La derrota militar de Kenia en El Adde: ha llegado el momento de acabar con la guerra contra el terrorismo en Somalia

Hace un a√Īo, el ej√©rcito keniano sufri√≥ el peor ataque de la historia en Somalia debido a que los objetivos y las estrategias operacionales no estaban claros. El gobierno ha decidido mantener los detalles en secreto, a pesar de que cada a√Īo gasta mil millones de d√≥lares y no termina con Al-Shabaab. Entretanto, los acad√©micos, m√©dicos y dem√°s personal sanitario, as√≠ como otros trabajadores, est√°n indignados pidiendo unas condiciones mejores. La invasi√≥n militar de Somalia, que ya ha alcanz√≥ su sexto a√Īo, ha fracasado y deber√≠a llegar a su fin. El pa√≠s necesita un plan de reconstrucci√≥n alternativo.

Introducción

Uhuru Kenyatta, presidente de Kenia. © Puntland Observer.

Corr√≠a el mes de octubre de 2011 cuando las fuerzas armadas kenianas invadieron Somalia en una campa√Īa antiterrorista bien publicitada llamada Operaci√≥n Linda Nchi (¬ęDefender el pa√≠s¬Ľ). Un a√Īo m√°s tarde, las Fuerzas de Defensa de Kenia (KDF, por sus siglas en ingl√©s) se apoderaron del puerto de Kismayo en el sur de Somalia mediante la Operaci√≥n Sledge Hammer. Este puerto estrat√©gico hab√≠a sido el centro de comercio lucrativo de carb√≥n, az√ļcar, productos derivados del petr√≥leo y otros bienes por un valor de m√°s de 400 millones de d√≥lares anuales. Est√° ¬ęvictoria¬Ľ sobre Al Shabaab en Kismayo hizo que los c√≠rculos militares kenianos celebrasen la retirada del grupo terrorista. Esta cantinela de 2012 lleg√≥ a los niveles m√°s altos de la Misi√≥n de la Uni√≥n Africana en Somalia (AMISOM, por sus siglas en ingl√©s), a la sede de Naciones Unidas en Nueva York y a los pasillos del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU. El general Carter Han (en sus √ļltimos d√≠as como jefe del Comando √Āfrica de Estados Unidos, tambi√©n conocido como AFRICOM) utiliz√≥ lo ocurrido en Kismayo como punto de referencia para justificar el papel del AFRICOM en el continente. No obstante, est√°s narrativas de victoria se derrumbaron con los abrumadores ataques de Al Shabaab despu√©s de 2012, que culminaron el 15 de enero de 2016, cuando un peque√Īo grupo de insurgentes somal√≠es invadieron el campo militar donde estaban los batallones 9 y 15 del ej√©rcito keniano de infanter√≠a en la ciudad El Adde y mataron a m√°s de 150 soldados kenianos. El n√ļmero exacto de fallecidos se desconoce porque el gobierno keniano se ha negado a revelar esta informaci√≥n sobre su derrota militar.

Al negarse a aportar datos aut√©nticos sobre la derrota militar en El Adde, el gobierno keniano ha demostrado el fracaso moral de su ej√©rcito, con lo que ha reforzado la falta de moral de aquellos sectores de la sociedad keniata que han convertido la guerra contra el terrorismo en un negocio. El acto amoral del gobierno keniano de negarse a reconocer el n√ļmero de muertes en Somalia complementa el empobrecimiento intelectual y pol√≠tico de Somalia. La suma total de estas experiencias del papel keniano en la guerra contra el terrorismo en Somalia, en una √©poca en la que los recursos antiterroristas se podr√≠an gastar en servicios sociales, deber√≠a ser una lecci√≥n sobre la necesidad de poner fin a la guerra contra el terror en el continente africano. Un paso urgente para separar a los nacionalistas somal√≠es de los fan√°ticos religiosos y sociales. Los casi mil millones de d√≥lares que se gasta anualmente el gobierno keniano en ¬ęoperaciones militares¬Ľ y en ¬ęmodernizaci√≥n militar¬Ľ se podr√≠an invertir en cubrir otras necesidades sanitarias, educativas, de vivienda o alimenticias de los pueblos de Kenia y Somalia. Este art√≠culo aportar√° argumentos a favor de que se ponga fin a la guerra contra el terrorismo en Somalia, que se retiren todas las fuerzas de la AMISOM y que se env√≠en miles de profesores, agr√≥nomos, ingenieros, personal m√©dico y especialistas medioambientales para que colaboren en la reconstrucci√≥n del pa√≠s. Estos especialistas deber√≠an contar con el apoyo de expertos policiales que a√≠slen los elementos criminales de Somalia y Arabia Saud√≠ que financian a los j√≥venes descarriados para que mantengan el clima de terror y miedo en el Somalia y el este de √Āfrica.

¬ŅPor qu√© las fuerzas armadas Keniatas invadieron Somalia en octubre de 2011?

Desde sus or√≠genes, que se remontan a 1963, el ej√©rcito keniano no ha tenido un mandato claro, ya fuese apoyar los intereses extranjeros y reprimir a los pueblos africanos o desfilar en actos ceremoniales por orden de Estados Unidos y Gran Breta√Īa. En su creaci√≥n, el ej√©rcito y las fuerzas de seguridad kenianas fueron manipulados por los brit√°nicos para que se involucrasen en la denominada guerra de Shifta, en lugar de examinar la perspectiva panafricana de unificar los pueblos del este de √Āfrica.

Chester Crocker, antiguo Secretario de Estado Asistente para Asuntos Africanos en la Administraci√≥n de Reagan centr√≥ su doctorado en The Transfer of Power in Africa: A Comparative Study of the British and French system of Order¬† (¬ęLa Transferencia de poder en √Āfrica: un estudio comparativo del sistema del orden brit√°nico y franc√©s¬Ľ), y subray√≥ el papel delegado en el ej√©rcito keniano para que mantuviese el orden del imperio en el este de √Āfrica. Aun as√≠, incluso con este objetivo pol√≠tico, las fuerzas de defensa kenianas han sido tan deficientes que durante los 53 a√Īos posteriores a la independencia del gobierno de Kenia han mantenido su acuerdo de defensa con el ej√©rcito brit√°nico para que ayudase al gobierno en caso de amenaza. El ej√©rcito de Kenia fue testigo de c√≥mo otras ramas de las fuerzas de seguridad e inteligencia se hac√≠an ricas con el exjefe de la Divisi√≥n Especial, James Kanyo, que pas√≥ a la historia por participar en uno de los mayores esc√°ndalos del pa√≠s: el esc√°ndalo Goldenberg. Los casos de corrupci√≥n vinieron seguidos de una tragicomedia de nuevos esc√°ndalos anuales de cientos de millones de d√≥lares. Desde la llegada de la administraci√≥n de Uhuru Kenyatta en 2013 los esc√°ndalos han continuado, con ejemplos como el episodio del Servicio Nacional de la Juventud en el que el gobierno entreg√≥ m√°s de cien millones de d√≥lares a empresas ficticias asociadas con individuos poderosos de la administraci√≥n.

Antes de este gran escándalo de corrupción, uno de los más sonados tras el de Goldenberg fue el fraude Anglo Leasing. Este expuso el papel central de los servicios de seguridad en acuerdos financieros ilícitos y en otros tratos de dudosa naturaleza (de bienes y servicios relacionados con la seguridad) [1].

Derivados de la cultura de la acumulación primitiva

Los principales bur√≥cratas y oficiales de seguridad se dieron cuenta en los 24 a√Īos de presidencia de Daniel Arap Moi que la forma de enriquecerse era colaborando con extranjeros, especialmente con aquellos en contra del proyecto de autodeteminacion del continente africano. Los hombres de negocios somal√≠es y kenianos hab√≠an colaborado con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en 2006 cuando los servicios de inteligencia estadounidenses financiaron la Alianza para la Restauraci√≥n de la Paz y Contra el Terrorismo (ARPTC, por sus siglas en ingl√©s) para garantizar la desestabilizaci√≥n de Somalia. [2] La guerra como un negocio lucrativo se ha desarrollado de manera estable en el pa√≠s tras la incursi√≥n et√≠ope en 2006, cuando las fuerzas nacionalistas hab√≠an formado la Uni√≥n de Tribunales Isl√°micos (UIC). [3]

Estas fuerzas nacionalistas que se habían opuesto a la invasión etíope de su sociedad se podrían dividir en cuatro facciones diferentes: a) nacionalistas patrióticos, b) fanáticos religiosos, c) emprendedores militares y d) elementos antisociales. El Profesor Abdi Samatar, en su análisis de la Unión de Tribunales Islámicos, subrayó los sentimientos del pueblo somalí hacia la invasión etíope y por qué este cuerpo recibió un apoyo popular masivo. Samatar apuntó correctamente las limitaciones del UIC por su falta de capacidad para entrar en un sistema de responsabilidad democrática basado en comunidades. La importancia del análisis de su trabajo reside en su capacidad de penetrar en la forma religiosa de la UIC para captar su contenido nacionalista.

De estas cuatro facciones de nacionalismos somal√≠es, los empresarios del ej√©rcito (a veces denominados se√Īores de la guerra) ten√≠an una relaci√≥n de negocios cerrada con los barones de Kenia mientras manipulaban las facciones religiosas para aprovechar las contribuciones financieras de los wahabistas en Arabia Saud√≠. Al tratar todo tipo de patriotismo somal√≠ como terrorismo, la estupidez intelectual y militar liderada por Estados Unidos de hacer la guerra al terrorismo garantiz√≥ que los islamistas de entre los nacionalistas pudieran hacerse con el liderazgo pol√≠tico de Somalia, tanto dentro como fuera del pa√≠s.

En los 15 a√Īos anteriores, varias formaciones armadas y relacionadas con facciones de empresarios militares en Somalia hab√≠an movilizado las tradiciones comerciales de Somalia para convertir la guerra en un negocio lucrativo. Cuando las Fuerzas de Defensa de Kenia (KDF) entraron en Somalia el 14 de octubre de 2011 para lanzar una ofensiva militar contra al-Shabaab, llamada Operaci√≥n Linda Nchi, el gobierno se excus√≥ diciendo que la incursi√≥n era necesaria para garantizar la seguridad de las fronteras frente a los frecuentes secuestros y asesinatos de turistas llevados a cabo por Al-Shabaab en las provincias de la costa y el noreste. El libro que se public√≥ a continuaci√≥n (Operation Linda Nchi: Kenya‚Äôs military Experience in Somalia, que se traducir√≠a por ¬ęOperaci√≥n Linda Nchi: La Experiencia del Ej√©rcito Keniano en Somalia¬Ľ)¬† afirmaba expl√≠citamente que Al-Shabaab se hab√≠a convertido en una amenaza para el comercio y el turismo, sectores esenciales de la econom√≠a keniana. Como relato fidedigno de la planificaci√≥n y ejecuci√≥n de esta incursi√≥n, el documento oficial del ej√©rcito de Kenia no deja claros los otros factores que precipitaron la incursi√≥n. Al estudiar el papel de Kenia en Somalia desde 1963, este autor ha descubierto tres motivos convincentes que explican lo ocurrido:

  1. Para que los empresarios del ejército keniano tuviesen más posibilidades de acopio al controlar el sur de Somalia y el puerto de Kismayo.
  2. Para que los mandatarios de Kenia tuviesen un lugar estratégico en el sur de Somalia mientas que hay exploraciones en busca de pozos petrolíferos en alta mar en esa zona y
  3. Para desviar la atención del pueblo keniano de los cargos que recaían sobre los principales líderes del país en el Tribunal Penal Internacional.

Estos motivos para la incursi√≥n dictaminan que los objetivos operacionales del ej√©rcito keniano en Somalia ser√≠an confusos. Debido al hecho de que el objetivo pol√≠tico de aumentar la acumulaci√≥n de capital entraba en conflicto con el objetivo de ¬ęluchar contra el terrorismo en Somalia¬Ľ, no hab√≠a ninguna cohesi√≥n entre la planificaci√≥n de las fuerzas kenianas y de la AMISOM en Somalia. De ah√≠ que las fuerzas kenianas pudieran haberse visto atrapadas el 15 de enero de 2016 porque actuaban como un ej√©rcito de ocupaci√≥n. Esta confusi√≥n entre el objetivo pol√≠tico y los objetivos operacionales lleg√≥ a los distintos rangos, de modo que los objetivos operacionales que se le comunicaban al ej√©rcito eran contrarios a los que los soldados ve√≠an con sus propios ojos.

La toma de Kismayo y los sectores de Somalia divididos por AMISOM

Kismayo es la sede provincial de la regi√≥n de Bajo Juba de Somalia y tiene uno de los puertos mar√≠timos m√°s importantes del pa√≠s. Como se trata del punto de entrada de bienes destinados a Kenia, ha habido un comercio ajetreado incluso con la denominada guerra contra el terrorismo. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hab√≠a se√Īalado que Al Shabaab hab√≠a usado la pol√≠tica de tasaci√≥n en este puerto para financiar sus operaciones en Somalia. En una carta del 18 de julio de 2011 del Presidente del Comit√© del Consejo de Seguridad sobre las Resoluciones 751 (1992) y 1907 (2009) acerca de Somalia y Eritrea dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad, el Consejo de Seguridad se√Īalalba que:

¬ęAl-Shabaab genera millones de d√≥lares de ingresos cada mes a trav√©s del ciclo de comercio coordinado sobre las exportaciones de carb√≥n, que a cambio financia las importaciones de az√ļcar, una gran cantidad del cual llega a otros pa√≠ses vecinos, sobre todo Kenia, como materia de contrabando. Las empresas de env√≠os mandan az√ļcar a Kismayo y cogen carb√≥n para el viaje de vuelta. Las cuentas bancarias de los estados del Golfo en las que se depositaron los beneficios de este comercio pueden ser usadas para blanquear contribuciones voluntarias a Al-Shabaab a trav√©s de env√≠os fraudulentos, o mediante la sobreestimaci√≥n de los bienes importados y la subestimaci√≥n de los exportados.

Este ciclo de comercio est√° dominado por redes de importantes hombres de negocios somal√≠es que operan principalmente entre Somalia y los pa√≠ses del Consejo de Cooperaci√≥n del Golfo (CCG), especialmente Dubai en los Emiratos √Ārabes Unidos. Al-Shabaab no solo atrae su negocio imponiendo impuestos m√°s bajos en Kismayo que en otros puertos controlados por el Gobierno Federal de Transici√≥n, sino que tambi√©n fomenta activamente las importaciones de az√ļcar a gran escala y las exportaciones de carb√≥n, ofreciendo un acceso preferente y esenci√≥n de tasas a los negocios afiliados a Al-Shabaab¬Ľ.

Un a√Īo despu√©s de este claro informe sobre el comercio de carb√≥n de Kismayo, el KDF se apoder√≥ del puerto en una c√©lebre campa√Īa llamada Operaci√≥n Sledge Hammer. Desde entonces, los oficiales principales han controlado el comercio lucrativo que recibe publicidad en los medios locales e internacionales. Un informe del ¬ęthink-tank¬Ľ ISS incluso sugiri√≥ en un art√≠culo titulado THINK AGAIN: Who profits from Kenya’s war in Somalia? [PI√ČNSALO DE NUEVO: ¬ŅQui√©n se beneficia de la guerra de Kenia en Somalia?] que las Fuerzas de Defensa Kenianas estaban involucradas en una empresa criminal.

La Misión de Naciones Unidas en Somalia (AMISOM) está compuesta por tropas de Burundi, Etiopía, Kenia y Uganda, y, durante un corto periodo de tiempo, tropas de Sierra Leona. Somalia había sido dividida en tres sectores para mantener la división del trabajo entre estas fuerzas militares. Las tropas ugandesas están a cargo del Sector 1, que está compuesto por las regiones de Banadir y Baja Shabelle, mientras que las fuerzas kenianas son las responsables del Sector 2, formado por Juba Baja y Media. El sector 3, formado por Bay, Bakool y Gedo está bajo el mando etíope. Las fuerzas yibutíes están al mando del sector 4, que abarca Hiiraan y Galgaduud, mientras que las fuerzas burundesas están a cargo del Sector 5, que comprende la región de Media Shabelle.

El libro del KDF, Operación Linda Nnchi, defiende una narrativa a lo largo de más de 305 páginas sobre cómo el ejército keniano venció al terrorismo en Somalia. De las regiones administrativas de Somalia, toda la parte sur del país había sido integrada en la economía del noreste de Kenia durante décadas. De hecho, hay una disputa constante entre los líderes de Kenia y Somalia sobre la demarcación exacta de la frontera, y los keniannos de descendencia somalí tienen familia cercana y vínculos comerciales con el área denominada Jubaland o tierra de Juba. Las tres regiones administrativas de Jubaland son: Gredo, Baja Juba y Media Juba.

Cuando las fuerzas de defensa kenianas tomaron la posición dominante en Kismayo, Baja Juba, la región de Gedo más cercana a la frontera con Etiopía habían sido ocupadas por las fuerzas armadas etíopes. Inmediatamente después de las sublevaciones de Etiopía desde 2015, los etíopes habían desplazado sus fuerzas cruzando la frontera de vuelta a Etiopía, y los batallones 9 y 15 del KDF se desplegaron hasta la región de Gedo, donde se encuentra la base de El Adde. Esta base estaba tanto bajo el contingente del KDF como del Ejército Nacional de Somalia (SNA). De hecho, la base del SNA estaba a 600 metros del campo keniano. Lo más impactante del ataque a la base de El Adde fue que las fuerzas somalíes no fueron atacadas, pero las kenianas sí.

El ataque a la base de El Adde

A pesar de la informaci√≥n dada por el KDF en los libros y las fuentes de propaganda, la incidencia de los ataques a Kenia dentro y fuera de Somalia aument√≥ tras 2012. Mientras los incidentes m√°s significativos como el de Westgate, Mpeketoni y Garissa han recibido una publicidad masiva, no se ha aprendido la lecci√≥n que se puede sacar de ellos: que la estrategia antiterrorista de Kenia ten√≠a muchos fallos. Los expertos extranjeros que manipulan el papel de las im√°genes y la guerra de informaci√≥n entendieron que por cada ataque que tuviese lugar en Kenia, estas [las im√°genes] podr√≠an ser reproducidas por todo el mundo para demostrar que el este de √Āfrica es un hervidero de terrorismo. Atrapadas por los discrepantes prop√≥sitos de la implicaci√≥n militar en Somalia, las fuerzas kenianas en bases como El Adde no se sent√≠an motivadas para crear relaciones con el pueblo de Somalia y estaban furiosas porque la posici√≥n m√°s lucrativa de Kismayo garantizaba grandes riquezas a los altos mandos. La Uni√≥n Africana, por su parte, no investig√≥ de manera contundente los detallados informes sobre el hecho de que las tropas de paz de Uganda estaban vendiendo armas a Al Shabaab. Uganda, Burundi y Kenia estaban involucradas en operaciones militares en las que las consideraciones financieras eran m√°s importantes que la paz y la seguridad de los pueblos de Somalia y Kenia.

Un informe de Journalists for Justice (JfJ) documentaba la realidad que, lejos ¬ęde luchar contra los Shabaab, las KDF est√°n, en modo guarnici√≥n, sentadas en sus bases mientras que los altos comandantes forman parte de pr√°cticas de negocios corruptas¬Ľ [4]. Adem√°s de estar en modo guarnici√≥n, la explotaci√≥n sexual de las mujeres somal√≠es hace que estas mujeres sean activos de inteligencia importantes para los insurgentes somal√≠es.

Los detalles del ataque de madrugada al campamento de El Adde demostraron que el Al-Shabaab somal√≠ hab√≠a estado operando con informaci√≥n de fuentes provenientes del interior del campamento. Esta informaci√≥n proced√≠a de mujeres de solaz que trabajaban en la base, tal y como se√Īala la narrativa del ataque sobre c√≥mo los primeros atacantes con explosivos improvisados en los que se usaron veh√≠culos atravesaron las puertas exteriores del campamento.

Para que quede constancia, es pertinene citar ampliamente uno de los relatos m√°s pormenorizados de los acontecimientos que ocurrieron el 15 de enero de 2016. Bajo el titular ¬ęHow KDF fought 10-hour battle to save ill-fated camp¬Ľ [C√≥mo el KDF luch√≥ 10 horas para salvar un desafortunado campamento], el peri√≥dico The Standard of Nairobi inform√≥ de que:

¬ęLa misi√≥n de 10 horas llevada a cabo por los terroristas de Al-Shabaab (que comenz√≥ de madrugada y termin√≥ pasadas las 2 de la tarde) contaba con tres filas de terroristas suicidas al frente, con veh√≠culos cargados de explosivos, seguidos de otros soldados m√°s duros de Al Shabaab a pi√©, que hicieron muy dif√≠cil para las tropas de paz kenianas repeler la emboscada. El ataque se llev√≥ a cabo en tres oleadas (t√©rmino militar utilizado para describir una formaci√≥n de las tropas) que utilizaron intensos tiroteos con lo que traspasaron un lateral del campamento keniano y dejaron docenas de soldados muertos y otros muchos heridos. Tras el sangriento ataque en el campamento del KDF de El Adde, la milicia saque√≥ la munici√≥n, entre la que hab√≠a activos como veh√≠culos militares¬Ľ.

¬ęPRIMERA OLEADA DE ATAQUES ‚Äď El primer ataque se desat√≥ el viernes a las 4 de la ma√Īana en el interior del campamento del Ej√©rcito Nacional Somal√≠, que se encuentra justo al lado del campamento keniano. A este le sigui√≥ un ataque de veh√≠culos blindados de transporte de tropas con unos 10-15 terroristas suicidas, que se bajaron de ellos corriendo hacia las trincheras del KDF y se hicieron estallar por los aires, seg√ļn dice el informe. Se cree que los veh√≠culos utilizados se hab√≠an robado en ataques anteriores a las fuerzas de Uganda y Burundi en Somalia. La inteligencia militar de Kenia describi√≥ la fuerza brutal usada contra las tropas kenianas como parecida a la vivida en las masacres de Par√≠s, Libia y Westgate. Cuando las tropas reaccionaron y se reorganizaron para repeler a los enemigos tras el ataque, un segundo veh√≠culo cargado de explosivos entr√≥ en el campo de las KDF a toda velocidad. Pas√≥ entre la resistencia y el fuego de ametralladoras de las tropas del KDF. Despu√©s deton√≥ dentro del campamento, con devastadoras consecuencias¬Ľ.

El informe continua detallando la segunda oleada.

¬ęEl segundo veh√≠culo cargado de explosivos vino seguido de dos todoterrenos con ametralladoras, conocidos en lenguaje militar como ‚Äút√©cnicos‚ÄĚ, ambos con terroristas suicidas que, seg√ļn se dice, llevaban rifles. Estos empezaron a disparar a medida que se acercaron a las tropas y luego se detonaron. Hab√≠a soldados del KDF que todav√≠a segu√≠an luchando para mantener su posici√≥n¬Ľ.

Se estima que la tercera oleada de ataques estaba compuesta por entre 70 y 100 terroristas que lograron entrar en el campamento en un cami√≥n. ¬ęMientras unos disparaban, los otros recog√≠an a sus compa√Īeros heridos y ca√≠dos y los cargaban en el cami√≥n¬Ľ, afirmaba el informe. Tras una hora de intenso combate, otro grupo de 100 militantes lleg√≥ a pie por la parte oriental del campamento y, al parecer, su misi√≥n era la de saquear. Seg√ļn el informe, dos pelotones de las KDF resistieron valerosamente durante 10 horas a que llegase el refuerzo de los soldados de √©lite para asegurar el asediado campamento keniano. Mientras tanto, el cuartel general militar confirm√≥ ayer que el campamento de las KDF estaba en alerta m√°xima y en espera del inminente ataque (gracias a los informes de inteligencia), pero la fuerza con la que se encontraron los soldados kenianos se describi√≥ como ¬ęimparable¬Ľ. No obstante, el informe no esclarece el n√ļmero de bajas kenianas ni de activos perdidos, lo que nos deja con la duda del resultado real de la contienda. [5]

Por lo tanto, de esta historia surgen dos cuestiones: la primera se centra en c√≥mo pudieron los insurgentes atravesar la primera puerta para coger a las KDF con la guardia baja y la segunda en el n√ļmero de muertos de las KDF.

Las mujeres de solaz y la inteligencia en la zona ocupada

El informe de Journalists for Justice no solo identificaba la lucrativa econom√≠a del carb√≥n y del az√ļcar de las KDF, sino tambi√©n las distintas formas en las que los soldados de la AMISOM, vistos como una fuerza de ocupaci√≥n, violaban los derechos de las mujeres somal√≠es. Las entrevistas que realic√© en julio de 2016 unen las piezas para concluir que hab√≠a sido alguien que trabajaba en el campamento (que se hab√≠a ido a cuidar a un familiar enfermo) quien hab√≠a proporcionado la informaci√≥n a Al Shabaab.

Los diplom√°ticos y los expertos en seguridad que pretenden mantener la guerra ficticia contra el terrorismo se han hecho las preguntas equivocadas acerca del ataque de El Adde. Por ejemplo, se ha registrado que un diplom√°tico pregunt√≥: ¬ę¬ŅC√≥mo han podido aparecer doscientos soldados de Al-Shabaab a plena luz del d√≠a sin que los kenianos los viesen? ¬ŅD√≥nde estaban las ametralladoras del KDF?¬Ľ. Y a√Īadi√≥: ¬ęEsto va en contra de todo lo que se les ha ense√Īado y de lo que deber√≠an estar haciendo en un entorno hostil¬Ľ. [6] Esta pregunta ignora la realidad de que la poblaci√≥n de la regi√≥n de Gedo ve al KDF como una fuerza de ocupaci√≥n involucrada en un negocio. Por eso, aunque el Ej√©rcito Nacional Somal√≠ estuviese a 600 metros del campamento keniano, el campamento somal√≠ no sufri√≥ ning√ļn ataque. Los insurgentes quer√≠an mandar un mensaje que estaban en contra de las fuerzas de ocupaci√≥n extranjeras.

Los soldados kenianos que sobrevivieron tambi√©n comprenden que se les estaba viendo como ocupantes dado que la zona que est√° a 90 kil√≥metros de la frontera et√≠ope nunca ha sido ¬ępacificada¬Ľ desde la invasi√≥n et√≠ope de Somalia en 2006.

El peri√≥dico The Standard tambi√©n apuntaba que ¬ęmuchos soldados est√°n volviendo a El Wak, heridos por metralla o por balas. Han venido caminando a trav√©s de los arbustos y abri√©ndose camino hacia la frontera keniana desde el viernes¬Ľ. Al preguntarle por qu√© estos supervivientes deciden ir hacia el El Wak y no hacia las bases kenianas en Gedo (que est√°n m√°s cerca de El Adde), el oficial afirm√≥ que ¬ęlas zonas cercanas a El Adde y entre los campos kenianos nunca han sido completamente pacificadas y se consideran territorio enemigo¬Ľ.

¬ŅCu√°ntos soldados de las KDF murieron?

La derrota militar de El Adde supuso una de las mayores p√©rdidas de vidas en el ej√©rcito keniano, aunque el gobierno se ha negado a proporcionar la informaci√≥n correcta sobre cu√°ntos soldados del KDF murieron. Tras el ataque, el presidente Somalia, Hassan Sheihk Mohamud, ofreci√≥ sus condolencias a los kenianos y fij√≥ la cifra de muertos de las KDF en alrededor de 200 soldados. [7] Puesto que el gobierno keniano no ofreci√≥ m√°s detalles sobre el n√ļmero de soldados fallecidos, Al-Shabaab llev√≥ la guerra a las redes sociales y public√≥ fotos de los soldados capturados, as√≠ como escenas de la batalla. De hecho, todos los medios de comunicaci√≥n internacionales sit√ļan el n√ļmero en unos 150 muertos. A saber, los medios dan estos n√ļmeros: 141 para CNN, 200 para Al Jazeera, 180 para la BBC, 180 para Newsweek y 200 para VOA. A pesar de las evidentes pruebas sobre la cifra de muertos, un a√Īo despu√©s el gobierno keniano sigue neg√°ndose a reconocer el n√ļmero de bajas del ej√©rcito. De hecho, el gobierno decidi√≥ frenar los informes de la siguiente manera:

¬ęPara evitar que se filtrasen detalles sobre lo sucedido en El Adde, el gobierno keniano utiliz√≥ una ley que no se suele poner en pr√°ctica para prohibir la distribuci√≥n de im√°genes o informaci√≥n que pueda causar miedo y alarma o que pueda socavar las operaciones de seguridad¬Ľ.

¬ŅQu√© lecciones aprendi√≥ Kenia tras el ataque a El Adde? ¬ŅEl empobrecimiento intelectual?

El simple hecho de que el gobierno keniano crea que puede controlar el flujo de informaci√≥n sobre lo sucedido en Somalia y el confuso estado de las operaciones surgen precisamente de la posici√≥n pol√≠tica e intelectual de los actuales l√≠deres militares y pol√≠ticos de Kenia. En todo el mundo, el establishment acad√©mico y militar de EEUU han promulgado que Somalia es un estado fallido. Este ejercicio intelectual ha sido el pretexto para las operaciones militares de EEUU en √Āfrica Oriental desde 1992. Lo l√≥gico es, pues, que si el punto de partida intelectual es incorrecto, tambi√©n lo sea el resultado. Una de las citas m√°s famosas de Von Clausewitz afirma lo siguiente: ¬ęNadie empieza una guerra sin tener claros cu√°les son sus objetivos y qu√© pretende conseguir con ella. Lo primero es el prop√≥sito pol√≠tico y lo segundo es el objetivo operacional¬Ľ.

En el contexto de la guerra en Somalia, los barones militares y pol√≠ticos de Kenia confundieron los objetivos econ√≥micos/pol√≠ticos con los objetivos operacionales y con lo que era posible dentro de las limitaciones de la organizaci√≥n de la sociedad keniana. Kenia es una sociedad multi√©tnica, multirreligiosa y multiling√ľ√≠stica.Hacer una guerra basada en motivos religiosos, ‘Que Kenia quiere oponerse a que Al Shabaab establezca su califato en Somalia’, simplemente juega en favor de los fan√°ticos religiosos que se presentan a s√≠ mismos como patriotas en Somalia. En el libro de las KDF, Operation Linda Nchi, uno puede observar claramente las limitaciones intelectuales del discurso antiterrorista que emana de los c√≠rculos del ej√©rcito de EEUU. Los capitalistas kenianos han asumido esta comprensi√≥n de los retos pol√≠ticos en Somalia para promover sus propios intereses econ√≥micos. Al mismo tiempo, la inteligencia keniana y la comunidad llamada humanitaria est√°n tan atrapados en el discurso antiterrorista que no son capaces de distinguir en la poblaci√≥n somal√≠ a los extremistas que se involucran en la guerra para lucrarse, de aquellos somal√≠es que quieren acabar con la agresi√≥n militar externa en su sociedad.

Este empobrecimiento de la llamada literatura de la guerra contra el terror no solo se ha creado en casa, sino que adem√°s tiene una escuela en la Uni√≥n Europea y en los EEUU que est√° deseosa de y preparada para utilizar el apelativo de ¬ęterrorista¬Ľ para identificar al nacionalismo somal√≠. Eso s√≠, existe mucha literatura sobre Somalia, escrita tanto por acad√©micos africanos como por expertos antiterroristas. En el caso concreto de los Estados Unidos de Norteam√©rica, las experiencias de EEUU van desde los combates de Mogadiscio en 1993 hasta el despliegue de las Fuerzas Especiales en el Cuerno de √Āfrica.

En el per√≠odo de la guerra contra el terror, se han hecho muchos estudios sobre Somalia. Sobre todo por parte de las iniciativas de investigaci√≥n del Comando √Āfrica de Estados Unidos (AFRICOM), que iniciaron talleres y conferencias en el Cuerno de √Āfrica desde 2008. Sin embargo, la limitaci√≥n de este esfuerzo intelectual se ha quedado en comprender las complejidades de clase, religi√≥n y relaci√≥n regional en t√©rminos simples de los extremistas isl√°micos o en t√©rminos de lealtad a los clanes. De esta manera, el capitalista de Al-Shabaab, que es aliado de los barones del az√ļcar y del petr√≥leo en Dubai, se presenta con el mismo inter√©s por el futuro de Somalia como el campesino normal y el mercader itinerante. Aun as√≠, dentro de esta inmensa literatura, este esquema se reproduce ad infinitum entre estudiantes de grado e investigadores por la paz, tanto en √Āfrica como m√°s all√°. Por ejemplo, los ¬ęthink-tanks¬Ľ especializados que est√°n vinculados con la infraestructura del imperio, como el International Crisis Group (ICG), la International Peace Academy, el Institute for Security Studies (ISS) o ACCORD pretenden competir con los ¬ęthink-tank¬Ľ estadounidenses para reproducir acriticamente los informes de que existe una guerra contra el terror en √Āfrica.

Es hora de acabar con la guerra contra el terror en √Āfrica Oriental

Estoy de acuerdo con Ngugi Wa Thiongo en que el futuro de la paz en Somalia se basa en la integraci√≥n total de Somalia y Kenia en una √Āfrica Oriental confederada. ¬ęEn casi todos los estados africanos hay pueblos con el mismo idioma, cultura e historia a los dos lados de la frontera, lo que se ha dado en llamar comunidades fronterizas. Por ejemplo, si Kenia, Etiop√≠a, Yibuti y Somalia viesen al pueblo somal√≠ como una comunidad compartida, entonces unir Etiop√≠a, Kenia y Somalia no ser√≠a una uni√≥n de extranjeros culturales. As√≠, se podr√≠a utilizar la noci√≥n de comunidad compartida como un v√≠nculo en una cadena que podr√≠a unir desde El Cabo hasta El Cairo y desde Kenia hasta Liberia¬Ľ. [8]

Parte de la dial√©ctica de iniciar un nuevo marco para una √Āfrica pr√≥spera y pac√≠fica se centrar√≠a en desarrollar las habilidades de los kenianos formados para forjar una unificaci√≥n econ√≥mica de las divisas. De esta manera, las actividades econ√≥micas que ahora se llevan a cabo en el mercado negro se podr√≠an hacer p√ļblicas, para que las econom√≠as de la regi√≥n del √Āfrica Oriental se pudiesen integrar en una divisa com√ļn.

De hecho, me gustaría ir más allá y decir que la paz vendrá cuando nos demos cuenta de que nuestra meta debe consistir en aislar a aquellos que se oponen a la unidad panafricana. Esto implica que, a corto plazo, tiene que estar claro qué fuerzas de Kenia y Uganda están en la guerra para beneficiarse del negocio de la misma. Las ONG progresistas tienen que elaborar una lista clara con las ventas de armas del ejército ugandés a los extremistas en Somalia.

Al resumir el informe de investigación sobre las actividades criminales en Somalia, los autores subrayaron lo siguiente:

¬ęCuando el valor del az√ļcar de contrabando est√° en alrededor de un mill√≥n de d√≥lares por d√≠a, los incentivos de mantener el noreste inseguro y sin gobierno son muy evidentes. Adem√°s, el hecho de que se puedan conseguir todav√≠a m√°s beneficios del comercio en tiempos de guerra (como hace el KDF) nos permite entender el poco inter√©s que tienen en marcharse de Kismayo y en construir la paz. Por otra parte, tambi√©n pueden obtener beneficios al presionar para militarizar las pol√≠ticas p√ļblicas que aumenten su control y al aprovechar las oportunidades que les brindan otras esferas, como la contrataci√≥n y la financiaci√≥n en favor del antiterrorismo. Esta clase de pol√≠ticas que se han acostumbrado a un sistema de clientelismo y corrupci√≥n para ganar poder no ven ning√ļn tipo de beneficios en actuar de manera correcta. As√≠, lo que consiguen es corroer el estado central al promover un sistema que los beneficie a ellos¬Ľ.

Un a√Īo despu√©s de la debacle militar, una serie de valerosos periodistas en Kenia han preguntado al gobierno keniano si ten√≠a pensado honrar la memoria de aquellos que murieron. B√°sicamente, los periodistas piden que se d√© la informaci√≥n correcta de lo que sucedi√≥ el 15 de enero de 2016. La campa√Īa para exponer esta derrota no puede verse confinada en Kenia, sino que debe ser parte de un debate mucho m√°s amplio acerca de c√≥mo terminar con la guerra contra el terror en √Āfrica.

Al enfrentarse a los fracasos militares de las fuerzas de la AMISOM en Somalia, la administraci√≥n de EEUU anunci√≥ que incrementar√≠a las operaciones de Fuerzas Especiales desplegadas en Somalia. Seg√ļn un informe en The New York Times de octubre, ¬ęla administraci√≥n Obama ha intensificado la guerra clandestina en Somalia durante el a√Īo pasado, con el uso de tropas de Fuerzas Especiales, ataques a√©reos, contratistas privados y aliados africanos en una creciente campa√Īa contra los militantes islamistas en la naci√≥n an√°rquica del Cuerno de √Āfrica¬Ľ. [9]

Entre 200 y 300 soldados de las Fuerzas Especiales de EEUU bajo el control del AFRICOM operan ahora mismo en Somalia y su objetivo es formar y reforzar a los soldados de la AMISOM. Aunque el AFRICOM pretende mantener encubiertas a estas fuerzas, el despliegue de las mismas permite que el aparato de propaganda de los militantes siga aumentando hasta afirmar que están luchando contra tropas imperiales que vienen a deshumanizar a los somalíes. De hecho, esta había sido la retórica del general Aideed en 1993 y sus ideas resuenan en una parte de la población. Los encargados de la planificación a largo plazo de la gestión militar del sistema internacional entienden que el despliegue de personal militar estadounidense intensificará la guerra y esto, a su vez, justificará los gastos militares hacia la guerra contra el terror a nivel internacional.

Es necesario sacar a la luz aquella desencaminada idea que combina la identificación religiosa asertiva con el islam como terrorismo. El fundamentalismo islámico es igual de erróneo que el fundamentalismo cristiano, y la promesa de la administración Trump de echar a todos los musulmanes de EEUU tendría que provocar que todos aquellos que sean progresistas muestren su solidaridad con los oprimidos ciudadanos que sigan la fe islámica.

En segundo lugar, los acad√©micos que se precien deben dejar de usar la formulaci√≥n de ¬ęestado fallido¬Ľ para referirse a Somalia. Los estados no pueden fallar. Los estados son un reflejo de las relaciones sociales y de clase de una sociedad. Un gobierno puede colapsar y la respuesta ante el colapso debe ser la movilizaci√≥n de las fuerzas democr√°ticas y populares para que el gobierno rinda cuentas. La guerra contra el terror y el concepto de estado fallido est√°n en el coraz√≥n mismo de la bancarrota intelectual del liberalismo occidental.

No puede haber una guerra contra el terror, porque el terror es una t√°ctica. Las t√°cticas de los insurgentes en Somalia son coaccionar a la poblaci√≥n para que piense que luchan contra unas fuerzas de ocupaci√≥n. Las actividades del ej√©rcito et√≠ope en Somalia le dan cr√©dito a esta propaganda de los extremistas. Los gobernantes kenianos se han aliado con sus hom√≥logos en Uganda, Burundi y Etiop√≠a, que no tienen ning√ļn tipo de autoridad moral para desplegar sus tropas y luchar contra el terrorismo en Somalia. Esta falta de moral de sus fuerzas es lo que los extremistas utilizan como dogma religioso para movilizar a los mal informados j√≥venes somal√≠es.

Hasta ahora, los políticos de la oposición en Kenia (que compiten por el poder político) no han planteado una forma de traer la paz y la reconstrucción a Somalia y Kenia. Los políticos que se han acostumbrado a un sistema de clientelismo y corrupción en ambos lados de la división política, no tienen la autoridad moral para proponer alternativas reales que desafíen a aquellos que negocian con la guerra a nivel local y que están relacionados con el aparato antiterrorista estadounidense.

La reconstrucción en Somalia y Kenia

El gobierno keniano gasta m√°s de mil millones de d√≥lares al a√Īo en sus operaciones contra el terror en Somalia y Kenia. En este mismo contexto, los profesores, los catedr√°ticos universitarios, el personal sanitario y todas las profesiones piden un est√°ndar de vida mejor. Lo cierto es que invertir en la reconstrucci√≥n de Kenia y Somalia ser√° mucho m√°s rentable para √Āfrica a largo plazo que esta infinita guerra contra el terror.

Hace cinco a√Īos, hab√≠a defensores en EEUU que exig√≠an el final de la guerra contra el terror. Estos defensores dec√≠an que si se trataba como criminales a aquellos que pon√≠an bombas en las comunidades, entonces el verdadero desaf√≠o estaba en aumentar las operaciones policiales para expulsar a estos criminales de las comunidades. Si se aplicase este enfoque con los extremistas militantes en Somalia, estos se ver√≠an tan expuestos que no podr√≠an ocultarse tan f√°cilmente tras su fanatismo religioso. Es m√°s, este tipo de operaci√≥n policial podr√≠a aunar la cooperaci√≥n internacional para exponer y arrestar a los multimillonarios en Arabia Saud√≠ que hacen de banqueros para los extremistas.

La ONU ha publicado, en varias ocasiones, informaci√≥n sobre el comercio de carb√≥n de Al Shabaab y varios investigadores han confirmado la infraestructura de los negocios que financian a los extremistas en √Āfrica. La propia ONU tiene que empezar una nueva era y dejar de servir a los intereses militares de los neoconservadores de Washington. Tal y como Abdi Samatar subray√≥ hace a√Īos, el Grupo de Supervisi√≥n en Somalia y Eritrea (MG, seg√ļn sus siglas en ingl√©s) y el Representante Especial de la ONU (SR, seg√ļn sus siglas en ingl√©s) son el n√ļcleo del desastre en el pa√≠s. ¬ęEstas dos agencias tienen mandatos separados, pero, juntas, han llevado a cabo unas actividades que perjudican los esfuerzos somal√≠es para reconstruir el pa√≠s¬Ľ. [10]

Conclusión

Nuestro enfoque en la derrota militar del ej√©rcito keniano en Somalia se ha guiado por el concepto de que el militarismo ha impedido la paz y la reconstrucci√≥n en √Āfrica Oriental. Los pueblos somal√≠es han sufrido de manera desproporcionada con los esfuerzos de EEUU de utilizar a Somalia como pelota de f√ļtbol pol√≠tica para reivindicar los intereses geopol√≠ticos estadounidenses en el oc√©ano √ćndico.

Desde la operaci√≥n Restore Hope en 1992 hasta el presente, durante un per√≠odo de 25 largos a√Īos, los EEUU han seguido una pol√≠tica de desestabilizaci√≥n en Somalia. Esto qued√≥ demostrado con creces cuando el embajador estadounidense en Kenia, Smith Hempstone, que trabajaba con los activistas de derechos humanos progresistas en Kenia en 1992, fue relegado de su cargo por aquellos que pensaban en Kenia a largo plazo: una visi√≥n en la que el pa√≠s desempe√Īaba un papel clave en las operaciones militares de EEUU en el oc√©ano √ćndico. En los a√Īos siguientes, esa pol√≠tica no hizo sino incrementarse desde el 11 de septiembre de 2001.

El gobierno estadounidense ha trabajado con el r√©gimen et√≠ope y, por lo tanto, ha pretendido presentar los cambios en la regi√≥n como la lucha del estado cristiano de Etiop√≠a contra el terror isl√°mico del √Āfrica Oriental. Esta l√≥gica inspir√≥ a la CIA a financiar a los se√Īores de la guerra en Somalia a luchar contra la Uni√≥n de Tribunales Isl√°micos en 2006. Esta financiaci√≥n de la Alianza para la Restauraci√≥n de la Paz y contra el Terrorismo (ARPCT) tuvo el efecto de combinar el nacionalismo somal√≠ con el terrorismo.

Los militaristas ugandeses, que jam√°s han dejado de lado un conflicto si pod√≠an ganar dinero en √©l, se desplazaron a Somalia cuando los et√≠opes se vieron desbordados y se unieron a la campa√Īa antiterrorista. La intensificaci√≥n de la guerrilla tambi√©n hizo que Uganda se acercase a la escena del comercio il√≠cito de az√ļcar y carb√≥n en Kismayo. Los barones kenianos intervinieron entonces para asegurar que el comercio se mantuviese en manos de los kenianos, y junto con los ugandeses y burundeses, destrozaron el concepto de paz en √Āfrica Oriental. Desde entonces, los pol√≠ticos kenianos, que no tienen ning√ļn respecto por las vidas africanas, han buscado ocultar la derrota de las fuerzas kenianas en El Adde.

Aun as√≠, este episodio demuestra ser una oportunidad real para las fuerzas progresistas de la Uni√≥n Africana para pedir una reevaluaci√≥n de la guerra en Somalia, de manera que se pueda buscar otra salida. Esta salida involucrar√≠a la desmilitarizaci√≥n de Somalia y la introducci√≥n de miles de trabajadores de reconstrucci√≥n en Somalia y en el √Āfrica Oriental para reconstruir la sociedad. Varios actores dentro de la UNESCO y del movimiento de paz han dejado claro que esta guerra infinita debe llegar de una vez por todas a su fin.

La guerra tiene un impacto profundo en cualquier sociedad y las consecuencias de la batalla de El Adde todav√≠a se est√°n desarrollando en el √Āfrica Oriental. Los estragos de la guerra en Afganist√°n, Irak, Yemen y Siria demuestran el fallo de la supuesta guerra contra el terror. As√≠, la Uni√≥n Africana se encuentra en posici√≥n de asegurar que la devastaci√≥n que se ha creado en Siria no recaiga tambi√©n sobre los pueblos del √Āfrica Oriental.

Por Horace G. Campbell

*El profesor Horace G. Campbell ostenta el cargo de Presidente Kwame Nkrumah del Instituto de Estudios Africanos de la Universidad de Ghana en Legon.

Notas finales:
[1] Los informes de John Githono ofrecen una perspectiva del alcance de la apropiación bajo la presidencia de Daniel Arap Moi: https://wikileaks.org/wiki/Githongo_report.pdf

[2] Mark Mazetti, ¬ęEfforts by C.I.A. Fail in Somalia, Officials Charge¬Ľ. New York Times, (8 de junio de 2006). http://www.nytimes.com/2006/06/08/world/africa/08intel.html

[3] Para ver un an√°lisis del contenido nacionalista de la Uni√≥n de Tribunales Isl√°micos, ver Abdi Samatar, ¬ęEthiopian Invasion of Somalia, US Warlordism & AU Shame¬Ľ. Review of African Political Economy, Vol. 34, No. 111, 2007.

[4] For Justice, ¬ęBlack and White: Kenya‚Äôs Criminal Racket in Somalia¬Ľ. Nairobi, noviembre de 2015.

[5] ¬ęHow KDF fought 10-hour battle to save ill-fated camp¬Ľ. https://www.standardmedia.co.ke/article/2000188803/how-kdf-fought-10-hou…‚Ä®

[6] ¬ęKenya covers up military massacre¬Ľ. CNN, (11 de mayo de 2016). http://edition.cnn.com/2016/05/31/africa/kenya-soldiers-el-adde-massacre/‚Ä®

[7] ¬ęSomali leader: ‘200 Kenyan troops‚Äô dead in January raid¬Ľ. Al Jazeera, (26 de febrero de 2016). http://www.aljazeera.com/news/2016/02/killed-al-shabab-mortar-attack-som…

[8] Ngugi Wa Thiongo. ¬ęAfrican Identities: Pan Africanism in the era of Globalization and capitalist fundamentalism¬Ľ. Macalester International, Vol. 14, 2004, p. 36.

[9] ¬ęIn Somalia, U.S. Escalates a Shadow War¬Ľ. New York Times, 16 de octubre de 2016. https://www.nytimes.com/2016/10/16/world/africa/obama-somalia-secret-war…

‚Ä®[10] Abdi Ismail Samatar, ¬ęAn Odious Affair: The UN in Somalia¬Ľ publicado en Al Jazeera.

Fuente: Pambazuka News, Kenya’s military defeat at El Adde: Time to end war on terror in Somalia, publicado el 19 de enero de 2017.

Traducido para Umoya por Miguel Borrajo Gonz√°lez y Raquel de Pazos Castro.

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