El espejismo económico de Kagame en Ruanda: 
una entrevista a David Himbara

«Kagame manipulaba de forma rutinaria las estadísticas para exagerar los logros económicos y sociales».

© IGIHE.

El dictador de Ruanda domina a la perfección la filosofía de la gran mentira: si repites una falsedad una y otra vez, la gente terminará creyéndola. Kagame ha exagerado de manera desproporcionada los logros sociales y económicos de los últimos 23 años. Afirma haber construido la Singapur africana. Sin embargo, solo superado por Burundi, Ruanda es el segundo país más pobre del África oriental.

Esta pequeña nación ha desempeñado un papel único y providencial en la ideación política estadounidense desde las masacres de 1994 conocidas como el Genocidio de Ruanda. El llamado por Occidente «fracaso de la no intervención en Ruanda» -y en el Holocausto- se han convertido en los argumentos usados para violar la soberanía nacional de países del Sur global y proteger a la población de sus propios gobiernos.

El baño de sangre en Ruanda en 1994 también sirvió para suprimir e incluso criminalizar la libertad de expresión. Nadie utiliza estos argumentos de forma más violenta y absolutista que el presidente ruandés Paul Kagame.

Kagame está ahora en plena campaña electoral para continuar en su tercer mandato oficial. Sin embargo, en realidad ha gobernado Ruanda desde 1994, cuando con la ayuda encubierta de EE.UU. y Reino Unido, diera un golpe de estado tras cuatro años de guerra, que comenzaron cuando el ejército de Kagame invadió Ruanda desde Uganda.

Kagame asegura haber inspirado a los ruandeses a resurgir de sus cenizas para construir un milagro económico y un ejemplo para el resto de África; y no hay nadie que secunde más estas ideas que Bill Clinton y Tony Blair. No obstante, en su nuevo libro, el economista David Himbara afirma que el milagro económico de Kagame no es más que un espejismo económico.

Ann Garisson: David Himbara, ¿por qué llama usted espejismo económico a lo que Kagame denomina milagro económico?

David Himbara: Kagame ha exagerado de manera desproporcionada sus logros sociales y económicos de los últimos 23 años. Afirma haber creado al nuevo león de la economía africana, a la Singapur africana. Sin embargo, solo superado por Burundi, Ruanda es el segundo país más pobre del África oriental. La renta per cápita es de 697,3 $, frente a los 1376,7 $ de Kenia, los 705 $ de Uganda y los 879 $ de Tanzania. La cifra de Burundi es más baja, 277 $. Ruanda recibe al año ayudas extranjeras por valor de 1.000 millones de dólares, que supone la mitad de su presupuesto total anual. Es difícil calificarlo como un éxito espectacular.

AG: Además, usted ocupaba un alto cargo en la administración de Kagame que le permitía observar este llamado milagro económico, ¿no es así?

DH: Fui el principal secretario privado del presidente durante dos años y, además, fui jefe de estrategia y política, en la Oficina del Presidente, durante cuatro años. En este último puesto impulsamos algunas buenas reformas en los primeros dos años, pero los dos siguientes fueron frustrantes.

Kagame estaba tan obsesionado con la estética de Kigali, la capital, que no prestaba tanta atención a la creación de sistemas nacionales que mejoraran la calidad de vida. Manipulaba de forma rutinaria las estadísticas para exagerar los logros económicos y sociales.

AG: Ruanda volverá a celebrar unas elecciones el 4 de agosto. Como Kagame lleva gobernando en realidad desde 1994, este será su cuarto periodo. Sin embargo, él dice que es el tercero, después de que cambiara la Constitución de Ruanda para que eso fuera legal.

En 2010 se hizo con el 93 % de los votos, una cifra bastante improbable en cualquier democracia real. A pesar de ello, ninguno de los países occidentales que prestan esa ayuda internacional que conforma la mitad del presupuesto anual de Ruanda retiró su apoyo, como sí le sucedió al vecino Burundi, donde el presidente Pierre Nkurunziza volvió a ganar las que fueron sus terceras elecciones con un 64 % de los votos en 2015. Sin duda, Kagame volverá a adjudicarse otro improbable mandato este año pero, ¿es posible que los donantes occidentales que aportan la mitad del presupuesto total de Ruanda finalmente le den la espalda?

DH: EE.UU. es el donante bilateral más importante de Ruanda; y Gran Bretaña, el segundo. Las ayudas estadounidenses se destinan a la agricultura y la sanidad, mientras que las de Reino Unido son para la educación.

Una parte más pequeña del dinero de EE.UU. es para las tropas ruandesas destinadas en misiones de paz en otros países. Dudo que alguno de estos dos países decida dejar de apoyar a Ruanda. Han invertido demasiado en Kagame como para abandonarlo, a menos que este haga alguna gran estupidez como volver a invadir el Congo.

AG: En su libro afirma que huyó de Ruanda después de que Kagame le pidiera que tergiversara las estadísticas económicas. ¿Podría darnos más detalles?

DH: Una confrontación me convenció para abandonar Ruanda. Cuestioné la tasa de crecimiento anual del 11 % en 2009, durante la crisis financiera mundial. Kagame se puso agresivo y violento. Decidí salir de Ruanda a la primera oportunidad, que se presentó en enero de 2010.

Hay muchos ejemplos de exageraciones en las estadísticas en la Ruanda de Kagame. Por ejemplo, afirma que Ruanda ha conseguido una cobertura sanitaria universal. Sin embargo, hay menos de 700 médicos para 12 millones de habitantes.

En cualquier caso, cuando me fui a Sudáfrica en 2010, se hizo notable que allí tampoco estaba a salvo. Ese fue el mismo año en el que casi fue asesinado su antiguo Jefe del Estado Mayor del Ejército, que vivía exiliado en ese mismo país. Poco después, el antiguo jefe de los servicios de inteligencia, también exiliado en Sudáfrica, fue asesinado. Kagame había convertido ese país en su coto de caza y eso me hizo irme a Canadá.

AG: ¿Por qué piensa usted que Bill Clinton y Tony Blair parecen tan comprometidos con estas tergiversaciones como Kagame?

DH: Estos antiguos líderes lo apoyan a cualquier coste. Ambos están muy relacionados con Ruanda.

Los estadounidenses y los británicos también se sienten culpables por parar a la ONU cuando intentó organizar una intervención durante el Genocidio de Ruanda. Clinton y Blair parecen haber compensado esto en exceso combirtiéndose en embajadores de Kagame, incluso cuando este realiza actos deplorables. Cuando en 2012 las milicias de Kagame invadieron Goma, una importante ciudad fronteriza al este de la República Democrática del Congo, Blair en particular se posicionó a favor de su hombre.

AG: A pesar de que existe abundante documentación al respecto, EE.UU. y Reino Unido nunca parecen reconocer la catástrofe humanitaria causada por las repetidas invasiones y saqueos que Kagame realiza en la República Democrática del Congo. ¿Por qué cree que no lo hacen?

DH: Kagame ha estado en el poder más tiempo que tres presidentes estadounidenses juntos (Clinton, Bush y Obama) y veremos si se mantiene en el poder después de Trump. Cada uno de los tres primeros presidentes estadounidenses mencionados tenía su propia razón para mantener el statu quo. Clinton sencillamente miró para otro lado cuando Kagame invadió la República Democrática del Congo en 1996 y 1998.

Es decir, actuó así por el sentimiento de culpabilidad tras haber impedido una intervención de la ONU durante el genocidio. Kagame se aprovechó de esto en su aventura y expolio del Congo.

El presidente George W. Bush apoyó a Kagame por razones distintas, relacionadas con las operaciones de paz. Las fuerzas armadas estadounidenses ayudaron a convertir Ruanda es una fuerza pacificadora en enclaves como Darfur, Sudán, Sudán del Sur y Haití. Mientras tanto, en Reino Unido se repetía el mismo patrón, tanto con Gobiernos laboristas como conservadores.

La administración Obama actuó de forma distinta a las anteriores administraciones estadounidenses y británicas. Cuando Obama cortó la ayuda militar a Ruanda después de que la milicia de Kagama invadiera Goma, otros donantes pronto siguieron su ejemplo: o bien cortaron, o bien congelaron las ayudas a Ruanda. La ONU respondió autorizando una robusta fuerza militar compuesta por sudafricanos y tanzanos que venció a la milicia de Kagame. Así fue como este salió derrotado en el Congo.

AG: ¿Hay algo más que quiera añadir?

DH: En lo que respecta al desempeño económico, hay que reconocerle a Kagame sus méritos. He aquí un hombre que dominaba la filosofía de «la gran mentira». Tal y como establece el infame razonamiento de la filosofía de la gran mentira, si se repite continuamente una falsedad, la gente tarde o temprano terminará por creer que es cierta.

Así, Kagame repitió incansablemente en la escena internacional que había construido un motor económico. Tenía un motivo para hacerlo. Creía que, si convencía a sus aliados internacionales de que estaba generando riqueza en Ruanda, tolerarían sus violaciones de los derechos humanos.

En otras palabras, Kagame les vendió una compensación: les dijo que los ruandeses estaban más interesados en la comida y el trabajo que en la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, había un problema: Kagame no trajo ni desarrollo, ni democracia.

David Himbara es doctor en economía política por la Queen’s University en Kingston, Canadá. Es el autor de Kagame’s Economic Mirage y Kenyan Capitalists, the State and Development. En marzo del 2017 se le concedió el premio Victoire Ingabire Umuhoza a la Democracia y la paz.

Por Ann Garisson

* Ann Garrison recibió el premio Victoire Ingabire Umuhoza a la Democracia y la Paz en 2014.

Fuente: Pambazuka News, Kagame’s economic mirage in Rwanda: An interview with David Himbara, 16 de marzo del 2017.

Traducido para Umoya por Diego González González y Jon Fontán Calzada. Universidad de Salamanca.

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