunes 29 de agosto de 2016 a las 13:20 en la ciudad de Beni, en la RDC, lugar donde se produjeron las masacres en masa que continuarían. Junto con el representante de MONUSCO, visitó los barrios de Rwangoma y Mbelu, los lugares donde la población fue masacrada; rezó y pronunció el mensaje del papa Francisco: “nos hemos reunido porque hay una determinación de hacer mejor las cosas…” Continuó con esta frase llena de inferencias: “el poder de la MONUSCO para proteger a la población no puede ser sacrificado por otros poderes, por muy importantes que sean”.

En un primer análisis de la información a su disposición, el papa dio fe a una “cierta” ala de sus consejeros que le convencieron de mantener un contacto directo con Joseph Kabila para poner fin a la crisis que se vive en la zona y que secuestra el futuro del pueblo congoleño. El papa creyó que sería conveniente hacerlo y puso en marcha dos actos políticos de significativo alcance. Recibió en audiencia a Joseph Kabila desesperado en las vísperas del fin constitucional de su mandato; este último estaba lleno de promesas, según las cuales dejaría el poder en un año de manera democrática, tal y como se acordó, con el episcopado congoleño en un trabajo de facilitación que reuniría a la clase política de este país y que evitaría la hecatombe para el pueblo congoleño.

Sin embargo, los resplandores de esperanza fruto del acuerdo del 31 de diciembre se disiparon rápidamente por el rechazo de la autoridad moral de la Mayoría Presidencial. Esta se negó a firmar el acuerdo de actuación y a aplicar las resoluciones.

Las últimas declaraciones del Papa ante medios alemanes, en las que afirmaba no querer viajar más a Kinsasa, son de algún modo testimonio del fracaso de las negociaciones con un Kabila astuto y hábil. Este habría esquivado al santo padre para poder así superar la difícil situación de 19 de diciembre, momento del fin de su mandato, y concederse una falsa legitimidad en un Estado en el que, desde entonces, el parlamento, la presidencia y todas las demás instituciones estatales funcionan al margen de cualquier marco constitucional.

Dicho esto, no debemos olvidar que las relaciones entre el Vaticano y Kigali evolucionan de manera irregular desde hace décadas. Recordarán que, desde junio de 2016, la nunciatura apostólica de Ruanda permanecía sin representantes. Esto hace que uno se plantee qué busca el Vaticano al nombrar a Mons. Andrzej Joszwowicz nuevo nuncio de Ruanda justo el sábado 18 de marzo de 2017, es decir, un día antes de la visita de Kagame al Vaticano. Este diplomático está al servicio de la diplomacia pontificia desde hace más de dos décadas y ha ocupado puestos en Mozambique, Hungría, Siria y Rusia.

Nació en 1965 en una Polonia gobernada por el régimen comunista bajo el lúgubre clima de la Guerra Fría. Militó, como cabía esperar, en un grupo de juventudes católicas bajo el carisma del arzobispo de Cracovia y futuro papa Juan Pablo II, quien buscaba hacer caer ese inicuo sistema. Por ello, este polaco conoce los engranajes de mentiras y de crueldad que constituyen el meollo de cualquier dictadura. Además, los puestos diplomáticos citados anteriormente y en los que ha hecho uso de sus primeras armas diplomáticas le preparan para comprender mejor el sombrío panorama del régimen de Kagame.

Desde mi humilde punto de vista, el papa Francisco inicia una lectura que difiere mucho de la de Paul Kagame en lo que concierne a la visita de estado. Francisco habría comprendido con toda claridad dos cosas.

Lo primero es que, tras la medalla que regaló al presidente en la que el desierto se transforma en jardín, el papa sabe bien que la prosperidad material ruandesa, pregonada por los medios internacionales, tiene sus bases en la depredación de las riquezas de los países vecinos y en el simple y puro acto de diezmar a sus poblaciones. Se ha dado cuenta de que el país de las mil colinas se convierte en un próspero jardín al hacerse con las riquezas mineras de los países vecinos y al matar sistemáticamente a los verdaderos propietarios de estas.

En segundo lugar, el papa ha entendido que el poder que en la actualidad dirige la República Democrática del Congo no tiene nada de soberano, sino que es directamente dirigido desde Kigali. Se ha dado cuenta, por lo tanto, de que el verdadero presidente de la RDC no es el Joseph Kabila que recibió en su despacho y con quien estableció negociaciones para sacar a la RDC del callejón sin salida en el que se encontraba por medio del acuerdo de 31 de diciembre. Este no es más que una marioneta de Ruanda y, por ello, cambiar el curso de los acontecimientos en el Congo requiere que el papa trate con la fuente de la que emanan las decisiones del poder, es decir, con el presidente Paul Kagame.

Siendo claro, no tengo ni la más mínima duda de que la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) pueda renunciar en unos días a su misión como mediador entre las fuerzas políticas nacionales. El Papa y los obispos congoleños han comprendido el modus operandi de estas últimas, el cual consiste en oponerse únicamente de cara al público y en dar su inquebrantable apoyo al statu quo político del que tanto los miembros de la mayoría como los de la oposición se benefician. Desde entonces, el soberano Pontífice sabe que no puede esperar nada de unas fuerzas políticas congoleñas corrompidas y completamente irresponsables, todas ellas infiltradas de una u otra forma por el verdadero ocupa de la RDC.

La entrevista directa con Paul Kagame y la retirada de la CENCO de la escena política equivaldrían, por lo tanto, a un cambio de estrategia por parte del Papa en su búsqueda de la resolución de la crisis que tiene lugar en la zona. En estas condiciones, dentro del curso de las negociaciones a puerta cerrada de las que la visita de Estado de esta semana no constituye más que la punta del iceberg diplomático, se puede apostar por que la Santa Sede intentaría exigir la caída de Kabila. Esta concede a un Kagame que pierde su confianza internacional el privilegio de una visita de Estado en la que el papa se niega a manifestar un perdón y se limita a “expresar su profunda tristeza, la de la Santa Sede y la de la Iglesia por el genocidio ruandés; así como su solidaridad con las víctimas y con aquellos que todavía sufren las consecuencias de estos trágicos acontecimientos”.

Para los que conocen los usos y costumbres diplomáticos del Vaticano, “expresar la tristeza” no equivale en absoluto a una petición de perdón. No existe nada en esta afirmación que confirme la implicación oficial de la Iglesia católica en la tragedia ruandesa y su supuesto deber de perdón como lo hubiera deseado Paul Kagame. Por el contrario, la expresa solidaridad del Papa, tanto con las víctimas ruandesas como con aquellas que sufren las consecuencias de este genocidio, invita a la reflexión. Entre las numerosas víctimas colaterales del genocidio ruandés, el Papa cuenta, por supuesto, al pueblo congoleño martirizado por deseo del nuevo régimen ruandés que hace del genocidio su capital comercial para legitimar su crueldad y ocultar su ambición por las riquezas de la RDC.

¿Al arriesgarse y aceptar recibir a este dictador ruandés que tiene las manos manchadas de sangre ruandesa y congoleña, el Papa asume finalmente esta elección política? ¿El objetivo de esta sólida posición es tratar directamente con el verdadero comanditario de la violencia y del caos políticos que castigan duramente al régimen del Congo en Kinsasa; así como conseguir la garantía de hacer saltar los plomos de Kabila para favorecer maniobras políticas que abran nuevas vías a un proceso de democratización en el Congo de Lumumba? La diplomacia es el lugar de los posibles, por lo que no descartamos ninguna hipótesis.  ¿No es cierto que a pícaro, pícaro y medio?

Por Germain Nzinga

Fuente: Blog del autor Germain Nzinga, QUE PEUT BIEN CACHER LA RENCONTRE DE PAUL KAGAME AVEC LE PAPE FRANÇOIS? publicado el20 de marzo de 2017.

Traducido para Umoya por Edurne Gil (Universidad de Salamanca).

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